ARTEKA / Pertur
Milis y polimilis
En 1974, la organización Euskadi Ta Askatasuna (ETA) se dividió en dos: ETA militar y ETA político-militar.
Milis y polimilis

En 1974, la organización Euskadi Ta Askatasuna (ETA) se dividió en dos: ETA militar y ETA político-militar. Las dos organizaciones tuvieron diferente desarrollo y, en pocos años, cambiaron de forma notoria las tesis políticas que caracterizaban a cada una. En este texto, a modo introductorio, haré una breve contextualización de dicha ruptura.

Primeros años de ETA

En 1958, impulsada por el inmovilismo que el PNV mostraba ante el franquismo, se creó la organización Euskadi Ta Askatasuna (ETA), la cual mostró diferencias respecto al PNV desde el principio. Defendía firmemente el nacionalismo vasco, mostrando una gran determinación para la lucha y para actuar de forma más activa a favor de Euskal Herria. Revisó el concepto de “raza” que hasta entonces había estado en la base del nacionalismo, y lo reemplazó por términos como cultura e idioma. Respecto a la religión, se presentaba como aconfesional. Además, tenía un programa social más progresista que el PNV, a pesar de situarse aun entonces lejos del comunismo.

Los movimientos de liberación del tercer mundo influyeron claramente en el desarrollo de la organización. Experiencias como Vietnam, Argelia o Cuba fueron referenciales. Además, el desarrollo que tuvo el movimiento obrero en la década de los 60 en Euskal Herria trajo consigo acercar la organización a ideologías de izquierdas.

Así, se caracterizaban tres tendencias dentro de la organización. Por un lado, los “tercermundistas”, con una gran influencia de las experiencias del tercer mundo. Por otro lado, los “obreristas”, con una evidente influencia de la lucha obrera. Por último, los “culturalistas”, que a pesar de defender la liberación nacional, defendían un socialismo no-marxista.

En 1964, en la III Asamblea de ETA, se deliberó que la lucha armada era el medio más adecuado para conseguir los objetivos de la organización. Una vez repensada la estrategia, aprobaron el esquema “acción-represión-acción”. Mediante esto, establecieron el modo que un pequeño grupo armado podía tener para vencer al Estado. Según esto, un mínimo revolucionario debía golpear al Estado, para que este respondiese con represión; así, un mínimo revolucionario recibiría un mayor apoyo social.

Después de esta asamblea, la tendencia obrerista obtuvo el control de la Oficina Política y la revista Zutik; como consecuencia, los números de la revista cogieron un carácter cada vez más obrerista. Un Comité Ejecutivo extraordinario en 1966, propuso expulsar de la organización a miembros que formaban parte de la Oficina Política. Las personas expulsadas crearon la organización ETA-Berri; para diferenciar la otra, empezaron a llamarla ETA-Zaharra. Después, ETA-Berri creó el Movimiento Comunista de Euskadi (EMK), sección de Euskal Herria del Movimiento Comunista (MC).

Movimientos de liberación del tercer mundo influyeron claramente en el desarrollo de ETA. Experiencias como Vietnam, Argelia o Cuba fueron referenciales. Además, el desarrollo que tuvo el movimiento obrero en la década de los 60 en Euskal Herria trajo consigo acercar la organización a ideologías de izquierdas

En 1966 ETA realizó su V Asamblea. Después de la segunda parte de dicha asamblea, los culturalistas abandonaron la organización, condenando que ETA se había convertido en marxista-leninista. El grupo culturalista se organizó en torno a la revista Branka. Así, predominaría la tendencia tercermundista en la organización. Después de esta asamblea, ETA declaró que su ideología era el nacionalismo revolucionario, concretando que el sujeto para llevar a cabo ese proceso de liberación era el Pueblo Trabajador Vasco. Siguiendo el modelo vietnamita, dividieron la estructura organizativa en cuatro frentes: cultural, político, militar y económico (después sería el Frente Obrero). Siguiendo el camino del maoísmo, decían que la principal contradicción del momento era entre la oligarquía y el pueblo; “pueblo” era el término que incluía el proletariado, la pequeña burguesía y la burguesía nacional no oligárquica. Por eso, antes de la revolución socialista, era necesaria una revolución popular. Para dirigir esa revolución, era necesaria la construcción del Frente Nacional, el cual se imaginaba como un frente formado por los sectores sociales populares previamente mencionados.

