Naia Gurrutxaga
2023/06/04

El siglo XX vino acompañado de diversos debates, ya que la sociedad se encontraba a las puertas de un contexto que supondría un cambio a nivel mundial. En el siglo precedente se produjo la formación de la sociedad capitalista, en la que la burguesía tomó el poder bajo la ideología del liberalismo. En lo que respecta a la economía, los problemas para la industrialización y el crecimiento económico eran evidentes; en cualquier caso, la transformación de la industria junto con la apertura de mercados permitieron hacer frente a estos problemas. Si reparamos en el ámbito social, esta época se ha venido identificando como la más tranquila hasta entonces, ya que hasta este momento nunca había habido una fuerza revolucionaria y socialista menor.

El siglo XX vino acompañado de diversos debates, ya que la sociedad se encontraba a las puertas de un contexto que supondría un cambio a nivel mundial. En el siglo precedente se produjo la formación de la sociedad capitalista, en la que la burguesía tomó el poder bajo la ideología del liberalismo. En lo que respecta a la economía, los problemas para la industrialización y el crecimiento económico eran evidentes; en cualquier caso, la transformación de la industria junto con la apertura de mercados permitieron hacer frente a estos problemas. Si reparamos en el ámbito social, esta época se ha venido identificando como la más tranquila hasta entonces, ya que hasta este momento nunca había habido una fuerza revolucionaria y socialista menor.

Aunque pareciera una época calmada y próspera para Europa, la época del desarrollo de la economía industrial presentaba varias contradicciones, lo que derivó en la ruptura de dicho equilibrio. Varios gobernantes se autoproclamaron emperadores, por ejemplo en Europa, en Alemania, Austria, Rusia, Turquía y Gran Bretaña. El concepto imperialismo se empleó por primera vez en torno a 1890, y supuso una ruptura con la etapa colonialista anterior. A partir de ese momento, la cuestión no se dirimiría en la toma de un país por parte de otro, sino que se pasó a tratar de movimientos con vistas al reparto del mundo a manos de las grandes potencias, esto es, la adquisición por parte de las grandes potencias globales del capital y la fuerza de trabajo. Los países principales en esta época fueron Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Países Bajos, Bélgica, Estados Unidos y Japón. Situamos a España y Portugal entre los perdedores, ya que perdieron las colonias que habían acaparado anteriormente.

A partir de ese momento, la cuestión no se dirimiría en la toma de un país por parte de otro, sino que se pasó a tratar de movimientos con vistas al reparto del mundo a manos de las grandes potencias, esto es, la adquisición por parte de las grandes potencias globales del capital y la fuerza de trabajo

En este contexto se le dará fin a la situación de calma mencionada anteriormente, ya que el peligro de una guerra de escala global era real. Los movimientos organizados de masas adquirieron una presencia destacable, y proliferaron las debates en torno a los grandes cambios que se estaban sucediendo mundialmente: el origen de la Primera Guerra Mundial, el comienzo de la Revolución Rusa, el desarrollo del movimiento obrero y el movimiento socialista y las posiciones a tomar por los socialdemócratas frente al imperialismo representaron las discusiones más importantes al respecto.

Los debates en torno al imperialismo se convirtieron en puntos de importancia en varios de los congresos llevados a cabo por los partidos socialdemócratas de distintos países, en los que se evidenciaron posicionamientos diversos. Es imprescindible resaltar dos elementos en estos debates: por una parte, los choques entre tendencias presentes en los partidos socialdemócratas, y, por otra parte, los posicionamientos desarrollados por los partidos socialdemócratas hacia el imperialismo en el contexto de la Primera Guerra Mundial. 

Es imprescindible resaltar dos elementos en estos debates: por una parte, los choques entre tendencias presentes en los partidos socialdemócratas, y, por otra parte, los posicionamientos desarrollados por los partidos socialdemócratas hacia el imperialismo en el contexto de la Primera Guerra Mundial

Por otra parte, debemos tener en cuenta que, aunque cada país contase con un partido socialdemócrata único, este albergaba tendencias o corrientes diversas en su interior, debido a los diferentes posicionamientos derivados de estos debates. Estos debates no deben comprenderse en términos puramente teóricos, ya que evidencian las diferencias políticas, estratégicas y tácticas entre las corrientes internas del partido socialdemócrata.

