¡Que no nos vendan humo! FOTOGRAFÍA / Erik Aznal
Eneko Carrión
@enekocarri
2020/11/03

1. Introducción

Durante los últimos años hemos sido testigos de la irrupción de nuevos términos en el vocabulario político. Hablo de términos como el Green New Deal o el Trabajo Garantizado, y aunque a primera vista puedan parecer innovadoras, no hay que ir muy lejos para darnos cuenta de que detrás de ellas no hay más que reformismo disfrazado de novedad. La izquierda progresista, aunque haya demostrado una absoluta incapacidad para hacer frente a las brutales consecuencias del modo de producción capitalista, intenta hacernos creer que ha dado con la tecla para cambiar el sistema sin infligir el más mínimo daño al capital y al lucro [1]. Esto, lejos de ser algo nuevo, es algo que todos los revolucionarios de cada época han tenido que combatir y desenmascarar. Y claro, en nuestra época no iba a ser diferente.

La izquierda progresista, aunque haya demostrado una absoluta incapacidad para hacer frente a las brutales consecuencias del modo de producción capitalista, intenta hacernos creer que ha dado con la tecla para cambiar el sistema sin infligir el más mínimo daño al capital y al lucro

Ejemplo de la necesidad de innovación es la fundación de la Internacional Progresista el 11 de mayo de este mismo año, promovido por ilustres personajes del panorama político como Noam Chomsky, Naomi Klein, Berni Sanders, Yanis Varoufakis o la misma Ada Colau. Además de individuos, organizaciones o partidos como ERC o Compromís se han adherido a ella. Sus aspiraciones son claras, lograr un mundo: democrático, descolonizado, justo, igualitario, liberado, solidario, sostenible, ecológico, pacífico, postcapitalista, próspero y plural [2]. Esto debería de ser un aviso a todos los movimientos socialistas, ya que la bandera del internacionalismo ha sido empuñada por el progresismo y no ha habido capacidad de dar una respuesta de carácter revolucionario.

El objetivo de este reportaje es analizar la propuesta económica de la Teoría Monetaria Moderna y sus posibles derivas políticas. Esta teoría da a entender que controlando ciertos mecanismos del Estado y la emisión de moneda podemos conseguir cosas como el pleno empleo o la disminución de las desigualdades casi al mínimo [3]. ¿Quién no se va a sentir atraído por una propuesta que promete el paraíso? La atracción hacia este tipo de apuestas políticas es un problema fundamental ya que puede suponer un refuerzo y apuntalamiento del sistema, a la vez que debilita a las organizaciones que apuestan por la revolución socialista. Por lo tanto, es fundamental que los militantes combatamos este tipo de ideas en todos los espacios que podamos. Más aún en el contexto de crisis en el que nos estamos sumergiendo, porque esta situación puede facilitar la receptividad de las masas a estos cantos de sirena, como ya lo vimos con el «efecto Podemos» en la crisis de 2008.

2. Teoría Monetaria Moderna (TMM): ¿qué es y de dónde viene?

El objetivo de esta teoría es la erradicación de los males del capitalismo sin cambiarlo de raíz. Como afirma Mario del Rosal (2019): «Pretende salvarnos del capitalismo salvando el capitalismo». Para ello, utilizaría la supuesta ilimitada capacidad monetaria del Estado, es decir, imprimir dinero de forma masiva para paliar consecuencias como el desempleo o la pobreza. Aunque no haya tenido una difusión masiva, cuenta con ciertas figuras de la academia como Bill Mitchell o Randal L. Wray y financiadores como Warren Mosler (conocido por su trabajo en fondos de inversión). Su difusión se da en gran medida en centros como la Universidad de Missouri-Kansas o la Universidad de Newcastle (Nueva Gales del Sur, Australia). En el Estado Español, aunque su arraigo sea menor, cuenta con ciertos adeptos como Stuart Medina o Eduardo Garzón (hermano del actual ministro de Consumo), relacionados con la Red MMT. En el ámbito político su referencia ha llegado a ciertos sectores del ala más progresista del Partido Demócrata de los Estados Unidos o a organizaciones como el PCE o IU. Más allá de estos espacios, es relevante destacar que ciertos tecnócratas de Bancos Centrales como el de Inglaterra o del Bundesbank han empezado a debatir de forma seria sobre las propuestas de la TMM [3]. No es descabellado pensar que estas propuestas puedan ir tomando cierta fuerza en organizaciones y movimientos de Euskal Herria.

