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Argazki Nagusia
Maria Fuentes
2024/03/27 11:55

Han llegado las elecciones a la CAV y se nota. Es previsible que ante semejante colapso del sistema sanitario actual todos los partidos políticos vayan a priorizar hablar sobre este tema. Veamos, pues, qué propuestas estratégicas y qué límites presentan las diferentes promesas políticas por la sanidad.

Empecemos por el PNV, actual gestor y ejemplo de qué ha pasado con la sanidad en Osakidetza los últimos años. Palabras como privatización, listas de espera, deterioro de la calidad, falta de personal sanitario y empeoramiento de las condiciones laborales se nos pueden venir la cabeza a la hora de definir la actual situación. Ante esto, el PNV se presenta con nuevas promesas reafirmando su compromiso hacia la salud pública y la atención médica de calidad. Hablan de una estrategia para hacer frente a la carencia de médicos de forma "efectiva y sostenible", poniendo en duda la exigencia de incompatibilidad entre la actividad pública y privada, por ejemplo. Además, se comprometen a colaborar con las autoridades pertinentes y se abanderan de un balance positivo de la sanidad pública, clasificando a Osakidetza como uno de los mejores servicios sanitarios. Aseguran también que el presupuesto destinado a la salud ha experimentado un crecimiento sostenido, alcanzando los 4.896,6 millones de euros en 2024. A pesar de todo esto y de que Pradales hable de "curar las heridas de la sanidad", es difícil de creer la buena intención de sus palabras, ya que, hasta ahora, siendo ellos mismos los responsables de la sanidad, solo hemos visto el empeoramiento de ésta, por lo que sería previsible que la situación actual se reprodujese o empeorase la próxima legislatura.

Desde este último año, a su vez, Osakidetza viene con una nueva estrategia para el 2023-2025 con los siguientes objetivos: promoción de la salud, prevención activa de las personas y la comunidad, abordaje de cronicidad y morbimortalidad, humanización, sostenibilidad, generación de conocimiento… A grandes rasgos, destaca la falta de precisión del plan y del lenguaje en términos generales. De todas formas, podemos considerarlo una declaración de intenciones con ciertos temas en concreto. Por ejemplo, disfrazar de "empoderamiento del paciente" la promoción de la autogestión de su enfermedad sin plantear una accesibilidad sanitaria universal suena más a intentar quitarse de encima ciertas patologías para aliviar de cierta forma la sobrecarga asistencial. Lo mismo pasa con la propuesta de desburocratización, que en esencia significa quitarles ciertos trabajos a los médicos dándoselos a otros, sin tener en cuenta lo problemático que sería, por ejemplo, quitar del control de las bajas a los médicos con criterio sanitario dándoselo a las Mutuas con intereses claramente empresariales. Hablan también sobre el aumento de personal sanitario frente a las inminentes jubilaciones los próximos años, pero lo hacen sin tener una intención real en solventar esta situación ni plantear una medida estructural efectiva para la formación gratuita y de calidad de futuros estudiantes.

EH Bildu, por su parte, aprovechando el colapso y la gestión sanitaria del PNV de estos últimos años, se abandera de las críticas a su contrincante, culpándolo de la privatización y del empeoramiento de las condiciones laborales. De esta forma presenta Mirada a la Sanidad. Propuesta para poner en pie Osakidetza (Begirada Osasungintzari. Osakidetza zutik jartzeko proposamena), un documento sin memoria económica pero sí con la promesa de incrementar el gasto público y el presupuesto. En el documento, por ejemplo, hablan de aproximarse al PIB de países europeos más avanzados en políticas de salud para progresivamente aumentar la inversión destinada a la atención primaria. Proponen también la publificación de ciertos servicios externalizados (como limpieza, ambulancias…) y hablan de una nueva gestión de los centros sanitarios (apertura de PACs, publificación de la Clínica La Asunción…).