En la VI Asamblea de 1970, de nuevo afloraron tensiones entre diferentes tendencias. La dirección constituida después de las detenciones de 1969 tenía tendencias obreristas. En esa asamblea, el “Grupo de los Cinco” –grupo que formó el Biltzar Ttipia de la organización después de la V Asamblea– y el Frente Militar declararon la asamblea ilegítima. Así, sucedió una nueva ruptura.

Después de la V Asamblea, ETA declaró que su ideología era el nacionalismo revolucionario, concretando que el sujeto para llevar a cabo ese proceso de liberación era el Pueblo Trabajador Vasco

El Frente Militar y el Grupo de los Cinco crearon ETA-V, organización que, según ellos, era fiel a los parámetros de la V Asamblea. Por otro lado, se denominó ETA-VI a la nueva dirección y al grupo que integraba la mayor parte de la organización. En 1973, la mayoría de ETA-VI se unió a la organización Liga Comunista Revolucionaria (LCR) y crearon la Liga Komunista Iraultzailea (LKI) propia de Euskal Herria.

En los próximos años, ETA-V fue creciendo. En 1972, se les unió la organización EGI-Batasuna, aumentando notablemente su fuerza militante. Al haber habido diferentes fragmentaciones, esta organización se quedó con el nombre ETA.

Milis y Polimilis

En 1972, empezaron a surgir dudas sobre la utilidad del modelo organizativo de la V Asamblea de ETA. Por una parte, las dinámicas llevadas a cabo por el Frente Militar (FM) durante aquellos años generó que los demás frentes dependieran de su actividad. Entre algunas personas de la organización se extendió la sensación de que las necesidades del FM se imponían al resto de frentes. Parecía que se le daba especial importancia a la actividad militar.

Además, la realización de acciones armadas por una organización impedía la realización permanente de otro tipo de actuaciones. Según personas del Frente Obrero (FO), la represión consecuencia de la actividad del FM era precisamente lo que impedía hacer trabajo político permanente con las masas. De hecho, la fuerte represión que generaba la realización de acciones armadas desintegraba una y otra vez al FO. Por ello, la lucha armada de alta intensidad dificultaba enormemente la participación de la organización en el movimiento obrero.

Según personas del Frente Obrero (FO), la represión consecuencia de la actividad del FM era precisamente lo que impedía hacer trabajo político permanente con las masas

Por otra parte, los problemas para encuadrar la base social que estaba creando la izquierda abertzale eran evidentes. A pesar de que ETA tuviese cada vez más apoyo social, no era capaz de sacarle el suficiente rendimiento. De hecho, a pesar de que muchos simpatizantes con la organización querían hacer una aportación a favor de ETA, no estaban dispuestos a aceptar el sacrificio que exigía la lucha armada. El espacio que era natural para estas personas debería haber sido el FO. Sin embargo, en la práctica, el FO sufría el mismo nivel de represión que el FM, porque ambos se organizaban bajo el nombre de ETA. Por eso, la participación en el FO, en lugar de ofrecer una militancia legal o semi-ilegal, implicaba una dura represión. En esencia, a pesar del creciente apoyo social de ETA, era incapaz de ofrecer un espacio adecuado para realizar una aportación a muchas personas que se identificaban con su ideología.

Debido a esto, otras organizaciones del mundo obrero (PCE, Comisiones Obreras, ORT, MCE…) estaban creciendo a mayor velocidad que ETA. De hecho, aunque ETA crease conciencia política en muchos jóvenes –gracias al enorme sacrificio que realizaba su militancia–, muchos de ellos acababan participando en otras organizaciones.

En una asamblea previa que se organizó en octubre de 1972, se aprobó simplificar la organización de los frentes, uniendo el Frente Cultural y el Frente Obrero, bajo el nombre de Frente Obrero (FO). Así, el FO sería el frente político de ETA, haciéndose cargo de casi toda la actividad no militar.

