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(Traducción)

Restaurar este viejo mundo o construir uno nuevo. La crisis ha abierto el terreno de juego, y la burguesía ya ha puesto en marcha toda la maquinaria para restaurar lo viejo. Mientras tanto, aquí estamos los que miramos con impotencia las pantallas de los precios en las gasolineras, la enfermera que ya han despedido dos veces en un año, la joven que hoy también ha vuelto corriendo a casa huyendo de la policía, la mujer que no puede escapar de los malos tratos de su marido, el migrante que ha salido llorando de la oficina de Lanbide, la chica que se ha metido los dedos para vomitar nada más comer, el pescador que se ha tenido que volver a embarcar en ese mismo barco en el que acaba de morir su amigo. Conectamos las noticias y ya apenas se nos revuelven las tripas. No hay ni comprensión ni jugada posible fuera del marco impuesto por la burguesía, y están moldeando ese marco de plastilina a su antojo, para que nos vayamos amoldando al futuro que nos viene. Para que nuestra comprensión del mundo y nuestro comportamiento no pongan en duda la última versión del viejo mundo.

La burguesía se halla en plena ofensiva cultural: prepara al proletariado para una nueva fase de acumulación a través del control de mecanismos de intervención cultural cada vez más amplios. La ofensiva económica y política de la burguesía precisa de esta ofensiva cultural. Si en el anterior Ikuspuntua analicé de manera general la función que la red social Instragram está teniendo como mecanismo de intervención cultural entre las generaciones jóvenes, en este artículo voy a centrarme en el papel de los medios de comunicación. Los medios de comunicación constituyen mecanismos de intervención bajo el control de la burguesía de una manera más visible –pero no por ello más amplia- que las redes sociales. El control sobre la información y la comunicación es un arma imprescindible para la producción y difusión de la cosmovisión capitalista. Comprender esto no nos tiene que consumir demasiadas neuronas, pero enfocar adecuadamente el tema nos va a permitir darnos cuenta de la vital importancia que tiene en la hoja de ruta comunista. Si nos tenemos que preparar para la guerra entre cosmovisiones, es imprescindible conocer el terreno de juego y definir bien cuál será nuestra posición.

Hay que situar la comprensión de los medios de comunicación burgueses como una rama de la producción capitalista y, al mismo tiempo, como medio de producción. En lo referente al primer aspecto, vemos que la fuerza de la industria de la comunicación está creciendo. Seis empresas controlan el 70% de los medios de comunicación del mundo[i]: entre ellas está, por ejemplo, Walt Disney, como la empresa de comunicación que mayor valor de mercado ha alcanzado en 2021: 339.900 millones de dólares[ii]. Se puede prever que el avance de la digitalización conllevará un gran desarrollo de esta industria, ya que los medios de comunicación apuestan, cada vez más, por contenidos audiovisuales, fáciles y rápidos.  

Sin embargo, me interesa más, en este caso, analizar la función de los medios de comunicación burgueses como “medios de producción del sentido común y estado de opinión burgueses»[iii]. Gramsci[iv] definió el sentido común como expresión de la filosofía espontánea, como una forma de conocimiento superficial de la realidad; una forma acrítica, que obstaculiza la crítica, siempre necesaria para conocer las causas de los hechos. Pero el sentido común es un producto histórico, y la burguesía tiene la capacidad de amoldar una visión del mundo acorde con sus necesidades de acumulación en cada momento histórico, incidiendo para ello de manera directa en esa filosofía inmediata de las masas y en la manera en la que comprendemos la realidad que nos rodea. Por lo tanto, lo que se hace a través de los medios de comunicación burgueses es una reproducción de lo que hay (de lo que se da por sentado), pero a la vez, también es una producción de cosmovisión que vaya respondiendo a las nuevas necesidades.

La crisis mundial que ha estallado y los cambios económicos y políticos que tiene que llevar a cabo la burguesía para sobrevivir a esa crisis, exigen con gran urgencia una adaptación en la cosmovisión de un proletariado cada vez más amplio. Los medios de comunicación son una herramienta valiosa para la burguesía en ese sentido. Por un lado, para establecer y adaptar el sentido moral que le interesa: se difunde una determinada concepción del bien y del mal, señalando los “comportamientos adecuados” que tiene que seguir toda la población. Por ejemplo, la pandemia ha abierto una excelente oportunidad para promover la imagen del “buen ciudadano que deja sus derechos de lado transitoriamente por el bienestar de todos” (con la ayuda de los partidos socialdemócratas de izquierda, todo sea dicho). No hace falta subrayar lo peligroso que es el contexto que se abre con esto. Pero, por otro lado, la principal función de los medios de comunicación burgueses cobra un gran peso en este contexto; y esa función es la de establecer la doctrina sobre la coyuntura. Cada semana vemos expresiones de la ofensiva burguesa, ya sean despidos masivos de trabajadores, desahucios, la incesante subida de precios, el desmantelamiento de la asistencia sanitaria gratuita, la generalización de los contratos eventuales... y los medios de comunicación de la burguesía trabajan activamente para que el proletariado no sitúe correctamente todo lo que le está sucediendo. Para que ni nos olamos lo que está pasando, por qué y para qué; y que en lugar de eso, veamos toda esta barbarie como un conjunto de problemas coyunturales derivados de la pandemia; o como una serie de problemas que podrían ser resueltos a través de tal o de cual reforma.

