Tras la muerte de Franco, Juan Carlos de Borbón fue proclamado rey de España, acto con el que se le dio comienzo a una nueva fase política conocida como Transición. En esa época, se abrió una nueva etapa para España: era necesario dejar de lado el aislamiento de la época franquista, y los gobiernos de la Transición tuvieron el cometido de integrar a España en el bloque occidental, tanto económica como políticamente, y, por lo tanto, en el seno de la OTAN. Aunque los principales debates en torno a la OTAN en España tuvieron lugar en el contexto del referéndum de 1986, debemos remontarnos a los inicios de la Alianza para poder entender el proceso.
Tras la muerte de Franco, se abrió una nueva etapa para España: era necesario dejar de lado el aislamiento de la época franquista, y los gobiernos de la Transición tuvieron el cometido de integrar a España en el bloque occidental, tanto económica como políticamente, y, por lo tanto, en el seno de la OTAN
Después de la Segunda Guerra Mundial, en respuesta a la expansión soviética, se firmó el Tratado de Bruselas en 1948 por Bélgica, Francia, Luxemburgo, Inglaterra y los Países Bajos. Estos países no tenían suficiente poder económico y militar, y por lo tanto, necesitaron el apoyo de canadienses y norteamericanos con miras a lograr una superioridad tanto económica como militar. Este tratado sentó las bases de la OTAN.
Tanto durante el proceso de creación de la OTAN (1948) como en el momento de su fundación, que tuvo lugar el 4 de abril de 1949 con la firma del Tratado de Washington, surgieron debates entre sus miembros acerca de la situación de España y Portugal. Los mandatarios de ambos países eran dictadores, y los miembros que formarían parte de la Alianza no aceptaban la naturaleza dictatorial de esos gobiernos. Sin embargo, la oposición a la participación de Portugal se superó con facilidad, debido a sus vínculos históricos con el Reino Unido. En el caso de España, en 1953 se rompió con el aislamiento que había sufrido por parte de los países occidentales tras la Segunda Guerra Mundial, con la firma de los Pactos de Madrid entre Estados Unidos y España, por los que se acordaba el establecimiento de cinco bases militares estadounidenses en territorio español, a cambio de ayuda militar y económica.
El 24 de enero de 1976, España y los Estados Unidos firmaron el Tratado de Amistad y Cooperación, que entró en vigor el 21 de septiembre de ese mismo año. Ese tratado generó un acercamiento en la relación de España con los miembros de la Alianza y dio inicio a las relaciones diplomáticas de la época de la Transición, ya que cambió la imagen del país de cara al exterior. A través de este tratado, se creó una comisión para revisar las relaciones que España tenía con la OTAN. A partir de 1977, el Gobierno español comenzó a manifestar su intención de integrarse en la OTAN.
El Tratado de Amistad y Cooperación firmado entre España y Estados Unidos en 1976 generó un acercamiento en la relación de España con los miembros de la Alianza y dio inicio a las relaciones diplomáticas de la época de la Transición, ya que cambió la imagen del país de cara al exterior
El 28 de octubre de 1981, se celebró un debate en el Congreso de los Diputados en el que quedó de manifiesto el claro apoyo a la decisión de ingresar en la OTAN, puesto que todos los grupos de derecha, incluida la UCD de Suárez, votaron a favor de la integración y la UCD (Unión de Centro Democrático) y CD (Coalición Democrática) se mostraron asimismo a favor de la integración de España en la OTAN, al igual que CiU (Convergència i Unió) y el PNV; por el contrario, PSOE, PCE, PSUC, ERC, EE, HB y otros grupos minoritarios adoptaron una posición contraria a la integración de España en la OTAN.