En la organización no se ponía en duda el uso de la lucha armada, sino la función que debía tener. Los debates fueron en torno a la relación y la coordinación entre lucha armada y lucha de masas

En la primera parte de la VI Asamblea de agosto de 1973, hubo diversas discusiones entre el FO y el FM. Entre esos debates, había dos maneras de entender la naturaleza de la organización: el FM quería una ETA centrada en la lucha armada: el FO, en cambio, quería una organización más abierta al mundo obrero, viendo la lucha armada como una herramienta más, sin especial prioridad. En la organización no se ponía en duda el uso de la lucha armada, sino la función que debía tener. Los debates fueron en torno a la relación y la coordinación entre lucha armada y lucha de masas. Estas cuestiones no se resolvieron en la VI Asamblea y se pospusieron a una segunda parte.

En 1974, la dirección vio que la ruptura con el FO era innegable. Por ello, para adelantarse a esta situación, empezaron a probar un nuevo modelo organizativo. Así, comenzaron a establecer en diferentes “ámbitos pilotos” lo que después se conocería como el modelo político-militar. Así pues, unían el trabajo político y el militar de un mismo territorio bajo la directiva de la misma persona responsable, aunque las dos líneas de lucha se llevaban a cabo bajo estructuras divididas. Por lo tanto, a pesar de que militantes legales e ilegales de cada territorio estuvieran en estructuras separadas, se organizaban bajo la misma dirección. Todo esto no se le notificó al FO.

El FO se dio cuenta de que estaban organizando células de trabajadores dejándoles de lado. Pensaron que eran movimientos para excluir al FO y, además, que era la ruptura de los acuerdos asamblearios. En junio de 1974, en el III Biltzar Ttipia, el FO declaró que abandonaba la organización, argumentando que ahí no podía hacer trabajo político adecuado. Asimismo, al FM se le responsabilizó de haber creado comités de trabajadores fuera de la estructura de frentes.

La mayoría del FO (casi todo el aparato de Gipuzkoa y una parte de Bizkaia) salió de la organización y en agosto de 1974 crearon LAIA (Langile Abertzale Iraultzaileen Alderdia). Era una organización socialista, abertzale y revolucionaria. Así expuso LAIA la razón de la ruptura en la revista Sugarra: “La imposibilidad de romper con el activismo separado de las masas que nos atenazaba, está en el origen de nuestra ruptura con ETA”. Y así describió el modelo político que quería materializar: “Así, pues tanto a nivel táctico como estratégico, el brazo armado de la organización deberá estar en función de la política obrera definida por nuestro aparato. La diferencia con ETA es obvia, ya que allí se supedita toda la práctica al militarismo activista.”

Seguían las diferencias entre miembros de ETA. Se podían diferenciar dos tendencias: estaban los que en el futuro se empezarían a denominar “polimili”, partidarios del modelo organizativo puesto en práctica en los ámbitos piloto. Los otros, posteriormente llamados “mili”, consideraban que la organización militar debía separarse de las organizaciones políticas y populares.

La mayoría de la organización se alineó al grupo político-militar, autodenominándose ETA político-militar o ETA (pm). En la segunda parte de la VI Asamblea convocada por el grupo ETA (pm) se ratificó el nuevo modelo organizativo. Además, crearon los Comandos Especiales para realizar acciones armadas complejas, con liberados que tenían más experiencia

En el IV Biltzar Ttipia se dio la ruptura entre milis y polimilis, en octubre de 1974. Hubo una discusión muy tensa sobre el posicionamiento público que la organización debía tomar sobre el atentado de la cafetería Rolando. Luego, cuando plantearon el modelo organizativo aplicado en los ámbitos pilotos, los milis abandonaron la reunión.

La mayoría de la organización se alineó al grupo político-militar, autodenominándose ETA político-militar o ETA (pm). Realizaron la segunda parte de la VI Asamblea en enero de 1975. Ahí ratificaron el nuevo modelo organizativo. Además, crearon los Comandos Especiales para realizar acciones armadas complejas, con liberados que tenían más experiencia.