Estos debates no deben comprenderse en términos puramente teóricos, ya que evidencian las diferencias políticas, estratégicas y tácticas entre las corrientes internas del partido socialdemócrata

Además, los partidos socialdemócratas integrados en la Segunda Internacional cambiaron de raíz varias de las posiciones adoptadas en torno al imperialismo de raíz, a las puertas de la Primera Guerra Mundial. Los Partidos Socialdemócratas gobernaban en los países que participaban en el conflicto bélico, y aunque esto tuvo cierta influencia en el inicio de la guerra, podemos encontrar otros factores en la base de este cambio de posiciones. Como ya se ha mencionado previamente, en la época que precede a la Primera Guerra Mundial se dieron diversos debates, y fueron estos los que generaron el cambio de rumbo de los partidos socialdemócratas. Entre 1914-1918 se debatió largo y tendido en torno a la nación, así como acerca de la relación entre el nacionalismo y el socialismo. En general se trata de una época en la que se discutió acerca de la nación y el conflicto de clases, y es este el debate que se encuentra en la base de las decisiones tomadas por los Partidos Socialdemócratas en relación al imperialismo.

Los primeros debates acerca del imperialismo fueron precedidos por los primeros debates sobre el colonialismo, que iniciarán tras un primer análisis de Karl Kautsky. Aquí identificó las diferencias entre colonias, en el que se conoce como el primer análisis socialista del colonialismo. El primer debate sobre el colonialismo se dio después del trabajo de Kautsky. Entre 1896 y 1903 se dio lo que se conoce como discusión revisionista. A un lado, se situaba el que fue el teórico más representativo del revisionismo Eduard Bernstein, y al otro, estaban Belfort Bax, Karl Kautsky y Rosa Luxemburgo. En este debate la posición de Bernstein apoyaba el colonialismo mientras que la de Bax apoyaba a aquellos que se levantaban contra el colonialismo.

Bernstein definió las sociedades coloniales como grupos sociales subdesarrollados, situando las naciones europeas por encima de estas. Identificaba el colonialismo como un proceso necesario para el progreso de la civilización, y por lo tanto, situaba el desarrollo de las naciones de Europa por encima de la libertad de los países que, a su parecer, carecían de importancia.

Bax se posicionó a favor de las sociedades coloniales, definiendo como deber la defensa de los levantamientos armados de las colonias e incluso el brindar ayuda material y militar en caso de ser necesario.

Kautsky se enfrentó a Bernstein pero basándose en otros elementos. Defendía que los sectores que empujaban a favor del colonialismo eran aquellos sectores precapitalistas que no se identificaban directamente con la burguesía industrial y decía que esto obstaculizaba el desarrollo histórico.

En los debates que se dieron a partir de las discusiones revisionistas se sumarían nuevos elementos, pero este debate sentó las bases de la escisión entre los socialistas y revisionistas/reformistas que se reprodujo en los que vinieron posteriormente.

En los debates que se dieron a partir de las discusiones revisionistas se sumarían nuevos elementos, pero este debate sentó las bases de la escisión entre los socialistas y revisionistas/reformistas que se reprodujo en los que vinieron posteriormente

DEBATE SOBRE EL IMPERIALISMO

Debatir sobre el imperialismo revestía cierta urgencia, ya que tanto la Guerra Hispanoamericana como la Guerra de los Bóeres empezaban a tener una gran presencia, a medida que se abría el peligro de una guerra de escala mundial.

