La guerra de Corea podría considerarse el primer gran conflicto armado tras la Segunda Guerra Mundial, el cual aceleró la reconfiguración del tablero internacional. En ella se vislumbraron claramente los intereses y posiciones irreconciliables del nuevo mundo polarizado en un campo de batalla en el que se enfrentaron abiertamente las fuerzas del bloque comunista contra las fuerzas del bloque occidental, todo esto bajo el temor de la extensión del conflicto a otras zonas y a la sombra del hongo nuclear. En las siguientes páginas se intentarán presentar las claves y acontecimientos históricos más importantes del conflicto de Corea, ubicándolo dentro del marco de creación de la OTAN y cómo la guerra configuró su desarrollo.

Contexto histórico
La península coreana estuvo ocupada desde 1905 por el Imperio japonés hasta el final de la Segunda Guerra Mundial en 1945. Esta península era de vital importancia para el Japón imperial, puesto que la extensión geográfica de la isla es relativamente pequeña y además es pobre en materias primas. Así pues, el cabo coreano representó una colonia de gran valor para el expansionismo japonés, dotado de grandes reservas de recursos (magnesita, carbón, hierro, plomo u oro, por ejemplo, la mayoría ubicadas en el norte) y situado lo bastante cerca a la isla como para contribuir directamente a la industrialización nacional del país, así como por su valor geoestratégico debido a su ubicación entre el Mar Amarillo y el Mar del Japón. De hecho, junto Manchuria y Taiwan, fueron de las pocas colonias que el Imperio japonés industrializó para la extracción y transformación de materias primas a gran escala, producción de bienes semielaborados o maquinaria para otras industrias. En este sentido, se estima que para 1942, solo el 1.5% del capital invertido era coreano.
En la guerra de Corea se vislumbraron claramente los intereses y posiciones irreconciliables del nuevo mundo polarizado en un campo de batalla en el que se enfrentaron abiertamente las fuerzas del bloque comunista contra las fuerzas del bloque occidental, todo esto bajo el temor de la extensión del conflicto a otras zonas y a la sombra del hongo nuclear
EE. UU. también estuvo muy interesado en la península desde los primeros años del incipiente capitalismo en el siglo XIX. En 1882, firmaron con el entonces Reino de Corea un tratado (Treaty of Peace, Amity, Commerce and Navigation) que les otorgó el acceso a los recursos de la península, derechos para el desarrollo de infraestructuras (electricidad y transporte) y un enclave para operaciones en la región de Asia y el Pacífico. Este acuerdo desapareció con la ocupación japonesa.

La maduración de las tensiones imperialistas en el periodo de entreguerras supuso la exacerbación de la opresión y dominación japonesa en la región. La explotación violenta del Estado contra el campesinado y el proletariado urbano vino acompañada de un proyecto nacional japonés con el objetivo de asimilar a las poblaciones de las colonias en el proyecto imperial. En el plano cultural, se prohibió la simbología coreana, se eliminó el alfabeto coreano de la enseñanza y se obligó a modificar los nombres coreanos por homólogos japoneses con el fin de eliminar la identidad nacional coreana que venía forjándose desde el año 1895-96 como respuesta al inicio de la penetración nipona en la península. Por otro lado, en el ámbito político, el Imperio japonés centró sus esfuerzos en reprimir y aplastar el movimiento de resistencia antijaponesa en la que se englobaban el movimiento etnonacionalista de carácter liberal y el movimiento obrero y campesino.
