Actualmente, se está dando un claro auge del racismo en nuestras sociedades. El racismo se da a distintos niveles, y no es algo exclusivo de su principal conductor, es decir, de la extrema derecha. De igual manera, el racismo, así como las posturas racistas, se muestran en distintas modalidades y maneras. El objetivo de este texto es aportar ciertas claves sobre el racismo, observar las posiciones de diferentes partidos europeos y del Estado español, y analizar y rebatir, a su vez, algunos de los principales bulos racistas.
APUNTES SOBRE EL RACISMO Y LA OPRESIÓN RACIAL
El racismo, como fenómeno moderno, está inevitablemente ligado a los inicios del capitalismo, en concreto al colonialismo y su posterior fase imperialista, cuando los países europeos, siendo la vanguardia del Capital, subordinaron al resto de países del mundo, imponiendo a sus habitantes una posición de dominación. Así, la opresión racial se fue materializando como una forma de dominación del capitalismo.
A pesar del final de la fase colonialista y la pérdida del control directo de las periferias, las potencias de la era imperialista han seguido reproduciendo la subordinación de las periferias, es decir, valiéndose de su superioridad industrial y financiera, han adecuado el sur global a sus necesidades. Entre otros, dirigen a estos países a la explotación de las materias primas, la agricultura o las industrias simples de baja cualificación, mientras que les ahogan con deudas. Es así cómo las potencias capitalistas han acumulado riqueza a costa de las periferias.
Dirigen a los países de la periferia a la explotación de materias primas, la agricultura o las industrias simples de baja cualificación, mientras que les ahogan con deudas. Es así cómo las potencias capitalistas han acumulado riqueza a costa de las periferias
En ese sentido, se podría decir que la opresión racial se conforma de tres aspectos generales. El primer aspecto sería la división racial del trabajo, mediante el que los trabajadores de las periferias se mantienen en estratos más bajos, sufriendo los regímenes de explotación laboral más crudos y siendo condenados a la mera supervivencia. Su destino es la pobreza crónica, la esclavitud y la muerte.
El segundo aspecto lo conformarían las formas de dominación particulares para perpetuar dicha división, que, al fin y al cabo, se basan en la suspensión parcial o total de los derechos de estos trabajadores. Encontraríamos así, entre otros, los sistemas de apartheid o segregación, los mecanismos específicos de control y represión, y los regímenes dictatoriales, todas ellas herramientas políticas para perpetuar la división racial de trabajo y la brutal explotación que trae consigo.
Por último estaría la ideología racista como expresión ideológica de la opresión racial; dicho de otra manera, el marco ideológico que justifica, normaliza y sistematiza la opresión racial y cumple con la función de naturalizar la opresión de las trabajadoras de las periferias.
Para ello se desarrollaron las expresiones biologicistas de las ideologías racistas, que muestran ciertas características biológicas como justificación de esa subordinación. Las características físicas fueron de los mecanismos más efectivos para llevar a cabo la división racista, estableciendo como marcador de opresión racial el color de la piel, entre otros elementos. Aun así, hay contextos que dificultan la justificación según las características físicas o biologicistas, por lo que se ha pasado de utilizar argumentos biologicistas a dar más peso a las interpretaciones etnicistas, poniendo en el centro las diferencias culturales y religiosas.
Aproximación a la situación actual
La opresión racial y las ideologías racistas son herramientas para mantener el poder burgués. A pesar de estar dirigidos hacia trabajadores racializados, son un ataque contra toda la clase trabajadora, pues resulta en la fragmentación de dicha clase y encrudece la explotación económica; así, fortalece la posición dominante de la burguesía mientras debilita la de los trabajadores. El racismo, como opresión estructural, es parte del sistema de dominación de la burguesía, sobre todo de la oligarquía imperialista.
En el caso de la oligarquía europea, son las dinámicas de acumulación de la oligarquía financiera quienes determinan la configuración concreta de la opresión racial según las necesidades del momento. Las medidas dirigidas hacia las trabajadoras racializadas van actualizándose, tanto las externas (explotación y dominación de la periferia) como las internas (migraciones y trabajadores racializados autóctonos, es decir, los trabajadores que se van a insertar en los procesos de trabajo del centro imperialista).
En este artículo, abordaré el tema desde la perspectiva de las migraciones, pues ese es el elemento sobre el que pivota el auge de las ideologías racistas. De hecho, las políticas y los discursos sobre la migración no apuntan, de manera abstracta, hacia todas las personas extranjeras. Al contrario, van dirigidas específicamente contra los trabajadores racializados de las periferias; basta con ver que los refugiados de Ucrania o los grandes inversores no generan ninguna polémica. En este sentido, hay que entender las políticas migratorias como muestra de la opresión racial, ya que se basan en la división racial del trabajo y la suspensión de los derechos.
Hay que entender las políticas migratorias como muestra de la opresión racial, ya que se basan en la división racial del trabajo y la suspensión de los derechos
Por último, hay que entender que las ideologías racistas sobre la migración también crean las condiciones para intervenciones imperialistas o para atentar contra los trabajadores racializados autóctonos.