En 1899 se celebró en París el Segundo Congreso de la Internacional, donde Rosa Luxemburgo proclamó la necesariedad de organizar a la clase trabajadora frente al imperialismo. En los años posteriores se celebraron distintos congresos en los que la socialdemocracia se reafirmó en la posición defendida por Luxemburgo sobre la posición que debía tomar respecto al imperialismo (Mainz en septiembre de 1900, el Congreso de Dresden en Septiembre de 1903, el Congreso de Amsterdam en 1904). La socialdemocracia debía en primer lugar enfrentarse a cualquier tipo de opresión y explotación, y por otra parte, por lo tanto, trabajar en pos de unas relaciones pacíficas entre todos los países.

En agosto de 1907 se celebró en Stuttgart un congreso de la II. Internacional. En este mismo congreso, las palabras del holandés Herni Van Kol tuvieron un gran impacto. Van Kol no respetaba las posiciones anteriormente adoptadas por la socialdemocracia en los congresos; Kautsky se le enfrentó en ese debate. Van Kol no identificaba como negativas todas las expresiones del colonialismo, más aún, defendía la idea de que la II. Internacional debía hacer suya una política colonial socialista positiva. En contra de estas ideas, Kautsky alegó que tras los argumentos de Van Kol se escondía una diferenciación entre países, basada en que ciertos países fueran dominados y otros dominantes.

Otro de los debates importantes del Congreso de Stuttgart fue el de la defensa nacional. En este debate, además de August Bebel, participaron Luxemburgo y Lenin. Bebel defendía que los socialdemócratas debían participar en las guerras de defensa nacional. Tanto Luxemburgo como Lenin hicieron aportaciones de gran calado al concepto de la defensa nacional, en pos de buscar un cierto entendimiento dentro del congreso. Dejando a un lado el argumento de la defensa nacional, Luxemburgo y Lenin dejaron claro que el deber de los socialistas era, en primer lugar, parar el inicio de la guerra. En segundo lugar, en caso de que, pese a estos esfuerzos, la guerra estallara, los socialistas deberían detener esta guerra lo antes posible. Para acabar, Lenin defendía que, aprovechando la crisis política y económica desatada por la guerra, se abría la posibilidad para la abolición del capitalismo.

A la base de este debate acerca de la defensa nacional encontramos el choque entre diferentes estrategias. Por un lado, en la base del razonamiento de Van Kol se encuentra el argumento de la expansión del capitalismo, ya que defiende su necesariedad en el tránsito hacia el socialismo. Es decir, en su opinión, es necesaria la expansión del capitalismo en todos estos países para poder construir el socialismo a escala mundial. Kautsky se enfrentaba a esta idea, pues no pensaba que la integración de todos los países en el capitalismo fuera condición necesaria para la construcción del socialismo.

En lo que hemos visto hasta ahora, se ha evidenciado que en la base de estos debates encontramos la estrategia para transitar al socialismo, una vez adoptado el mismo como objetivo. País a país, dependiendo del partido y del contexto en el que estos se hallaban, tuvieron lugar diferentes debates.

FRANCIA

En Francia, en torno a 1890, existían cinco tendencias dentro del socialismo: los blanquistas (con origen en la tradición insurreccionalista), guesdistas (los que tenían una vinculación más estrecha con el marxismo), posibilistas (de tendencia reformista), allemanistas (que se situaban cerca del sindicalismo) y algunos diputados independientes.

En el inicio del siglo XX, el socialista independiente Alexandre Millerand fue nombrado primer ministro en el gabinete republicano de defensa de Waldeck-Rousseau. Esto originó una escisión dentro del partido. Por una parte el Parti Socialiste Français, conformado a partir de las facciones ministerialistas, independientes, posibilistas y allemanistas. Por otra parte, el Parti Socialiste de France, partido formado a partir de los guesdistas y los blanquistas que se posicionaban en contra de Millerand. En el año 1905. formaron un partido único, Section Française de l´Internationale ouvrière, a consecuencia de la pérdida de fuerza de los ministerialistas.