El fin de la Segunda Guerra Mundial desencadenó en Asía Oriental la desintegración del imperio nipón. En concreto en Corea, la URSS y EE. UU. acordaron en 1945, en la Conferencia de Potsdam, entrar desde Manchuria y la costa sur respectivamente
En este contexto de dominación imperial, desarrollo inicial del capitalismo y represión política, la clase trabajadora y el campesinado comienza su andadura poniendo las bases en la construcción del partido de la revolución. El objetivo de este texto no es realizar un análisis marxista del desarrollo del movimiento comunista coreano ni del socialismo juche, sino exponer las claves generales que marcaron la guerra de Corea y los inicios de la OTAN. Con lo cual, en este ámbito, es suficiente con tener en cuenta que la historia del desarrollo del movimiento comunista está marcada por la lucha ideológica entre facciones y la represión por parte del Estado japonés. En 1918 se fundó el Partido Socialista de Corea, el cual tras la bancarrota de la Segunda Internacional se refundó en el Partido Comunista de Corea en 1921 en Shanghái (China). Paralelamente, en Irkutsk (Unión Soviética) se organiza una sección coreana dentro del PCUS. Tras intensos debates, las secciones no logran converger y acaban desintegrándose. En 1925, se funda el segundo Partido Comunista de Corea por rebeldes exiliados en la Unión Soviética. Este partido, una vez asentado en la península, tendrá que hacer frente a la represión de la ocupación japonesa y realizar su actividad en la clandestinidad debido a la Ley de Preservación de Paz que había proscrito los partidos comunistas. En 1928, en el 6º Congreso de la Internacional Comunista, el partido pasa a considerarse sección coreana de la Internacional, pero en ese mismo año se volvería a disolver de nuevo debido a pugnas ideológicas internas. Sin embargo, en la década de 1930, muchos comunistas coreanos se exiliaron a China, desde donde lanzaron operaciones de guerrilla, en alianza con el Partido Comunista Chino, en las montañas de la actual Corea del Norte, dando comienzo a la lucha de guerrillas contra la ocupación japonesa. En el año 1931, comenzó a militar el histórico líder Kim Il-sung, convirtiéndose en una de las cabezas más visibles de la guerrilla. Durante la resistencia antiimperialista, el movimiento comunista consiguió imponerse a los sectores nacionalistas gracias a la lucha prolongada que mantuvieron, lo que hizo que se convirtiesen en fuerza hegemónica y polarizase aún más la resistencia antijaponesa.
Final de la Segunda Guerra Mundial: Cambio de paradigma (1945-1950)
La victoria de los Aliados y la derrota del Eje trajo consigo la apertura de un nuevo paradigma internacional con dos grandes actores sobre el tablero: la Unión Soviética por un lado y Estados Unidos por otro. El primero como vencedor militar y político de la bestia del nazismo, con más de 26 millones de bajas a sus espaldas, y cuya popularidad aumentó gracias al papel decisivo que jugó en la contienda antifascista. Ni qué decir de los partidos comunistas de los países europeos y asiáticos que jugaron un papel de vanguardia contra el fascismo. El segundo como claro aventajado económico al término de la conflagración mundial, gracias principalmente a la entrada tardía en la guerra (1941) y que esta ocurriese en otro continente, lejos de sus fronteras, sin afectar directamente al país. Se calcula que unos 400.000 soldados estadounidenses perdieron la vida en el conflicto, lo que representa un 1% de las bajas totales de la guerra y un 2% de las bajas totales soviéticas.

El fin de la Segunda Guerra Mundial desencadenó en Asía oriental la desintegración del imperio nipón. En concreto en Corea, la URSS y EE. UU. acordaron en 1945, en la Conferencia de Potsdam, entrar desde Manchuria y la costa sur respectivamente. En agosto de ese mismo año, el ejército japonés se rindió al Ejército Rojo en el norte, y en septiembre se rinde a las tropas estadounidenses en el sur, acordando entre ambas potencias dividir temporalmente la península en base al paralelo 38 hasta una futura reunificación. Esta división, defendida por el general Douglas MacArthur, el cual participará posteriormente en la guerra, buscaba dejar Seúl en el lado estadounidense al tratarse de la capital histórica y administrativa de la península y un nodo de comunicaciones. De esta manera, en el norte, en 1946 se funda la República Popular Democrática de Corea (RPDC) con Kim Il-sung a la cabeza, y en el sur se instaura un Gobierno militar liderado por el nacionalista Syngman Rhee, que mantendrá estrechos lazos con la burocracia y la policía de los años de la ocupación japonesa (este sería el único Gobierno legal reconocido por la recién nacida ONU). Cabe mencionar que el Gobierno del sur se conforma en 1948 tras unas elecciones supervisadas por EE. UU. y la ONU en las que se prohíbe la participación de los comunistas.