Esa posición a favor de la integración que prevaleció el Congreso de los Diputados no reflejaba la opinión de los españoles y las españolas. El 28 de octubre de 1981, el periódico El País publicó un análisis donde se mostraba la opinión que tenía la ciudadanía española sobre la integración de España en la OTAN. Según dicho análisis, tan solo el 18% de la ciudadanía tenía una opinión favorable a la integración, mientras que, por el contrario, la mayoría (52%) mostraba una opinión contraria. El resto no expresó ninguna opinión. En las encuestas realizadas por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) se puede observar la evolución del voto en contra. En octubre de 1978, los votos en contra representaban el 15%, y esta cifra fue aumentando durante los años siguientes. En julio de 1979, el voto en contra se elevó al 26%, y para julio de 1981 esta cifra llegó al 30%. En septiembre de 1981, los votos negativos representaban el 43%.
El Gobierno de la UCD, en contra de la opinión de la ciudadanía española, introdujo a España en la OTAN. Este movimiento tuvo una gran repercusión en las elecciones de 1982, dado que UCD perdió millones de votos, y, por lo tanto, el PSOE ganó las elecciones. La UCD tuvo varios motivos para dar este paso. Por un lado, dentro del partido existían opiniones muy distintas sobre leyes y decisiones (por ejemplo, la Ley del Divorcio), que causaron una crisis interna. A esta crisis interna hay que añadirle el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, dirigido por Antonio Tejero. Ese golpe de Estado sacó a la luz la debilidad del Gobierno y demostró que para que España obtuviera una buena imagen ante el exterior, era necesario estrechar las relaciones con los estadounidenses. Debido a la crisis imperante en su partido, Suárez había dimitido para entonces, y Leopoldo Calvo Sotelo, el que fuera ministro de Relaciones con las Comunidades Europeas entre 1978 y 1981, le sustituyó como presidente del Gobierno. Al igual que muchos de los pensadores pertenecientes al reformismo, este consideraba que la Transición no culminaría hasta que España entrara en la Comunidad Europea y en la OTAN; así, aunque la adhesión provocó el declive del partido, España pasó a formar parte de la Alianza, haciendo oídos sordos al parecer de la ciudadanía.
CAMBIO DE POSICIONAMIENTO DEL PSOE
Entre el 5 y el 8 de diciembre de 1976, el PSOE celebró su XVII. Congreso en Madrid. En él, predominaron las opiniones neutralistas y contrarias a los estadounidenses. Asimismo, manifestaron la necesidad de aplicar una política basada en la neutralidad. En el siguiente congreso (1979), también se recalcó la necesidad de una postura neutralista, así como una posición opuesta a la integración en la OTAN.
Cuando en 1982 España se integró en la OTAN, el posicionamiento del PSOE era contraria a la Alianza Atlántica, con el eslogan “OTAN de entrada no”. Sin embargo, la llegada del PSOE al Gobierno comenzó a aflorar un cambio de postura. Eso, por supuesto, repercutió claramente en la opinión pública. El objetivo de Suárez era lograr el consenso interno una vez llegado al Gobierno, y en política exterior consideraba imprescindible integrar a España en la Comunidad Económica Europea, lo que supondría un paso importante en el acercamiento de España a Europa. Entre los españoles apenas había oposición en torno a la integración en la Comunidad Económica Europea, sí así respecto a la entrada en la OTAN, donde la posición generalizada era opuesta.
Cuando en 1982 España se integró en la OTAN, el posicionamiento del PSOE era contraria a la Alianza Atlántica, con el eslogan “OTAN de entrada no”. Sin embargo, la llegada del PSOE al Gobierno comenzó a aflorar un cambio de postura
En la primavera de 1980, Francia mostró su oposición a que España se integrara en la Comunidad Económica Europea. Ante ese veto, empezó a ponerse sobre la mesa la opción de que el Gobierno español se uniera a la Alianza Atlántica, con la excusa de que era una condición necesaria para integrarse en la Comunidad Económica Europea, ya que a comienzos de la década de los 80, 9 de los 15 países de la CEE eran parte de la OTAN, lo que demuestra la relación entre la participación en la CEE y la OTAN. Tal como dijo Javier Rupérez, el exsecretario de Relaciones Internacionales de la UCD, “es muy difícil ingresar en la Unión Europea sin haberse integrado previamente en la OTAN, tal y como se demostró después y tal y como Felipez Gonzalez comprendió”.
