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Siguen los recortes, y es que últimamente la tónica general en el sector sanitario consiste en parchear de la forma más descarada posible el colapso progresivo. Al consejero de Salud del Gobierno Vasco Alberto Martínez se le ha ocurrido la brillante idea de reducir la formación de especialidad de Medicina Familiar y Comunitaria de cuatro años a tres, con el ingenioso plan de aumentar el número de facultativos que se incorporen al sistema sanitario.

Lejos de encontrar una solución a la falta de personal para poder responder a las necesidades de la población, el consejero reorganiza los recursos ya existentes. Los moldea o los cambia de nombre para paliar los decadentes medios que, a duras penas, llegan actualmente a cubrir la demanda sanitaria de una población cada vez más enferma y envejecida. De esta forma, esperan que normalicemos los recortes o la falta de recursos de forma cultural, aceptando que esta vez se reduzca un año de la formación de los especialistas en medicina de familia y creando un precedente para futuros recortes en formación, personal o medios.

Quizás, lo que los pacientes necesiten, señor Martínez, sean más médicos y mejor formados en todos los aspectos. Quizás, señor Martínez, deberíamos estar hablando entonces de la incapacidad de las instituciones y de la socialdemocracia para garantizar una sanidad universal, gratuita y de calidad que se adecúe a las necesidades de la población frente a los intereses económicos. Quizás, señor Martinez, tanto pacientes como sanitarios deberíamos organizarnos de forma independiente frente al desmantelamiento sanitario.

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