El 23 de julio de 1976, Eduardo Moreno Bergaretxe, Pertur, desapareció en San Juan de Luz. Tenía 25 años, era el ideólogo de ETA político-militar y acababa de redactar la ponencia Otsagabia, que proponía una reorientación estratégica de la organización: no el abandono de la lucha armada, sino su subordinación a una estrategia política más amplia, con un papel instrumental y táctico, subordinado a una estrategia política de masas, al servicio de la construcción de un partido revolucionario de la clase trabajadora vasca. Nunca se volvió a saber de él.
50 años después, el caso sigue abierto. Y, como ocurre con los grandes silencios de la historia, el vacío de verdad ha sido ocupado por relatos y especulaciones. Unos más documentados que otros, unos más incómodos que otros, unos con más respaldo mediático que otros..
Este reportaje surge como continuación de otros dos anteriores, que también buscaban aportar algunas aclaraciones sobre la desaparición física y política del ideólogo polimili: Pertur: iraultzaile baten desagerpena y Otsagabia ponentziak 50 urte: Pertur eta KASen arteko elkarrizketa, publicados en Arteka. El primero fue elaborado a partir del informe de la Cátedra de Derechos Humanos de la UPV/EHU (2017), ofreciendo una lectura crítica del caso, señalando que la investigación fue deficiente desde el principio, y la hipótesis del "ajuste interno" de ETA —la que durante décadas ha ocupado las cabeceras de los periódicos— se sustentaba sobre indicios débiles y, en muchos casos, interesados. Mientras esa narrativa se ha impuesto en la prensa, las pistas que apuntaban a los aparatos del Estado, a la extrema derecha y a los neofascistas italianos eran sistemáticamente marginadas o silenciadas.
El segundo reportaje pretendía recuperar el difamado proyecto político de Pertur, que no era el que luego se le atribuyó desde los medios y ciertos sectores políticos: no apostaba por abandonar las armas ni por integrarse en la democracia burguesa, sino por redefinir su función para adaptarla a un nuevo contexto histórico, manteniendo el horizonte revolucionario. Como recordaba recientemente la asociación Haizea eta Sustraiak, Pertur ha sufrido una doble desaparición: "Tanto física como políticamente"; "se quiere hacer desaparecer la memoria militante de Pertur", advierten.
Este tercer reportaje no pretende resolver el misterio, sino señalar las contradicciones y omisiones de la cobertura mediática oficialista del 50 aniversario, y confrontar la narrativa dominante con nuevos indicios documentados, porque mientras los grandes medios sigan repitiendo el relato del "ajuste interno" —y, con él, la caricatura política de un Pertur que nunca existió— sin contrastarlo con las pruebas disponibles, la verdad sobre Pertur seguirá enterrada. Pero la verdad va mucho más allá del derecho de su familia; es también una deuda de la clase trabajadora vasca con su propia memoria.
1. Tres medios, un relato único
El 50 aniversario de la desaparición de Pertur ha generado una avalancha de artículos, reportajes y contenidos audiovisuales. Entre ellos, tres destacan por su alcance y por su capacidad para ampliar el relato dominante en el imaginario colectivo: El País, El Diario Vasco y elDiario.es. Los tres han publicado extensos reportajes que, con variaciones de tono, estilo y enfoque, coinciden en un mismo esquema narrativo: los tres repiten la misma tergiversación del pensamiento de Pertur y los tres omiten sistemáticamente las investigaciones que, en los últimos años, han aportado nuevos datos y han cuestionado la solidez de dicha narrativa.Los tres coinciden en un mismo enfoque: el testimonio de Lourdes Auzmendi —pareja de Pertur— como eje narrativo, y la hipótesis del "ajuste de cuentas" interno de ETA como "la más probable". Los tres mencionan la posibilidad de una trama parapolicial o neofascista, pero la presentan como una teoría marginal, sin desarrollarla ni contrastarla con las numerosas pruebas e indicios existentes que apuntan en esa dirección.
Los tres omiten sistemáticamente las investigaciones que, en los últimos años, han aportado nuevos datos y han cuestionado la solidez de dicha narrativa. Y, lo que es más grave, los tres repiten la misma tergiversación del pensamiento de Pertur que el anterior reportaje ya denunciaba: presentarlo como un "posibilista" que quería dejar las armas e integrarse en el nuevo régimen democrático, cuando su propuesta era mucho más compleja y radical. El abogado y antiguo compañero de militancia Martín Auzmendi, en una entrevista publicada en Berria el 23 de julio, critica la cobertura mediática de estos días: "Viendo lo que estoy viendo estas semanas, me produce tristeza... Estoy asistiendo a una competición entre hipótesis, y eso me parece lamentable. Cada cual está empeñado en defender su propia hipótesis y, en algunos casos, recurriendo a meras especulaciones".
'El País': la épica de la memoria personal
El pasado 5 de julio, Pablo Ordaz publicó en El País el reportaje 50 años buscando a Pertur. Se trata de un texto extenso, de tono literario y emocional, construido como una crónica de la vida de Lourdes Auzmendi desde su juventud hasta la actualidad. También recoge el testimonio de Inés Moreno Bergareche, hermana de Pertur, que añade detalles sobre la familia y cómo les afectaron las represalias por la militancia de Eduardo. Sin embargo, Auzmendi es la única fuente viva con peso en todo el relato. No hay contraste con otros testimonios ni con investigadores que sostengan hipótesis alternativas.
La pista neofascista y la posible implicación del Estado se mencionan, pero no se desarrolla; no se citan los nombres de Concutelli ni de Izzo, ni se hace referencia al sumario italiano, ni al informe de la Dirección General de Seguridad (DGS) a Francia en 1977. Tampoco se recuerda que el propio medio, en 1976, ya difundía informaciones con fuentes policiales que apuntaban a otras direcciones. Y, lo que es más grave, se repite la misma falsificación del pensamiento de Pertur; el artículo dice textualmente: "El joven dirigente de ETA que tras la muerte de Franco abogaba por que la banda terrorista dejara las armas y se reconvirtiera en un partido político".
La versión de El País es, por tanto, otra simplificación que desvirtúa el proyecto político de Pertur y lo convierte en algo que nunca fue, para que encaje con un determinado relato sobre la desaparición.
'El Diario Vasco': una crónica local para la misma canción
Dos días después, el 7 de julio, Iñaki Beobide publicó en El Diario Vasco el reportaje "Medio siglo de incógnitas y heridas abiertas". Se trata de un texto más periodístico y menos literario que el de El País, pero que comparte el mismo esquema narrativo. El enfoque es más local, más cercano al territorio donde Pertur creció y donde su familia sigue viviendo, pero la ambición de ser el referente del caso en Euskal Herria es clara.
