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2021/02/10

(Traducción)

Cada cual recibe lo que corresponde. Cada vez podemos ver más claro, hoy día, lo que reciben las diferentes clases de la sociedad en tiempos de una profunda crisis capitalista: La oligarquía (como estrato superior de la burguesía) con total libertad para mantener las condiciones de su poder; el proletariado, por el contrario, pobreza, represión y humillación.

A fin de cuentas, son las dos caras de la moneda de la sociedad capitalista, haciendo mover las relaciones de fuerza a un lado u otro cuando la cuerda entre los dos es tensada. Sólo puede avanzar robándole el uno al otro cuotas de poder, pues las normas del sistema limitan la partida a ese campo de juego. No hay opción para el bienestar universal.  

En esta nueva crisis y ofensiva de clase que estamos viviendo, cada cual recibe lo que corresponde, cómo no. Está siendo más significativo que nunca qué le corresponde a la burguesía y qué al proletariado.

En Euskal Herria y en la administración española como en la francesa, lo que corresponde a la burguesía es la libertad de hacer movimientos a corto y largo plazo para mantener y fortalecer su poder. Esta libertad no se da de forma pacífica, pero no son ellos los que sufren esta violencia directa o indirectamente. Por un lado, están en condiciones para crear las condiciones para la reestructuración económica: en el parlamento español ha salido adelante la votación para recibir el fondo de ayuda monetaria de Europa, del cual un gran porcentaje quedará bajo control de las empresas de la oligarquía. Además, no hay intención de detener la producción estratégica (en beneficio de la burguesía, no de la mayoría de la sociedad), pues frente al confinamiento total, en todo momento están improvisando medida a medio camino. Por último, bajo la excusa de «por la crisis que ha generado la pandemia» están haciendo profundas reestructuraciones, aumentando enormemente la cantidad de despidos, de la manera que últimamente el despido de muchos asalariados son la principal noticia. En épocas de inestabilidad, además, las reestructuraciones económicas exigen  necesariamente reestructuraciones políticas. Por consiguiente, en segundo lugar, están en condiciones de llevar a cabo reestructuraciones políticas. Simplemente dicho, la condiciones de volver la inestabilidad en estabilidad: Se ha impuesto la omnipotencia de los estados capitalistas y de sus reglas de juego, como único pensamiento legítimo. Además, este mecanismo, para avanzar de manera efectiva, va produciendo bloques políticos efectivos. En cuanto a esto último, el caso más significativo es el del Estado Español: Las fuerzas socialdemócratas de izquierda se han posicionado alrededor del partido (PSOE) que se ha solido subordinar a la oligarquía española y europea, posibilitando la reestructuración política. Si recientemente aprobaron los presupuestos generales, en esta ocasión ha aceptado la propuesta de repartir a las grandes empresas el dinero ofrecido por los fondos europeos.

Por último, para poder controlar las consecuencias convulsas que genera la ruptura del pacto social sobre la cohesión social, por decisión de la burguesía se está abriendo el escenario en el que la capacidad de control sobre la opción revolucionaria del proletariado se dé mediante una represión más directa: en el momento que el dinero no da para mantener la cohesión social, el palo se adelanta a la zanahoria.

Las consecuencias de que la burguesía imponga estos elementos determinan lo que le corresponde al proletariado, porque sobre su espalda recaen las consecuencias directas. Así, en el plano económico antes explicado, la reestructuración significa despidos más generalizados para la clase trabajadora. Junto con eso la incapacidad de los servicios sociales reduce y condena a la forma de vida del animal al grupo de pobres que se han empobrecido aún más. Tanto en el plano político, social como cultural, la cohesión social se realiza a través golpes y de silenciar. Van a encarcelar a Pablo Hasel, la estrategia de la Ertzaintza para limpiar su imagen se basa en demostrar un carácter aún más violento, y señalar los elementos obvios de la situación actual pone a cualquiera en el punto de mira represivo.

En definitiva, a cada cual lo que corresponde.

Esta polarización económica y política destruye la efectividad de los pensamientos y perspectivas políticas que trabajan en armonía con la sociedad en su conjunto y, por el momento al menos, todos los datos señalan que esta polarización se irá incrementando cada vez más. Aunque la proletarización y la ofensiva de la burguesía empuja a una masa cada vez más amplia a posibilidades de oposición respecto al sistema actual, solo la mediación de la conciencia revolucionaria puede convertir la opción objetiva en acción efectiva, y este paso cimenta en la elección estratégica. De esta manera, la construcción de la estrategia socialista es necesaria e irrevocable, así como el primer paso a dar.

Construir una estrategia adecuada para el proletariado ha sido y es el mayor objetivo de los últimos años. Y la táctica como la acción sobre la coyuntura se subordinan a esa hoja de ruta general. Todo aquel que quisiera recorrer la senda hacia la toma de poder debería seguir este orden conceptual.

Hoy en día, en cambio, en nuestro país han aparecido algunas líneas de trabajo sin ninguna estrategia clara, vinculadas a las diferentes necesidades estructurales necesarias para la organización del proletariado: sea la cuestión de la vivienda, la cuestión laboral, etc. No tener una estrategia clara, sin embargo, condena a estos movimientos a verse reducidos al tacticismo o a las respuestas inmediatas, quedándose cojas ante el nuevo paradigma político. Los movimientos sin estrategias son devorados por las estrategias de otros, y si no es así, muestran una gran incapacidad política.

Ante el tacticismo, quisiera mencionar el ejemplo de la relación directa entre el Sindicato de Vivienda de Gasteiz y el Consejo, que nos señala la importancia de la interconexión entre la hoja de ruta estratégica y la táctica. Esta relación es un reflejo de la elección de la unión estratégica de las diferentes luchas y la creación de líneas tácticas que llevarán a cabo el contenido y la forma de una estrategia elaborada. A la gestión de la miseria se le contrapone la toma del poder, a la abstracta «autodefensa» la construcción del socialismo. Para que las amplias masas se conviertan en sujeto político y para que no sean empujadas a perspectivas a medio camino, es, hoy más que nunca, necesaria una estrategia socialista basada en la independencia de clase.

A partir de ahora lo que corresponde a cada clase  determinará la relación de fuerzas entre las estrategias enfrentadas que toman parte activa en la lucha de clases. La estrategia socialista y el programa como las líneas tácticas asociadas a ésta son las únicas que pueden mirar cara a cara al poder de la burguesía, la única que puede posibilitar el verdadero cambio social.  A mi parecer, aunque parezca ser un simple paso, es la premisa para romper la realidad que dice «a cada cual lo que  corresponde». De no ser así, todo movimiento estará condenado a la incapacidad de ir más allá de la gestión de la miseria.