Dos miembros de Bultzada Txuriurdina FOTOGRAFÍA / Beñat Etxebarria
2021/07/05

Cientos de miles de personas se mueven cada fin de semana a animar a sus equipos de fútbol, lucir los colores y dar un empujón al equipo con el resto de aficionados en las gradas. Niños, jóvenes, adultos, ancianos; todos se reúnen en el campo. Así, entre los aficionados también hay grupos, diferentes hinchadas, que llevan el nombre tanto de este jugador como de otro aficionado, para así homenajearle. No es de poca importancia la influencia de estas gradas como altavoces de diferentes ideologías. Los movimientos fascistas del Estado de España llevan largos años organizados en el mundo del fútbol y a nivel estatal no son pocas las gradas que se alinean con esa ideología o las que no muestran una clara oposición al fascismo. Por lo tanto, otros entienden la grada como un espacio para combatir el fascismo, como un movimiento para incorporar valores antifascistas básicos a amplias masas de la sociedad. Hablamos con dos miembros de Bultzada Txuriurdina, aficionados de la Real.

¿Por qué en movimientos de masas como las hinchadas de futbol tiene importancia el valor político del antifascismo?

Bultzada 1: Yo creo que la clase trabajadora debería considerarlo como una ideología o un valor básico y, por supuesto, hacerlo nuestro. Es decir, el mundo del fútbol nos permite llevar a la práctica valores antifascistas básicos. Por otra parte, permite educar a las nuevas generaciones en unos valores y unas bases políticas sólidas y progresistas, por lo que es muy importante encarnar un movimiento que sea una negación del fascismo.

Bultzada 2: Porque en el mundo del fútbol, por un lado, existen gradas y grupos fascistas como hay gradas antifascistas. En varias ocasiones hay que enfrentarse tanto en las gradas como en la calle. Por otro lado, porque entendemos que, políticamente en general, no solo con el antifascismo, la clase trabajadora o en general un gran espectro de la sociedad se mueve en ese campo de juego. El campo de juego da capacidad para hacer trabajo político, aunque las instituciones (ligas, equipos...) tratan de impedirlo y no nos dejan hacer el trabajo que desearíamos. Sin embargo, debemos aprovecharlo para nuestros intereses. Por ejemplo, para trabajos de socialización.

B1: Al fin y al cabo la pasión llega a la grada y puede ser reflejo de esa sociedad sin opresión que reivindicamos.

¿En qué se refleja un movimiento antifascista en una grada? ¿Qué valor tendría el antifascismo en las gradas?

B2: En el modelo organizativo, en el significado de los símbolos utilizados... Nosotros tenemos claro lo que no queremos, pero lo que nos cuesta es definir qué queremos en el ámbito futbolístico. Eso nos crea grandes limitaciones. La crítica principal se la hacemos al fútbol moderno y eso tiene enormes limitaciones a la hora de construir otro modelo de fútbol o de deporte asumiendo esas bases políticas.

B1: Ponemos en práctica valores políticos y somos un altavoz también para ellos. Combatimos el racismo, el sexismo, la opresión nacional... con mensajes que difundimos e incluso a nivel práctico. Se acepta a gente de cualquier raza y etnia, de cualquier cultura, de cualquier origen, de cualquier género...

B2: En general, al igual que otros movimientos políticos, las hinchadas también trabajan en el día a día, tanto en las gradas como en la calle, ya que sabemos que el antifascismo se ejercerá a través de la organización, y que tendrá diferentes expresiones en la calle o en las gradas. Es un movimiento que, a pesar de sus limitaciones, puede fortalecernos, y hay que apostar por ello. Al fin y al cabo, la mayoría de las hinchadas a nivel del Estado de España están plagadas de fascistas. Además, muchos actúan de forma bastante ambigua –sin un posicionamiento claramente anti-fascista–, y enfrentarnos a ello es nuestro trabajo.

«Es un movimiento que, a pesar de sus limitaciones, puede fortalecernos, y hay que apostar por ello»

B1: Intentamos que el fútbol y las gradas sean reflejo de esa sociedad en la que soñamos o estamos construyendo, como espacio de masas.

¿Qué resultados se aprecian a corto plazo en la propia hinchada? ¿Por ejemplo, en las generaciones jóvenes?

B1: En general, se despiertan conciencias a corto plazo. Hay temas concretos en los que la gente se une, se forma y empieza a trabajar.

B2: Diría que ha sido un movimiento muy politizado a nivel del Estado de España en comparación con otros lugares de Europa. Al menos ha habido un choque mucho mayor. Por lo tanto, la mayoría de los que acceden a este mundo en Euskal Herria suelen entrar con inquietudes políticas y se encuentran con la oportunidad de tener un desarrollo y de incorporar esa lucha en el día a día.

B1: Yo creo que, al menos en el Euskal Herria, es una expresión que ha estado históricamente relacionada con el movimiento revolucionario, es decir, no es una isla al margen de la realidad.

No es solo un movimiento que se reúne los fines de semana y va a los partidos, es un movimiento organizado en el día a día. La mayoría de los equipos de fútbol tienen un carácter político bastante más marcado. ¿Cuál es la naturaleza de las hinchadas de Euskal Herria? Y entre ellos, ¿qué instrumentos de acción conjunta se han creado?

B1: Todos los principales equipos de fútbol tienen su propia hinchada. En el caso de Euskal Herria, son todas antifascistas. Históricamente se ha impulsado la coordinación entre grupos, con diferente carácter y forma, con el objetivo de unir a los hinchas de Euskal Herria. En la actualidad se le conoce con el nombre de Euskal Zaletuak.