En el plano militar, la recuperación económica occidental necesitaba de algún tipo de alianza militar, de una asociación que garantizase la seguridad de la Europa en reconstrucción al amparo norteamericano
Paralelamente, con la finalidad de reconfigurar el tablero mundial en favor de la burguesía occidental, y en concreto de la norteamericana, en 1947 Estados Unidos puso en marcha en el plano político la Doctrina Truman y en el plano económico el Plan Marshall. La Doctrina Truman representó el dique de contención ideológico que vino a articular la política interior y exterior futura frente al bloque comunista. Con ella no solo se dividía la concepción del mundo en dos superpotencias incompatibles, sino que se revistió de moralidad al presentar a la URSS (y al comunismo) como la amenaza roja que venía a arrasar con las “libertades de los pueblos libres del mundo”, tal y como dijo Truman en su discurso frente al congreso de EE. UU. en marzo de 1947 para solicitar una partida de 400 millones de dólares en ayuda económica y militar a Turquía y a la monarquía griega, ambas enfrentadas a sus respectivos movimientos comunistas. Por su parte, el Plan Marshall supuso para EE. UU. la mejor manera para mantener las exportaciones norteamericanas al viejo continente, así como la dependencia de los estados europeos occidentales gracias a la compra de los materiales mediante préstamos. Además, era también un medio para garantizar el orden social, ya que reforzaba las instituciones burguesas en la reconstrucción de Europa, dejando fuera de juego a los partidos comunistas. Esto último es importante, ya que las condiciones económicas y sociales de la posguerra ponían las bases para el ascenso del movimiento comunista como una alternativa atractiva, no solo en la Europa occidental sino también en los países de la periferia, a lo que se le añade la legitimidad que les otorgó la resistencia heroica de los partidos comunistas frente al fascismo.
En el plano militar, la recuperación económica occidental necesitaba de algún tipo de alianza militar, de una asociación que garantizase la seguridad de la Europa en reconstrucción al amparo norteamericano. Así pues, en 1949 se firma en Washington el Tratado del Atlántico Norte como carta magna de la OTAN, pero como acuerdo político más que como organización militar. No está de más comentar que esto es la culminación de un proceso que la burguesía europea venía recorriendo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial al margen de EE. UU.. En 1947, Francia y Gran Bretaña firman el Tratado de Dunkerque en base al temor de un hipotético rearme alemán. En 1948, acelerado por los acontecimientos en Checoslovaquia, se culmina el Pacto de Bruselas como acuerdo de seguridad mutuo entre Gran Bretaña, Francia, Holanda, Bélgica y Luxemburgo, y que servirá de base para una alianza transatlántica. A este respecto, son toda una declaración de intenciones las palabras del ministro laborista de exteriores Ernest Bevin de que era partidario de “organizar los Estados occidentales en una unidad coherente”y de que el pacto era el medio para “mantener a los americanos dentro, los soviéticos fuera y los alemanes debajo”.

Al día siguiente de la firma del Tratado del Atlántico Norte, los países firmantes del Pacto de Bruselas piden a Estados Unidos la aprobación de un paquete de ayudas militares de 1.314 millones de dólares. Este paquete albergaba además partidas de dinero para Grecia, Turquía, Irán, Filipinas y Corea entre otros, todas ellas justificadas gracias a la Doctrina Truman. Todo este proceso vino a demostrar que el supuesto orden internacional consensuado nacido en 1945 y cristalizado en la ONU no era más que un cascarón vacío.