Como los milis decidieron abandonar la organización, crearon la organización llamada ETA militar o ETA (m). Según ellos, debido al nivel represivo que una organización que realizaba acciones armadas recibía, la organización no podía hacer otras tareas. Por ello, había dificultades para organizar a diferentes miembros que estaban ideológicamente a favor de ETA. Por lo tanto, en su opinión, era necesario separar la organización armada de la organización política y la popular, en tanto que estos últimos tuvieran más libertad para llevar a cabo su actividad. A partir de entonces hubo dos ETAs: militar y político-militar.

De la ruptura al Estatuto de Gernika

Después de la separación fueron los polimilis los que obtuvieron el control de la organización. Por lo tanto, entre las dos organizaciones,
ETA (pm) era la más fuerte y empezó a realizar diversas acciones. Aun así, la situación pronto empezó a cambiar. En 1975 la represión golpeó fuertemente a ETA (pm), teniendo el infiltrado “El Lobo” gran responsabilidad. Mediante bastantes operaciones policiales, deshicieron muchos comandos. Después de estos golpes represivos, el porcentaje de liberados creció bastante en la organización. Por ello, los Comandos Especiales tomaron más peso.

En 1975 los polimilis llamaron a una nueva asamblea. Para dicha asamblea, Eduardo Moreno Bergaretxe “Pertur” y Javier Garayalde “Erreka” escribieron la ponencia Otsagabia. Hicieron una profunda autocrítica y concluyeron la necesidad de relegar el modelo organizativo político-militar. Por ello, propusieron dividir la organización en el partido político y la organización armada

Las detenciones soportadas por los polimilis en 1975 y el rechazo por las acciones realizadas empujaron a repensar la dirección de la organización. Por ello, llamaron a una nueva asamblea. Para dicha asamblea, Eduardo Moreno Bergaretxe “Pertur” y Javier Garayalde “Erreka” escribieron la ponencia Otsagabia. Hicieron una profunda autocrítica y concluyeron la necesidad de relegar el modelo organizativo político-militar. Por ello, propusieron dividir la organización en el partido político y la organización armada. Así, por lo menos a nivel formal, la organización política y la armada no debían tener conexiones orgánicas.

Además, con el cambio de la situación política, declararon que la lucha política debía tener prioridad ante la lucha armada. Como afirmaban en la ponencia, la lucha armada cumplió una importante función cuando la lucha de las masas era escasa. De hecho, cumplía la función de profundizar en las contradicciones internas entre clases y la oligarquía. En ese momento, en cambio, en tanto que el movimiento de masas se estaba expandiendo, no estaba cumpliendo la misma función. En el nuevo contexto político –la transición dirigida de la dictadura a la democracia burguesa–, a pesar de que las fuerzas represivas mostraron la capacidad para tener a los grupos armados bajo control, no mostraron la misma capacidad ante el movimiento espontáneo de masas. Como declararon en la ponencia, aunque la espiral de acción-represión-acción de los primeros años de ETA fue útil, en ese momento estaba surgiendo una consecuencia inesperada: la represión estaba desmantelando la vanguardia del movimiento. Con esa declaración no querían dejar de lado la lucha armada; al contrario, se le quería adjudicar la función de retaguardia. Es decir, debía cumplir la función de garantizar las condiciones que las masas habían logrado mediante la lucha. Por lo tanto, defendían que la lucha ofensiva debía ser la lucha de las masas, y la función de la lucha armada, en cambio, garante de asegurar las conquistas logradas mediante ella. Así pues, el partido político debía ejercer la dirección del movimiento, actuando el grupo armado como apoyo del mismo.

En la VII Asamblea realizada en septiembre de 1976, aprobaron la ponencia Otsagabia. Así, en 1977 crearon el partido EIA (Euskal Iraultzarako Alderdia). Cabe decir que, al proponer dividir la organización, se acercaron a las posiciones de los milis. En esa época, las dos organizaciones se aproximaron mucho, pareciendo posible la unión de las dos. Sin embargo, seguían teniendo bastantes diferencias. Por ejemplo, respecto a la lucha armada, los milis le asignaban la función de vanguardia.

