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Me han angustiado las cuestiones climáticas desde que era muy pequeña. Veía con angustia los documentales que desgranaban uno a uno los efectos catastróficos del cambio climático. Pienso en mi yo de diez, doce o catorce años mirando la tele, casi con lágrimas en los ojos, harta por la impotencia. No lo entendía. Pensaba “¿Cómo es posible? ¿Cómo es posible que todo esto se sepa y nadie haga nada?” Al final del documental, tras una hora y media describiendo un terrible proceso sin retorno, siempre había un intervalo de luz de un par de minutos: “Pero todavía estamos a tiempo”. Por encima de la música épica que sube desde abajo, el narrador omnisciente que pronuncia cada sílaba con rigor decía: “Si actuamos todos juntos, podríamos evitar los peores efectos del cambio climático. No tenemos tiempo que perder”. Catapún. The end.


Diciembre de 2023. Según los registros, el año más caluroso de la historia. La semana pasada finalizó la cumbre COP28 en los Emiratos Árabes Unidos. Como su nombre indica, la edición 28, la última de la lista de negociaciones iniciadas en la década de los 90 con motivo del protocolo de Kioto. Algo “histórico”, según muchos titulares, ya que han acordado empezar a dejar al margen los combustibles fósiles (lo han llamado “el principio del fin”) en un estado que tiene buena parte de su economía y su riqueza basada en el petróleo.

No sé cuál es el significado, o la falta de significado, de estas decisiones históricas en la COP28 (y no en los 27 anteriores). Sin entrar a analizar demasiado a fondo las vicisitudes de la cumbre, sin embargo, diría que están en sintonía con el rumbo de los últimos años: la famosa transición que están derivando de los combustibles fósiles a las fuentes renovables. La apuesta es evidente: no hay más que ver que uno de los principales objetivos de los fondos europeos NextGeneration sea combatir el cambio climático o adaptarse a la transición climática.

Estas medidas, envueltas en celofán verde, sin embargo, lo único que tienen de verde es el celofán. Esta transición no viene por necesidad del planeta ni de los que en él habitamos. Como en todo lo demás, lo que está en juego es la supervivencia y el rentable funcionamiento del Capital. Un Capital en una crisis tan larga como profunda, al que se le está agotando la principal fuente de energía y que está en plena fase de reestructuración. Así, lo de dejar los combustibles fósiles, a pesar de todas las retóricas, es algo que ocurrirá inevitablemente –recuerden que su máximo ya pasó hace un buen tiempo. Al mismo tiempo, el cambio climático es la excusa de oro para justificar la nueva ordenación que se avecina. Es decir, la sostenibilidad, con su habitual carga moralista, se ha convertido en una herramienta más para justificar la penosa vida que se avecina a la clase obrera–, desde las limitaciones de movilidad hasta la imposibilidad de calentar la casa.

Hemos llegado a este punto porque el Capital se guía, por encima de cualquier racionalidad, por el ansia de ganancia, y, siendo esto así, las salidas se plantean en función de esa misma ansia. Aquí a nadie le ha surgido de repente una conciencia ecologista bondadosa. Son los mismos los que se han llenado los bolsillos a medida que la atmósfera se llenaba de CO2 los que quieren destrozar los montes de toda Euskal Herria para generar “energía verde” e instalar parques eólicos, y los que, olvidando todos los verdores, van a levantar un nuevo Guggenheim en Urdaibai. Aunque a primera vista puedan parecer contradictorios, todos responden a la misma lógica: el beneficio a corto o medio plazo.

Todavía me angustian las cuestiones climáticas. El panorama es de angustiar a las que no están angustiadas. Y justo por eso, es imprescindible señalar el falso brillo de las medidas envueltas en celofán verde. Porque no se trata de conformarse con posibles medidas verdosas en función de los intereses económicos del momento, sino de dar una salida real y justa a la emergencia climática en su conjunto. Y, para ello, el beneficio económico debe dejar de ser el eje de la organización social y ser desplazado por el bienestar integral de toda la humanidad.

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