Por último, la posguerra también trajo otros cambios particulares en la visión norteamericana militarmente hablando. En primer lugar, la política de defensa comenzó a centrarse en la construcción de una red de bases aéreas y navales a lo largo del globo, aumentando significativamente las capacidades de ejercer su influencia en zonas conflictivas y de interés. Para 1946, EE. UU. ya contaba con bases militares en Birmania, Cuba, Islas Fiji, Nueva Zelanda, Ecuador y Marruecos francés entre otros. Por otro lado, los estrategas yankis decidieron que la tecnología y en específico la aviación y la bomba atómica habían cambiado el arte de la guerra y que, por tanto, para que la fuerza militar occidental fuese un elemento central en el nuevo orden mundial estos puntos debían ser cardinales.

Inicio de la guerra: 25 de junio de 1950
Según el relato oficial occidental, la guerra comienza cuando más de 100.000 efectivos norcoreanos en los que se incluyen tropas soviéticas, con más de 1.400 piezas de artillería y 126 tanques (armamento también soviético), cruzan el paralelo 38 e invaden Corea del Sur con el objetivo de reunificar la península. Según la versión del bloque soviético, la invasión comienza por parte de las fuerzas surcoreanas y norteamericanas desde el sur (tropas previamente establecidas en la península). Al margen del debate historiográfico, la península coreana suponía para la visión occidental, basada en la Doctrina Truman, una zona sensible para la propagación del comunismo, que podía alterar el equilibrio en Asia oriental, así como debilitar a sus aliados (Corea del Sur, Japón, Taiwán y Filipinas). En un discurso el 27 de junio, el propio Truman declaró que “el ataque a Corea dejaba fuera de toda duda que el comunismo ha pasado de utilizar la subversión a conquistar naciones independientes, y que utilizará la invasión armada y la guerra”. A raíz de esto, ordenó movilizar la VII Flota al estrecho de Taiwan, aumentar la ayuda a los franceses en Indochina y al Gobierno proyanqui de Filipinas, que en aquel entonces se enfrentaba a la guerrilla Huk.
Al margen del debate historiográfico, la península coreana suponía para la visión occidental, basada en la Doctrina Truman, una zona sensible para la propagación del comunismo, que podía alterar el equilibrio en Asia oriental, así como debilitar a sus aliados
El ejército norcoreano tomó la iniciativa abriendo dos frentes, uno a cada lado de la península. El 28 de junio, tres días después de iniciar el conflicto, las fuerzas norcoreanas capturan la capital surcoreana en el frente occidental, Seúl, obligando a replegar al contingente surcoreano y yanki a la ribera sur del río Han (afueras de la capital), mientras que, en el frente oriental, son obligados a replegarse. Para el 14 de septiembre, el envite norcoreana fue tal, que la práctica totalidad de la península estaba liberada de la fuerza militar occidental, obligando a estos a establecer una línea de defensa alrededor de la ciudad de Pusan, ciudad costera del sur muy importante en la logística surcoreana. Esto inició la segunda fase de la guerra: la intervención directa yanki y de la ONU.

