El 26 de Agosto de 1976...
el 26 agosto de 1976
mi hijo Marcelo Ariel y
su mujer Claudia, encinta,
fueron secuestrados en
buenos aires por un
comando militar. El hijo
de ambos nació y murió en
el campo de concentración.
como en decenas de miles
de otros casos, la dictadura
militar nunca reconoció
oficialmente a estos
“desaparecidos”, habló de
“los ausentes para siempre”.
hasta que no vea sus cadáveres
o a sus asesinos, nunca los daré por muertos.
―Juan Gelman

A finales de julio de 1976, en la época en la que la Transición del Estado español no tenía nombre, Eduardo Moreno Bergaretxe – de sobrenombre “Pertur”–, un joven militante e ideólogo de ETA político-militar, desapareció en Biriatu (Lapurdi) sin dejar rastro. Desde entonces, no se ha sabido nada de él: ni cuerpo, ni pruebas decisivas que aclaren lo ocurrido.
Han pasado ya cinco décadas desde entonces, y la pregunta principal todavía pervive: ¿qué le ocurrió a Pertur? Durante todos estos años se han acumulado varias hipótesis e investigaciones –algunas oficiales, otras alternativas–, pero nadie ha conseguido cerrar de manera probatoria lo ocurrido. Aun así, no todas las versiones han tenido el mismo peso: algunos relatos basados en simples sospechas se han visto reforzados por el poder institucional y mediático, y otros, en cambio, han quedado marginados, a pesar de haber planteado pistas más sólidas y posibles líneas de investigación.
Este reportaje, con motivo del 50 aniversario de su desaparición, pretende reconstruir el recorrido del caso a partir de hechos constatados. El punto de partida es analizar lo que sabemos con certeza y lo que no, para después contrastar con prudencia la versión construida durante años y las distintas investigaciones.

Contexto y figura de Pertur
El verano de 1976 en Euskal Herria fue muy turbulento: la reforma del régimen franquista abrió camino a la lucha de masa y muchas opciones políticas. En consecuencia, dentro de ETA también hubo profundos debates estratégicos, y Pertur, justamente, se situaba en medio de aquellos, como se detalla en otro reportaje de este mismo número titulado 50 años de la ponencia Otsagabia: un diálogo entre Pertur y KAS.
Pertur fue un militante comunista y abertzale nacido en Donostia el 13 de octubre de 1950. Se volcó en los debates estratégicos en el seno de ETA a mediados de la década de 1970 y fue uno de los miembros más influyentes de la organización. Con tan solo 25 años, sus contribuciones en la ponencia Otsagabia de la VII Asamblea de ETA y en el documento teórico Arnasa, Material de debate para las mesas de reagrupamiento de Euskal Iraultzarako Alderdia (EIA) muestran el calibre de su peso teórico y político. En su trayectoria, tuvo una preocupación constante sobre cómo conciliar el socialismo, la liberación nacional y las formas de lucha en el cambiante contexto histórico. Particularmente en aquellos tiempos revueltos de inicios de la Transición, hizo un gran esfuerzo para repensar el rumbo de la organización.
En lo que se refiere a la desaparición de Pertur, algunos relatos basados en simples sospechas se han visto reforzados por el poder institucional y mediático, y otros, en cambio, han quedado marginados, a pesar de haber planteado pistas más sólidas y posibles líneas de investigación
Aunque muchos hayan reescrito la historia y hayan querido presentar a Pertur como “posibilista”, no planteaba abandonar la actividad armada, sino adaptarla. Pertur proponía que, en aquel momento histórico, en los primeros años de la Transición, la lucha armada tenía que tener una función instrumental y subordinada, dentro de una estrategia política más amplia. Al mismo tiempo, veía necesario crear un partido revolucionario para la clase obrera que fuera capaz de tomar la dirección política del proceso revolucionario, uniendo las distintas formas de lucha –armada, política y social– de manera articulada. Asimismo, entendía la propia Transición como un proceso abierto, donde la lucha no desaparecía, sino que se ampliaba a otros ámbitos; por eso, entendía los nuevos ámbitos sociales e institucionales como ámbitos de lucha. Pero eso no quiere decir que Pertur propusiera dejar las armas y abrazara con optimismo la democracia burguesa española, ni mucho menos. Eso no ha sido más que una desfiguración funcional para difundir cierto relato o sospecha a posteriori sobre su desaparición.

