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(Traducción)

Se han hecho muchos análisis sobre la pandemia, sobre sus consecuencias, sobre la sindemia, sobre las reacciones de la gente… En esta página se ha repetido en numerosas ocasiones que muchos de los cambios que se están produciendo a toda velocidad han venido para quedarse. En este artículo trataré un tema tan antiguo como peligroso: la normalización.

Hemos normalizado ver a diario datos de personas fallecidas. Hemos normalizado que con el paso de 300 infectados a 299 parezca que estamos mejorando. Hemos normalizado que las fronteras provinciales y/o interurbanas estén llenas de policías. Hemos normalizado que después de la campaña de la burguesía para salvar las navidades, la culpa recaiga sobre la intransigencia individual, y hemos asumido que con la Semana Santa ocurra algo parecido. Hemos normalizado que las vacunas estén en manos de multinacionales privadas, que se amenace con reducir dosis, que haya retrasos, que las autoridades roben dosis a escondidas, que Illa se presente en las elecciones catalanas y que el Ministerio de Sanidad haga propaganda política. Hemos normalizado el asumir cualquier medida a cambio de evitar el confinamiento doméstico y lo peor: hemos normalizado la prolongación in aeternun del estado de alarma y el toque de queda desde el 25 de octubre.

La estrategia que busca una convivencia equilibrada con el virus ha fracasado y países como Nueva Zelanda o diversos países asiáticos han demostrado que la única posibilidad de salvar la economía es acabar con el virus. El «Gobierno progresista» ha implantado el de la hoja de ruta policial y aún no vemos la luz al final del túnel. A este paso ni economía ni salud: masacre.

Hemos normalizado, que los cipayos tomen militarmente la Parte Vieja de San Sebastián, que digan «tirar a dar», que a un joven se le rompa la mandíbula, se detenga a gente y que Erkoreka o Eneko Goia hablen de respuesta proporcional. Hemos normalizado que el debate sea del modelo policial y no del carácter de la propia policía. Hemos normalizado que en la época del gobierno que ha prohibido los desahucios 15 personas sean desahuciadas y que la única repercusión en la prensa sea la violencia callejera o las detenciones. Hemos normalizado que en estos «nuevos tiempos» Aitor y Galder vayan a la cárcel. Hemos normalizado el riesgo de que Pablo Hasel vaya a la cárcel por cantar contra el rey y que el único ertzaina condenado en el caso Cabacas se libre de la cárcel. Y hemos normalizado, tener que escuchar críticas estériles como las de individualista o negacionista contra quienes denunciamos la vía policial contra el virus.

Hemos normalizado que al abrir una aplicación o página web se acepte y se faciliten nuestros datos a miles de empresas. Hemos normalizado que en las aulas cada uno tenga un ordenador cedido por el reverendo Google y que toda búsqueda y movimiento que hagamos se guarde en su Big Data. Hemos normalizado que cada uno lleve encima un geolocalizador, una cámara y un micrófono. Lo hemos normalizado, poner cámaras de reconocimiento facial por doquier, tener que identificarnos para cualquier cosa, sufrir permanentemente los controles policiales. Hemos normalizado atender las sugerencias de algoritmos, y que a través de un clic cualquier producto llegue a casa.

Hemos normalizado que haya chivatos en balcones y calles, que la gente tenga actitudes agresivas y policíacas y que se criminalice a los jóvenes. Hemos normalizado el egoísmo y la insolidaridad. Hemos normalizado el relato de escuelas y fábricas seguras. Hemos normalizado que Israel sea un ejemplo de campaña de vacunación mundial, que no se vacune a los palestinos y que se repartan todos entre los países poderosos en detrimento de los más débiles.

Hemos normalizado que los medios de comunicación digan «¡adiós Trump, bienvenido Biden!»  desarrollen desde el fondo una percepción positiva sobre el segundo. Hemos normalizado que Ayerdi dimita por corrupción pero la gran mayoría de los partidos le saquen la cara por buen gestor. Hemos normalizado la valoración de si los fondos procedentes de Europa son buenos o malos en función quién gobierna. Parece que, si un préstamo de este tipo lo hace el Gobierno apoyado por PSOE, Podemos o Bildu no tiene intereses y condiciones a largo plazo. No debemos olvidar que los préstamos en términos políticos, no se dejan para ser devueltos, sino para mantener al deudor a su disposición durante el pago de la deuda. Hemos normalizado que la deuda pública supere el 119 % del PIB, que cada lunes desde hace tres años se estén concentrando los pensionistas y no tengamos ninguna propuesta real para ellos.

En las últimas semanas el mensaje de la vacuna salvadora a corto plazo ha perdido fuerza y credibilidad, y el cansancio es cada vez más evidente. Sin embargo, la crisis se va profundizando y no terminará de un día para otro. El virus ha cambiado radicalmente la forma de vivir y no podemos dejar que la nostalgia retrospectiva nos hunda en la desesperación.

Todo esto y más lo hemos normalizado, sí, pero no podemos olvidar que podemos estar peor mañana. Debemos actuar con sensatez, respetar las medidas y seguir haciendo la práctica política de forma segura. Pero en ningún caso debemos permitir que se diga que el mal estado de la situación se deba a la irresponsabilidad o al incumplimiento de las normas por parte de los jóvenes, que no son más que la punta del iceberg. Nos toca constatar políticamente la situación actual, confrontar la normalización, organizar la rabia, problematizar lo que ocurre y plantear soluciones políticas reales.

Bake faltsuari gerra

Ez etsi

https://www.youtube.com/watch?v=LhhyGrLyzIU