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Durante el último siglo Estados Unidos se ha dedicado a poner el mundo patas arriba, y lo que hemos visto estos meses confirma que va a seguir haciéndolo. El fascismo ha llegado al poder del país más poderoso del mundo bajo la forma de un gobierno autoritario, que, una vez más, actúa a favor de los oligarcas. Sin embargo, no debemos perder la perspectiva histórica, porque el gobierno de Trump no es una excepción en la historia: es una continuación absoluta de la política imperialista de EEUU bajo una forma radicalizada.

El último mandato de Trump ha venido a acelerar las tendencias autoritarias, sobre todo en las formas. Trump utiliza la acción y el lenguaje violentos y explícitos, legitimados por el uso pleno de la fuerza. Ha asustado a todo el mundo sin oposición. Pero, si reparamos al contenido, no hay una ruptura tan evidente respecto a las administraciones anteriores, sean demócratas o republicanas. El intervencionismo ha sido total a lo largo de la historia contemporánea de EEUU, sea en África, Asia o Sudamérica. El saqueo y el robo de recursos también están en la base de la acumulación de riqueza de EEUU, algo en lo que coinciden las principales potencias imperialistas del mundo. Esto es precisamente lo que es el imperialismo. Por lo tanto, debemos ser precavidos al tomar como opuestos al fascismo y al liberalismo, ya que esto siempre ha favorecido el lavado de cara dde este último.

Este crecimiento del fascismo nos sitúa en una encrucijada, pero tenemos que evitar las vías de escape. Es urgente recomponer políticamente a la clase trabajadora, pero debe hacerse dejando de lado las fórmulas de la socialdemocracia. Y es que el fracaso de los frentes amplios contemporáneos es total como fórmula para contrarrestar el fascismo, como demuestran el gobierno español y tantos otros. Además, no se puede responder a la agenda de la oligarquía con un gobierno progresista de igual contenido, y estamos viendo que el fraude del progresismo tiende a reforzar el fascismo. Es el momento de la política radical, es tiempo de llenar las calles y de llenar el antifascismo de contenido comunista. Por eso es tan importante garantizar una hegemonía anticapitalista entre los jóvenes en Euskal Herria y allí donde sea posible. Tenemos la obligación de llenar de gente Bilbo e Iruñea el día 31, sigamos trabajando en ello.

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