Esta teoría tiene dos pilares fundamentales: el dinero y el Estado, los cuales, como veremos, están estrechamente relacionados.

El dinero

El enfoque general se situaría en la corriente poskeynesiana, aunque algunos autores no estén de acuerdo con ciertos postulados de esta teoría. La concepción sobre el dinero que maneja la TMM se basa, en primer lugar, en la teoría cartalista. Su origen se remonta a 1905, cuando Georg Friedrich Knapp escribío su obra Teoría estatal del dinero [4]. Su hipótesis principal es que el dinero es «una criatura de la ley», es decir, que la capacidad del Estado de imponer el dinero como medio de pago de los impuestos y tasas es lo que le da valor. Algo totalmente contrario a la ley del valor-trabajo de Marx y al papel del dinero como equivalente general. Citando a Keynes, el dinero sería «todo aquello que el Estado decide aceptar en pago de los impuestos» [4]. Esto se encuadraría en la concepción del dinero fiat, es decir, dinero fiduciario (dinero basado en la confianza) emitido por cierta institución (normalmente el Estado) con capacidad para obligar a que sea aceptado. Desde una óptica marxista, vemos que aunque el Estado tenga cierta capacidad de intervenir en el ámbito monetario (emitiendo o retirando dinero, estableciendo ciertos tipos de interés…) no puede decidir por decreto el valor del dinero. La crítica debe centrarse en que el Estado ni inventa el dinero ni puede determinar su valor unilateralmente [3]. Esto es lo que afirma Astarita (2018) en su debate con Eduardo Garzón:

«Es que el valor está determinado por los innumerables trabajos privados que se comparan en el mercado a través de las mercancías. Es por medio de esa comparación –que supone la competencia- que se establecen los tiempos de trabajo socialmente necesarios. Son socialmente necesarios porque están establecidos según las productividades medias, definidas por las tecnologías y las intensidades de trabajo relativas». [5]

La concepción cartalista del dinero es sumamente peligrosa ya que abre la puerta a que el Estado Burgués pueda jugar un papel favorable para la clase trabajadora.

Otra de las bases sería la del dinero como deuda, es decir, que el dinero sería el resultado del mecanismo de la deuda (cualquier tipo de deuda, de honor, de sangre o de crédito). Al darle un servicio o una mercancía a otra persona, esa persona contrae una deuda y el pago de esa deuda sería lo que haría necesario el dinero. Rechaza frontalmente la relación entre el trueque y el origen del dinero, postulando que el trueque no ha existido y que se ha convertido en un mito de la teoría monetaria [3]. Marx opina que el dinero surge como resultado de un proceso basado en una relación social, no como un instrumento material pensado para superar las dificultades del trueque [6]

Por último, la TMM otorga a la función de unidad de cuenta un carácter principal, relegando al medio de intercambio y a la reserva de valor a meras derivaciones de dicha unidad de cuenta. Es decir, que se centra en la utilidad de éste para la contabilización y cálculo de las mercancías y deudas, dejando de lado aspectos fundamentales como su valor intrínseco [3].

El Estado

Ha quedado en evidencia la importancia que otorga la TMM al Estado, lo cual puede ser sumamente atractivo para cualquier movimiento progresista, ya que ve en él la herramienta para eliminar todos los males del sistema. Para ello es necesario que el Estado sea concebido como una serie de instituciones neutrales, siendo funcional tanto a la burguesía como a la clase obrera. Elemento común a todas las propuestas reformistas de carácter socialdemócrata.