Desaparición y hechos confirmados
La noche anterior y la cita a la que no acudió
La noche del 22 al 23 de julio de 1976 Pertur estuvo en uno de los apartamentos de Donibane Lohizune (Lapurdi) en el que vivía como refugiado político. Unos días antes recibió un mensaje en la librería Mugalde de Hendaia: tenía que aparecer en la cafetería Consolation de Donibane Lohizune el 23 de julio, a las 10:00, para encontrarse con “una persona a la que conoció hace unos meses y que le quería volver a ver”. Según los testimonios de las personas que trabajaban en la cafetería, Pertur nunca apareció. Nadie ha aclarado por qué no tuvo lugar aquella cita.
Aunque muchos hayan reescrito la historia y hayan querido presentar a Pertur como “posibilista”, no planteaba abandonar la actividad armada, sino adaptarla. Pertur proponía que, en aquel momento histórico, en los primeros años de la Transición, la lucha armada tenía que tener una función instrumental y subordinada, dentro de una estrategia política más amplia
Encuentro con Pakito y Apala
Hacia las 09:40 de la mañana, en un cruce de Donibane Lohizune, Pertur se reunió con los miembros de los Comandos Especiales de ETA (pm) Francisco Mujika Garmendia “Pakito” y Miguel Ángel Apalategi Ayerbe “Apala”. Eleuterio Jauregi Beloki “Troski” fue testigo de aquel encuentro. Según Troski, el propio Pertur fue quien preguntó a Pakito y Apala si iban hacia Hendaia, y si lo podrían llevar hasta Behobia. Ellos aceptaron y los tres se pusieron en marcha en un Renault 5 azul. El testigo declaró que no notó nada extraño: Pertur actuó con normalidad y, antes de marchar, estuvo bromeando.
El trayecto que duró dos horas
El trayecto entre Donibane Lohizune y Behobia es de unos 12 kilómetros,y, normalmente, se hace en 15-20 minutos. Aun así, según la declaración que hizo Pakito ante la policía el 24 de julio de 1976, no llegaron hasta las 11:30. Pakito declaró que dejaron a Pertur “en un cruce cerca de la frontera al lado de Irun”, y que después continuaron el camino. En aquella primera declaración, en cambio, Pakito no mencionó que Apala fuese con ellos; algunos años después, admitió ante el juez Fernando Andreu que ambos estaban allí. Apala, por su parte, el 2 de junio de 1977, declaró ante el juez francés que conocía a Pertur solamente “por un par de ocasiones” y que no tenía “nada que ver con este caso”. Asimismo, no mencionó que lo llevase en coche. La familia y varios investigadores han subrayado la “falta de justificación” de ese retraso de dos horas, recalcaron la cuestión de Apala y expresaron que ha sido “una de las contradicciones más importantes” del caso. Sin embargo, hay que tener en cuenta que Apala, Pakito y el propio Pertur eran militantes de una organización armada, y que en aquel contexto no era inusual por distintas razones de seguridad o de operaciones ocultar información a las autoridades o enredar los recorridos de coche.
La desaparición y las primeras denuncias
De ese momento en adelante, ninguna de las personas que ha declarado públicamente vio a Pertur con vida. A mediodía del 24 de julio, la tía de Pertur recibió una llamada anónima –con voz de mujer–, diciéndole que fuera a Donibane Lohizune, “porque Eduardo había desaparecido”. Esa misma tarde, presento una denuncia ante la Policía francesa. La misma noche, Pakito, junto a Telesforo Monzón, se presentó ante la Gendarmería por voluntad propia, y dio su versión –sin mencionar a Apala–. Tal y como declaró ante el juez Fernando Andreu, en toda la tarde del 23 de julio no salió de casa, y un dirigente de ETA (pm) le advirtió de que tenía que ir a declarar, porque la desaparición ya estaba denunciada.