El reportaje recoge testimonios de la familia y del entorno de Pertur, contextualiza el caso en el contexto histórico de la Transición y de la evolución de ETA, y menciona las dificultades de la investigación judicial. Sin embargo, también se apoya casi exclusivamente en el testimonio de Auzmendi como eje narrativo, y recuerda que Pakito y Miguel Ángel Apalategi Apala fueron los últimos en ver a Pertur, casi como si fuera el indicio más importante que existe sobre el caso. No menciona la investigación de Egaña y Etxeberria, y reproduce la misma mentira: presenta a Pertur como un "ideólogo que abogaba por dejar las armas".
Lo que hace especialmente significativo este reportaje es que se publica en el mismo diario que, en 2016, publicó la carta de la familia Moreno Bergaretxe en la que ya no acusaban a nadie y solo pedían verdad. Esa carta decía: "Confusión inicial, incertidumbre, rabia, diferentes versiones, pistas falsas, manipulación, homenajes e investigaciones fallidas, y con cada paso, un atisbo de esperanza y otra nueva decepción". El reportaje de 2026 omite esa modificación de postura respecto a la que presentó la familia en 1978 y no explicita que ha matizado su posición.
El 17 de julio, tan solo cuatro días antes del 50 aniversario, El Diario Vasco se hizo eco de otra información que empieza a agrietar los cimientos del relato dominante: un informe del Euskal Herriko Giza Eskubideen Behatokia (GEBehatokia), el Observatorio de Derechos Humanos de Euskal Herria, que concluía de forma rotunda que la desaparición de Pertur fue una operación de los servicios secretos del Estado español y descartaba la autoría de los Bereziak.
El informe sostiene que "solo los servicios secretos tendrían la capacidad para preparar una operación de estas características: infiltración, organización de una cita-trampa, ejecución del secuestro y eliminación de pruebas". La hipótesis más probable, afirma el observatorio, es que estos servicios recurrieron a "grupos neofascistas italianos u otros mercenarios para realizar el secuestro y trasladar a Eduardo Moreno Bergareche a territorio español".
El informe de GEBehatokia aportaba dos elementos lógicos y un indicio empírico para descartar la autoría de los Bereziak. En primer lugar, que "nunca lo hubieran materializado dos de sus más reconocibles integrantes", Pakito y Apala, porque "habrían evitado cualquier relación visible con él antes de su desaparición". El segundo, que una operación de ese calibre "requiere de una planificación, medios y cobertura que difícilmente encajarían con una acción improvisada". Y el tercero, y quizás más relevante, la existencia de una "cita falsa que, en parecidos términos y contexto temporal, recibió el también refugiado Sabin Atxalandabaso", miembro de la Oficina Política de ETA (pm) junto a Pertur.
Como detallaremos más adelante, ambos habían viajado juntos a Argelia semanas antes para entrevistarse con la dirección del FLN y concretar el entrenamiento de militantes de ETA en instalaciones de la policía argelina. "Tanto la Policía española como la propia embajada vigilaron aquellos contactos, siendo éste el vínculo principal que puede explicar que ambos recibiesen por vía interna y de forma simultánea sendas citas-trampa", concluye el informe.
El observatorio también relativizaba el episodio de la retención de Pertur en la asamblea de mayo de 1976, describiéndolo como un episodio con pretensiones "disciplinarias para menoscabar la influencia de Pertur entre sus compañeros y condicionar el debate", pero no como un ensayo de asesinato. Y sobre la famosa carta de Pertur a Auzmendi, en la que hablaba de "conspiraciones" y "sucias maniobras", la sitúan como una crítica al ambiente interno, no como una prueba de que temiera ser asesinado por sus compañeros.
Sin embargo, la publicación de este informe ha pasado casi inadvertida. El Diario Vasco lo publicó, pero el mismo día, y en la misma sección, ya estaba en marcha un reportaje con la hermana de Pertur, que, aunque más prudente, seguía el mismo enfoque. El País y elDiario.es, por su parte, no se hicieron eco del informe GEBehatokia. ElDiario.es solo lo mencionó de refilón para calificarlo de "malintencionado bulo", sin entrar a debatir sus conclusiones, y El País ni siquiera lo citó. El silencio de los grandes medios ante un informe tan contundente, elaborado por un observatorio de derechos humanos y basado en una revisión de las pruebas existentes, resulta revelador. No es que el informe sea irrelevante; es que no encaja con el relato que los medios llevan sosteniendo 50 años. Y lo que no encaja, se ignora.
Junto a ese informe, el mismo periódico publicó el testimonio de Inés Moreno Bergareche, hermana de Pertur. Este reportaje presenta diferencias con la narrativa de Auzmendi que domina en otras piezas. Inés expresa el dolor de la desaparición, pero se muestra mucho más prudente en sus afirmaciones. "Yo no puedo decir lo que no sé. No puedo acusar a nadie. Lo único que digo es que las últimas personas que estuvieron con mi hermano fueron ellos. Son ellos quienes dicen que le dejaron en Behobia. Nadie más puede confirmarlo", afirma. Reconoce que al principio la familia pensó "claramente que había sido la extrema derecha", pero que con el tiempo empezaron a aparecer otras piezas en el rompecabezas. "Creo que hay gente que sabe lo que pasó. Y creo que no interesa remover muchas cosas". Ante esto, insiste en la petición familiar: "No pedimos más. Que alguien, aunque sea con un anónimo, diga dónde está Eduardo. Ya está". Este testimonio, que El Diario Vasco publica en el mismo número que el informe GEBehatokia, podría haber servido para abrir un debate sobre las contradicciones del relato oficial. Pero, en lugar de eso, se ha convertido en una nota al pie de la gran narrativa que sigue la línea marcada por los aparatos de Estado, repetida hasta la saciedad por los medios de comunicación y Auzmendi.
'ElDiario.es': versión oficial beligerante en un medio "crítico"
El 19 de julio, Iker Rioja Andueza publicó en elDiario.es el reportaje Medio siglo sin Pertur, dirigente de ETA político-militar: "Asesinar ha salido muy barato en este país". Es, de los tres, el más explícito y beligerante en su defensa de la hipótesis de los Bereziak, con diferencia. El titular ya carga un juicio de valor que condiciona toda la lectura: la frase de Auzmendi sobre "lo barato que ha salido asesinar en este país" nos sitúa en el terreno de la denuncia moral, no en el de los hechos y la investigación.
ElDiario.es menciona el informe del GEB, que concluye que "sólo los servicios secretos tenían la capacidad de organizar con tanta eficacia y precisión" la desaparición. También introduce el paralelismo con el caso de Yoyes (Dolores González Catarain), ejecutada por ETA militar en 1986, para reforzar la tesis de que "ETA elimina a sus disidentes". Olvida mencionar un detalle: ETA reivindicó aquel atentado.