En el Consejo de Seguridad de la ONU, con el acuerdo de la totalidad de los estados firmantes del Tratado del Atlántico Norte, se decide intervenir en el conflicto en apoyo a Corea del Sur. A las fuerzas estadounidenses ya presentes en el conflicto, se le unieron tropas de Australia, Bélgica, Canadá, Colombia, Filipinas, Francia, Reino de Grecia, Países Bajos, Nueva Zelanda, Luxemburgo, Reino Unido, Unión Sudafricana, Reino de Etiopía, Turquía y Tailandia. Las fuerzas de la ONU, al mando del general MacArthur, desembarcan en la ciudad de Inchon, muy cerca de Seúl tras las líneas enemigas y principal línea de comunicación, lo que rompe el frente de guerra y obliga a las fuerzas norcoreanas a reorganizar sus efectivos de manera repentina. El 25 de septiembre, el general MacArthur y el presidente surcoreano Syngman Rhee, entran en Seúl. Para ese entonces, se estima que las fuerzas norcoreanas contaban con 50.000 bajas y 13.000 prisioneros de guerra. Con las fuerzas muy mermadas, el resto de su ejército se replegó a las montañas del norte, pasado el paralelo 38, y es en este momento cuando comienza la iniciativa occidental sobre Corea del Norte. Gracias a la superioridad numérica, naval y aérea, el avance es tal que en octubre de 1950 logran apoderarse de Pyongyang, ocupando dos tercios de Corea del Norte hasta las inmediaciones del río Yalou en la frontera con la República Popular China fundada un año antes, lo que la obliga a tomar partido de manera directa.

El 16 de octubre de 1950, los primeros elementos chinos cruzan el río Yalou, e inician el despliegue en suelo coreano. Entre las razones de esta intervención está principalmente la relación entre los chinos y los soviéticos. El enfrentamiento ruso-americano directo podía implicar un aumento de las tensiones internacionales (con el aliciente de la amenaza atómica), además de que no era concebible para los intereses soviéticos la caída de la RPDC, régimen que habían ayudado a construir y cuya derrota implicaría la instauración de un régimen abiertamente anticomunista y aliado con los intereses americanos y japoneses en la región, además de ser visto desde fuera como un síntoma de debilidad. Por otro lado, la entrada en la guerra de los chinos conllevaba grandes riesgos. Aparte de la extensión de la guerra a un conflicto regional, la región de Manchuria fronteriza con Corea era una de las zonas industriales más importantes para China que peligrarían con el conflicto. A su vez, esta acción podía desencadenar una ofensiva militar en la costa sur por parte de Taiwán (peligro muy real ya que EE. UU. prohibió la entrada de Taiwán en la coalición militar de la ONU temiendo eso mismo) y la reanudación de una guerra civil sostenida esta vez por EE. UU.. Todo esto hacía tambalear la reconstrucción económica del país, asolada por la ocupación japonesa, la Segunda Guerra Mundial y la guerra civil china. Por todo ello, la solución china para evitar en la medida de lo posible todas las consecuencias mencionadas, fue crear un ejército de “voluntarios” sin las insignias reglamentarias de un ejército. Así pues, de igual manera que EE. UU. usaba el disfraz de la ONU para defender sus intereses, los chinos crearon dicha institución para ocultar sus tropas. Igualmente, esta decisión tensionó la situación hasta el punto de que el general MacArthur propusiese un bombardeo atómico sobre China, solicitud que junto con otras malas decisiones supuso su destitución por parte de Truman, reemplazándolo por el general Matthew Bunker Ridgway.
La entrada de los supuestos voluntarios chinos volvió a desequilibrar la balanza en favor de Corea del Norte. Bajo la dirección del mariscal chino P’eng Teh-huai, las fuerzas norcoreanas avanzaron a lo largo de tres ejes principales, forzando a las fuerzas enemigas a retirarse en dirección a Pyongyang a finales de noviembre, mientras que en el frente oriental se replegaban hacia los puertos de Hungnam y Wonsan. El 1 de enero se lanzó una nueva ofensiva que empujó al frente de las Naciones Unidas hasta Seúl, situándolo a mediados de enero sobre la línea Pyeongtaek–Wonju–Samcheok. El general Ridgway llevó a cabo, con un importante apoyo aéreo, una serie de operaciones muy planificadas que permitieron la recuperación de Seúl el 14 de marzo y el posterior avance del frente nuevamente hacia el norte, hasta estabilizarse en una línea situada a unos 250 kilómetros al norte del paralelo 38.