A mediodía del 24 de julio, la tía de Pertur recibió una llamada anónima –con voz de mujer–, diciéndole que fuera a Donibane Lohizune, “porque Eduardo había desaparecido”. Esa misma tarde, presento una denuncia ante la Policía francesa
Mientras tanto, el padre y la madre de Pertur –Álvaro Moreno y Marta Bergaretxe– iban hacia Iparralde en su busca. La noche del 24 de julio, la Policía española los retuvo en la frontera de Biriatu. A pesar de tener la documentación en regla, no les dejaron pasar, alegando “exceso de celo”, al parecer. El padre y la madre denunciaron lo ocurrido ante los mandatarios de Donostia.

Antecedentes comprobados: amenazas de la policía, presiones, atentados de la ultraderecha y recompensas por capturar a Pertur
El análisis realizado por la EHU sobre el caso de la desaparición de Pertur concluyó que la investigación estaba repleta de errores desde el principio, la desaparición es un delito permanente y el ruido en torno a la autoría ha obstaculizado los avances
20 de noviembre de 1975: la vivienda de la familia Moreno Bergaretxe sufrió un ataque por parte del Batallón Vasco Español.
25 de marzo de 1976: el propio Pertur denunció una carta con amenazas, firmada por un grupo de extrema derecha, en la que pedían la liberación del empresario Ángel Berazadi.
Finales de marzo de 1976: Marta Bergaretxe, la madre de Pertur, fue arrestada y la tuvieron incomunicada por tres días en casa del comisario Eduardo López Maturana. Más adelante el comisario admitió que actuó “siguiendo una orden superior”.
Abril de 1976: desaparecieron dos policías españoles en Hendaia, y algunos policías franceses propusieron un intercambio: a cambio de liberarlos, liberarían a Marta Bergaretxe.
30 de mayo de 1976: El periódico La Voz de España publicó un artículo donde se ofrecía una recompensa de 10 millones de pesetas por capturar a Pertur, firmado por Enrique Sanz Martín.
Lo que no sabemos
Entre 1978 y 2007, el caso estuvo archivado, y solo hubo iniciativas particulares de la familia en aquella época. La Ley de Amnistía de 1977 tuvo un parón judicial de tres décadas debido a la “lucha antiterrorista” y falta de voluntad política,. En 2008, el juez Andreu aceptó la querella, y hbo una instrucción de cuatro años con los testimonios de Pakito, Antxon, Lourdes Auzmendi y neofascistas italianos. El juez, tras la instrucción de cuatro años, en el auto del 20 de septiembre de 2012 concluyó que no había indicios suficientes para imputar a nadie por la desaparición de Pertur. No se ha encontrado cuerpo, no hay huellas, ni confesiones, ni testigos directos del secuestro o asesinato. En consecuencia, el caso fue archivado, es decir, se podría abrir de nuevo si aparecieran nuevas pruebas. En 2017, Gobierno Vasco encargó una investigación al respecto a la EHU, y las conclusiones de dicho estudio fueron claras: la investigación estaba repleta de errores desde el principio, la desaparición es un delito permanente y el ruido en torno a la autoría ha obstaculizado los avances. Así, los expertos pidieron impulsar la campaña institucional para reunir nuevos datos, pero por el momento ha caído en saco roto.
Las versiones e interpretaciones, cara a cara
Durante cincuenta años, se han difundido dos hipótesis principales sobre la autoría del secuestro y desaparición de Pertur. Ni una de ellas se ha comprobado de manera decisiva; no obstante, los indicios accesibles apuntan con mayor peso en la dirección de los aparatos estatales, a pesar de que las instituciones y los medios de comunicación le hayan dado menos importancia. A continuación, se presentan de manera ordenada según considera el informe del Gobierno Vasco como mejor documentados en su contexto.
Estatuaren edo eLa hipótesis de la autoría del Estado o de la extrema derecha (relación con neofascistas) skuin muturraren egiletzaren hipotesia (lotura neofaxistekin)
Reivindicaciones inmediatas (26-31 de julio de 1976)
Triple A (Alianza Apostólica Anticomunista): el 26 de julio, Triple A llamó a la agencia de noticias Cifra para reivindicar el secuestro. Triple A era una estructura de naturaleza parapolicial que funcionaba como tapadera de los miembros de los aparatos de seguridad del franquismo. Su nombre no es una simple curiosidad: tomó las mismas siglas que la Alianza Anticomunista Argentina que destacó en las masacres de Argentina y Alianza Anticomunista Americana de Colombia con el objetivo de causar terror. Además, el Gobierno de España permitió establecerse en el país a una diáspora de organizaciones relacionadas con la Triple A de Argentina.