Para ello es necesario que el Estado sea concebido como una serie de instituciones neutrales, siendo funcional tanto a la burguesía como a la clase obrera. Elemento común a todas las propuestas reformistas de carácter socialdemócrata

Para ellos el Estado podría intervenir en la economía haciendo uso de ciertas propuestas en ámbitos como el de los impuestos, la deuda o el déficit, entre otros. En lo que a impuestos se refiere, su propuesta es que la política fiscal sea principalmente una forma de controlar la cantidad de dinero que hay en la economía, controlando con ello la dinámica económica y la inflación. Como funciones secundarias situarían la redistribución de los ingresos y la riqueza y la orientación de la acción privada. Al lector le habrá chocado que una propuesta progresista relegue la redistribución mediante impuestos a un segundo plano y es que la TMM postula que haciendo uso de la política monetaria se puede lograr la mejora en los ingresos de los que menos tienen sin gravar a los ricos. Algo que haría sumamente felices a muchos neoliberales y a los ricos, claro está. Otro aspecto importante es el rechazo a la política de austeridad tan presente en la fase neoliberal. El déficit público, lejos de ser algo a combatir, sería un mal necesario para inyectar dinero en las empresas y para que los consumidores puedan comprar lo producido [3].

Todo esto está basado en una idea, que no es otra que la de que el Estado no puede ser insolvente o caer en quiebra cuando la deuda está en su moneda nacional. Como dice James Galbraith (asesor de Yanis Varoufakis en 2015): «El dinero que gasta el gobierno no viene de ninguna parte y no cuesta nada producirlo. El gobierno, por tanto, nunca puede quedarse sin dinero» [7].

Esta supuesta soberanía monetaria le otorgaría unos poderes económicos casi ilimitados, pero sería necesario que el Estado (o Banco Central) cuente con tres cosas [3]:

1. Tener moneda propia

2. Que esta moneda esté sometida a tipos de cambios flotantes (tipo de cambio determinado por la oferta y demanda del mercado de divisas)

3. Que la deuda esté denominada en su propia divisa (moneda nacional)

Según la RAE, soberano es «aquél que ejerce o posee la autoridad suprema e independiente» [8]. Cuando un Estado o Banco Central emite una moneda y entra en relación con otras, el valor de esa divisa escapa a su control. Si nos fijamos en el mundo en el que vivimos, vemos que probablemente ningún Estado sea totalmente soberano, por lo que aunque quede muy bonito en el papel, no es más que vender humo. Creo que ni el estadounidense con su moneda como dinero mundial lo es realmente. Pero claro, aunque no aguante ni el más mínimo análisis científico, esta teoría sienta las bases de propuestas sumamente atractivas para muchos. En el siguiente apartado analizaré cuales son las principales propuestas y sus posibles efectos en el contexto político actual.

3. Propuestas políticas

Aunque no estén totalmente relacionadas con la TMM, es evidente que ésta abre una interesante oportunidad de financiación para todas ellas, por lo que no es de extrañar que a la vez que se expande esta teoría vayan apareciendo todo tipo de propuestas de lo más atractivas pero de lo más irreales.

Green New Deal o keynesianismo pintado de verde

Los orígenes de esta propuesta los encontramos en los movimientos ecologistas radicales estadounidenses de los años 70, como el Green Party o el Sunrise Movement. Pero es de la mano del Partido Demócrata de Estados Unidos cuando realmente cogió fuerza. Durante 2019, una figura destacada como es Alexandria Ocasio-Cortez expuso los siguientes apartados: garantizar empleos, vivienda accesible, educación, agua limpia, aire limpio, alimentos saludables, infraestructura, transporte y fomentar industrias limpias. Todo esto, como no, envuelto en un manto de verde ecologismo. El objetivo de estas políticas es claro: hacer frente a las diferentes dimensiones de la crisis (económica, social, ecológica…), estimulando la demanda como ya lo hizo Roosevelt en los años 30 [9]. Cabe señalar la mistificación que existe sobre el éxito de estas propuestas como solución a la Gran Depresión de 1929. Autores como Cooke (2019) y Roberts (2016) destacan que la recuperación se dio gracias a la Segunda Guerra Mundial y las oportunidades y condiciones que ésta generó, y no gracias al New Deal [10].

El GND no tardó en expandirse a otros países como Reino Unido, donde el Partido Laborista realizó su propia propuesta, conocida como la «Revolución Industrial Verde». Uno de los puntos de debate de esta propuesta es la financiación de estas medidas, es decir, de donde se va a sacar el dinero para pagarlas. La mayoría, como Bernie Sanders por ejemplo, siguiendo los pasos del keynesianismo más clásico, proponen la vía fiscal. Aquí entran todo tipo de medidas como la elevación de los impuestos a grandes fortunas o la creación de nuevos impuestos como la famosa Tasa Tobin (tasa impuesta a las transacciones financieras). Pero ante la probable reacción de ciertos sectores de la burguesía hay cada vez más políticos, como Alexandria Ocasio-Cortez, que proponen la aplicación de los principios de la TMM para evitar enfrentarse a los ricos [11]. Otro ejemplo de querer cambiarlo todo sin cambiar ni lo más mínimo.