Estancamiento de la guerra y el armisticio (1951-1953)
Una vez asentado el frente de guerra a lo largo del paralelo 38 en 1951, la guerra se vio estancada hasta el armisticio. Cada bando realizó pequeñas incursiones en territorio enemigo, pero sin lograr arrebatar cantidades importantes de terreno, principalmente por el hastío bélico y porque la movilización de tropas no era tan intensa como en los primeros compases. En esta nueva fase, EE. UU. emprendió una dura campaña de bombardeos sobre Corea del Norte, llegando a lanzar alrededor de 635.000 toneladas de explosivos y 32.000 toneladas de napalm. Los objetivos de estos ataques no fueron únicamente objetivos militares. Entre los objetivos civiles se encuentran 422.000 acres de plantaciones de arroz cercanas a Pyongyang. La finalidad de estos ataques era la creación de escasez de un alimento básico y la consiguiente hambruna para que mermase las filas y la moral del enemigo, obligando a su vez a movilizar tropas a estas zonas y a pedir ayuda a China sobrecargando las rutas de transporte terrestres. También atacaron cinco presas de agua en varias ciudades norcoreanas, incluida la capital, con el mismo objetivo: inundar las urbes y anegar los campos de arroz.

Durante los dos años que duró el estancamiento de la guerra, ambos bandos trataron de entablar negociaciones, hasta que el 27 de junio de 1953 se firma el armisticio de Panmunjom, con el cual se le dan fin a las hostilidades, pero no a la guerra. Por parte del bando comunista, los firmantes fueron Kim Il-sung y Nam Il en nombre de Corea del Norte y P’eng Teh-huai en nombre del Ejército Popular de Voluntarios Chinos. Por parte de las fuerzas occidentales, el general Mark W. Clark y el teniente William K. Harrison Jr. representaron a los Estados Unidos y las Naciones Unidas. Aunque la República de Corea estuviese instaurada desde 1948, durante esos años no era más que un apéndice de Washington y estos firmaron por ellos. Así pues, el armisticio vino a consumar la división de la península en dos, manteniendo las causas iniciales del conflicto inmutadas. Con la división, se creó la Zona Desmilitarizada de Corea, la cual es una línea de demarcación militar creada en torno al último frente de guerra y que define una zona intermedia de contención.
La principal consecuencia del conflicto en este aspecto fue acelerar la militarización de la OTAN, poniendo las bases para su constitución en organización militar
En el caso particular de Corea del Sur, ésta pasó a ser un Estado con cierta autonomía y soberanía, pero completamente dependiente de las estructuras y estrategias militares estadounidenses, tal y como ocurrió también con Taiwán y Filipinas. La península será desde entonces un enclave muy importante para los intereses yanquis en la región de Asia y el Pacífico, principalmente como base en la Guerra Fría contra la URSS. Tal es la subordinación a los intereses de EE. UU., que en caso de guerra con la RPDC sería el mando militar norteamericano quien tome el control operativo, escalando el conflicto al nivel de EE. UU.-Corea del Norte.

De la alianza política a la organización militar
Aunque la recién creada OTAN no tomase parte directa en el conflicto, la Guerra de Corea influenció significativamente en su desarrollo. La principal consecuencia del conflicto en este aspecto fue acelerar la militarización de la OTAN, poniendo las bases para su constitución en organización militar. Al igual que con la Segunda Guerra Mundial, este conflicto tuvo su impacto en el ámbito político, económico y militar.