Jean Jaurès y Paul Louis fueron dos de los teóricos importantes acerca del colonialismo. Jean Jaurès proclamaba la defensa de los derechos de los habitantes de las colonias, pero al mismo tiempo la garantía de los intereses de la ciudadanía europea, para lo cual proponía actuar amistosamente con ellos. Aunque estuviera en contra del colonialismo, lo identificaba como un fenómeno inevitable en el capitalismo. En su opinión la tarea de los socialistas pasaba por evitar la guerra por un lado, y por otro, construir unas relaciones mejores con los habitantes de las colonias.

Paul Louis era blanquista e identificaba el imperialismo como una fase histórica. Situaba la crisis del capitalismo como causa del imperialismo, es decir, identificaba el imperialismo como una expresión de la necesidad del capitalismo de buscar nuevos mercados para invertir el dinero de la metrópoli y encontrar nuevos recursos naturales. Su consecuencia, en cambio, era negativa para el proletariado, ya que este los perjudicaba. Frente a esto, proponía la solidaridad entre todos los oprimidos como cometido de los socialistas.

En el contexto de la crisis de Marruecos, en 1911, se evidenció la incompatibilidad de las opiniones acerca del colonialismo y el imperialismo. A las puertas de la Primera Guerra Mundial, se impuso dentro del Partido el desplazamiento hacia la derecha Por un lado, Guesde adoptó un giro hacia la derecha al posicionarse a favor de la propuesta de colonización socialista de Marruecos por parte de los franceses. Por otro lado, el debate entre Andler y Jaurès evidenció el escoramiento hacia la derecha del primero. En el Congreso de Brest del SFIO, en 1913, salieron a la luz varios posicionamientos.

ALEMANIA

En el Congreso de Chemnitz, celebrado en 1912, se dio el debate acerca del imperialismo, y en él se destacaron cuatro posiciones. La primera fue la de los imperialistas sociales, reformistas de derechas. Estos proclamaban que en la época del imperialismo los trabajadores debían actuar a favor del Estado con el objetivo de evitar la guerra. La segunda fue el argumento propuesto por Bernstein, que subrayó el carácter ideológico del imperialismo por encima del económico. En tercer lugar, nos encontramos con el grupo de Haase, Kautsky, Ledebour y Liebknecht, que veían como tarea primera posicionarse en contra de la guerra. En último lugar, estaban los radicales de izquierda, quienes se tomaban posición a favor de la organización de masas como medio para organizarse en contra de la guerra.

La posición que se impuso en este mismo Congreso fue la tercera, la defendida por el grupo de Kautsky. Aunque estos se posicionaban en contra de la guerra, no eran revolucionarios. Esto se clarificó aún más a las puertas de la guerra. La actividad desarrollada por estos en este contexto fue preeminentemente propagandística, y en cambio, la demanda de los radicales de izquierda se dirigió a comenzar a organizarse en contra de la guerra que se avecinaba. El grupo de Kautsky mostró dificultades a la hora de defender su postura antimilitarista, ya que, en el momento de votar ciertas medidas a tomar en el contexto de la guerra, se evidenció una ruptura existente en el seno de este grupo. En 1913, el gobierno presentó un proyecto para la expansión militar, que preveía la subida de impuestos indirectos sobre la propiedad privada. Los responsables de sacar adelante o bloquear esta propuesta en 1913 fueron los socialdemócratas, y, por lo tanto, tuvo un impacto directo en la política del Reich, y además, no solo en un plano teórico. Esta decisión acrecentó las diferencias existentes dentro de la socialdemocracia.

ITALIA

Italia, a diferencia de muchos otros países, no cambió su posicionamiento respecto al imperialismo en la Primera Guerra Mundial. Los primeros debates acerca del imperialismo se dieron en 1892, coincidiendo con la creación del Partido Socialista Unificado. Estos debates se sitúan en el contexto de los intentos de conquista de Etiopía. El debate que predominó fue el de si el imperialismo es o no la solución a las contradicciones del capitalismo. En ellos participaron dos personas. La opinión de Olindo Magondi apuntaba a un nuevo imperialismo, impulsado por la burguesía con el objetivo de expandir el capitalismo. Es decir, en su opinión, el imperialismo sí representaba una solución a las contradicciones internas del capitalismo, ya que la burguesía conseguía captar al proletariado de estos otros países a través de salarios más altos.

