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EIA, una aproximación: a su breve: historia
Dentro de ETA (pm), la idea de crear un frente de masas fue adquiriendo cada vez más fuerza y la conclusión de esos debates fue la creación de EIA (Euskal Iraultzarako Alderdia).
EIA, una aproximación: a su breve: historia
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La escisión de ETA en dos ramas en 1974, la político-militar y la militar, generó dos nuevas estructuras organizativas para llevar adelante los objetivos estratégicos de ETA. El desarrollo de la transición española y la lucha política y militar de las respectivas organizaciones acabaron generando dos movimientos políticos cada vez más separados el uno del otro. Dentro de
ETA (pm), la idea de crear un frente de masas fue adquiriendo cada vez más fuerza y la conclusión de esos debates fue la creación de EIA (Euskal Iraultzarako Alderdia).

En septiembre de 1976, tres meses después de su “desaparición”, las tesis políticas propuestas por Pertur en su ponencia Otsagabia fueron abrazadas por una gran parte de la militancia de ETA (pm). Con la presencia de dos militantes de ETA (m) como observadores, la cuestión de la creación de una organización de ámbito únicamente político y de carácter legal como vanguardia revolucionaria vertebró la VII Asamblea. La función de ETA (pm), de acuerdo a las tesis aprobadas en la Asamblea, se limitaría a desarrollar la lucha armada en beneficio de la estrategia político-militar que debiera adoptar el Pueblo Trabajador Vasco. La lucha armada, según las resoluciones recogidas en acta, “debe de ir en función del nivel y desarrollo general de la lucha de masas” del momento en Euskal Herria. La diferenciación de derechos y deberes establecida entre la organización armada y el futuro “partido revolucionario de la clase obrera vasca” tenía que poner los pilares para la nueva práctica político-militar ante la nueva coyuntura creada tras la muerte del dictador y la nueva fase que se avecinaba. Para la creación de ese frente de masas, ETA (pm) defiende una unidad organizativa en el espacio político que ya se empezaba a conocer como ”izquierda abertzale”.

Con la presencia de dos militantes de ETA (m) como observadores, la cuestión de la creación de una organización de ámbito únicamente político y de carácter legal como vanguardia revolucionaria vertebró la VII Asamblea

La presentación de la Alternativa KAS (Koordinadora Abertzale Sozialista) en agosto de 1976 como “mesa de debate obligatoria entre las organizaciones que lo constituyen” trajo un cambio importante en la coyuntura. EHAS (Euskal Herriko Alderdi Sozialista), ETA (pm) y LAIA (Langile Abertzale Iraultzaileen Alderdia) como fundadores, con el apoyo de ETA (m) y LAB, acordaron un programa de mínimos, que tenía como objetivo ir fijando un programa político de unidad para todo el espectro político de la época. Los ejes principales de esa primera redacción fueron reivindicaciones como la amnistía, las libertades democráticas, la creación de un Estatuto de Autonomía para las cuatro provincias de Hego Euskal Herria o la disolución de los cuerpos represivos.

Esa tendencia hacia la unidad de acción en KAS se vio resquebrajada a los pocos meses de su presentación como Alternativa. Un sector de LAIA, conocido como LAIA (ez), cercano al consejismo, decidió distanciarse de la Alternativa, y unidos a algunos militantes de LAK (Langile Abertzaleen Komiteak), formaron los CAA (Comandos Autónomos Anticapitalistas). Dentro de ETA (pm) se dio la escisión de los Comandos Bereziak.

En ese contexto fue presentado EIA el 2 de abril de 1977 ante 4.000 personas en el frontón de Gallarta (Bizkaia), pueblo con una arraigada identidad obrera. Un núcleo importante de ex-militantes de ETA (pm) formó la primera militancia del partido, asumiendo las principales tareas de dirección. Junto a estos, distintas personas sin vinculación previa a la organización armada, como Francisco Letamendia, “Ortzi”, decidieron unirse al partido. En lo que se refiere al mitin de presentación, sorprendió cómo la realización de un acto político tan multitudinario en Euskal Herria no sufrió una intervención policial, acostumbrado esos años a tener que disolverse en mítines, manifestaciones y reuniones al sonido de sirenas policiales y disparos.

