En vísperas de sanfermines, hemos tomado las calles de Iruñea contra la violencia machista. Somos conscientes de que las fiestas son uno de los momentos en los que más agresiones sexuales se acumulan. Al igual que en Iruñea ocurre en Bilbo, Baiona o Gasteiz, así como en tantas otras localidades.
Este año, además, se cumplen diez años de un hecho que marcó un antes y un después: el de la violación de una mujer en sanfermines por parte de cinco hombres, entre ellos un guardia civil y un militar español, y también de aquellas movilizaciones en las que miles de personas llenaron las calles. También habrán pasado ya dieciocho años desde que un cirujano adinerado intentó violar a Nagore Laffage y la asesinó.
Estas respuestas multitudinarias no nacieron de la nada, fueron una cadena de sucesos de un ciclo de movilizaciones (Ni Una Menos, Me Too, huelgas feministas y otras muchas luchas a nivel internacional) que contribuyó a situar la violencia machista y la opresión contra las mujeres en el centro del debate público y a ampliar la conciencia de las mujeres.
Los partidos de la izquierda detectaron rápidamente la posibilidad electoral en estas protestas e hicieron sitio en sus programas a la cuestión de la mujer. Entonces, dirigieron a las instituciones todo el afán de lucha que había aflorado; es decir, a esas mismas instituciones que en dichas protestas se señalaban con frecuencia por su carácter machista y clasista. Después vinieron los cambios legislativos, las campañas simbólicas y el vaciar las calles.
Pero la violencia machista no ha cesado. Al contrario, a medida que la lucha contra el machismo ha disminuido y las ideas reaccionarias han ido abriéndose camino, las agresiones a las mujeres se han recrudecido en número y en grado de violencia.
Sin embargo, este no es un mensaje para la desesperanza. Diez años de perspectiva nos han dejado claro lo que tenemos que hacer: lograr que socialmente se vuelva a generalizar la posición contra el machismo y articularla como fuerza política en la dirección de la construcción de una sociedad libre.
Con el objetivo de erradicar el machismo, sigamos convirtiendo la calle en una prioridad de lucha en espacios festivos, pueblos y barrios.