También contextualiza el presunto "legado político" de Pertur, pretendiendo vincularlo con el posterior desarme de los polimilis y la creación de Euskadiko Ezkerra, que acabó fusionada con el PSE. Una narración teleológica más que discutible a nivel historiográfico, como desgrana el reportaje Otsagabia ponentziak 50 urte: Pertur eta KASen arteko elkarrizketa.
Pero, aunque elDiario.es menciona el informe del GEB, lo hace para desactivarlo de inmediato, calificándolo de "malintencionado bulo" sin argumentar por qué. No cita sus conclusiones ni las contrasta con pruebas.
Cuando investigaciones independientes ofrecen pistas interesantes, los medios las descartan sin debate si no encajan con el relato que quieren imponer, manteniendo la misma desproporción en el tratamiento de las hipótesis: la que apunta al Estado es sistemáticamente marginada, mientras la que apunta a ETA —por más débil que sea— se convierte en la versión noticiable.
Que un medio que se presenta como "crítico" y "alternativo" reproduzca los mismos tópicos que los grandes medios tradicionales evidencia la transversalidad de esta narrativa.
Además, elDiario.es reproduce la misma mentira sobre el pensamiento de Pertur: lo presenta como un "ideólogo que pretendía ir relegando la lucha armada para apostar por las vías exclusivamente políticas".
2. El informe del Memorial: la versión institucional
La hipótesis de la purga interna no solo ha sido impulsada por los grandes medios de comunicación, sino que también cuenta con el respaldo de una institución oficial: el Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo. Su investigador principal, Gaizka Fernández Soldevilla, sostiene en un "estudio" publicado que, con "casi total certeza", "Pertur fue asesinado por los Bereziak y arrojado al mar".
El informe presenta como "novedades" el robo de una embarcación en Baiona y diversos testimonios no verificados sobre el supuesto paradero del cuerpo. Sin embargo, su principal argumento se apoya en el mismo pilar que los reportajes periodísticos: el conflicto ideológico. Pero, como hemos visto, esta tesis se basa en una tergiversación fundamental del proyecto político de Pertur, al presentarlo como un "moderado" partidario del abandono de las armas. Esa imagen simplificada, sin embargo, ha sido desmentida tanto por quienes le conocieron como por los propios escritos que dejó Pertur.
Además, el informe del Memorial descarta de plano la implicación del Estado, calificando la hipótesis de la guerra sucia como una mera "invención". Esta conclusión choca con las investigaciones de GEBehatokia y con diversos indicios documentados por Egaña, como la cita preparada como una trampa o la conexión argelina.
La posición del Memorial pone de manifiesto que el relato del "ajuste interno" no constituye únicamente una opción periodística, sino también una opción política e institucional, lo que contribuye, en gran medida, a dificultar el esclarecimiento del caso.
3. Nuevos indicios y pistas anteriores actualizadas: lo que los medios no cuentan
Pese al ruido mediático, también existen investigaciones independientes. El historiador Iñaki Egaña y el médico forense de la Sociedad de Ciencias Aranzadi Paco Etxeberria llevan años investigando el caso. Egaña es un historiador de la izquierda abertzale y autor de numerosas obras sobre el conflicto vasco y la represión franquista. Etxeberria, por su parte, es médico forense de la Sociedad de Ciencias Aranzadi; ha participado en la exhumación de fosas comunes de la Guerra Civil y el franquismo, así como en la investigación de numerosas desapariciones forzadas en Euskal Herria. Entre sus trabajos más conocidos figuran la identificación y recuperación de los restos de Lasa y Zabala. La colaboración de ambos en el caso Pertur ha sido fundamental. Egaña recogió los resultados de ese trabajo en el libro Objetos perdidos (2021), donde publica nuevas fuentes y testimonios que no figuraban en el informe de la UPV/EHU de 2017. En él sostiene que la desaparición de Pertur no fue ni un crimen pasional ni una mera acción interna de venganza; por el contrario, plantea que pudo tratarse de una operación de inteligencia organizada por los servicios secretos españoles —y posiblemente también por los franceses— con motivaciones geopolíticas. Los nuevos hallazgos recopilados por Egaña, que desarrollaremos con mayor detalle a continuación, revisten una especial importancia:
- La cita que Pertur recibió para el día de su desaparición era falsa; no había sido enviada por la persona de la que supuestamente procedía. Se trató de una cita-trampa preparada a través de la librería Mugalde y transmitida por un militante de absoluta confianza, Joseba Aulestia Zotza. Otro refugiado, Sabin Atxalandabaso, recibió una cita similar, pero la descartó al considerarla sospechosa.
- El trayecto real entre Donibane Lohizune y la frontera de Behobia duró aproximadamente veinte minutos, y no las dos horas que Francisco Mujika Garmendia Pakito declaró ante la Policía francesa. Ello demuestra que mintió, aunque ese hecho no implica necesariamente que estuviera relacionado con la desaparición de Pertur.
- Semanas antes de desaparecer, Pertur había viajado a Argelia junto con Sabin Atxalandabaso para negociar el entrenamiento militar de militantes de ETA (pm), en plena crisis del Sáhara Occidental. Ese viaje situó tanto a la organización como a sus dirigentes en el punto de mira de los servicios secretos españoles y franceses.
- Un agente de los servicios secretos franceses habría ofrecido a Atxalandabaso información sobre el paradero de Pertur a cambio de información sobre Carlos el Chacal, el militante internacionalista propalestino que Francia perseguía.
Estas últimas pistas, junto con el informe del Observatorio Vasco de Derechos Humanos (GEBehatokia) —que concluye que solo los servicios secretos disponían de la capacidad necesaria para organizar una desaparición "con tal eficacia y precisión"— dibujan un escenario muy distinto al que presentan los grandes medios de comunicación. Mientras estos repiten, sin pruebas, el relato de la "purga interna", las investigaciones de Egaña y Etxeberria han ido aportando, año tras año, nuevas pistas. Esas pistas han puesto en cuestión la narrativa dominante y han reforzado una hipótesis alternativa: la de una operación de inteligencia con motivaciones geopolíticas.
A pesar de la relevancia de estos hallazgos, ni El País, ni El Diario Vasco, ni elDiario.es, ni el Memorial de las Víctimas del Terrorismo los mencionan siquiera en sus reportajes. Todos ellos reproducen la misma estrategia de excluir cualquier elemento que no encaje con el relato previamente establecido. Conviene, por tanto, detenerse en esas nuevas aportaciones: qué esclarecen, qué obligan a replantear y qué elementos resulta necesario volver a poner sobre la mesa.