La primavera de 1977 fue especialmente agitada en Euskal Herria. La conflictividad crecía en las fábricas y en las calles. Las distintas reivindicaciones populares, como la amnistía total, gozaban cada vez de un apoyo mayor entre la población, y las manifestaciones tomaron un carácter cada vez más combativo. En la convocatoria de la Semana Pro-Amnistía de mayo, la Policía española asesinó a un total de siete manifestantes e hirió a cientos de personas en diferentes partes de Hego Euskal Herria. Las huelgas de trabajadores se agudizaron, así como las medidas de presión de los trabajadores para materializar sus reivindicaciones. Paralelamente, las elecciones españolas que se avecinaban plantearon en las organizaciones abertzales diversos debates y puntos de vista. Bajo la iniciativa de Telesforo Monzón y con el objetivo de acercar posturas ante el nuevo panorama político y los comicios que se avecinaban, todas las organizaciones abertzales se juntaron en Txiberta (Lapurdi).

La convicción del PNV de presentarse a las elecciones sin condiciones y la postura de ETA (m) y EHAS de subordinar la participación a la amnistía y la libertad política total imposibilitaron una posible unidad de acción entre todo el espacio abertzale. Esa fragmentación derivó en la participación del PNV por su cuenta en las elecciones y la abstención activa exigida por ETA (m). EIA participó en la creación de una coalición que se presentaría a las elecciones

La convicción del PNV de presentarse a las elecciones sin condiciones y la postura de  ETA (m) y EHAS de subordinar la participación a la amnistía y la libertad política total imposibilitaron una posible unidad de acción entre todo el espacio abertzale. Esa fragmentación derivó en la participación del PNV por su cuenta en las elecciones y la abstención activa exigida por ETA (m). EIA participó en la creación de una coalición que se presentaría a las elecciones. Esa participación en las elecciones rompía con la voluntad mayoritaria de la Alternativa KAS y ante la voluntad clara de EIA de participar en los comicios, tuvo que abandonar la Alternativa KAS, abriendo grietas entre los dos movimientos principales dentro de la izquierda abertzale.

La coalición se presentó exclusivamente en Araba, Bizkaia y Gipuzkoa, adoptando el nombre de “Euskadiko Ezkerra”. En Nafarroa, EIA participaría en las elecciones dentro de la coalición UNAI (Unión Navarra de Izquierdas), junto a EMK y la OIC (Organización de Izquierda Comunista), con la voluntad de cubrir el mismo espacio político. En estos comicios, se presentaban en las listas de estas dos coaliciones figuras tan emblemáticas a posteriori de la izquierda abertzale como Periko Solabarria, Iñaki Esnaola o Patxi Zabaleta. Ortzi logró un escaño en el Congreso de los Diputados por Gipuzkoa. En esta misma provincia, EE consiguió otro escaño, en este caso en el Senado para Juan María Bandrés. Los casi 86.000 votos que lograron en Hego Euskal Herria, con dos representantes institucionales, dieron un espaldarazo a la coalición, en la que EIA, desde el inicio, llevaba la voz cantante.

Un mes más tarde de las elecciones, se organizó en Euskal Herria la “Marcha por la Libertad” (Askatasunaren Ibilaldia), una iniciativa plural que contaba con el apoyo particular de EIA, además del resto de organizaciones que apostaron por la abstención en las elecciones. El evento, que contó con la participación de decenas de miles de personas en cada una de las cuatro columnas, fue el momento indicado para la aparición pública de diez militantes políticos vascos, recién extraditados a Bélgica por el Gobierno español tras un paso de varios años en las cárceles españolas. Entre ellos, figuras con gran peso simbólico por su enjuiciamiento en el Proceso de Burgos y a la postre decisivas dentro de EIA y EE como Teo Uriarte o Mario Onaindia, que volvían inesperadamente a Hego Euskal Herria en julio de 1977. Este último, a finales de año, sería elegido en una asamblea general como secretario general de EIA, adquiriendo gran influencia dentro del partido.