Batallón Vasco Español (BVE), comando “Emilio Guezala”: el 31 de julio mandó un comunicado al periódico El Correo Español-El Pueblo Vasco, diciendo que Pertur fue “ejecutado y enterrado en un pueblo de Navarra”.
El neofascista Angelo Izzo declaró que su compañero Pierluigi Concutelli le contó que el verano de 1976 secuestraron a un militante de ETA en Iparralde, y que tras narcotizarle lo llevaron a España y lo entregaron a un grupo subordinado de la policía. Según Izzo, el responsable del grupo dijo que iba a “torturar y hacer desaparecer al vasco”
El informe del Gobierno Vasco considera el hecho como “significativo”, puesto que esa fue la primera aparición pública del BVE. Las dos organizaciones reivindicaron la misma acción, y eso hace pensar a los expertos que tras las siglas podría estar la misma persona o red coordinada.
Relación con neofascistas italianos (Ordine Nuovo)
El sumario penal italiano 11305/88 –relacionado con los casos del asesinato de Vittorio Occosio y el atentado contra Bernardo Leighton– recogió varias declaraciones de neofascistas donde admitían que actuaron en contra de los refugiados vascos en Iparralde, por encargo o con el visto bueno de los servicios policiales del Estado español.
El 15 de noviembre de 1976, Marta Moreno Bergaretxe recibió una carta: “Te haremos desaparecer como hicimos con tu hermano y te vamos a coser a balazos”. Estaba firmada por “V1 Comando Adolfo Hitler de ORDEN NUEVO” El juez de Francia no investigó aquella amenaza
Angelo Izzo declaró que su compañero Pierluigi Concutelli le contó que el verano de 1976 secuestraron a un militante de ETA en Iparralde, y que tras narcotizarle lo llevaron a España y lo entregaron a un grupo subordinado de la policía. Según Izzo, el responsable del grupo dijo que iba a “torturar y hacer desaparecer al vasco”.
Sergio Calor ratificó parte de esa información.
Fernando Andreu fue a Italia en 2009 para llamar a Concutelli a declarar, quien había rechazado hacerlo anteriormente, pero Concutelli sufrió un ictus y su testimonio quedó incompleto e inhabilitado.
La amenaza a la hermana de Pertur
El 15 de noviembre de 1976, Marta Moreno Bergaretxe recibió una carta: “Te haremos desaparecer como hicimos con tu hermano y te vamos a coser a balazos”. Estaba firmada por “V1 Comando Adolfo Hitler de ORDEN NUEVO” –el nombre castellano de Ordine Nuovo–. El juez de Francia no investigó aquella amenaza.
Respuesta de la Dirección General de Seguridad de España a Francia
El 19 de febrero de 1977, la Dirección General de Seguridad (DGS), es decir, el órgano español de orden público, respondió a la petición del juez de Francia. En lugar de ofrecer pistas sobre la extrema derecha o las redes italianas, el informe señaló a Apala “como sospechoso principal”, mencionando “los desacuerdos internos de ETA” y para tratar de reforzar la hipótesis de que “el ala radical de la organización ha participado directamente en la eliminación de Pertur”. El informe del Gobierno Vasco subraya que ese documento oficial descarta totalmente las reivindicaciones de Triple A y BVE, y que se limitó a levantar una acusación sin una base sólida contra Apala. Aquella fue la primera vez que el Estado español canalizó la sospecha contra ETA en el ámbito internacional.