En la primavera de 1980, Francia mostró su oposición a que España se integrara en la Comunidad Económica Europea. Ante ese veto, empezó a ponerse sobre la mesa la opción de que el Gobierno español se uniera a la Alianza Atlántica, con la excusa de que era una condición necesaria para integrarse en la Comunidad Económica Europea, ya que a comienzos de la década de los 80, 9 de los 15 países de la CEE eran parte de la OTAN, lo que demuestra la relación entre la participación en la CEE y la OTAN
Por lo tanto, el contexto estaba condicionado por el posicionamiento de los españoles contra la OTAN, así como por la opinión neutral y antiimperialista que predominó en los Congresos XXVII y XXVIII del PSOE. En las elecciones de 1982 el PSOE salió victorioso, y detuvo el proceso de integración en la OTAN, tal y como explicó Fernando Morán a los aliados en una reunión del Consejo Atlántico en Bruselas el 8 de diciembre de 1982, “mientras se realiza un análisis de los intereses estratégicos de España y se celebra un referéndum”. Es decir, el proceso de integración se detendría, aunque siguieran siendo un aliado fiel de la Alianza. Mientras tanto los Ministerios de Defensa y de Exterior llevarían a cabo una investigación sobre la participación de España en la Alianza, y por último, se celebraría un referéndum.
A lo largo de 1984, el Gobierno del PSOE dio un giro atlantista, llegando a abandonar el eslogan “OTAN de entrada no” y sustituirlo por “Vota sí en interés de España”. En diciembre de 1984, el PSOE celebró su XXX Congreso, donde se debatió la cuestión de la permanencia en la OTAN. En la votación se impuso el “sí”: se registraron 412 votos a favor de ser parte de la OTAN (71%), 126 en contra (22%) y 42 abstenciones (0,7%). Durante este congreso, solo la Izquierda Socialista (una corriente interna del PSOE) mantuvo una postura en contra de la integración en la OTAN, por lo que el cambio de postura sobre la OTAN y, por lo tanto, sobre la integración en la alianza militar, se aceptó sin grandes conflictos ni debates.
El PSOE prometió un referéndum a la ciudadanía española, y su Gobierno puso en marcha todos los instrumentos a su alcance para cambiar el posicionamiento social contrario a la OTAN.
Ese cambio de posicionamiento se puede ver en los argumentos de varios intelectuales. Ejemplo de ello son los artículos OTAN: Razones para no salir/1 y OTAN: Razones para permanecer/2 publicados por Fernando Claudin y Ludolfo Paramio en el periódico El País.
Tal como esos dos autores defendían en el artículo OTAN: Razones para no salir/1 , ante las amenazas soviéticas “Europa Occidental necesitaba una organización de defensa”. En ese artículo, los autores plantean una reflexión sobre la salida de la OTAN. Según destacan estos dos autores: “la salida de España de la OTAN no favorecería las perspectivas de distensión o desarme en Europa; tampoco disminuiría los riesgos de nuestro país en caso de guerra mundial; en cambio, la permanencia en la OTAN, con el actual status, podría ofrecer en ciertas condiciones la posibilidad de que España contribuyera a la distensión, la desnuclearización y el desarme europeos”. En el artículo OTAN: Razones para permanecer/2, los dos autores dicen lo siguiente: “La apuesta sobre el carácter progresista de nuestra (de España) política exterior no tiene por qué pasar, en absoluto, por la opción OTAN sí u OTAN no” y según defendieron, “la cuestión es saber qué política vamos a hacer si permanecemos en la OTAN, ya que, como hemos intentado razonar anteriormente, fuera de ella prácticamente nuestra política exterior carecería de cualquier relevancia positiva para la causa del desarme y la distensión”. Veían el camino para lograr la paz dentro de la OTAN, y defendían que “ fortalecería el peso de las iniciativas pacifistas a favor del respeto de los derechos humanos en Europa”. Asimismo, argumentaban que esta era la oportunidad realista “para la democracia española”, y además, defendían que era “la posición moralmente consecuente”. Por otro lado, enfatizaban, que si España salía de la OTAN, “podríamos temer que también termináramos excluidos de la integración económica europea”.