EIA adquirió su estatus legal a principios de 1978, tras aceptar unas modificaciones en sus estatutos. Mario Onaindia defendía, en declaraciones a los medios, que era una distinta formulación para unos mismos objetivos, que los resumía en “la disolución del aparato estatal de la burguesía, cara a la formación de un estado vasco”. El cambio principal que tuvieron que recoger en los nuevos estatutos era el borrado de la palabra independencia

La ley de amnistía, trabajada desde principios de año con sectores políticos diversos y aprobada en octubre de 1977 por el gobierno de UCD de Suárez, posibilitó la salida de numerosos militantes de ETA (pm) y ETA (m) de las cárceles. Desde la extradición y posterior vuelta “alegal” a Euskal Herria hasta la salida del último militante de ETA (pm) tuvieron que pasar varios meses de larga espera. Una gran parte de ex-presos políticos decidieron unirse a las diferentes propuestas políticas que florecían en el panorama político. La actividad militar de ETA (pm) tras la creación de EIA se había reducido de manera considerable. ETA (m), en cambio, había aumentado su capacidad militar y con ello, sus acciones militares durante este periodo.

A pesar de no ser la única, una de las razones para que EIA se presentase a las elecciones dentro de coaliciones más amplias era la situación legal del partido. Ilegal en su fundación y durante la celebración de las primeras elecciones españolas, el partido adquirió su estatus legal a principios de 1978, tras aceptar unas modificaciones en sus estatutos. Mario Onaindia defendía, en declaraciones a los medios, que era una distinta formulación para unos mismos objetivos, que los resumía en “la disolución del aparato estatal de la burguesía, cara a la formación de un estado vasco”. El cambio principal que tuvieron que recoger en los nuevos estatutos era el borrado de la palabra independencia.

Una de las cuestiones que vertebraron el año político en 1978 fue la creación del Consejo General Vasco, el órgano preautonómico vasco, el cual tenía como objetivo establecer las bases para el futuro Gobierno Vasco y su respectivo Estatuto de Autonomía. EIA, mediante EE, aceptó esta propuesta y logró añadir a ese grupo a Juan María Bandrés, participando este con una perspectiva constructiva en ese proceso. Esta decisión, dentro de la izquierda abertzale, incrementó la brecha entre los dos sectores; uno representado por EIA-EE, y el otro por la Alternativa KAS, brecha que era cada vez más grande. El rechazo a participar en las diferentes variantes de la reforma institucional por parte de los segundos generó tensiones internas dentro de EIA-EE. Las conclusiones acordadas hace dos años en la VII Asamblea de ETA (pm), de crear un amplio frente revolucionario de masas, parecían totalmente liquidadas. La percepción que existía sobre EIA entre la sociedad como partido rupturista con el régimen capitalista español no era igual que antes y la distancia cada vez mayor con la calle fue razón para el alejamiento de ciertas figuras del partido hacia la recién creada Herri Batasuna, coalición de partidos que asumían la Alternativa KAS y rechazaban la vía autonomista que cada vez más fuerza cogía dentro de EIA-EE. La figura más sonada que abandonó el partido fue el entonces parlamentario por Gipuzkoa en el Congreso español Ortzi, pero otras figuras con peso como Periko Solabarria o Iñaki Esnaola también tomaron el mismo camino. Las siguientes líneas escritas por un militante de base y utilizadas por la dirección del partido para confrontarlas con el objetivo de continuar profundizando en la senda autonomista reflejan la evidente contradicción entre la línea estratégica acordada por la militancia hace escasos dos años y la acción política ejercida por la dirección: “La lógica de la UCD es la de una oligarquía que intenta reorganizar su sistema político mientras que la lógica de EIA es desestabilizar la democracia oligarca, profundizar en las libertades, ir construyendo y consolidando la democracia obrera, poder popular. Es imposible que coincidan EIA y UCD en proyectos políticos inmediatos y es imposible que un proyecto aceptado por la oligarquía refleje intereses populares”.