Testimonio de Eugenio Etxebeste “Antxon” ante la Audiencia Nacional
En 2008, con el caso otra vez abierto, el exdirigente de ETA Eugenio Etxebeste “Antxon” declaró ante el juez Fernando Andreu. Allí, expresó que la desaparición de Pertur fue una operación organizada por los servicios de inteligencia del Estado español, para crear una imagen de un “ajuste de cuentas internas” dentro de ETA, para eliminar a “una persona cualificada” y alimentar la división interna de ETA. Según Antxon, ni los miembros de ETA (pm) ni los Especiales tenían nada que ver con la desaparición. En cuanto a los métodos, comparó lo ocurrido con el caso de Lasa y Zabala.

La hipótesis de la autoría de ETA
Origen de la sospecha
Esta hipótesis no surgió de la nada; como se ha mencionado, las dos últimas personas que vieron a Pertur con vida fueron Pakito y Apala, miembros de los Comandos Especiales de ETA (pm), contrarios a la línea política que defendía Pertur. Dos meses antes (mayo de 1976), los Especiales hicieron cumplir una medida disciplinaria contra Pertur durante unos días para impedir que asistiera a una reunión de líderes. Eugenio Etxebeste “Antxon” confesó ante el juez que fue “un arresto preventivo”. Aun así, aquella medida falló, ya que la mayoría de la organización pidió la liberación de Pertur. Medidas disciplinarias contra militantes como esa no son inusuales en organizaciones armadas clandestinas, tampoco en ETA.
Esta hipótesis no surgió de la nada; como se ha mencionado, las dos últimas personas que vieron a Pertur con vida fueron Pakito y Apala, miembros de los Comandos Especiales de ETA (pm), contrarios a la línea política que defendía Pertur. Dos meses antes (mayo de 1976), los Especiales hicieron cumplir una medida disciplinaria contra Pertur durante unos días para impedir que asistiera a una reunión de líderes. Eugenio Etxebeste “Antxon” confesó ante el juez que fue “un arresto preventivo”. Aun así, aquella medida falló, ya que la mayoría de la organización pidió la liberación de Pertur. Medidas disciplinarias contra militantes como esa no son inusuales en organizaciones armadas clandestinas, tampoco en ETA.
La carta escrita a Lourdes Auzmendi (11 de julio
Doce días antes de desaparecer, Pertur escribió lo siguiente a su pareja: “Estos bestias han creado tal ambiente que han convertido ETA en un estado policial, en el cual cada uno sospecha de quien tiene al lado […] No soy capaz de huir de esta dinámica infernal de conspiración, infundio y mentiras”. La carta demuestra que había una gran tensión interna, pero no demuestra que los Especiales lo mataran. Muestra que el ambiente dentro de la organización estaba enturbiado, nada más.
Acusación pública de la familia (enero de 1978)
Un año y medio después de la desaparición, tras su investigación propia, la familia Moreno Bergaretxe señaló públicamente a los Especiales como supuestos responsables. En la rueda de prensa hicieron públicos los fragmentos más duros de la carta, y los medios de comunicación les dieron mucha difusión.
Respuesta de ETA militar
ETA militar respondió a aquella primera rueda de prensa de 1978, diciendo que estaba “manipulada por los sectores de la derecha vasca”. La dirección de ETA (pm), por su parte, explicó que haría una investigación interna, pero que “no había suficientes elementos o pruebas reunidas para formar una acusación concreta”.
Lo que no puede explicar la hipótesis contra ETA
Las distintas acusaciones vertidas contra ETA, no obstante, tienen ciertas lagunas:
Que no se haya encontrado ningún cuerpo o huella.
Que ETA no hiciera ningún tipo de reivindicación, a diferencia de lo que ocurría con otros conflictos internos.
La visible desproporción entre ese vacío de dos horas y el gran número de indicios en la dirección opuesta y el peso de dichos indicios.
Que nunca se haya juzgado a Pakito y Apala por falta de pruebas, a pesar de que el Estado señalase a uno de ellos desde el principio y tuviera intención de abrir una investigación en su contra.