Pero la crisis, y con ella la decadencia del estado de bienestar y el proceso de proletarización también conllevan, potencialmente, una cierta desestabilización del sentido común burgués. Todo lo que las grandes masas daban por estable hasta ahora, se ha vuelto inestable e incierto, y pueden poner en duda concepciones que se tenían por verdaderas. Diría que ahí se abre un campo de batalla entorno al sentido común, si es que hay quién se lo dispute a la clase que tiene la hegemonía.

En ese contexto, las generaciones jóvenes que ven morir el viejo mundo en su propia piel son el objetivo de la lucha comunicativa de la burguesía. Y es por ello que para la burguesía es una cuestión imprescindible la despolitización de esas generaciones. En ese sentido, algunos proyectos y contenidos, sobre todo audiovisuales, que difunden los medios digitales, cumplen esa función despolitizadora, y a menudo lo hacen además en nombre de la criticidad y de la concienciación. Cabe mencionar la plataforma de contenidos digitales para jóvenes de la televisión estatal española RTVE, llamada Playz, y su programa de mayor éxito, Gen Playz. A este programa, que se supone que trabaja sobre las preocupaciones y las opiniones de la generación Z,  invitan a influecers y a youtubers de moda para que hablen de temas importantes de la actualidad: la mercantilización de los cuerpos de las mujeres, las relaciones tóxicas, la salud mental, trastornos alimenticios, la precarización de las condiciones de empleo y de vida... todos ellos problemas reales que hoy en día viven las y los jóvenes proletarios. Para abordar dichos temas, se basan en las experiencias personales de cada cual, irresponsables hacia la razón, y subrayando constantemente la importancia de las acciones individuales para superar las problemáticas sociales. En casi todos los programas criticarán el «capitalismo» de un modo abstracto, como si fuera un ente maligno exterior que perjudica nuestras vidas. Y ahí, precisamente, está el quid de la cuestión, y la razón por la que los medios de comunicación burgueses emiten estos contenidos: la burguesía, con el objeto de que el sufrimiento y la rabia que provoca con su ofensiva no se le vuelva en contra como fuerza organizada, utiliza ese sufrimiento en forma de «crítica contra el sistema» a través de sus instituciones (en este caso la televisión bajo control del estado burgués) para derivarla hacia un activismo y un intercambio de opiniones que serán políticamente inútiles para el proletariado. Por tanto, cumplen una función despolitizadora, colaborando en la adaptación del sentido común. Aunque en una escala más pequeña, EITB hace lo mismo, por ejemplo, a través de los contenidos que difunde Gaztea.

Los partidos socialdemócratas de izquierda, que fomentan de manera activa la reforma del capital, también sitúan su apuesta comunicativa de una manera semejante.  Y es que, otro fenómeno que llama la atención es el de la plataforma de entretenimiento Klak, gestionada por Ernai, que a través de su programa Kabala ha llevado algunas problemáticas sociales casi hasta el absurdo. Pasando a menudo, desde el objetivo de ser un altavoz para la opinión de la juventud hasta ser un altavoz de la despolitización generalizada que hay. Su manera reformista de entender y de hacer política no necesita la superación del sentido común burgués: al contrario, utilizan ese mismo sentido común para difundir la referencia al partido, y para atraer una base social que le vote cuando sea necesario.

La comunicación es una cuestión de peso para las y los comunistas, si la entendemos como un medio para la producción de una nueva cosmovisión (o sea, una nueva manera de percibir y comprender el mundo y de actuar en él). La propia realidad material nos ha abierto una rendija para superar el sentido común burgués y difundir una nueva manera de entender el mundo. Sin embargo, esa lucha cultural sólo se puede concebir paralelamente a la construcción de la fuerza que pueda disputar la hegemonía a la burguesía, ya que ésta es la condición para que se dé la otra, y viceversa. Nuestra práctica y ética políticas tienen que ser ejemplo de un nuevo mundo, demostrando cada día la eficacia de la organización comunista. Y esto exige, entre otras cosas, herramientas de comunicación significativas. Es imprescindible ir ganando a la burguesía el control sobre los medios de comunicación. Así podemos incidir sobre el sentido común, interviniendo sobre la manera en que el proletariado observa la coyuntura: 1) para entender qué está sucediendo, por qué y para qué; o sea, qué significado tiene cada suceso en la totalidad capitalista, y 2) para aterrizar el programa comunista en cada problemática concreta, vislumbrando un nuevo mundo posible. En ese sentido destaca la labor de Gedar Langile Kazeta en su web, en Gedar Telebista y en la revista mensual Arteka.

Hemos elegido el lado de la verdad en el terreno de juego. El lado de la libertad universal. Cambiemos de dirección la mira del fusil que nos apunta. Apuntemos a los patronos, al estado y a los timadores de todos los colores que se aprovechan de nosotros.


[i] Opcions. (2019). Grandes medios de comunicación: de quién son y a quién se deben. https://opcions.org/es/consumo/grandes-medios-comunicacion/

[ii] Forbes. (2021). The World’s Biggest Public Companies. https://www.forbes.com/lists/global2000/#1f8e5e0f5ac0

[iii] Ekida. (2021). Komunikazioa eta gerra kulturala [Editoriala]. http://ekida.eus/posts/Komunikazioa-eta-gerra-kulturala

[iv] Gramsci, A. (2017). Sentido común, intelectuales y cultura democrática. In C. Rendueles (Ed.), Gramsci: Escritos (269-333. orr.). Alianza.

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