Filippo Turati, creador del Partido Socialista, que seguía tendencias reformistas, contrapuso un razonamiento propio al de Magalodi. En su opinión, la solución planteada por el anterior sólo podría funcionar a corto plazo. Es decir, en el momento que estos nuevos mercados colapsaran volvería a iniciarse un nuevo periodo de crisis, que se daría en forma de una crisis de escala mundial. No planteaba la solución a esta crisis desde el colonialismo. En su opinión, la solución a plantear frente a las crisis del capitalismo pasaba por dejar de lado el proteccionismo y apostar por mercados libres donde invertir el capital.

El líder de la facción de izquierda del Partido Socialista de Italia Antonio Labriola se posicionaba a favor de la ocupación de Libia, ya que defendía que este era un buen territorio al que emigrar para los italianos. La segunda fase del debate se inició en 1911, y se intensificó al iniciarse la guerra. El Partido Socialista de Italia inició una campaña propagandística en contra de la guerra al comienzo de la misma. Junto con esto, en pleno contexto de crisis económica, amplios sectores de trabajadores y trabajadoras llevaron a cabo diferentes huelgas y levantamientos. En el año 1912, la izquierda se hizo con la dirección del Partido Socialista de Italia y los reformistas de derechas fueron expulsados del partido. Finalmente, al comienzo de la Primera Guerra Mundial, el partido se posicionó contra del imperialismo, junto con el Partido Socialista de Rusia.

CONCLUSIÓN

Sorprende ver las profundas transformaciones que sufrieron las posiciones adoptadas por los diferentes países acerca del imperialismo dependiendo del contexto histórico. Además, debido a la existencia de diferentes tendencias en el seno de los partidos de la II. Internacional, se impusieron alternativamente unas u otras, dependiendo de las condiciones históricas de cada época.

Al comienzo de la época del imperialismo, los socialistas defendían que el imperialismo era la política violenta y reaccionaria de los países o potencias capitalistas. Identificaban que el objetivo del imperialismo era satisfacer la necesidad de nuevos mercados de estos países derivada de la imposición del capitalismo por un lado, y por otro, de la necesidad de conseguir nuevas materias primas de estos. A consecuencia del Imperialismo, los conflictos entre países se acrecentaron y los socialistas identificaron la necesidad de construir un marco explicativo más completo acerca de los fundamentos de este fenómeno. Aquí situamos diversas teorías acerca de los factores del imperialismo: la necesidad de nuevos mercados donde invertir el capital excedente, la génesis del capital financiero o el choque entre fuerzas productivas y relaciones sociales.

En este contexto, diversos autores también debatieron sobre el papel que cumplía el imperialismo (y en sí mismo, el capitalismo) en la construcción del socialismo. Estos debates evidenciaron el choque entre diferentes estrategias; más que hacer frente a los problemas coyunturales del capitalismo (falta de mercados y materias primas), se debatió sobre la estrategia a adoptar por parte de los partidos para el tránsito al socialismo.

A las puertas de la Primera Guerra Mundial, esta división en las posiciones era aún más pronunciada, en la medida en que las actitudes nacionalistas de derechas se acrecentaron dentro de los partidos socialistas. Las posiciones chovinistas adquirieron una gran presencia, impulsando una actitud proactiva hacia las políticas imperialistas de sus respectivas naciones. La Primera Guerra Mundial fue el correlato de la disolución de la II. Internacional, y aunque Italia y la Unión Soviética defendieron posiciones antiimperialistas, muchos de los demás partidos socialistas desarrollaron una tendencia hacia la derecha, posicionándose a favor del imperialismo.

Las puertas de la Primera Guerra Mundial, esta división en las posiciones era aún más pronunciada, en la medida en que las actitudes nacionalistas de derechas se acrecentaron dentro de los partidos socialistas
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