El secuestro del presidente venezolano Maduro es un capítulo negro más del imperialismo estadounidense. El supremacismo es llevado a lo más alto por EEUU. Dice una y otra vez que América Latina le pertenece, y emplea la fuerza, tanto económica como militar, para utilizarla como si fuera su propiedad privada. La doctrina imperialista no puede ser más transparente en cada discurso del presidente Trump, que sostiene que Venezuela se ha convertido en un país bajo su control o que ha provocado decenas de muertos en la operación contra Maduro para hacerse con el petróleo. Esta es la democracia en el capitalismo, simple apariencia.
Aunque todavía no está del todo claro cómo consiguió EEUU dar este golpe, debemos ser muy prudentes con las informaciones y las hipótesis que se han difundido aquí y allá. Lo que de momento se sabe con certeza es que EEUU ha pasado por encima de un país para garantizar las ganancias de varios empresarios relacionados con el petróleo y quitarse de encima a un presidente que no querían.
En Euskal Herria, el PNV, que nos está recordando cada día que es un partido orientado hacia la extrema derecha, se ha deslizado una vez más a favor del golpismo. Asimismo, merece la pena mencionar el comportamiento de los principales partidos del Estado español. Sabiendo de dónde viene un partido como el PP era de suponer que iba a defender totalmente el golpe de Estado, y así ha sido. El PSOE, el partido referente de la supuesta izquierda europea, ha criticado las formas de Trump para cuidar un poco la apariencia, pero está defendiendo lo sucedido. Dice, sin cobertura alguna, que las elecciones las ganó Edmundo González o que ahora se abre la posibilidad de dar el salto a un régimen democrático en Venezuela. Todo ello mientras esconde en Madrid a todos los ultraderechistas de la oposición. El PSOE nos propone una transición a una democracia que, basada en el golpe de Estado, garantice los intereses de EEUU o, en el peor de los casos, normalice la extrema derecha. Esta es la democracia occidental que arrebata por la fuerza y mediante estratagemas a los gobernantes que no le gustan.
Los comunistas estamos con el pueblo trabajador venezolano y con la militancia revolucionaria que sigue activa. Somos conscientes de que un hipotético gobierno de extrema derecha o vinculado a los intereses de EEUU dañaría directamente los derechos políticos de los trabajadores. Eso sí, a medida que la situación se vaya aclarando, también resulta necesario para cualquier militante revolucionario profundizar en la reflexión histórica sobre la Revolución Bolivariana. El apologismo o la negación total sería dogmatismo, que estaría más relacionado con una visión identitaria de los procesos políticos que con una visión revolucionaria. Es un deber de los comunistas mirar de frente los hechos y poner en el centro la crítica política. Y todo esto, en la medida en que tengamos en el centro, claro, la lucha contra el imperialismo y el capitalismo que la sustenta.