Por lo tanto, se puede vislumbrar un cambio de posicionamiento dentro del PSOE, reflejado, por ejemplo, en las palabras de José María Maravall, ministro de Educación y Ciencias, quien indicó en la campaña del referéndum: “Decir no a la OTAN es decir sí a las bases (estadounidenses) para siempre”.
Durante la campaña del referéndum, para justificar su posicionamiento, el PSOE prometió establecer las siguientes líneas rojas para la permanencia de España en la Alianza Atlántica:
El referéndum se celebró el 12 de marzo de 1986, donde se impuso la victoria del Gobierno socialista. El 52,49% de los votos fueron a favor de la integración y el 39,8% en contra. Por lo tanto, el voto a favor se situó casi 13 puntos por encima. Los votos en blanco fueron más de un millón (6,53%), así como 1,11% de los votos nulos, y 41,58% de abstención. El voto en contra venció en Hego Euskal Herria, Cataluña y las Palmas.
MOVIMIENTO CONTRA LA OTAN EN EL ESTADO ESPAÑOL
En el año 1982, es decir, en el año en el que el PSOE ganó las elecciones, todavía tenían gran importancia varios debates en torno a la Transición y los movimientos organizados a su alrededor. El PSOE integró en su actividad algunas de las demandas que estaban de plena actualidad. Ejemplo de ello es la lucha de las mujeres. El movimiento feminista luchó a favor de la aprobación de la Ley de Divorcios, la cual llegó a aprobarse en 1981. A continuación, en 1985, con el PSOE en el Gobierno, consiguieron que se despenalizara el aborto. Durante el tiempo en que el PSOE estuvo en el poder, comenzó la institucionalización del movimiento feminista, integrándose a veces directamente en diferentes instituciones del propio Gobierno y, en otras ocasiones, en instituciones creadas por este (como, por ejemplo, el Instituto de la Mujer). Sin embargo, otras integrantes del movimiento feminista desligaron su actividad de este y se centraron en asambleas locales.
El movimiento ecologista también tuvo gran presencia, ya que aunque el Gobierno aceptara una nueva ley para la conservación de espacios naturales y especies, aquellas modificaciones no fueron aplicadas (debido a los requerimientos de las homologaciones europeas). Aún así, en este ámbito el tema más importante era el de la política nuclear. Mientras estuvo en el Gobierno, UCD presentó varios planes nucleares, y eso hizo que la ciudadanía desarrollara una opinión contra la energía nuclear. Ejemplo de ello es que se paralizaron varios proyectos (Lemoiz, Valdecaballeros).
Por su parte, entre la juventud se extendió el movimiento contra el servicio militar obligatorio y, finalmente, en 1984 se aprobó la Ley de Objeción de Conciencia, como resultado de diversos mecanismos de presión.
En esa época, por lo tanto, fueron varias las problemáticas que la sociedad puso encima de la mesa. Aún así, fue el tema de la OTAN el que puso en jaque la legitimidad del Gobierno, ya que tuvo que hacer frente a una mayoría social opuesta. Cuando el PSOE cambió su posicionamiento sobre la OTAN, la opinión pública contraria a la integración se expandió aún más, y el movimiento contra la OTAN se vio reforzado. Además, hay que tener en cuenta que este movimiento contra la OTAN no estaba integrado solamente por el movimiento pacifista y antimilitarista, sino que también se estructuró como una lucha por un modelo distinto de democracia.
