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Últimamente rondan por mi cabeza unas líneas del futurista ruso Mayakovski. Según él, la revolución consiste en hacer “inventario del universo”: se debe mantener lo valioso y desprenderse de lo inútil. Habla de lo que le sirve a la clase trabajadora para su emancipación, claro está; de aquello que le serviría a la humanidad de manera universal.

Siguiendo con esta idea, podríamos decir que los socialdemócratas tienen una especie de síndrome de Diógenes: están dispuestos a acumular hasta la basura más podrida del capitalismo a cambio de hacerse gestores del trastero.

Esto lo estamos viendo claramente con EH Bildu-Sortu: no pueden soportar la reivindicación por la abolición de la Policía, pues esta les es imprescindible para su proyecto político; niegan incluso la idea del poder obrero, representan a la clase media y basan su programa en el pacto interclasista. Y, tal y como lo estamos viendo con la prohibición del encuentro Gazte Topagune Sozialista, están más que dispuestos a utilizar los aparatos burocráticos estatales con el fin de sofocar la iniciativa política de la juventud trabajadora, o fortificar la puerta del trastero putrefacto ante quienes deseamos hacer inventario, volviendo a las palabras de Mayakovski.

En este caso, además, se han esforzado por disimular su interés real e irresponsabilidad: han optado por un medio local para difundir la noticia para quitarle hierro al asunto, y, por si esto fuera poco, en esa entrevista previamente diseñada y los documentos difundidos en nombre del “vecindario”, hacen hincapié en excusas técnicas, al estilo de los partidos más conservadores. Puro “papeleo”, al fin y al cabo.

Sin embargo, el papel es traslúcido, y basta con un atisbo de luz para percibir la silueta de lo que verdaderamente esconde.

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