El rol de los medios de comunicación, la construcción del relato y la desproporción de las pistas
Vistas las lagunas y la narrativa que se ha impuesto mediáticamente, es necesario analizar el rol de los medios de comunicación en el tratamiento del caso. La cuestión no es que las dos hipótesis tengan el mismo peso y que los medios hayan elegido una aleatoriamente. Al contrario, lo que demuestran las investigaciones periodísticas y los informes de investigación es muy distinto: un desequilibrio sistemático entre ambas hipótesis. Las hipótesis en contra de ETA –basada en pistas débiles o circunstanciales– ha recibido un tratamiento privilegiado; en cambio, la hipótesis de la autoría del Estado o de la extrema derecha –basada en reivindicaciones directas, testimonios internacionales, amenazas documentadas y en un contexto histórico más fuerte– se ha menospreciado sistemáticamente o se ha silenciado como detalle secundario.
En los próximos años, los principales medios de comunicación del Estado español –muchos de ellos ubicados en el País Vasco– mostraban la desaparición como “limpieza interna de ETA”, “ajuste de cuentas”. En los titulares le daban especial importancia al hecho de que el padre y la madre de Pertur señalaran a ETA en un momento concreto, mientras ocultaban al final del texto pistas que apuntaban a la autoría de la extrema derecha
a) ¿Qué pistas reales hay contra ETA?
Las últimas dos personas conocidas que vieron a Pertur con vida eran miembros de los Comandos Especiales de ETA (pm).
Había una gran tensión política dentro de ETA (pm), como lo demuestran las cartas de Pertur y las medidas disciplinarias de mayo de 1976.
Ninguno de esos elementos demuestra la responsabilidad de la organización armada. No hay cuerpo, ni confesión, ni testigo, ni arma o lugar del crimen, tampoco reivindicación de ETA. La hipótesis, básicamente, se basa en relaciones de organización y desacuerdos políticos; es decir, en indicios muy difusos.
b) ¿Qué pistas hay contra el Estado/la extrema derecha?
Antes del secuestro, se publicó un anuncio en el periódico La Voz de España en el que se ofrecían 10 millones de pesetas a cambio de Pertur o algún otro jefe de ETA.
Los días posteriores al secuestro hubo dos reivindicaciones de dos grupos parapoliciales (Triple A y BVE).
Relación con grupos de la red neofascista italiana, con testimonios judiciales (Angelo Izzo), con el relato concreto de un secuestro llevado a cabo en Iparralde en el verano de 1976: narcotización, traslado al Estado español y puesta en manos de las fuerzas policiales.
El documento de amenazas a la hermana de Pertur, con la firma de Ordine Nuovo.
La detención previa de la madre, a través de órdenes de altos cargos policiales, porque su actividad podía “enturbiar asuntos policiales”.
El informe de la Dirección General de Seguridad a Francia, con presiones urgentes para señalar a Apala en lugar de investigar esas pistas.
Contexto histórico: entre 1975-1976, la conocida guerra sucia contra ETA en Iparralde; la actividad de BVE, Triple A y la Policía de España, muchas veces con ayuda de los neofascistas italianos, como en los sucesos de Montejurra ocurridos ese mismo año. Además, los siguientes años también hicieron desaparecer a más militantes vascos: Naparra, Popo, Lasa y Zabala…
La recopilación de todos esos indicios no demuestra la autoría del Estado, pero su cantidad, variedad y origen –entre ellos fuentes judiciales francesas e italianas– es notablemente superior en comparación a las pistas contra ETA. Aun así, no han tenido prácticamente espacio en el relato público. Al contrario, la versión difundida por los principales medios de comunicación ha sido repetida desde el principio por la DGS.
c) El tratamiento de los medios de comunicación: balanza desequilibrada, desde el inicio
En el informe del Gobierno Vasco se recoge cómo en julio de 1976 Radio Nacional de España difundió la hipótesis del “trueque” basándose en fuentes policiales: “Pertur podía haber sido secuestrado a cambio de dos policías españoles”. Esa versión tuvo al principio mayor eco que las reivindicaciones de Triple A y BVE.
En los próximos años, los principales medios de comunicación del Estado español –muchos de ellos ubicados en el País Vasco– mostraban la desaparición como “limpieza interna de ETA”, “ajuste de cuentas”. En los titulares le daban especial importancia al hecho de que el padre y la madre de Pertur señalaran a ETA en un momento concreto, mientras ocultaban al final del texto pistas que apuntaban a la autoría de la extrema derecha. En algunos casos, como en la edición de El País del 23 de julio de 2016, se les daba casi el mismo lugar a las dos hipótesis; pero para entonces ya estaba establecida la inercia del relato: para el lector común, que “a Pertur lo mataron sus compañeros” se había convertido en certeza, no era una mera hipótesis sin confirmar.