¿Pero resuelve de verdad eso el problema estructural que sufre la sanidad? Para EH Bildu son inasumibles las cuestiones que de verdad abrirían la puerta a la creación de un sistema sanitario universal, gratuito y de calidad. Por un lado, su programa no pone en ningún momento en cuestión el sistema capitalista donde unos pocos se benefician del trabajo de todos y todas, implicando de la misma forma que se haga negocio con la salud. Además, no han puesto sobre la mesa una política de ruptura y confrontación con empresarios e instituciones supranacionales que dirigen las decisiones sanitarias y ciertas leyes. Por otro lado, teniendo en cuenta que la clase media hoy en día se beneficia directamente de la sanidad privada, EH Bildu no podría eliminarla. Estos apelan directamente a este sector social con un nivel de vida superior, el cual se puede permitir acudir a la privada a hacerse una resonancia o una colonoscopia si lo necesita, puenteando las listas de espera de la pública, para luego recibir atención. Pero los pacientes que no tengan dinero, siendo este sector cada vez mayor dada la degradación de la clase media, no podrán costearse ni la prueba ni el seguro privado, convirtiéndose la sanidad pública en su único lugar al que acudir; esa sanidad que queda para asistir a los que menos dinero tienen ante el inminente y tendencial colapso sanitario.

Otro buen ejemplo para entender lo que se ha hecho y lo que se puede hacer bajo los límites del estado burgués es el de Nafarroa, donde ya hace unos meses presentaron el presupuesto para el gasto del Departamento de Sanidad.  Ahí podemos observar cómo desde el 2014 de forma progresiva se ha incrementado, a grandes rasgos, la partida presupuestaria, al igual que en la CAV o a nivel estatal. De todas formas, lejos de lo que la propaganda institucional dice, si nos fijamos bien en los datos a partir del 2021 podemos ver cómo el margen entre el gasto bruto y el gasto deflactado es cada vez mayor. Esto significa que, si al gasto bruto le restamos la influencia de la inflación, sí que se ha reducido el gasto real. Y así lo vemos en diferentes sectores: el gasto en atención primaria es %10 menor, en farmacia un %9 menor, en atención especializada hospitalaria un %6 menor y en atención psiquiátrica un %4 menor.

En cuanto a la gestión de los últimos años que Nafarroa presenta en este ámbito, desde que UPN perdió las lecciones en 2015 y dejó paso al "gobierno del cambio", y en concreto con el Departamento de Salud de Geroa Bai, se puso sobre la mesa un programa con 29 compromisos sanitarios en total. En aquella legislatura se llevaron a cabo varias medidas, las cuales sirvieron para neutralizar el hecho de que no hicieron ningún cambio estructural: publificación de las cocinas de los hospitales, paso de personal de la CUN a Osasunbidea… En el 2019, el Departamento de Salud pasa de Geroa Bai a PSN, donde su acuerdo pone sobre la mesa 41 compromisos (nuevo plan de salud, empresa pública para el transporte sanitario, que los presupuestos llegasen a un %6,5 del PIB…), pero todas sus propuestas se vieron mermadas, entre otras cosas, por la llegada del COVID-19. Con esto su plan cogió un nuevo cauce, rumbo a la mala gestión de profesionales, la organización caótica y el colapso de los dispositivos sanitarios. Ahora el departamento vuelve a Geroa Bai para el 2023-2027, con los mismos consejeros. Llama la atención esta vez la poca exactitud de su acuerdo programático, mucho más genérico y corto. Por ahora, son desdeñables las declaraciones de los consejeros que, dicho sea de paso, no aparecen en el acuerdo programático; augurando un futuro bastante incierto o problemático por lo pronto en cuanto a listas de espera, posibles derivaciones a la privada, peonadas, reformas del modelo de atención primaria etc. Con el acuerdo de los presupuestos podemos ver, además, cómo se perpetúa la atención público-privada, siendo ejemplo de ello el hospital de San Juan de Dios o la colaboración con la empresa Medicis para la realización de pruebas complementarias. La situación de Nafarroa, por lo tanto, deja en evidencia el carácter estructural del colapso, ya que por mucho que esté en manos del "gobierno del cambio", no han sido capaces de revertir la situación.

