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Copa del Mundo, negocio y poder

Han pasado ya unos días desde que acabó la Copa del Mundo. Si alejamos un poco la mirada de lo que ha dado de sí el fútbol, veremos que el evento ha traído consigo una serie de hechos sobre los que reflexionar y debatir en cuanto a la dirección en la que se está desarrollando el evento deportivo más significativo del mundo y, con él, el fútbol y la sociedad.

Para empezar, dónde se ha jugado y por qué en EEUU, Canadá y México. Estados Unidos presentó su candidatura para ser sede de la Copa del Mundo de 2022, pero la FIFA eligió Catar. A los pocos meses el Departamento de Justicia de Estados Unidos y la FBI sacaron a la luz el caso de corrupción conocido como FIFAgate, que acabó con decenas de detenidos. El entonces presidente de la FIFA, Sepp Blatter, dimitió, y su relevo lo tomó el actual Gianni Infantino. Además, la FIFA cambió radicalmente el proceso de elección de la sede de la Copa del Mundo. Después de esto, la candidatura de 2026, de EEUU, Canadá y México, ganó con facilidad a la de Marruecos.

Desde entonces, Trump ha estado utilizando la Copa del Mundo para justificarse a sí mismo y las políticas de su gobierno. El caso más claro quizá fue el que hizo con Messi. Sin tener nada que ver directamente con la Copa del Mundo, pero a pocos meses de su inicio y con el país sumido en ese clima, invitó a los futbolistas del Inter de Miami a la Casa Blanca, y, con Messi al fondo, empezó a justificar el ataque a Irán que llevaron a cabo en colaboración con el Ejército israelí (entre ellos el bombardeo contra una escuela en Ninab en la que asesinaron a 168 personas, en su mayoría niñas) y los ataques contra Cuba y Venezuela, entre aplausos de los futbolistas. En la misma línea se encuentra el trato tan malo y humillante que ha infligido a los iraníes durante toda la Copa del Mundo.

Con todo, si en algo ha destacado este evento es en lo siguiente: ha sido una gran oportunidad de hacer negocio y dinero para las multinacionales y la oligarquía. Más de lo habitual. Por primera vez han participado 48 selecciones en lugar de 32, lo que ha supuesto 40 partidos más que en el ejercicio anterior, con un total de 104. Esto, lógicamente, significa más ingresos en entradas, publicidad, etc. Además, se supone que quieren que en el año 2030 participen en el evento 64 selecciones. Para hacerse una idea de cuál está siendo la evolución, hasta 1982 competían por la Copa del Mundo 16 equipos. En la misma línea, entre las propuestas de Infantino también ha estado jugar la Copa del Mundo cada dos años, en vez de cada cuatro.

Que cada vez es un negocio mayor se ha visto claramente con los cooling break. Obligatoriamente, en todos los partidos, fuese cual fuese el tiempo, se han hecho descansos de entre dos y tres minutos en cada parte, supuestamente para hidratar a los jugadores, pero, realmente, para meter más publicidad en la televisión. Eso significa que han cambiado las reglas del fútbol para que la FIFA recaude más dinero y las grandes empresas hagan más publicidad.

El show del descanso de la final también es una muestra de esa tendencia, de cómo el espectáculo y el negocio están quitando cada vez más espacio al deporte. La industria musical y músicos millonarios acapararon el centro del campo para difundir un mensaje banal y totalmente comercial, ni más ni menos que entorno al mensaje LOVE. Ver a una potencia imperialista que ha bombardeado medio mundo intentando lanzar un mensaje de amor es absolutamente ofensivo.

No es para menos, además, ver cómo la Copa del Mundo sirve para reforzar el chovinismo y, con ello, los proyectos nacionales de las distintas burguesías. Más preocupante resulta en la actualidad, en un momento en el que aumentan las tendencias reaccionarias y fascistas, pues para el desarrollo de esta última constituye la base perfecta un identitarismo banal y carente totalmente de un contenido igualitario o universalista. Un ejemplo perfecto de este peligro es que el nuevo héroe de España, Ferrán Torres, se haya expuesto en las celebraciones con el lema de Trump y la ultraderecha.

La relación que tiene la Copa del Mundo con la violencia machista también es grave. Según los datos publicados recientemente, el día de la final se produjo un incremento del 120% en el número de llamadas al 016, es decir, el número de teléfono contra la violencia machista en el Estado español. Datos similares se han publicado en el Reino Unido: cada vez que Inglaterra perdía en las Copas del Mundo de 2002, 2006 y 2010 la probabilidad de que las mujeres sufrieran violencia machista aumentaba un 38%. Un año más, durante la Copa del Mundo, la violencia contra las mujeres en Inglaterra ha registrado un nuevo incremento, concretamente, el día de la derrota de Inglaterra ante Argentina.

Todo esto y más es lo que tenemos que esperar si finalmente el evento de 2030 también se juega en Donostia y Bilbo. Un sueño de ascensor social y éxito que casi nunca llega para los más pobres y, para los más ricos, un gran arma para llenarse aún más los bolsillos e ideologizar. El fútbol tiene cada vez menos de pasión, de entretenimiento desinteresado y, al fin y al cabo, de deporte, y cada vez más de negocio, de dominación y de capitalismo en general. Este será el fútbol moderno.