Esta propuesta no se limita a ser una mera solución a la crisis, sino que promueve la necesidad de una transición hacia un capitalismo verde. Se marca como objetivo el abastecimiento del 100% de la demanda energética haciendo uso de solo energía renovable y no contaminante. Además de esto, busca mejorar la eficiencia de las redes eléctricas, acondicionar los edificios para optimizar el consumo, promover el transporte público, los coches eléctricos y el tren de alta velocidad y, por último, reducir las emisiones en el sector primario. No hay que irse a Estados Unidos para ver como cada vez más sectores de la burguesía promueven esta transición [11]. Ejemplo de ello es la participación de la consejera del Gobierno Vasco Arantza Tapia en la sesión de alto nivel Sustainable Innovation Forum, donde 30 empresas vascas participaron en sesiones sobre Movilidad Sostenible y Oportunidades de Negocio en la Transición Energética [12]. Otro ejemplo sería el reparto que quieren hacer de los recursos de los Fondos de Reconstrucción de la Unión Europea, cuyo objetivo es paliar las consecuencias del COVID-19. Habría que destacar el proyecto conocido como Green Deal I-DE, que entre otras cosas, busca la digitalización de redes eléctricas [13]. No es que les importe el medioambiente, es que necesitan encontrar nuevos negocios en los que mantener o aumentar sus beneficios.

Esta propuesta no se limita a ser una mera solución a la crisis, sino que promueve la necesidad de una transición hacia un capitalismo verde

No es que les importe el medioambiente, es que necesitan encontrar nuevos negocios en los que mantener o aumentar sus beneficios

Hay que dejar claro que no se puede negar la gravedad de la crisis climática, sino que, al ser totalmente conscientes de ello, debemos buscar soluciones reales y no meros parches. Es el mismo sistema el que, teniendo como objetivo la producción para que una clase obtenga beneficios, imposibilita una solución integral dentro del capitalismo, lo que deja en evidencia la necesidad de un cambio en las relaciones de producción y una apuesta firme y seria por el socialismo como la única solución al problema climático.

Es el mismo sistema el que, teniendo como objetivo la producción para que una clase obtenga beneficios, imposibilita una solución integral dentro del capitalismo

Trabajo Garantizado y Renta Básica Universal

Los seguidores de la TMM tienen un proyecto estrella llamado Plan de Trabajo Garantizado (PTG). Este plan se basa en que el Estado contrate a todo aquella persona que se quede en paro, es decir, que se convierta en una especie de empleador de último recurso. Esto erradicaría el desempleo de raíz, consiguiendo que no se desperdicien capacidades productivas y se solventen los problemas económicos derivados de la pérdida de empleo. La idea fue propuesta por Abba Lerner en 1947 y por Hyman Minsky en 1986, y ha sido recuperado por los progresistas para hacer frente a los grandes problemas a los que nos enfrentamos como sociedad. Cabe recordar que esta propuesta fue ampliamente defendida por muchos liberales durante la década de los 70, como medida para destruir el Estado de Bienestar y reforzar el ideal del individuo como sujeto que no necesita ser guiado por instituciones como el Estado [11].

Todo es muy bonito pero, al seguir investigando, comenzamos a ver los errores de esta propuesta. Uno de los primeros y más importantes sería la concepción del paro como un fenómeno monetario, es decir, que si hay paro es por falta de dinero en la economía y que esto se solventaría con la inyección de dinero por parte del Estado. ¿Y qué tipos de trabajos asignaría el Estado? La gran mayoría serían trabajos de carácter más social, como el cuidado de ancianos o personas dependientes, limpieza de espacios públicos, reforestación o enseñanza de artes. En la década de los 30, como parte del New Deal, Roosevelt estableció un programa llamado Work Progress Administration (WPA), en el que el Estado empleó a personas sin trabajo en todo tipo de labores como la construcción de puentes y hospitales. En 1933 la tasa de desempleo era del 25% y, en 1938, del 19%, por lo que aunque consiguió reducirla, no se acerco ni lo más mínimo a una posible desaparición del paro [11].