La cita trampa: una operación planificada
Uno de los descubrimientos más importantes de Egaña es la confirmación de que la cita que recibió Pertur para el 23 de julio era falsa, una "cita trampa" concertada para hacerle salir de su piso de seguridad y ponerle en una situación de riesgo. Egaña recuerda que la cita se concertó a través de la librería Mugalde de Hendaia, un lugar habitual de encuentro y buzón para los militantes de ETA en Iparralde. Pero lo novedoso no es el lugar, que ya era conocido, sino el método: la cita fue entregada personalmente a Pertur por Joseba Aulestia, Zotza, un militante de su absoluta confianza, en su propio domicilio, en la misma mañana del 23 de julio. El informe GEBehatokia confirma este extremo: "La única cita verificada para aquel 23 de julio era la programada en Pausu (frontera de Behobia) a las 11:30 del mediodía. También podemos confirmar que una nota fue entregada en mano a Pertur por su compañero Joseba Aulestia, Zotza, aquella misma mañana, a primera hora y en su casa, es decir, ambas comunicaciones llegaron a través de un canal de absoluta confianza para Pertur, no controlado por los Bereziak".
Este dato supone un duro golpe para la hipótesis que apunta a los Bereziak. Si los Bereziak realmente hubieran querido secuestrar y hacer desaparecer a Pertur, no habrían utilizado un canal de confianza como Aulestia, que era un militante de la línea del propio Pertur, no de los Bereziak. La cita fue diseñada para que Pertur no sospechara, para que saliera del piso franco sin alertar a nadie. Y el hecho de que escogieran a Aulestia como mensajero indica que quienquiera que organizara la cita tuvo acceso a los canales internos de ETA y sabía cuál era el entorno de confianza de Pertur.
Pero hay más. Egaña y el GEB documentan que Sabin Atxalandabaso, compañero de Pertur en la Oficina Política y responsable del aparato internacional de ETA (pm), recibió casi simultáneamente otra cita falsa en parecidos términos. Atxalandabaso, a diferencia de Pertur, desechó la cita inmediatamente porque le llegó tarde y le pareció sospechosa. La coincidencia de dos citas falsas dirigidas a dos miembros de la misma dirección política de ETA (pm) no puede ser casual. Alguien estaba intentando eliminar o secuestrar a la cúpula de la Oficina Política. GEBehatokia afirma que "la razón por la que las circunstancias de la muerte de Pertur no salen a la luz transcurridos 50 años es el afán de preservar el anonimato de la persona que facilitó a la policía la captura del mismo".
El tiempo real del traslado: 20 minutos, no 2 horas
Otro de los hallazgos importantes recogidos en el libro de Egaña se refiere al tiempo que tardó el Renault 5 en recorrer los 12 kilómetros que separan Donibane Lohizune de Behobia. La declaración de Pakito ante la policía francesa afirmaba que el trayecto duró dos horas (de 9:40 a 11:30). Ese lapso, que los medios han utilizado como "un indicio de que algo anormal ocurrió en el coche", es, según Egaña, falso.
El investigador entrevistó a testigos y cruzó datos, concluyendo que el trayecto duró unos 20 minutos, el tiempo habitual para esa distancia. Y aporta una prueba con testigos: a las 11:50, Pakito y Apala ya estaban en el bar La Poste de Hendaia, encontrándose con otros compañeros que así lo confirman. Si hubieran llegado a Behobia a las 11:30, como declararon, y hubieran regresado a Hendaia, habrían llegado al bar sobre las 11:50. El tiempo encaja perfectamente con un trayecto de 20 minutos de ida y 20 de vuelta.
¿Entonces, por qué mintió Pakito? La respuesta no es necesariamente que mataran e hicieran desaparecer a Pertur en el camino. Puede que mintieran para encubrir otras cuestiones de la actividad clandestina que no querían revelar. Pero lo que está claro es que el argumento de la "sospechosa hora y media de margen" que la acusación contra los Bereziak ha utilizado durante décadas también se desmorona.
El informe de GEBehatokia, aunque no entra en este detalle, afirma que si fueran los Bereziak "nunca lo hubieran materializado dos de sus más reconocibles integrantes", porque "habrían evitado cualquier relación visible con él antes de su desaparición". Si Pakito y Apala realmente hubieran sido los autores, no tiene mucho sentido que se pasearan con Pertur por el centro de Donibane Lohizune, ni que se hubieran dejado ver por otros compañeros que confirmaron haberlos visto, ni que declararan haber estado con él. Y así fue.
La conexión argelina: el móvil geopolítico
El hallazgo más relevante y el que puede dar sentido a toda la operación es la conexión de Pertur con Argelia y el contexto de la crisis del Sáhara. Egaña documenta que Pertur y Atxalandabaso viajaron a Argelia semanas antes de la desaparición para entrevistarse con la dirección del Frente de Liberación Nacional (FLN) argelino. El objetivo era confirmar el entrenamiento de decenas de militantes de ETA (pm) en instalaciones de la policía argelina en Souma.
Argelia, en aquel momento, era un país aliado de los movimientos de liberación nacional y de la URSS, así como un actor importantísimo en la guerra de liberación saharaui, donde actuaba como principal apoyo del Frente Polisario. Así lo confirma el informe GEBehatokia: "Tanto la Policía española como la propia embajada vigilaron aquellos contactos, siendo éste el vínculo principal que puede explicar que ambos recibiesen por vía interna y de forma simultánea sendas citas-trampa".
La conexión argelina sitúa la desaparición de Pertur dentro de la geopolítica de la Guerra Fría y de las tensiones en el norte de África. España, que todavía mantenía el Sáhara Occidental bajo su administración de iure, tenía un interés directo en evitar que la política interna y externa se le mezclara: si ETA (pm) establecía vínculos con Argelia con un acuerdo de entrenamiento militar, esto habría sido un duro golpe diplomático y un peligro militar para Madrid.
Francia también veía con malos ojos cualquier apoyo extranjero a los movimientos independentistas y socialistas en su esfera de influencia, por lo que Egaña va más allá y apunta a una posible implicación de los servicios secretos franceses. Según su investigación, un agente del espionaje francés ofreció a Atxalandabaso, ya después de la desaparición de Pertur, "intercambiar a Pertur por información sobre Carlos el Chacal", el militante venezolano propalestino internacional acusado de "terrorismo", objetivo prioritario de París. Militantes de ETA (pm) recibieron cursillos de entrenamiento militar en Yemen en 1975, donde coincidieron con Carlos. Egaña no puede confirmar plenamente la pista de la supuesta oferta de los servicios franceses, pero de ser cierta, abriría una tercera vía de investigación complementaria.
La contradicción que pone en jaque el relato oficial
La cuestión de Argelia es importante por otra razón adicional que pone sobre la mesa una pregunta que los grandes medios nunca se han planteado: si Pertur era realmente un "posibilista" que quería abandonar la lucha armada y "abrazar la democracia", como lo presentan los sectores mediáticos y políticos dominantes, ¿por qué viajó a Argelia semanas antes de su desaparición para negociar entrenamientos militares avanzados para los Bereziak? La respuesta es sencilla y echa por tierra el marco general del relato establecido: nunca fue su objetivo. El viaje a Argelia, los entrenamientos con el FLN, los contactos con el gobierno argelino... todo eso confirma que Pertur seguía apostando por la lucha armada como un instrumento, aunque quisiera que fuera un instrumento controlado y subordinado a una dirección política.