Pertur y Erreka defendían que la lucha ofensiva debía ser la lucha de las masas, y la función de la lucha armada, en cambio, garante de asegurar las conquistas logradas mediante ella. Así pues, el partido político debía ejercer la dirección del movimiento, actuando el grupo armado como apoyo del mismo

De cara a las elecciones de 1977, las dos organizaciones empezaron a alejarse cada vez más. En 1975, se creó la Coordinadora KAS, la cual agrupaba a diversas organizaciones de la izquierda abertzale. En 1976, escribieron KAS Alternatiba, el programa de mínimos que unía diferentes organizaciones independentistas. En él, se recogieron las condiciones mínimas para legitimar el nuevo marco político. Frente a las elecciones de 1977, KAS tomó la decisión de no participar. De hecho, pensaban que las condiciones democráticas para estas elecciones no estaban aseguradas. En su opinión, como las condiciones mínimas eran la amnistía y la legalización de partidos independentistas, sin ellas el nuevo marco político se legitimaría. Aun así, EIA decidió participar mediante la coalición Euskadiko Ezkerra. ETA político-militar mantuvo una actitud especial: formalmente estaba a favor de la abstención, pero como no había condiciones para ella, apoyó la participación EIA.

Presentarse mediante EIA-EE a las elecciones generó que “Bereziak” dejara para siempre la organización, aunque previamente hubiese habido fuertes discusiones entre este grupo y la dirección. Después, entraron en ETA militar, reforzando notablemente esta organización. Además, la decisión de presentarse a las elecciones trajo consigo expulsar a ETA (pm) y EIA del bloque KAS. ETA (m) y Bereziak fueron los que pidieron esta expulsión y los demás miembros ratificaron la decisión.

Frente a las elecciones de 1979, los milis cambiaron su posicionamiento y apoyaron la participación de la coalición Herri Batasuna a las elecciones. De hecho, mediante su participación concluyeron que podían lograr visibilidad. Aun así, no ocuparon los escaños conseguidos en el Congreso de los Diputados y en el Senado. EIA, en cambio, actuaba de otra manera: participaba completamente en estas instituciones, ocupando los escaños obtenidos

Frente a las elecciones de 1979, los milis cambiaron su posicionamiento y apoyaron la participación de la coalición Herri Batasuna a las elecciones. De hecho, mediante su participación concluyeron que podían lograr visibilidad. Aun así, no ocuparon los escaños conseguidos en el Congreso de los Diputados y en el Senado. EIA, en cambio, actuaba de otra manera: participaba completamente en estas instituciones, ocupando los escaños obtenidos.

En el referéndum del Estatuto de Gernika de 1979, se dio la ruptura definitiva entre ambas organizaciones. De acuerdo a los milis, aceptar el estatuto significaba ceder ante el enemigo. En su opinión, el estatuto no cumplía los objetivos que hasta entonces había luchado la izquierda abertzale. De hecho, no recogía el derecho de autodeterminación y dejaba a Nafarroa fuera de la comunidad autónoma. Los polimilis, en cambio, pensaban lo contrario. Por ello, utilizaron lemas como “con el Estatuto, presos a la calle” o “con el Estatuto, Nafarroa en Euskadi”.

Aun así, cuando se dieron cuenta de que el Estatuto no cumpliría sus aspiraciones, los polimilis aumentaron la intensidad de la actividad militar. En 1979, pusieron en marcha la campaña contra miembros de la UCD, en tanto que la consideraban gestora política del Estado; mediante acciones contra sus miembros, se pretendía presionar para que se diera un desarrollo completo del Estatuto vigente. Por otro lado, realizó una campaña activa contra el proyecto de implantación de la central nuclear en Lemoiz.

Los años después de la Transición

Las acciones armadas llevadas a cabo en 1981 dejaron a la EIA-EE en una posición política insostenible. Las acciones contra los miembros de la UCD y contra el proyecto de la nuclear de Lemoiz pusieron de manifiesto las contradicciones de los polimilis. De hecho, mientras este movimiento contaba con un partido plenamente institucional, tenía una organización armada que actuaba con gran intensidad. Por ello, EIA-EE usó toda su influencia para detener la ofensiva de los polimilis y abrir el proceso de reflexión para una nueva estrategia.