Para terminar con los ejemplos de gestión sanitaria a distintos niveles, me gustaría hablar sobre la Ley Estatal 15/97 o el artículo 90 de la Ley de Sanidad, la cual permite la actual privatización de la sanidad pública. Desde 2020-2023, hemos tenido la posibilidad de poder ver con datos objetivos de qué ha sido capaz "el gobierno más progresista de la historia", con el PSOE de la mano de Unidas Podemos. Parece que ninguno de estos partidos ha puesto en duda la ley 15/97 ni los conciertos privados (los cuales se llevan 1 de cada 8 euros de gasto sanitario), a pesar de varios intentos de distintos colectivos. Ahora, PSOE-Sumar vuelve a poner el grito en el cielo con salvar la sanidad; eso sí, sin traspasar las líneas rojas que ellos mismos han trazado hacia la privatización. Además, es significativo cómo ningún territorio en particular del Estado español (aún bajo gobernanzas de partidos de izquierda) ha sido capaz tampoco de poner sobre la mesa el problema que esta ley supone.

Por lo tanto, éste sería el panorama actual: en todos los territorios se le sigue dando continuidad a la gestión público-privada. En la CAV los pacientes de Tolosaldea acuden a la Clínica La Asunción, se realizan las resonancias magnéticas en Osatek y las ecografías en Bihotz. En Nafarroa se siguen manteniendo acuerdos con empresas sanitarias como la Clínica del OPUS o el Hospital San Juan de Dios. La concertación, la privatización y la externalización de servicios están a la orden del día, condicionando de forma exponencial la posibilidad de acceso de los trabajadores y suponiendo un deterioro para la calidad de servicios y condiciones laborales. A su vez, nadie habla sobre el aparato legal que permite y fundamenta toda esta privatización a nivel estatal, la ley 15/97 o el artículo 90 de la Ley de Sanidad. Parece así que todos los partidos aceptan la existencia y el reparto de recursos público-privados, y mientras desmantelan lo público, los bancarios, empresarios y políticos que están detrás del sector privado siguen ganando dinero. Con este artículo he querido dejar en evidencia que la sanidad pública vive un proceso de colapso que responde a la crisis capitalista y que va más allá de las voluntades políticas. Por lo tanto, toda respuesta que no trate la raíz del problema sólo perpetuará la situación del sistema actual. Así que deberíamos estar hablando de la socialización de recursos sanitarios, tanto públicos como privados, para de verdad poder hablar de una sanidad universal, gratuita y de calidad.

Sabiendo todo esto, todavía hay quien podría pensar que las elecciones sí que son significativas para el manejo de la sanidad los próximos años. Ante esto, me gustaría señalar que todos los partidos políticos, sean PSOE o EH Bildu, PP o PNV, son órganos del estado que funcionan por medio de subvenciones del estado capitalista, los cuales tienen relación directa con las elites económicas y la oligarquía financiera. Es difícil pensar en qué intereses pueden tener los grandes empresarios en cuanto al bienestar sanitario total de la clase trabajadora, ya que para ellos no es de ninguna forma prioritario gastar recursos para mejorar la calidad de vida de una población mayormente improductiva, en cuanto que condenaría la valorización de un estado ya estructuralmente deficitario. Es por lo tanto preocupante el lavado de cara que se les hace a partidos como EH Bildu o PSOE, concibiéndolos como posibles fuerzas progresistas y actuales garantes de la sanidad universal, gratuita y de calidad, como si ellos no fueran responsables de la actual situación sanitaria. Lo mismo para el PNV, que ha demostrado y demuestra su interés empresarial hacia la privatización de Osakidetza.

Las próximas semanas vamos a ver cómo ambos partidos hablarán de publificación o señalarán ciertas empresas, con la tendencia progresiva de casi igualarse en su programa, convirtiéndose en dos entes peleándose por su posición burocrática y nada más. EH Bildu aprovechará el desgaste del PNV por haber gobernado en sanidad los últimos años, para hacerse hueco con nuevas promesas que van en total consonancia con la ideología de la clase media y que no tienen ningún potencial de cambio. Dicho esto, podríamos finalizar diciendo que el objetivo de todos estos partidos es el de la gestión del estado burgués dentro de sus límites, con la tendencia inminente del empobrecimiento de la clase trabajadora y la degradación progresiva de la clase media, en el ámbito sanitario inclusive. Por lo tanto, partidos políticos, ¿a quién vais a dejar enfermar después de las elecciones?

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