No era un pacifista, ni un reformista, ni un "posibilista"; era un marxista revolucionario que intentaba adaptar su estrategia a un nuevo contexto histórico, pero sin renunciar a su horizonte de transformación revolucionaria. Para ello, se apoyó en aliados que amenazaban los intereses imperialistas de España y Francia en el norte de África, y así se convirtió en objetivo a batir.
Con esa coherencia y claridad expresaba Pertur sus objetivos en la ponencia Otsagabia, que no contiene ninguna referencia, ni explícita ni implícita, a abandonar las armas. Su proyecto era la construcción de un partido revolucionario de la clase trabajadora vasca, no la integración en la democracia burguesa española. En cambio, parece ser que más de un periodista no se ha molestado ni en leer el contenido de la ponencia. Varios indicios y el marco interpretativo general de la versión oficialista se desmoronan.
Martín Auzmendi, antiguo compañero de militancia de Pertur y exabogado de la familia, lo aclara así en Berria este 23 de julio: “Él no cuestionaba la lucha armada; no la cuestionábamos, yo me incluyo. Lo que defendíamos era que había que hacer una adaptación, y que la lucha armada debía estar al servicio de proteger las conquistas de los movimientos populares, subordinada a una dirección política. A partir de ahí, algunos han acabado diciendo, y además con toda tranquilidad, que los Berezis hicieron desaparecer a Pertur porque quería poner fin a la lucha armada. Y eso no es así; las discrepancias eran otras”. Así lo confirma también el último informe de GEBehatokia.
Txirrita: el eslabón perdido
El mismo año 1976, otro militante de ETA (pm) desapareció en circunstancias que, lejos de ser un mero paralelismo o un contexto genérico, apuntan a una conexión operativa directa con el caso de Pertur. Su nombre era José Bernardo Bidaola Txirrita, de 22 años, natural de Lizartza (Gipuzkoa). El 25 de abril de 1976, un comando de ETA (pm) formado por Gregorio Garitaonaindia Borda, Eulogio Talavera Tala y el propio Txirrita, acompañados por el joven mugalari Iñaki Hernández de 18 años, intentaba cruzar la frontera entre Sara (Lapurdi) y Etxalar (Nafarroa). Su misión era apoyar una fuga ya preparada de la cárcel de Martutene (Donostia, Gipuzkoa), pero la operación se torció. Llegaron tarde a la cita y, al amanecer, se toparon con una patrulla de la Guardia Civil. Se produjo un tiroteo en el que Hernández resultó herido y detenido; Tala y Borda lograron huir y regresar a Donibane Lohizune; Txirrita, herido en un tobillo, dijo a sus compañeros que siguieran adelante, y desapareció. Fue la última vez que sus compañeros le vieron con vida.
Más de un mes después, el 28 de mayo, su cadáver apareció en un bosque de Sara. La versión oficial del Ministerio del Interior español fue que "se había suicidado de un disparo en la cabeza". Y así lo mantuvo durante décadas. Hasta que en 2018, el forense Paco Etxeberria —el mismo que ha trabajado en la búsqueda de los restos de Pertur— realizó una nueva autopsia que descartó por completo el suicidio. El Estado había mentido, y la pregunta que queda en el aire durante décadas sigue sin respuesta: ¿dónde estuvo Txirrita durante todo ese tiempo y quién lo mató?
¿Y qué tiene que ver todo esto con Pertur? Egaña desvela un detalle interesante sobre este caso que los grandes medios han ignorado sistemáticamente: Txirrita acababa de regresar de Argelia cuando fue detenido. Había participado en los mismos entrenamientos que Pertur y Atxalandabaso habían ido a negociar. Por tanto, Bidaola sabía quiénes eran los participantes, las fechas, los contactos con el FLN y los detalles logísticos de la operación. La Guardia Civil, por su parte, sabía exactamente dónde y cuándo interceptar a su comando.
Egaña es explícito al respecto:
"Los servicios españoles obtendrían a través de la detención y la tortura la información sobre los entrenamientos de los milis. Los datos y los nombres de quienes viajaron a Argelia saldrían publicados meses después, en un artículo de fondo firmado por Alberto Semprún. Pero, aparentemente, sobre ETA (pm) el desconocimiento policial era grande. Con la salvedad de la información obtenida a través de Bernardo Bidaola Txirrita, militante de ETA (pm) detenido en la muga de Etxalar el 25 de abril de 1976. Apareció muerto 42 días después, cerca de donde había sido detenido. La dirección polimili señaló que habría sido trasladado al cuartel de la Guardia Civil de Iruñea, donde murió en una sesión de tortura. Antes de su arresto, Bidaola acababa de llegar de los entrenamientos de Argelia".
Al parecer, la información que extrajeron a Txirrita bajo torturas les habría permitido identificar a Pertur y Atxalandabaso como los responsables de la negociación con Argelia, y preparar el terreno para eliminarlos. El artículo de Alberto Semprún, que publicó los nombres de los viajeros a Argelia meses después, no fue fruto del periodismo de investigación, sino una filtración diseñada para legitimar la "caza" contra Pertur y presentarlo como un objetivo a batir. La prensa, una vez más, actuó como altavoz de los aparatos policiales y de inteligencia, poniendo otra diana sobre Pertur.
Además, los casos de Txirrita y Pertur muestran un mismo patrón de comportamiento por parte de las autoridades y de los grandes medios ante las desapariciones. En el caso de Txirrita, el Ministerio del Interior se inventó un suicidio, posteriormente desmentido por la labor forense de Etxeberria. En el de Pertur, la policía difundió primero el rumor del canje y la prensa instaló después la hipótesis del "ajuste interno" acusando a los Berezis. ¿Por qué habría que creerles sobre la desaparición de Pertur? ¿Por qué habría que creer a quienes han repetido esta versión?
Las simas de Etxalar
Pero la investigación de Egaña no se detuvo en los archivos y los testimonios, y continuó con el trabajo de campo. En 2016, una pista le llevó hasta el propio terreno donde había desaparecido Txirrita. Un antiguo contrabandista, ya fallecido, había confesado antes de morir que Txirrita iba a ser arrojado a una sima en la zona de Etxalar, y que varios de sus compañeros contrabandistas debían participar en la operación. Sin embargo, un percance les hizo abandonar el cadáver recostado junto a un árbol, donde fue descubierto más tarde. Lo que hace especialmente inquietante esta confesión es que los mismos contrabandistas, meses después, recibieron el encargo de hacer desaparecer otro cadáver. Y en esa ocasión, lo lograron: lo arrojaron a la misma sima que había sido destinada a Txirrita. Egaña no especula, pero la pregunta queda en el aire: si no había más desapariciones documentadas en 1976, ¿podría ese segundo cadáver ser el de Pertur?