Otro de los puntos cuestionables sería el del salario que se otorgaría, el cual debería ser menor al Salario Mínimo Interprofesional, ya que como los defensores de la TMM defienden, lo contrario supondría un incentivo para no buscar trabajo en el sector privado. Lo que pone en tela de juicio el segundo objetivo antes mencionado, ya que no lograría que se solventaran los problemas económicos que sufren amplias capas de la masa asalariada. Lo que se genera con esto es lo que muchos denominan como ejército estatal de reserva, es decir, no elimina el ejército industrial de reserva, sino que el Estado se convierte en un gestor del stock de fuerza de trabajo hasta que las necesidades de acumulación lo requieran [3].

Menos relacionado con la TMM, pero igualmente importante, es la propuesta que todos conocemos como Renta Básica Universal (RBU). Hay que destacar que muchos defensores del PTG están en contra de la RBU, debido a que la primera es una compensación por un trabajo y la segunda un derecho de ciudadanía. Daniel Raventós define la propuesta de la RBU de la siguiente manera [12]:

«La Renta Básica es una renta que el Estado paga a cada miembro de pleno derecho o residente acreditado de una sociedad, independientemente de que desee o no ejercer un empleo remunerado, o sea rico o pobre o, en otras palabras, independientemente de cualquier otra fuente de ingresos que pueda tener la persona, e independientemente de los arreglos de convivencia en el ámbito doméstico».

El debate sobre la viabilidad y consecuencias de este tipo de propuestas es sumamente interesante y complejo, ya que aunque parezca muy simple, en la ecuación entran una infinidad de factores, lo que dificulta la toma de un posicionamiento claro. Ciertos marxistas como Mario del Rosal (2019) defienden que es una medida que pone en tela de juicio la lógica del capitalismo al reducir la dependencia con respecto a la venta de la fuerza de trabajo [3]. Algunos opinan que ésta podría ser utilizada como caja de resistencia en las luchas obreras, lo que aumentaría la capacidad de hacer frente a la ofensiva del capital. Otros creen que el separar los ingresos del ámbito laboral podría ser un elemento desmovilizador ya que reduciría el impulso de luchar por mejoras en las condiciones laborales [13]. Otros autores como Michael Roberts (2019) o Paul Cockshott (2018) opinan que este ingreso iría unido a una reducción de las prestaciones sociales y los servicios públicos, es decir, que ahorrarían dinero adelgazando el Estado, otro golpe al ya mermado «Estado de Bienestar». Esta medida supondría una reducción del valor de la fuerza de trabajo y un aumento de la tasa de plusvalía [14-15]. Puede que este tipo de medidas sean parte de una estrategia a largo plazo para reducir el valor de la fuerza de trabajo, porque no olvidemos que éste es un elemento que puede cambiar con el tiempo [16].

Yanis Varoufakis defiende que este ingreso supondría un aumento de la demanda efectiva y como, en su opinión, la crisis la genera el subconsumo, esto sería una forma de salir de ella. Algo que poco tiene de nuevo. Aquí, nos toca desmentir el mito de que los impuestos los pagan los ricos para beneficio de los pobres, ya que como indican los análisis de Winters (2011) y Piketty (2014), en el capitalismo la riqueza fluye hacia arriba. Los impuestos los paga la clase trabajadora, la «clase media» y los modestamente ricos, mientras que los sectores de la oligarquía cuentan con la capacidad tanto política como económica (abogados, asesores fiscales, instituciones…) para evadir que los impuestos supongan una gran merma de sus beneficios [17].

Más allá de estos debates, lo que queda claro es que los movimientos que promueven estas medidas no buscan abolir el sistema, ya que se limitan a hacer frente a las consecuencias, sin tocar las causas. Al no buscar la abolición de la sociedad de clases, éstas pueden ser viables y asumibles por el enemigo, por lo que nos toca estar atentos a las posibles consecuencias. Podemos estar creyendo defender una mejora en las condiciones de la clase trabajadora y al mismo tiempo estar reforzando sus cadenas, por lo que calma y cuidado, ya que igual estamos ante el siguiente Caballo de Troya de la burguesía.