En la década de los 80, por lo tanto, fueron varias las problemáticas que la sociedad puso encima de la mesa. Aún así, fue el tema de la OTAN el que puso en jaque la legitimidad del Gobierno, ya que tuvo que hacer frente a una mayoría social opuesta. Cuando el PSOE cambió su posicionamiento sobre la OTAN, la opinión pública contraria a la integración se expandió aún más, y el movimiento contra la OTAN se vio reforzado
El movimiento contra la OTAN nació a principios de la década de los 80, impulsado por el posicionamiento de diferentes partidos de izquierdas contra las políticas de los primeros años de la Transición. El PTE (Partido del Trabajo) y la ORT (Organización Revolucionaria de Trabajadores), partidos con el posicionamiento más firme a favor de la ruptura, desaparecieron, dejando al Movimiento Comunista (MC) y a la Liga Comunista Revolucionaria (LCR) como impulsores y financiadores del movimiento contra la OTAN, tanto materialmente como a través de la construcción de vínculos con el movimiento pacifista.
La primera acción del movimiento contra la OTAN fue la marcha de Torrejón de Ardoz. A través de esta marcha, se pretendía propagar el mensaje contra las bases americanas. Con ese fin, se organizó una marcha de 12 kilómetros en la que participaron alrededor de 20.000 personas.
Tras el éxito de la marcha, el MC y la LCR crearon la Comisión Anti-OTAN (CAO). La Comisión Anti-OTAN fue tomando forma organizativamente y se estableció una coordinación entre varios grupos. Esos grupos no eran partidos políticos, sino comités y grupos de los barrios, así como grupos ecologistas y antimilitaristas. El 28 y 29 de mayo de 1983 se celebró el Primer Encuentro de Organizaciones Pacifistas en Zaragoza, donde participaron más de 50 organizaciones. Con el desarrollo de la CAO, se establecieron las condiciones para la coordinación de los distintos grupos del Estado, y posteriormente, el 9 de julio de 1983 se creó la Coordinadora Estatal de Organizaciones Pacifistas (CEOP). Esta coordinadora incluía inicialmente a 60 grupos, y tras una fase de ampliación, en 1986 estaba compuesta por más de 130. El lema de la coordinadora era “OTAN no, bases fuera”, y junto a ese lema este hicieron suyas otras ideas: exigieron la convocatoria de un referéndum, reclamaron la reducción del gasto militar, pidieron frenar la nuclearización del Estado español y, finalmente, defendieron la neutralidad internacional frente a los bloques militares.
Los días 12 y 13 de noviembre de 1983 se organizó el Segundo Encuentro Estatal de Organizaciones Pacifistas, con la participación de más de 70 grupos estatales. En este encuentro, diferentes grupos plantearon diferentes opiniones sobre la dirección del movimiento y sus bases. Los grupos que participaron en estos encuentros pueden clasificarse en tres bloques: en primer lugar, los grupos afines al PSOE (Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad, Juventudes Socialistas y UGT) situaban las posiciones pacifistas en la responsabilidad individual, y separaban la cuestión del propio partido y del Gobierno. En segundo lugar, los grupos vinculados al PCE (Justicia y Paz, Asociación por la Paz y el Desarme) centraban su atención en la cuestión de las bases estadounidenses en el Estado español, y reclamaban su retirada. Y en tercer y último lugar, la posición respaldada por la CEOP o Coordinadora Estatal de Organizaciones Pacifistas, cuyo lema era “OTAN no, bases fuera”. Ese tercer bloque fue el más respaldado en los encuentros, y la coordinadora fue ganando cada vez más fuerza en el Estado español.