Pero esa desproporción no es, de ninguna manera, neutral. La construcción del relato oficial ha tenido consecuencias concretas:
Cierre de la investigación: “todos saben que fue ETA”, no hay presión social para buscar el cuerpo ni para investigar los aparatos policiales de la Transición.
Criminalización de la víctima: han presentado a Pertur como un “cabecilla al que mataron sus compañeros”, y eso debilita políticamente la legitimidad de la petición de investigación de la familia.
Favorece al Estado: la versión que ha prevalecido ha permitido ocultar durante décadas el terrorismo de Estado y la actividad de redes parapoliciales.
La sombra que se cierne sobre este caso no ha sido neutra: ha sido proyectada por fuentes oficiales y medios de comunicación de masas con el objetivo de imponer la hipótesis más cómoda para el poder, de lo que puede deducirse que la desproporción del tratamiento de las pistas sea un indicio más para reforzar la hipótesis de la autoría del Estado.

50 años después, la herida sigue abierta
La familia Moreno Bergaretxe denunció que llevaban 40 años sin saber qué pasó: “no tenemos nada, salvo dolor y una gran tristeza”. Ya ha pasado otra década, y la verdad sigue oculta
Ha pasado medio siglo desde aquel 23 de julio de 1976, y Pertur continúa desaparecido. Su padre y madre fallecieron sin saber la verdad, sin cuerpo, tumba ni respuesta. Unos años antes de su fallecimiento, en julio de 2016, la familia publicó una declaración en el periódico Diario Vasco, y entonces ya no emitía ningún tipo de acusación concreta. Recordaron que vivieron “la confusión inicial, la incertidumbre, la rabia, las diferentes versiones, las pistas falsas, la manipulación, los homenajes y las investigaciones fallidas”, y, “con cada paso, un nuevo rayo de esperanza y un nuevo disgusto”. La familia Moreno Bergaretxe denunció que llevaban 40 años sin saber qué pasó: “no tenemos nada, salvo dolor y una gran tristeza”. Ya ha pasado otra década, y la verdad sigue oculta.
En 2017 el informe encargado por el Gobierno Vasco y hecho por la Cátedra de Derechos Humanos de la EHU dejó unas duras valoraciones sobre la investigación: “el devenir de la investigación fue muy deficiente desde un principio y a lo largo de los años sucesivos”, y “la sombra de la autoría y sus implicaciones políticas han pesado como una losa que ha lastrado la investigación hasta hacerla inefectiva”. Eso no es fruto de la casualidad, sino el resultado de una construcción estratégica del relato con nombres y apellidos: empezó el mismo julio de 1976, con la filtración por parte de Radio Nacional de España; se reforzó con el informe que la DGS le mandó a Francia en febrero de 1977 –dejando de lado las reivindicaciones de la extrema derecha que señalaban a un miembro de ETA– y se ha alargado hasta hoy, cuando todavía muchos medios de comunicación presentan la hipótesis del “ajuste interno” como “versión probable”.
Mientras las instituciones y los principales medios de comunicación del Estado español miraban hacia otro lado, la investigación independiente ha seguido abriéndose camino. En 2019, el historiador Iñaki Egaña y el forense Paco Etxeberria –con los limitados recursos de la Sociedad Aranzadi, no con los gigantescos medios del Estado– por un momento creyeron que al fin encontraron los restos de Pertur, tal y como explicó Egaña en una entrevista de Naiz. Los investigadores independientes siguieron un rastro conocido por el nombre Operación Pancorbo; es decir, un plan reconocido por el general José Antonio Sáenz de Santa María. Según ese plan, se pretendía establecer un chupadero en un pueblo de Burgos cerca de Euskal Herria: una zona en la que interrogar, torturar y hacer desaparecer a militantes vascos secuestrados, al igual que se estaba haciendo, simultáneamente, en la dictadura de Argentina y en otras partes del mundo en las operaciones anticomunistas de contrainsurgencia en el mismo momento de la desaparición de Pertur. Haciendo excavaciones en el cementerio de Ameyugo, al lado de Pancorbo, encontraron un esqueleto en buen estado. Tenía las manos atadas, dos tiros en la cabeza, y seguramente fue torturado. Correspondía a una persona joven de unos 25 años, la misma edad que tenía Pertur cuando desapareció. Las características físicas y la ubicación coincidían. Durante semanas, Egaña y su equipo creyeron haber resuelto el caso. Al final, las pruebas de ADN descartaron esa opción. No era Pertur.