Más allá de estos debates, lo que queda claro es que los movimientos que promueven estas medidas no buscan abolir el sistema, ya que se limitan a hacer frente a las consecuencias, sin tocar las causas. Al no buscar la abolición de la sociedad de clases, éstas pueden ser viables y asumibles por el enemigo, por lo que nos toca estar atentos a las posibles consecuencias

4. Conclusiones

El reformismo se ha puesto una nueva careta, le llamemos Green New Deal, Teoría Monetaria Moderna o Plan de Trabajo garantizado; detrás se esconde seguir condenando a la clase obrera a los infinitos males del capitalismo. La izquierda cobarde, que no se atreve a enfrentar el capitalismo, es responsable de las promesas y de las desilusiones que éstas generan, porque es evidente que una de las grandes losas que nos toca enfrentar como movimiento es la carga histórica que han dejado los traidores a la revolución [18]. Más aún delante de una de las crisis probablemente más profundas y brutales de la historia del capitalismo. Que no nos pase como en la de 2008, cuando todo el impulso emancipador fue captado por el progresismo y convertido en elemento legitimador del orden social capitalista. Debemos generar formas organizativas de carácter antagonista, cada vez más potentes que poco a poco puedan hacer frente a las verdaderas causas del capitalismo. No nos podemos limitar a luchar contra las consecuencias, ya que de este modo jamás conseguiremos cambiar nada. Es hora de atajar los problemas de raíz y en este proceso no nos cansaremos de señalar y criticar a los que intentan vender humo; no por gusto, sino porque son un pilar fundamental en el mantenimiento del sistema.

El reformismo se ha puesto una nueva careta, le llamemos Green New Deal, Teoría Monetaria Moderna o Plan de Trabajo garantizado; detrás se esconde seguir condenando a la clase obrera a los infinitos males del capitalismo

Que no nos pase como en la de 2008, cuando todo el impulso emancipador fue captado por el progresismo y convertido en elemento legitimador del orden social capitalista

Referencias

1. Engels, F., & Marx, K. (2004). Manifiesto comunista (Vol. 115). Ediciones AKAL.

2. Internacional Progresista (2020).

3. Del Rosal, M. (2020). La gran revelación: De cómo la Teoría Monetaria «Moderna» pretende salvarnos del capitalismo salvando el capitalismo. ECOBOOK.

4. Keynes, J.M (1936). Teoría General de la ocupación, el interés y el dinero. México, FCE, 1965.

5. Astarita, R (2018). Debate sobre la TMM: Respuesta a Eduardo Garzón.

6. Astarita, R (2018). Origen del dinero, cuestiones teóricas.

7. Mosler, W (2010). Los siete fraudes inocentes capitales de la política económica. El Petit Editor, 2014

8. Real Academia Española, s.f, soberano

9. Flakin, W & Belano, R (2019). Un Green-New Deal no puede salvarnos una economía planificada sí.

10. Cooke, S (2019). Will the Green New Deal save the climate, or save capitalism? Counterpunch, 2019 y Roberts, M (2016). La larga depresión. El viejo Topo.

10. https://www.irekia.euskadi.eus/mobile/es/news/59169

11. Nicholson, H (2019). El Green New Deal: ¿Cambiar el sistema o salvar el sistema?

11. Roberts, M (2019). MMT 3 a bacstop to capitalism.

12. Raventós, D. (2007). Las condiciones materiales de la libertad. Editorial El Viejo Topo.

13. EFE (Lunes 5 de octubre de 2020). Euskadi quiere fondos europeos para 66 proyectos «tractores» valorados en 11.603 millones. El Diario vasco.

14. Roberts, M (2016). Basic income too basic not radical enough.

15. Cockshott, P (2017). What is wrong with the idea of basic income?

16. Marx, K (2017). El capital. Siglo XXI

17. Burdman, J. (2012).Oligarchy. Jeffrey A. Winters Cambridge, Cambridge University Press, 2011, 323 páginas. RevistaSAAP. Publicación de Ciencia Política de la Sociedad Argentina de Análisis Político, 6 (2), 450-452. Y Piketty, T. (2014). El capital en el siglo XXI. Fondo de cultura económica.

18. Editoriala (Maiatzak 10, 2020), GEDAR LANGILE KAZETA. Polizia Garan.