Políticamente, los norteamericanos afirmaron que los intereses de las dos grandes potencias en pugna eran irreconciliables, con lo que, en los primeros compases de la guerra en 1950, el sucesor en el departamento de Estado de EE. UU. Paul Nitze, junto con sus asesores, elaboraron el informe NSC-68. Este informe declaraba que el enemigo soviético no era posible contenerlo políticamente, y que la victoria vendría de la vía militar. No solo esclarecía una posición que venía fraguándose desde la época de entreguerras, sino que además edificaba un marco ideológico al presentar a EE. UU. como una sociedad idealizada, representante de la libertad y la tolerancia que estaba siendo amenazada por el “autoritarismo del comunismo”. Esta nueva visión tuvo su efecto en los países occidentales, los cuales aceptaron sin dudar la idea de que, si los soviéticos utilizaron a Corea del Norte para desestabilizar Asia, lo mismo podría ocurrir en el Viejo Continente, comprando el informe NSC-68 como modelo de estrategia política.

En el ámbito económico, el desembarco yanki en Corea del Sur justificó el inicio del aumento sin precedentes del gasto militar en el país norteamericano. En 1950, el gasto militar estadounidense era de 13.000 millones de dólares (el 4.8% del PNB), mientras que, al finalizar el conflicto en 1953, el gasto se elevó a los 48.700 millones de dólares, un 13.5% del PNB. Los países miembros de la OTAN, al adscribirse a la política del NSC-68 y tras mandar tropas a Corea, también elevaron su gasto militar de alrededor de 25.000 millones de dólares al inicio de la guerra, hasta los 60.000 millones en 1953, todo esto a los pocos años de un conflicto bélico a escala mundial que arrasó los países europeos.
Todos estos acontecimiento y cambios bautizaron a la OTAN como una organización militar preparada para defender sus intereses de clase allá donde sea
Militarmente se dieron bastantes pasos que marcaron la constitución de la OTAN en organización militar. En primer lugar, en 1950 el Consejo Atlántico decide poner todas las fuerzas militares del Tratado bajo la comandancia suprema del general estadounidense Eisenhower, lo que inicia una costumbre que se mantiene hasta la actualidad, ya que todos los comandantes han sido yankis. Tras ello, en 1951 se crearon el Comité de Defensa y el Comité de Defensa Económica y Financiera con delegados permanentes de todas las naciones, y se conformaron también tres cuarteles estratégicos que representan en conjunto la base estratégica de la OTAN: el Mando Aliado en Europa (ACE), el Mando Aliado en el Atlántico (ACLANT) y el Mando Aliado en el Canal (ACCHAN). Por otro lado, la OTAN continuó extendiendo su influencia y organización geográficamente. En 1952, se integraron la Grecia monárquica y Turquía, los cuales se habían beneficiado de la Doctrina Truman, y enviaron efectivos militares a Corea. En 1955, la República Federal Alemana ingresa oficialmente en la Alianza Atlántica, al margen de los intereses de Francia, como una clara apuesta de rearme alemán en pos de reforzar las posiciones de la OTAN en la Europa Central. En Asia oriental, EE. UU. promovió el Pacto de Manila de 1954, que dio lugar a la Organización del Tratado del Sudeste Asiático (SEATO), mientras que en Asia Central impulsó el Pacto de Bagdad de 1955, del cual surgió la Organización del Tratado Central (CENTO). Esto le permitió desplegar bases militares estratégicamente situadas en las cercanías de la Unión Soviética, Corea del Norte, Vietnam del Norte y China. Por otro lado, el culmen llega con la Doctrina New Approach, oficializada mediante el documento del Comité Militar MC 48 de 1954, que plantea la preponderancia de las armas atómicas como principal vector de la fuerza militar con el fin de disuadir a la URSS. A partir de 1957, comienzan a desplegarse armas nucleares tácticas en suelo europeo bajo el control único de mandos norteamericanos.
Así pues, todos estos acontecimiento y cambios bautizaron a la OTAN como una organización militar preparada para defender sus intereses de clase allá donde sea. En aquellos años iniciales, la influencia de los yankis se extendía plenamente sobre Europa occidental. El continente, aún herido, se apoyaba en Washington tanto para sanar su economía como para resguardar su seguridad. En ese contexto, la dependencia era tal, que la voz que marcó el rumbo de la OTAN era esencialmente la de Estados Unidos.