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En 1964, el poeta Gabriel Aresti, en su libro Harri eta Herri, le dedicó el poema “Joxepe” a Joxe Azurmendi. En él, decía en euskera: Joxepe, /amigo mío, / lejos está, / ahí arriba, /  del cielo cerca, / y yo en cambio / aquí abajo, / en este oscuro abismo, / Bilbao se llama / en este infierno... / Aquél ahí arriba, / Aránzazu se llama/ en aquella cumbre, / en aquel paraíso...

Hoy en día también hay quien vive cerca del cielo y sólo ve en nuestra sociedad el paraíso. Pero hay que reconocerlo: esta actitud no está en absoluto extendida. La mayoría vive como Aresti, en el infierno.

Por desgracia, no hay necesidad de otros medios o conciencias falsos. A algunos hace tiempo que nos espantaron a los dioses, del cielo sólo esperamos algún rayo de sol o alguna tormentas –preferentemente mejor lo primero que lo último–, pero ninguna ayuda en absoluto.  La religión sigue siendo, sin embargo, un fenómeno que pone flores a las cadenas y que sirve para condenar al ser humano a vivir esperando el cielo.

También hay quienes, viendo el infierno, le dan la espalda y están dispuestos a derramar, de vez en cuando, un par de lágrimas ante alguna crueldad, sin ningún compromiso de remediarla realmente. En ellos suele ser típica una disociación entre los objetivos y los medios para conseguirlos: expresan su plena voluntad de acabar con el infierno, pero todo lo que hacen no tiene otra intención que salvarse a sí mismos, que es una aspiración a menudo frustrada, porque el infierno tiene poca compasión con este tipo de fantasías. También van de la mano de este tipo de gente quienes identifican y luchan contra las diferentes opresiones sin reparar en el verdadero origen y naturaleza de las mismas. Luchan con convicción, pero ni la mayor devoción puede salvar a la persona si el camino elegido, es decir, el análisis realizado, es erróneo.

Asimismo, encontramos a quienes hacen de payaso macabro ante el infierno; a quienes sólo conocen las formas comunicativas de la burla y la parodia (el pan no, pero el circo está garantizado). No tienen respeto por nada (ni mucho menos por nadie), ni paciencia para el debate. La única verdad que les importa es la suya propia, es decir, no les importa la verdad, por lo que son incapaces de cambiar de opinión. Un coro de idiotas (en sentido clásico y no-clásico) que se burla de quienes se atreven a buscar la razón y a comprometerse.

Mucho más extendida está, sin embargo, la actitud de quienes viven desesperados, de quienes piensan que sólo puede existir el infierno. Ven cómo en esta sociedad se marchita todo lo que es bueno, cómo la miseria no tiene límite alguno, lo dura que es la vida para tantos. Como esto, ahora, es así, imaginan que siempre lo ha sido, o al menos, que siempre debe serlo. Aunque vean la profundidad y la anchura del infierno, a causa de esta ceguera, se rinden . Esta forma de ver las cosas, evidentemente, es peligrosa para la persona.

Podríamos mencionar también a los apologistas del infierno (los más repugnantes de todos), a los nostálgicos (reaccionarios) y a los completamente estropeados por el infierno, en los que no se puede apreciar ni un sólo atisbo de lo que pudieron haber sido (los más tristes). Hasta este punto de nuestro estudio, sólo hemos identificado a éstos, pero seguro que al lector se le ocurrirán otros muchos para completar esta tipología.

Contra los que intentan reformar el infierno y los nostálgicos (ambas posturas van a menudo unidas), busquemos la razón que analiza las cosas tal y como son y actúa consecuentemente. A sus apologistas, declarémosles la guerra más cruda e implacable. Ante la bufonería, optemos por el amor y la solidaridad con todo quien sufra. Contra la desesperación, nuestra herramienta es la rabia, o al menos el saber de nuestra posición histórica; la fuerza que da la conciencia de la clase (desposeída). Y para que el infierno, es decir, la sociedad capitalista, no siga destruyendo por completo a la gente, una única opción: la revolución comunista.

HAY UN COMENTARIO
  1. K
    Koba 2023/03/24

    Enhorabuena por este magnífico artículo a la compañera Eli Irazu. Me ha emocionado y me siento totalmente identificado con la que expresa.

    Ser comunista no solo es la asunción de una posición de clase ante un mundo tan infernal para el proletariado, las clases populares, los oprimidos. Ser comunista es también una posición ética de empatizar, de hacer propio el sufrimiento y la opresión de todas y todos cuantos son victimas de este sistema criminal llamado capitalismo.

    Como muy bien decía Che Guevara: “Sean capaces siempre de sentir, en lo más hondo, cualquier injusticia realizada contra cualquiera, en cualquier parte del mundo".

    Ante un mundo actual en el que el cielo esta reservado para los ricos y el infierno para los pobres cada cual toma posición:

    - La minoría privilegiada que viven en el cielo terrenal (ricos y sus esbirros) van a hacer todo lo posible por conservar el estado actual de cosas. Son los mayores enemigos de que ... Leer más

    Enhorabuena por este magnífico artículo a la compañera Eli Irazu. Me ha emocionado y me siento totalmente identificado con la que expresa.

    Ser comunista no solo es la asunción de una posición de clase ante un mundo tan infernal para el proletariado, las clases populares, los oprimidos. Ser comunista es también una posición ética de empatizar, de hacer propio el sufrimiento y la opresión de todas y todos cuantos son victimas de este sistema criminal llamado capitalismo.

    Como muy bien decía Che Guevara: “Sean capaces siempre de sentir, en lo más hondo, cualquier injusticia realizada contra cualquiera, en cualquier parte del mundo".

    Ante un mundo actual en el que el cielo esta reservado para los ricos y el infierno para los pobres cada cual toma posición:

    - La minoría privilegiada que viven en el cielo terrenal (ricos y sus esbirros) van a hacer todo lo posible por conservar el estado actual de cosas. Son los mayores enemigos de que se materialice un mundo más justo.

    - Luego están los que hacen el juego a la minoría privilegiada y pretenden reformar al infierno, pretenden conciliar los intereses entre los que lo tienen todo y los que no tienen nada. No quieren darse cuenta, o son muy cínicos, de que este sistema criminal no tiene reforma y en última instancia están beneficiando a la minoría privilegiada. En este grupo están las clases medias y la pequeña burguesía.

    - Por ultimo está la mayoría que vive en el infierno terrenal que no tiene nada que perder y en cambio tiene un mundo que ganar. El problema con este grupo es que la inmensa mayorá de él no esta concienciado y se muestra apático y aquí en donde tiene que entrar el trabajo de la militancia comunista.

    Hoy el movimiento comunista necesita reconstruirse para poder volver a conectar con las masas oprimidas y relanzar un nuevo ciclo de lucha mundial por el comunismo. Para mi el Movimiento Socialista de Euskal Herria es un paso esperanzador en esa dirección.

    Un muy fuerte abrazo revolucionario a Eli Irazu y a todo el Movimiento Socialista de EH.

    Koba.