Mientras el movimiento formado por ETA (pm) y EIA contaba con un partido plenamente institucional, tenía una organización armada que actuaba con gran intensidad. Por ello, EIA-EE usó toda su influencia para detener la ofensiva de los polimilis y abrir el proceso de reflexión para una nueva estrategia

Además, después del intento de golpe de estado del 23 de febrero de 1981, la dirección de EIA-EE empezó a defender que la lucha armada traía más trabas que aportaciones. Por ello, en febrero de 1981, ETA político-militar declaró un alto al fuego durante casi un año y liberó a los cónsules secuestrados.

Para la mayoría de la militancia, esta era una medida temporal y no lo veían como paso hacia el fin de la lucha armada. Sin embargo, la dirección de EIA-EE no tenía la misma opinión. Juan María Bandrés y Mario Onaindia empezaron a negociar el cese de la lucha armada con el ministro Juan José Rosón. En dichas negociaciones no trataron temas políticos, sino medidas individuales para cierta militancia. Así, consiguieron “medidas de gracia” para ciertas personas, abriendo la posibilidad de reinserción social de los militantes que decidían abandonar la lucha armada.

En 1982, vistos los desacuerdos a nivel interno, convocaron la VIII Asamblea. La necesidad de dicha asamblea era clara; de hecho, había grandes desencuentros sobre la lucha armada. La consecuencia de la asamblea fue la escisión de la organización. La mayoría de la organización decidió continuar con la lucha armada, autodenominándose ETA-pm (VIII). Por otra parte, las personas a favor de las tesis de EE –a favor de dejar de lado la lucha armada– se autodenominaron ETA-pm (VII). Estos últimos dejaron las armas ese mismo año, y se aferraron en bloque a las medidas de gracia negociadas por EE. Así, en septiembre de 1982, en un acto público, deshicieron la organización y poco a poco la militancia pasó a una normalidad legal.

Después de la desaparición de ETA-pm (VIII), ETA (m) fue la única organización que siguió con la lucha armada

ETA-pm (VIII) siguió durante varios años con la lucha armada. Sin embargo, después de la escisión, como EE y su base social les dio la espalda, la organización quedó muy débil. Como no tenían partido a favor ni un movimiento de masas capaz de canalizar sus acciones, se convirtió en un grupo armado aislado. La fragmentación dejó sin amparo político ni social a la organización.

A partir de entonces, otra vez, se percibieron diferentes tendencias dentro de la organización. Por un lado, había una tendencia a favor de integrarse en ETA (m), la cual se llamaba “miliki” y en 1984 se integró en dicha organización. Por otro lado, había una tendencia con el nombre ETA-pm (VIII) que quería seguir de manera autónoma. Esta última siguió hasta 1986, prácticamente sin tener influencia alguna. A partir de entonces, las acciones realizadas por ETA-pm (VIII) no hicieron más que ahondar en su aislamiento social. Por ello, fue progresivamente perdiendo fuerza, desapareciendo sin comunicado de disolución.

ETA (m) ya no entendía la lucha armada como parte de una estrategia de insurrección. En su lugar, lo tenía como una guerra de desgaste o una estrategia de negociación

A partir de entonces, ETA (m) fue la única organización que siguió con la lucha armada. Por ello, se nombraba como ETA. Esa organización no acepto el marco político instaurado después de la transición. Por ello, decidió continuar con la lucha armada, hasta conseguir lo que consideraba las condiciones mínimas para la democracia. Ya no entendía la lucha armada como parte de una estrategia de insurrección. En su lugar, lo tenía como una guerra de desgaste o una estrategia de negociación. Por lo tanto, en vez de agrandar la escala de lucha y dirigirla a conseguir el poder mediante el esquema acción-respuesta-acción, la lucha armada se dirigió a que el enemigo aceptara determinadas reivindicaciones. Con ello se pretendía, con distintos golpes al Estado, obligarlo a negociar con ETA. El objetivo de todo ello era que el Estado aceptara los puntos contenidos en la Alternativa KAS. De esta manera, el objetivo de la lucha armada no sería una victoria militar, sino presionar para forzar al enemigo a negociar.