En 1984, la coordinadora CEOP y CAO unieron fuerzas y organizaron la cuarta marcha a la base de Torrejón, ya que vieron necesario aumentar su actividad tanto a nivel político como en el ámbito social ante el posicionamiento del PSOE a favor de la OTAN. En esta cuarta marcha se movilizaron más de 50.000 personas. Además, en Madrid se organizó una movilización donde participaron miles de personas, con el fin de remarcar la necesidad de un referéndum, y para demandar que España rompiera las relaciones con la OTAN y que quitaran las bases.
El PCE, en su intento por ganar influencia, creó junto con diferentes sectores del PSOE la Comisión de Acción por la Paz y el Desarme (CAPD). El 26 de junio de 1984, con el partido Centro Democrático y Social (CDS) de Adolfo Suárez, se creó la Mesa a favor del Referéndum guiado por Ramón Tamames del PCE. A través de estos movimientos querían poner en duda la referencialidad del movimiento contra la OTAN del Estado español. Aunque esta mesa reivindicaba el referéndum, no establecieron su posicionamiento en él y, al final, cuando el Gobierno del PSOE anunció el referéndum de 1986, la mesa fue disuelta.
En 1986 se celebró la quinta marcha a Torrejón, y con ella el movimiento anti-OTAN comenzó con el proceso de preparación del referéndum. Varios grupos de la izquierda se unieron a la coordinadora para defender la posición en contra del referéndum, entre otros el Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE).
En el contexto del referéndum, por tanto, al observar que ni el CDS y ni la mesa a favor del referéndum mostraban una posición clara, el PCE creó la Plataforma Cívica por la Salida de España de la OTAN el 25 de enero de 1986. Los miembros de la plataforma eran conscientes de la importancia del momento del referéndum, ya que, en ese referéndum se definirían las políticas exteriores que se aplicarían en España.
El triunfo del “sí” en el referéndum del 12 de marzo tuvo un gran impacto entre las personas de izquierda y, en consecuencia, una parte importante de la sociedad se situó en posiciones políticas a la izquierda del PSOE. Así, la plataforma tuvo gran importancia en la fundación del partido político Izquierda Unida que fue fundado el 27 de abril de 1986 y contaba con la participación de varias personas de partidos de izquierdas, así como varios grupos culturales y sociales. En 1986 se presentaron por primera vez a las elecciones. Entre los principales puntos del programa para esas elecciones se encontraban la salida de España de la OTAN, la promoción de la paz y la neutralidad, la anulación del acuerdo firmado con EE. UU. en 1982 y la retirada de las bases estadounidenses de España.
EL CASO DE HEGO EUSKAL HERRIA
En los datos que salieron a la luz en los diferentes sondeos que se realizaron en Euskadi en 1986, el 80% de los votos eran contrarios a la entrada en la OTAN, y eso mismo es lo que sucedió, ya que en Hego Euskal Herria ganaron los votos contra la integración en la OTAN. En Gipuzkoa los votos en contra fueron el 68,2%; en Bizkaia, el 64,2%; en Álava, el 59,5%; y en Navarra, el 52,7%.
Estos resultados fueron fruto del trabajo de los distintos movimientos anti-OTAN surgidos en el contexto anterior al referéndum. En los años anteriores al referéndum nacieron dos amplios movimientos: por una parte, “La movida anti-OTAN”, y por otra parte, el movimiento de los que firmaron el manifiesto “Por la soberanía nacional de Euskal Herria contra la OTAN”.
En los años anteriores al referéndum sobre la integración en la OTAN nacieron dos amplios movimientos: por una parte, “La movida anti-OTAN”, y por otra parte, el movimiento de los que firmaron el manifiesto “Por la soberanía nacional de Euskadi contra la OTAN”
El 2 de noviembre de 1985, Joseba Goñi, Koldo Gorostiaga y Elias Ameaga presentaron el manifiesto “Por la soberanía nacional de Euskal Herria contra la OTAN” en Bilbo. En este amplio movimiento participaban distintos miembros de HB y este era un manifiesto de enfoque “abertzale y antiimperialista”, que defendía “la liberación total de nuestro pueblo y de todos los pueblos oprimidos del mundo” y “a favor del no alineamiento (que nos conduce a la guerra mundial) y, al mismo tiempo, en apoyo a la solidaridad con los pueblos oprimidos que luchan por la libertad en cualquier parte del mundo”.