Movido por esta posibilidad, Egaña se desplazó a Etxalar con el forense Etxeberria. Equipados con un detector de metales y material de escalada, recorrieron la zona acompañados por Gorka Endaza, que había recogido el testimonio del contrabandista. Examinaron varias simas, pero ninguna ofrecía resultados concluyentes: una era demasiado estrecha y la otra estaba inundada, por lo que tuvieron que abandonar la búsqueda sin encontrar nada. Semanas después de la visita de Egaña y Etxeberria, Endaza les informó de que otra sima, cercana a las que habían explorado, había sido tapiada con varias paladas de cemento. Todo ello después de su paso por la zona, como si alguien se hubiera puesto nervioso.
Tras la pista de los mugalaris
Visto lo visto en Etxalar, Egaña señala una línea de investigación aún no explorada: los mugalaris, especialistas de los pasos fronterizos. El grupo de Txirrita contaba con la ayuda del joven mugalari Hernández, que conocía los caminos del monte y que había sido contratado para guiar al comando. Los contrabandistas eran los únicos que conocían los pasos de la muga y eran utilizados tanto por ETA como por la Guardia Civil. Pero lo que los episodios de Etxalar han revelado va más allá de la simple colaboración: algunos mugalaris no solo informaban, sino que participaban activamente en operaciones de desaparición. El encargo de trasladar un cadáver a una sima, o de hacer desaparecer un segundo cuerpo meses después era una tarea que requería conocimiento del terreno, discreción y, sobre todo, silencio.
¿Y si ese segundo cadáver fue el de Pertur? La pregunta, que Egaña no se atreve a responder pero tampoco descarta, sitúa a los mugalaris en el centro de una trama que va más allá del caso de Txirrita. Los mismos contrabandistas que pudieron haber participado en el traslado del cadáver de Bidaola podrían haber sido los encargados de hacer desaparecer el cuerpo de Pertur. Si los servicios secretos necesitaban eliminar cualquier rastro de una operación de inteligencia y decidieron hacerlo en las simas, los mugalaris eran los únicos que podían garantizar que un cadáver no apareciera nunca, pero esto de momento figura como mera hipótesis.
Tras la muerte de Txirrita, los mugalaris de la zona fueron testigos de movimientos de vehículos y personas en los días posteriores, pero los que se han atrevido a hablar son pocos hasta el momento. Su silencio se mantiene durante décadas, el tiempo corre y muchos secretos se llevan a la tumba. La confesión del contrabandista fallecido, recogida por Endaza y trasladada a Egaña, abre una vía de investigación que hasta ahora no se había explorado: ¿quién dio la orden de trasladar el cadáver de Txirrita? ¿Quién encargó meses después la desaparición de un segundo cuerpo, arrojado a la misma sima? ¿Qué relación tenían los mugalaris con los servicios de inteligencia y los cuerpos policiales que buscaban a Pertur?
Interrogar a los contrabandistas que operaban en la zona en 1976 y desclasificar los archivos policiales podría ser la clave para saber quién trasladó el cadáver de Txirrita, quién ordenó el montaje del "suicidio" y qué información le extrajeron bajo tortura. Pero también podría aportar pistas sobre el paradero de Pertur. Los mugalaris, que conocían los caminos, las simas y los silencios de la frontera, son quizás los únicos que pueden desenterrar lo que el Estado guarda bajo llave desde hace medio siglo. Parece ser otro caso incómodo para el Estado: al investigar las operaciones encubiertas, a veces tirar de un hilo conduce al sedal completo.
La Operación Pancorbo y la pista de Ameyugo
Tanto el caso de Txirrita como el de Pertur se sitúan en el contexto histórico de la Operación Pancorbo, un plan secreto de guerra sucia reconocido por el general José Antonio Sáenz de Santa María y estudiado en la tesis doctoral de Pau Cassenelles. Esta operación, que databa de 1975, consistía en establecer en la localidad burgalesa de Pancorbo un centro de detención, interrogatorio y desaparición de militantes vascos, un chupadero, al más puro estilo de la dictadura argentina, cuyos mandos militares estuvieron en Madrid en esas fechas para compartir conocimientos. Algunos de ellos incluso recibieron condecoraciones por la colaboración y aparecieron en el Boletín Oficial del Estado.
Sáenz de Santa María explicó en sus memorias que la orden de ejecutar la Operación Pancorbo provenía del ministro Manuel Fraga Iribarne. Desde junio de 1975, se produjo una treintena de atentados contra refugiados vascos en Iparralde. Dentro de esta red organizada que operaba con la impunidad del Estado, la desaparición y posterior muerte de Txirrita podría ser un ensayo general o un episodio más de la misma estrategia represiva, que se repetiría meses después, con mayor sigilo, en el caso de Pertur. La diferencia en la aparición del cadáver —Txirrita apareció por un percance mientras trataban de hacerlo desaparecer, Pertur no— podría responder a la evolución y el perfeccionamiento en los métodos de desaparición: de la ejecución extrajudicial encubierta como suicidio —desmentido posteriormente— al secuestro sin rastro con la opinión pública centrada en otros sospechosos.
La Operación Pancorbo se cruzó con el caso Pertur de una manera inesperada. En 2019, tres años después de la búsqueda fallida de Etxalar, Egaña y Etxeberria exhumaron en el cementerio de Ameyugo (Burgos) un cadáver que parecía encajar con la descripción de Pertur: un hombre joven, de unos 25 años, con las manos atadas, dos tiros en la cabeza y signos de tortura. Durante semanas, Egaña y su equipo estuvieron convencidos de que finalmente habían encontrado los restos del desaparecido. Pero el ADN lo desmintió.
El cadáver exhumado no era de Pertur. Pero su hallazgo, en el contexto de la Operación Pancorbo, arroja luz sobre los métodos utilizados por los aparatos represivos. El cuerpo, cuya identidad no se pudo comprobar, probablemente pertenecía a un ejecutado de la Guerra Civil trasladado al nuevo cementerio en la década de 1950. Había sido enterrado sin ataúd, sin sudario, con las manos juntas y los dedos de los pies amputados, lo que sugiere tortura previa.
Egaña vincula estos restos con la Operación Pancorbo: Ameyugo se encuentra a pocos kilómetros de Pancorbo, y la zona fue utilizada durante décadas como lugar de ejecución y desaparición de presos políticos, primero durante la Guerra Civil y la dictadura franquista, y luego como parte de las operaciones de guerra sucia contra el Movimiento de Liberación Nacional Vasco.