Investigadores independientes siguieron un rastro conocido por el nombre Operación Pancorbo; es decir, un plan reconocido por el general José Antonio Sáenz de Santa María. Según ese plan, se pretendía establecer un “chupadero” en un pueblo de Burgos cerca de Euskal Herria: una zona en la que interrogar, torturar y hacer desaparecer a militantes vascos secuestrados, al igual que se estaba haciendo, simultáneamente, en la dictadura de Argentina y en otras partes del mundo en las operaciones anticomunistas de contrainsurgencia en el mismo momento de la desaparición de Pertur
Pero la anécdota es muy significativa: los investigadores particulares llegaron más lejos que el propio Estado, sin presupuesto, sin una comisión internacional que requiriera el esclarecimiento, ni protección institucional. Fue en un lugar ligado a una trama de guerra sucia reconocida, en la que se encontró a otra persona que había sido asesinada de manera similar. El cuerpo que encontraron no era de Pertur, pero la dirección del rastro –hacia el Estado, hacia sus redes, hacia las fosas al lado de los antiguos chupaderos– era directa. Y mientras el Estado conducía sus recursos a dirigir la sospecha contra ETA, los historiadores, forenses y periodistas independientes han sido las personas que han estado literalmente removiendo la tierra para buscar la verdad.
Los pocos indicios disponibles apuntan de manera coherente a la dirección del Estado y sus redes parapoliciales, a pesar de que aún no se haya conseguido ninguna prueba decisiva, por la falta de investigaciones más exhaustivas, según denuncian los expertos
Así que, como ya se ha dicho, no hay ni una prueba firme que demuestre la autoría de ETA: ni cuerpo, ni admisión, ni testigo directo, ni reivindicación. En cambio, los pocos indicios disponibles apuntan de manera coherente a la dirección del Estado y sus redes parapoliciales, a pesar de que aún no se haya conseguido ninguna prueba decisiva, por la falta de investigaciones más exhaustivas, según denuncian los expertos. Así, el informe del Gobierno Vasco resume en una sola oración lo que debería ser el punto de partida: “Los hechos no pertenecen, con todo, al pasado. La desaparición es actual”. Hasta descubrir dónde está Pertur, el crimen no ha prescrito. Por eso, a pesar de que no sabemos exactamente qué le pasó a Pertur, somos conocedores de lo que objetivamente puede producir aferrarse a las sospechas infundadas contra ETA en este caso: llenar el espacio de la investigación y garantizar la impunidad de los responsables. A partir de ahí, corresponde a cada persona juzgar a quién favorece esta situación.
La pregunta sigue abierta. También la petición de la familia y expertos. ¿Hablarán de una vez los que lo saben? ¿Se investigará sin prejuicios? Mientras no se encuentre el cuerpo de Pertur, su familia y su entorno no podrán cerrar esta herida que lleva medio siglo abierta. Mientras no se depuren responsabilidades y aclaren las motivaciones, a la memoria colectiva de Euskal Herria le faltará un fragmento más para entender su historia.

NOTA: Si alguien lo quisiera leer, esta es la referencia mencionada durante el texto de la investigación de la EHU:
UPV/EHU – Cátedra de Derechos Humanos y Poderes Públicos (17 de mayo de 2017).
«Informe sobre el caso Pertur: estado actualizado de la cuestión».
Informe realizado por encargo de la Secretaría General de Derechos Humanos, Convivencia y Cooperación del Gobierno Vasco. Análisis profundo de los hechos, las investigaciones y los efectos jurídicos (prescripción, amnistía, estándares internacionales)..