En las primera líneas del manifiesto se remarca que la permanencia de España dentro de la OTAN traería “ataques más directos” hacia Hego Euskal Herria y “defender la OTAN era renunciar a la soberanía nacional de Euskal Herria”. A ello le añadían que la pertenencia a la Alianza suponía “un incremento de la represión contra cualquier movimiento que pusiera en cuestión las bases del Estado español”.
El primer mitin de este movimiento se celebró en Tudela, en un evento al que denominaron “día de las Bardenas”. En ella, exigieron derruir el polígono de tiro de las Bardenas, ya que en ese espacio realizaban prácticas de tiro tanto los aviones de la OTAN como la armada española. Desde la década de los 70, se realizaron varias movilizaciones para exigir el cierre de ese polígono. En la movilización de aquel domingo se reunieron más de 3000 personas para propagar esas reivindicaciones. Como se señalaba en el manifiesto “defender la OTAN supone mantener el polígono de tiro de las Bardenas, donde se realizan el 60% de los ejercicios de las Fuerzas Aéreas norteamericanas en Europa occidental. Dichos ejercicios sirven después para hacer aún más mortíferos los bombardeos que se lleven a cabo contra cualquier país de cualquier continente”.
Los participantes del manifiesto explicaron alto y claro que aunque la OTAN se definía como una alianza “para la defensa de la democracia y para un mundo libre”, tras ello se ocultaba “una herramienta que defendía la intervención económica e ideológica de Estados Unidos, y que, al mismo tiempo, también defendía las estructuras de poder existentes en el mundo occidental”.
El Manifiesto “Por la soberanía nacional de Euskal Herria contra la OTAN” tuvo gran repercusión en la ciudadanía vasca. Además, no se puede pensar que el manifiesto tuviera eco solo entre los seguidores de HB, ya que el resultado del referéndum demostraba que además de los seguidores de HB, el discurso contra la OTAN llegó a las capas más extensas de la sociedad.
Algunos miembros del PNV también votaron en contra de integrarse en la OTAN y otros cambiaron su posicionamiento en el contexto del referéndum. Al principio el PNV no se posicionó sobre esta cuestión, alegando que era “un asunto de Madrid” y por lo tanto, ellos “no se meterían en esa cuestión”. Tras ello, defendieron la libertad de voto. Aún así, a medida que el día del referéndum se iba acercando, defendieron el voto a favor. De todas maneras, dentro del PNV había desacuerdos sobre el voto de la fase final. En el PNV se diferenciaban dos sectores principales: los “críticos” y los “oficialistas”. Este segundo sector fue quien promovió el voto a favor en el referéndum y Carlos Garaikoetxea, exlehendakari y miembro del sector “crítico”, votó en contra, al preguntarse “qué seguridad nacional y qué fronteras defendemos los vascos, y si acaso son esas las que distinguen a unos vascos de otros”.
Como consecuencia podemos decir que aunque el PSOE se posicionó al principio en contra de UCD, tras ganar las elecciones tomó su mismo camino. Así, en la campaña contra la UCD reivindicó una posición contra la OTAN, y por tanto, tras ganar las elecciones tuvo que emplear todos los medios para cambiar la opinión de los españoles. Además, ese cambio de posicionamiento del PSOE incrementó la fuerza del movimiento anti-OTAN en todo el Estado español. Ejemplo de ello es la referencialidad del Manifiesto “Por la soberanía nacional de Euskal Herria contra la OTAN”, lo que demuestra la repercusión del movimiento anti-OTAN en Hego Euskal Herria, ya que se impuso el voto en contra.
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