Las conclusiones acordadas hace dos años en la VII Asamblea de ETA (pm), de crear un amplio frente revolucionario de masas, parecían totalmente liquidadas. La percepción que existía sobre EIA entre la sociedad como partido rupturista con el régimen capitalista español no era igual que antes y la distancia cada vez mayor con la calle fue razón para el alejamiento de ciertas figuras del partido hacia la recién creada Herri Batasuna, coalición de partidos que asumían la Alternativa KAS y rechazaban la vía autonomista que cada vez más fuerza cogía dentro de EIA-EE

Las diferencias políticas y organizativas relativas a Euskadiko Ezkerra no tuvieron consecuencias únicamente dentro de EIA. Debido a discrepancias con la participación en el Consejo General Vasco y su papel secundario dentro de las decisiones de la coalición, EMK decidió ese mismo 1978 abandonar la coalición, quedándose EIA, junto a unos pocos independientes, como integrantes de la coalición.

El protagonismo que las siglas de EE habían tomado en el panorama político contrastaba con la perspectiva de partido de vanguardia para la clase trabajadora vasca que se le había presupuesto a EIA en los meses anteriores y posteriores a su fundación. El “partido de vanguardia” había sido absorbido por una coalición que en la práctica, y más tras las continuas discrepancias con EMK que llevaron a estos a desligarse de la coalición, estaba bajo control del partido. La lógica del pragmatismo y el realismo había hecho desaparecer de la hoja de ruta cualquier aspiración de construir un “estado socialista vasco e independiente”.

Ortzi, a pesar de dejar EIA-EE decidió mantenerse en su escaño durante unos meses, llevando al Congreso de los Diputados distintas reivindicaciones de la clase trabajadora vasca, como la autodeterminación, la defensa del euskara o la construcción de un estado socialista. Al final, decide también renunciar a su escaño tras ser rechazadas en el Congreso sus enmiendas a la Constitución que iba a ser llevada a referéndum. La propuesta constitucional que habían elaborado delegados de los partidos con mayor representación parlamentaria en las elecciones de 1977 (UCD, PSOE, AP, PCE y CDC) se llevó a referéndum el 6 de diciembre de 1978. El apoyo que tuvo la propuesta constitucional en la mayoría de territorios del Estado español contrastaba con la gran abstención a la que tuvo que enfrentarse en territorios como Hego Euskal Herria.
Al no recoger esta las reivindicaciones principales exigidas por la población vasca, diferentes partidos apostaron por la abstención o por el no. En el caso de EIA, apostaron por participar en el referéndum, siendo su postura el no en Araba, Bizkaia, Gipuzkoa y Nafarroa.

El año 1979 sería la confirmación definitiva de la desaparición de cualquier voluntad rupturista. En marzo se convocaron las primeras elecciones generales tras el referéndum constitucional. EE, a pesar de lograr mantener sus resultados (Juan María Bandrés por Gipuzkoa), sufre un duro revés. Herri Batasuna, presentada por primera vez como coalición y sin voluntad de participar activamente en la política institucional de los cuatro años posteriores, le arrebata el liderazgo. La celebración del Segundo Congreso de EIA se dirige a “la adecuación de la línea política a la etapa de lucha por la autonomía”. Con la salida de numerosos militantes el año anterior, no existen grandes discrepancias y se acepta esa nueva hoja de ruta. El equilibrio ejercido hasta ese año entre ETA (pm) y EIA se empezaría a resquebrajar con la ruptura de la tregua que tenía activa la organización armada desde hacía varios meses. La desconfianza política acumulada como consecuencia de la línea reformista ejecutada desde la dirección de EIA se cristaliza en posturas cada vez más distanciadas y críticas respecto al papel de vanguardia que estaba asumiendo el partido. La simbiosis existente hasta entonces entre ambos se rompió con la condena ejercida por Juan María Bandrés contra ETA (pm) tras una acción militar ejercida en Madrid.