¿Qué hacía un cuerpo con esas características en un lugar tan próximo a la Operación Pancorbo? Las preguntas quedan abiertas, pero el patrón es evidente: una operación encubierta en la zona, una ejecución extrajudicial, una desaparición sin rastro, y un lugar donde la historia se superpone a la historia, donde los cuerpos de los ejecutados por el fascismo en la Guerra Civil y los desaparecidos de la Transición descansan juntos bajo la misma sombra, bajo el mismo olvido.
La conexión con pistoleros neofascistas y la campaña de señalamiento
Egaña también documenta y refresca la campaña de hostigamiento y señalamiento contra Pertur que precedió a su desaparición, que los medios silencian centrando su atención en las tensiones internas de ETA (pm). Este contexto es esencial para entender el clima de violencia y amenazas en el que se produjo el secuestro.
- El atentado contra la vivienda familiar de los Moreno Bergaretxe en noviembre de 1975, con dos granadas y ametrallamiento.
- La publicación en la prensa, en marzo de 1976, de que Pertur era el responsable del "impuesto revolucionario" en Iparralde, convirtiéndolo en un objetivo visible.
- El artículo de ABC del 25 de marzo de 1976, que desplegaba dos fotografías de Pertur como presunto organizador del secuestro del industrial Berazadi.
- El artículo de La Voz de España del 30 de mayo de 1976, ofreciendo 10 millones de pesetas por la muerte de Pertur y Apala.
- El secuestro de la madre de Pertur a principios de abril de 1976, retenida tres días en casa del comisario López Maturana por orden de un alto mando de la DGS.
Esta campaña de hostigamiento extremo, que combinaba la persecución policial, la manipulación mediática y la amenaza paramilitar fascista, creó un serio peligro para Pertur y su familia. Y en mitad de ese contexto, la cita trampa encaja perfectamente: alguien estaba preparando el terreno para eliminarlo.
La hipótesis alternativa: una operación de inteligencia
A la luz de todos estos indicios, las conclusiones que se desprenden de la hipótesis de Egaña y el informe GEBehatokia son las siguientes:
- Pertur y Atxalandabaso, miembros de la Oficina Política de ETA (pm), viajaron a Argelia para negociar el entrenamiento de militantes en instalaciones argelinas.
- Los servicios secretos españoles (y posiblemente franceses) detectaron esos contactos y los consideraron una amenaza geopolítica.
- Los servicios secretos organizaron una operación para eliminar a ambos dirigentes, pero especialmente a Pertur, utilizando citas trampa diseñadas para que saliera de su piso de seguridad sin levantar sospechas.
- La operación pudo contar con la colaboración de neofascistas italianos, que ya actuaban en Iparralde bajo la tutela de la policía española, como documenta el sumario italiano 11305/88 con confesiones sobre encargos de secuestro y desaparición que encajan con el caso.
- Pakito y Apala habrían sido seleccionados como señuelo, o simplemente se encontraron con Pertur por casualidad, pero su declaración fue manipulada para desviar la atención hacia un ajuste de cuentas interno.
Esta hipótesis podría explicar todos los elementos que el relato que acusa a los Berezis sigue sin poder explicar:
- ¿Por qué la cita fue falsa y se entregó a través de un canal de confianza? Porque fue una operación de inteligencia, no un ajuste de cuentas interno.
- ¿Por qué no apareció el cuerpo? Porque los servicios secretos tenían los medios para hacerlo desaparecer sin dejar rastro.
- ¿Por qué Pakito y Apala mintieron? Porque, como miembros de una organización armada clandestina, podían tener otros motivos paralelos para mentir a la policía.
- ¿Por qué Triple A y Batallón Vasco Español reivindicaron el secuestro? Porque estas marcas formaban parte del entramado parapolicial que actuaba bajo las órdenes del Estado.
- ¿Por qué el informe de la DGS a Francia señaló a Apala? Como maniobra de desinformación para desviar la investigación.
Ninguno de estas sospechas parece ser relevante en las coberturas de los grandes medios, que ni siquiera mencionan las investigaciones de Egaña y Etxeberria, ni la cita trampa, ni el viaje a Argelia, ni la posible conexión francesa, ni la campaña de señalamiento previa. El informe GEBehatokia, que recoge muchas de estas conclusiones, es ignorado en la mayoría de los casos.
Es cierto que los indicios aportados por Egaña y Etxeberria no son pruebas concluyentes, pero son suficientes para abrir una línea de investigación que los medios deberían haber explorado para cumplir con su supuesto deber de informar. En este sentido, su silencio y su atención desequilibrada en los indicios podría entenderse como un acto de complicidad con quienes tienen interés en que la verdad no se sepa. Como advertía el informe de la UPV/EHU, "la sombra de la autoría y sus implicaciones políticas han pesado como una losa que ha lastrado la investigación hasta hacerla inefectiva".
4. La histórica alianza entre el Estado y los medios en la construcción del relato
La citada coincidencia de los grandes medios en la misma narrativa no es un fenómeno reciente. Responde a una estrategia que se ha ido construyendo durante décadas, en la que el Estado y los medios de comunicación han trabajado de la mano para fijar una versión de los hechos que resultaba útil para ambos: para el Estado, porque desviaba la atención de su posible implicación en una operación de guerra sucia; para los medios, porque ofrecía una narrativa simple, comprensible y sensacionalista. Para entender cómo ha funcionado históricamente el tándem Estado-medios en este caso, más allá de ponerle una diana a Pertur previamente, basta con repasar dos momentos importantes en la construcción del relato a posteriori.
El informe de la Dirección General de Seguridad (1977): nace la versión oficial
La versión que acusa a los Bereziak no es una reflexión original de Auzmendi ni de la familia Moreno Bergaretxe. De hecho, se remonta al 19 de febrero de 1977, cuando la DGS envió un informe al juez francés Jean Michel Larque, que estaba investigando la desaparición de Pertur. El documento, titulado Informe de la DGS en España, era una respuesta a la comisión rogatoria internacional que el juez francés había cursado para solicitar información sobre el caso.
El informe de la DGS muestra cómo el Estado español, desde los primeros meses, trató de desviar la investigación hacia la hipótesis del ajuste de cuentas interno. En lugar de investigar las reivindicaciones de la Triple A y el Batallón Vasco Español, que habían reclamado el secuestro y la ejecución de Pertur, el informe señalaba a Apala como el principal sospechoso. En este documento, la DGS apoyaba su versión en tres argumentos: las diferencias políticas entre Pertur y los Bereziak en la preasamblea de mayo de 1976; la crítica política de Pertur a la ejecución del industrial Berazadi, llevada a cabo por los Berezis; y el "significativo silencio" sobre la desaparición en medio de la VII Asamblea de ETA (pm). El documento concluía: "Estos indicios parecen apoyar la hipótesis de que el ala radical de la organización haya intervenido directamente en la eliminación del serio obstáculo que suponía 'Pertur' para la continuación de sus actividades terroristas".