B2: En este marco se trata sobre todo de responder con una visión nacional. No entra cada uno a defender los intereses de su equipo. Por ejemplo, se trabaja a favor de la Euskal Selekzioa y se impulsan campañas sobre diferentes problemáticas que pueden existir en Euskal Herria. Así entendemos las personas que estamos ahí el espacio.

B1: Este último año hemos estado inmersos en la plataforma Eurocopa Honi Ez, buscando hacer frente a la Eurocopa 2020, macro-iniciativa que afectaba especialmente a los sectores más pobres de Euskal Herria, ya que se iba a celebrar en Bilbo. Por otro lado, hemos estado dando pasos en el camino de la oficialidad y eso se ha estado coordinando para los intereses de todos, dentro de unos mínimos.

Habéis hablado de las gradas antifascistas, del antifascismo, de las formas organizativas concretas que están en marcha, ¿Cuál es la capacidad de los grupos fascistas para organizarse en las gradas e incorporar su ideología a las masas?

B2: En los lugares donde se organizan los fascistas, la mayoría de las veces, han contado con el apoyo de sus clubes. Y, por supuesto, de la policía. A menudo sus miembros son policías. Han realizado lavados de cara, por ejemplo, cambiando de nombre.

«En los lugares donde se organizan los fascistas, la mayoría de las veces, han contado con el apoyo de sus clubes. Y, por supuesto, de la policía. A menudo sus miembros son policías»

B1: Esa protección se da siempre bajo unos intereses. Como ejemplo, el caso de los miembros del Frente Atlético que asesinaron a Jimmy. Todos los responsables se han librado, parece que ahí no ha pasado nada... Hay un tema que viene muy de atrás; la relación entre los grupos fascistas y las instituciones del fútbol y del estado.

B2: En algunos estadios los aficionados han apoyado a grupos fascistas. No es raro, por ejemplo que, sin estar en un grupo fascista, un aficionado vista su bufanda. Sin embargo, parece que en el ámbito futbolístico este apoyo general está bajando.

B1: Los fascistas se han caracterizado por estar cerca de las instituciones de represión del estado, o por pertenecer a familias poderosas. Normalmente han sido pijos del ámbito del fascismo.

¿Hay diferencias significativas en la composición de clase entre gradas antifascistas y fascistas?

B2: Sí, hay en cierto modo una diferencia de clases, las hinchadas antifascistas están formadas principalmente por gente de clase obrera. Esto no quiere decir que en la medida en que son movimientos de masas no haya gente de clase obrera en las hinchadas fascistas. Pero es cierto que entre los que dirigen estos grupos se nota que hay gente adinerada, un claro ejemplo de ello es Ultra Sur. Hay algún grupo concreto que ha tenido relación con la judicatura y elementos policiales, incluso militares.

B1:Los equipos de extrema derecha cuentan con ayudas de los clubes. Por ejemplo, en la emboscada en la que Jimmy fue asesinado las cámaras están apagadas, etc. Aunque desapareció la pancarta del Frente Atlético del Calderón ellos siguen allí, nunca les pasa nada.

Un objetivo de los equipos de fútbol o empresas es tener gradas apolíticas, gradas donde solo se vean los colores del equipo. ¿Cuál sería la relación con las hinchadas vascas?

B1: En general todos los grupos han tomado el mismo camino, aunque algún club o presidente puede actuar diferente: no se puede introducir ningún signo político en las gradas, no se puede decir nada político en las canciones... Todo está protocolizado, hay una clara tendencia a la uniformidad.

B2: Cabe mencionar la Ley 19/2007, contra la violencia, el racismo, la xenofobia y la intolerancia en el deporte. Es una ley de La Liga que tiene capacidad de sancionar y reprimir y que tiene relación directa con el Código Penal. La Comisión Antiviolencia es la que juzga e impone enormes multas. Así, responde a los intereses de los ricos, y está muy claro cuál es su propósito; esto se está aplicando en Europa, a diferentes escalas locales. Persiguen las expresiones ideológicas de las gradas, ejemplo de ello es la estelada que fue sancionada en Anoeta.

B1: También cabe destacar el control social que establecen en el propio espacio, tales como cámaras, entradas y salidas totalmente controladas, gradas repartidas en compartimentos, etc. También se han establecido controles biométricos en varios estadios.

Reparando al caso de la estelada de Anoeta y viendo que en las hinchadas del estado hay tanto fascistas como antifascistas, ¿hay diferencias a la hora de juzgar estas expresiones ideológicas?

B2: Sí, es cierto que no se puede sacar una esvástica, pero no ocurre lo mismo con la bandera franquista o con otros símbolos fascistas. Hay que destacar que esta ley es interpretada por un responsable de seguridad que tiene un documento que le dice lo que hay y lo que no, y siempre miran al mismo lado.

B1: En Euskal Herria son muchos los símbolos que no se pueden mostrar a los campos, y según cuál sea la multa puede llegar a los 3000 euros. Además, si no respetas esta ley, te expulsan del estadio. En muchos aspectos, todas estas medidas responden a intereses publicitarios y empresariales.

¿Por qué se aplica tanto control?

B1: Antes de la creación de la Ley Mordaza salió la Ley del Deporte, que fue una especie de experimento. Tuvimos que soportar esta y, en el mismo sentido, han aplicado la Ley Mordaza, pero de cara a otro ámbito, cara a reprimir la actuación en la calle. Podemos decir que el control social también ha tenido el mismo desarrollo: al principio llenaron los estadios de cámaras y, después, las calles. Siendo espacios donde las masas se mueven, les resultan muy propicios como laboratorios a la hora de crear nuevas medidas de control.

«Antes de la creación de la Ley Mordaza salió la Ley del Deporte, que fue una especie de experimento (...) Siendo [los estadios] espacios donde las masas se mueven, les resultan muy propicios como laboratorios a la hora de crear nuevas medidas de control»

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