Además, pese a defender la dirección del partido y nunca haber renunciado a los principios ideológicos fundacionales del partido, hacen campaña activa a favor del Estatuto de Autonomía de Euskadi, a sabiendas de las posibilidades tan limitadas que ha ofrecido el proceso de elaboración del Estatuto para la autodeterminación. El apoyo de ETA (pm) al Estatuto, a pesar de la tensión creciente con su partido, se materializa con el llamamiento al voto positivo a la población en el referéndum de octubre de 1979, en el que con una abstención del 40%, auspiciada principalmente por Herri Batasuna y ETA (m), sale adelante con un apoyo del 90% de los votos emitidos.

El protagonismo que las siglas de EE habían tomado en el panorama político contrastaba con la perspectiva de partido de vanguardia para la clase trabajadora vasca que se le había presupuesto a EIA en los meses anteriores y posteriores a su fundación. El “partido de vanguardia” había sido absorbido por una coalición que en la práctica estaba bajo control del partido. La lógica del pragmatismo y el realismo había hecho desaparecer de la hoja de ruta cualquier aspiración de construir un “estado socialista vasco e independiente”

La aprobación del Estatuto vía referéndum no apaciguó las aguas dentro del tándem partido-organización armada. Las primeras elecciones autonómicas estaban a la vuelta de la esquina y las acciones militares que planteaba ETA (pm), la cual continuaba sufriendo detenciones y represión, no eran asumibles para la dirección de EIA-EE. La dirección que tomaron esas acciones militares fueron principalmente contra el entorno de UCD, con el objetivo de materializar una serie de exigencias como la anexión de Nafarroa al resto de provincias de Hego Euskal Herria y la liberación de los presos políticos vascos. El resultado de las elecciones autonómicas vascas volvió a confirmar su situación de inferioridad en su pugna política con Herri Batasuna, los cuales prácticamente les doblaron en escaños (6 vs 11) y votos.

Esa ofensiva militar ejercida contra UCD se agudizó tras el paso de las elecciones, y
ETA (pm), a pesar de haber rebajado desde hace tiempo su actividad, ejecuta diferentes acciones. En pleno 1980 se vuelven a suceder las críticas a diferentes acciones ejercidas por ETA (pm), esta vez por parte de Mario Onaindia. Los métodos utilizados por ETA (pm) cada vez le resultan más incompatibles a la dirección del partido para el desarrollo de su práctica política y comienzan a exigir un cese de las actividades militares. Esta brecha, tras un periodo de debate, comienza a cerrarse poco a poco. Seis días después del golpe de Estado de febrero de 1981 ETA (pm) decide declarar un alto al fuego, liberando a los cónsules que había secuestrado semanas atrás.

Las conversaciones entre el Gobierno Español y ETA (pm) que tenían como objetivo la vuelta a la vida civil de la militancia armada se daban en paralelo al proceso de disolución de EIA en Euskadiko Ezkerra, propuesto por la dirección de este mismo partido en el III (y último) Congreso de EIA

El anuncio de la tregua aceleró varios acontecimientos que se desarrollarían los siguientes meses. Las conversaciones entre el Gobierno Español y ETA (pm) que tenían como objetivo la vuelta a la vida civil de la militancia armada se daban en paralelo al proceso de disolución de EIA en Euskadiko Ezkerra, propuesto por la dirección de este mismo partido en el III (y último) Congreso de EIA, ante 700 delegados. La perspectiva de Euskadiko Ezkerra, que pasaría de ser una coalición a construirse como partido, era abarcar un espectro político amplio, vasquista y de izquierdas, queriendo tender puentes con formaciones como el PC de Euskadi o el PNV. Esta resolución del Congreso fue la confirmación definitiva, arrastrada por una práctica política progresiva de integración total en la institucionalidad española, de la renuncia y destrucción de la tarea política que en principio debía de cumplir EIA como vanguardia en pro de la liberación de la clase trabajadora vasca, tal como formuló Pertur en la ponencia de Otsagabia antes de su asesinato.