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Estos días estamos presenciando innumerables reacciones a los accidentes ferroviarios en Adamuz y Rodalies. Antes que nada, solidaridad con las personas que se han visto afectadas o han perdido a algún familiar. Este tipo de accidentes suelen ocurrir, pero hay que mirar bajo qué contexto y bajo qué condiciones se producen. Hasta ahora, podemos dividir las reacciones en dos parámetros: los fascistas, que quieren culpar al gobierno de lo ocurrido cueste lo que cueste, y el gobierno, que enaltece la unidad y a las instituciones estatales.

Los agitadores fascistas, Vito Quiles y demás, se han dedicado a mentir desde el primer momento para culpabilizar al PSOE de lo ocurrido. Lo primero que hizo el partido fascista Vox fue señalar al PSOE como culpable de lo ocurrido a través de unos tuits de su líder para afirmar, acto seguido, que viajar en tren en España ya no es seguro. Demuestran una falta de escrúpulos terrible en estos casos, ya que utilizan las adversidades como arma política antes de saber lo que ha pasado. Además, su modelo, basado en la privatización y el desmantelamiento de los servicios públicos, no haría más que dificultar la situación ante este tipo de acontecimientos, ya que los servicios públicos de calidad son la garantía para hacer frente a estas situaciones.

El PSOE, por un lado, está utilizando la falta de escrúpulos de los fascistas para obtener rédito político de esa dicotomía y arremeter contra el PP. Por otro, está mostrando una especie de triunfalismo hacia las instituciones públicas. Según ellos, vivimos en el mejor Estado posible. Asimismo, siempre según ellos, el problema es que Vox y Trump vienen a destruir el paraíso. No podemos dejar de mencionar el lavado de cara de la monarquía española, que se ha acercado rápidamente a fotografiarse junto a las víctimas, sin aportar nada, usando este tipo de tragedias para legitimar la institución monárquica.

Debemos cuestionar la calidad de los servicios del Estado español. De hecho, muchos de estos servicios están privatizados, al igual que las compañías ferroviarias. Es sabido que estos servicios ponen el beneficio privado por encima de todo. Por otra parte, la cantidad y calidad de los servicios públicos en el seno del Estado capitalista es limitada si se compara con el potencial que podrían tener. Para ello, sin embargo, es necesario otro modelo de organización de la sociedad y de los recursos, que se organice en función de las necesidades de la mayoría y no en función del beneficio privado. Porque el Estado no se estructura en el capitalismo según las necesidades de la mayoría, es la estructura para garantizar la reproducción del capitalismo. Debemos impulsar las oportunidades que ofrece esta sociedad hacia el último extremo en la dirección del bienestar colectivo. Entre ellas, limitar la posibilidad de que ocurran este tipo de siniestros y, en caso de que se produzcan, tener preparados al momento los mejores medios para afrontarlos.

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