El problema es que el informe de la DGS era, cuando menos, tendencioso. El propio informe de la UPV/EHU señalaba que "el documento resulta equívoco y poco apegado a la realidad en lo concerniente a las reivindicaciones y la denuncia efectuada por la familia". Era, en palabras del informe académico, "una interpretación interesada" que buscaba restar crédito a la autoría de los fascistas y reforzar la hipótesis del ajuste interno.
La DGS también utilizó un argumento cuestionable, se basaba en el "significativo silencio" de ETA (pm) sobre la desaparición. Pero ese silencio no era tal: ETA (pm) lanzó varios comunicados en los días siguientes, responsabilizando a la policía española y a grupos parapoliciales. La DGS, sin embargo, optó por ignorarlos, porque su informe no solo desviaba la investigación hacia los Bereziak, sino que también cerraba la puerta a cualquier investigación sobre la posible implicación del Estado o de los grupos parapoliciales. El juez francés, que había abierto una línea de investigación sobre las tramas neofascistas, se encontró con que su contacto español le ofrecía una solución más sencilla: culpar a ETA. La DGS ya había fijado el relato oficial.
Radio Nacional de España: el rumor del canje
Días después de la desaparición, el 28 de julio de 1976, el periódico vespertino Unidad publicaba un bulo que tendría una influencia importante en la construcción de la narrativa. Bajo el titular Nada nuevo sobre Pertur, el subtítulo rezaba: "¿Canje del etarra por los dos policías secuestrados?". La hipótesis del canje, que circulaba en los ambientes policiales desde los primeros días, había sido difundida por Radio Nacional de España, que era entonces el altavoz oficial del régimen.
El rumor del canje era, en realidad, una maniobra de desinformación. La idea de que el secuestro de Pertur se había organizado para intercambiarlo por los dos policías españoles secuestrados en Hendaia el 4 de abril de 1976 era, como mínimo, especulativa. Pero las fuentes policiales la difundieron con insistencia, y los medios la recogieron sin contrastarla. El informe UPV/EHU señala que "la hipótesis que presenta esa información es significativa si tenemos en cuenta que la fuente es Radio Nacional, difusora habitual de las informaciones con origen policial". Este bulo sobre el canje servía a dos propósitos. Por un lado, desviaba la atención de las reivindicaciones de la Triple A y el Batallón Vasco Español, que señalaban a los grupos parapoliciales. Por otro, presentaba a Pertur como un peón en un juego de intercambios, en lugar de como el secuestrado de una operación de inteligencia del Estado. La narrativa del canje, aunque nunca se demostró y de hecho contradecía la tesis de los Bereziak, contribuyó a instalar la idea de que el secuestro de Pertur tenía una especie de lógica interna, que era parte de una negociación. Así, el rumor del canje criminalizaba al propio Pertur y a ETA, al presentarlos como responsables del secuestro de los dos policías. La idea de que ETA había secuestrado a los policías para intercambiarlos por Pertur, o que Pertur era el "precio" de la liberación de los policías, convertía a la víctima en un actor de su propia desgracia. Era un mecanismo clásico de la propaganda oficial: desacreditar a la víctima.
Respuesta de Apala
El 31 de julio de 1976, tan solo una semana después de la desaparición, los diarios La Voz de España y Pueblo publicaban informaciones que señalaban a Apala como el principal sospechoso. El GEBehatokia recuerda que la presión fue tal que Apala se vio obligado a responder con una carta pública, publicada en la prensa, titulada Al Pueblo Vasco, en la que defendía su labor y su militancia: "[...] mi labor siempre la he dirigido hacia la libertad de nuestro Pueblo, y así sigue siendo. Siempre he distinguido dónde están los amigos y los enemigos".
Una narrativa oficial que se repite en cada aniversario
El patrón se ha repetido en cada aniversario: en 1996, 2006, 2016 y ahora en 2026, los mismos medios, con los mismos argumentos, han publicado reportajes que se limitan a repetir la versión del ajuste de cuentas interno. La fuente es casi siempre la misma: el testimonio de Auzmendi, la carta de Pertur, el voto 33-30 en la dirección polimili sobre levantar las medidas disciplinarias contra Pertur... Las pistas que apuntan al Estado, a la extrema derecha y a los neofascistas se mencionan de pasada, se cuestiona su credibilidad, se dejan en el aire. Esa falta de interés no fue solo de los jueces; fue también de los medios, que en lugar de presionar para que se investigue, se limitan a repetir la versión que les ofrecen las fuentes policiales.
Por el momento, la cobertura del 50 aniversario está siendo otra oportunidad perdida en este sentido. En lugar de abrir el caso, de preguntarse por qué el informe GEBehatokia apunta al Estado, de investigar las implicaciones de la conexión argelina, los servicios de inteligencia y los neofascistas, los medios han optado por repetir lo que ya creían saber, y para ello acuden a Auzmendi, porque ya saben lo que les va a contar. La prudencia de Inés Moreno Bergaretxe no vende. Y al hacerlo, han contribuido a que la verdad siga enterrada, a que la familia siga sin respuestas, a que el Estado siga sin ser interrogado. Como decía la familia en su carta de 2016: "No tenemos nada, solo un dolor y una pena inmensos". La versión oficial, que los medios explotan con titulares sensacionalistas en cada aniversario, no ha servido para aclarar nada. Solo ha servido para perpetuar una narrativa que, a estas alturas, se vuelve cada vez más insostenible.
Martín Auzmendi, en la entrevista publicada en Berria, lanza una pregunta contundente al Estado español: "¿Qué hemos hecho durante estos 50 años para conocer la verdad? Lamentablemente, he comprobado que el Estado español no ha llevado a cabo una investigación seria. Y aquí hay una pregunta: ¿por qué el Estado español no ha realizado una investigación rigurosa sobre este asunto? [...] Lo que pedimos es que el Estado cumpla la Ley de Memoria Democrática. El caso de Pertur encaja plenamente en ella, ya que la ley se refiere a los casos ocurridos hasta 1978".
Conclusión
El silencio de los que saben ha durado medio siglo. Pero el silencio no es eterno, las investigaciones de Egaña y Etxeberria, el informe del GEB y las preguntas incómodas que los medios se niegan a hacerse van abriendo grietas en el relato oficial. La pregunta, 50 años después, sigue siendo la misma: ¿quién hizo desaparecer a Pertur? Pero hay otra pregunta que los periodistas deberían hacerse: ¿por qué, durante 50 años, han preferido repetir una mentira antes que investigar la verdad? Martín Auzmendi señala el camino: "Con los escasos medios de que disponemos, seguiremos haciendo todo lo que esté en nuestra mano para encontrar la verdad, sin esperar a ver qué hace el Estado".