CONTEXTO EUROPEO
Antes de aterrizar en la situación del Estado español o Euskal Herria, debemos identificar la proyección de Europa en este asunto.
Desde la década de los 50, Europa ha integrado trabajadores de las periferias de manera estable en su economía, hasta el punto de convertirse en parte significativa de ella. Además, estas poblaciones han cobrado aún más peso por las tendencias demográficas negativas de Europa. Aun así, al contrario de lo que dicen los fascistas, no existen ni fronteras abiertas ni un modelo migratorio permisivo. A partir de la década de los 90, los estados europeos han ido tomando medidas para limitar y controlar los flujos migratorios. A continuación, intentaré esbozar una descripción general del contexto actual.
Las economías europeas no se han recuperado de las consecuencias de la crisis de 2008, tales como el endeudamiento, la pérdida de la productividad o las crisis políticas. La gota que ha colmado el vaso has sido que Europa ha perdido su posición de entre las potencias imperialistas, debido, entre otros aspectos a las tensiones con Rusia y EEUU. Es verdad que la economía europea necesita a las personas migradas, pero también es verdad que el futuro de su economía es más bien inestable. Por otra parte, existe la creencia bastante justificada de que la crisis y la pobreza mundial serán la causa de grandes flujos migratorios. El pico migratorio tras la guerra de Siria puso a los países europeos ante una cruda realidad. Las consecuencias de las guerras y miserias del imperialismo les estallaron en las manos, en forma de medio millón de personas migradas.
En consecuencia, la perspectiva de Europa se está adecuando a este contexto en el que, a pesar de que es necesario mantener (y recrudecer) la explotación sobre la migración en las economías del centro, también se deben endurecer los mecanismos de control sobre esta población. La situación actual se puede resumir así: personas migrantes sí, para una economía debilitada, pero demasiados migrantes potenciales para una economía debilitada.
El nuevo pacto sobre migración y asilo
Las políticas migratorias europeas han puesto el foco en el control y la gestión de los flujos migratorios. Su mayor ejemplo es el nuevo pacto de asilo, donde se ve la proyección de Europa para los años siguientes. Me gustaría centrarme en tres aspectos.
El cambio de las políticas de asilo y la expulsión rápida de migrantes
Los países europeos han tomado medidas para acelerar la expulsión de las personas migrantes en situación irregular, enfocándose sobre todo en la figura del solicitante de asilo. El 20-40% de las personas migradas en situación irregular optan por la vía del asilo (en el Estado español, el 40-50%). Las últimas reformas aportan más medios para denegar el derecho al asilo. Como ejemplo, se ha ampliado la lista de terceros países seguros (incluyendo, entre otros, a Colombia y Marruecos), que recoge la competencia de denegar automáticamente la solicitud de asilo a todas las personas que transcurran por estos países. Además, estas medidas llegan en un contexto en el que la violencia de los estados está a la orden del día, y proporciona mayor cobertura legal a estas acciones (como por ejemplo los “push-back” o las “devoluciones en caliente”).
Los países europeos han tomado medidas para acelerar la expulsión de las personas migrantes en situación irregular, enfocándose sobre todo en la figura del solicitante de asilo. El 20-40% de las personas migradas en situación irregular optan por la vía del asilo
El endurecimiento de los medios de control
El nuevo pacto profundiza en nuevas tecnologías de control y en la militarización de las fronteras. Por una parte, refuerza organizaciones militares como Frontex. Por otra parte, la industria tecnológica militar extrae enormes beneficios, ya que es promotora y beneficiaria de las políticas migratorias.
Políticas de externalización
Se puede entender como una rama de la militarización de las fronteras, pues es un intento de aumentar el control sobre las rutas migratorias. Por ejemplo, fuera del espacio europeo, se está apostando por el establecimiento de cárceles y centros de control de las personas migrantes. Por otra parte, hay que recalcar que en este tipo de centros se ataca constantemente a las personas migradas a través de la tortura, violaciones y condiciones de semiesclavitud.
Coordenadas actuales del racismo: la islamofobia
Las políticas migratorias adaptan el racismo según las necesidades actuales de Europa. Las políticas de migración tienen como objeto sobre todo a los y las trabajadoras del Este o de África. Esta tendencia es muy visible si observamos los espacios en los que ha habido una mayor extensión de tecnología militar y violencia. En este sentido, el tipo de racismo que se reproduce con las políticas de migración actúa sobre todo en contra de las personas provenientes del Este, árabes y magrebís, y ha ido tomando la forma de islamofobia. Esto no significa que los demás sectores racializados no sufran las consecuencias de estas políticas, pero, hoy por hoy, el foco está sobre todo sobre las poblaciones mencionadas.
POSICIONES POLÍTICAS DEL ESTADO ESPAÑOL
El bloque político principal (el PP y el PSOE)
En el Estado español, nos encontramos con un abanico de partidos políticos que siguen esta política, cada cual representando determinados intereses de clase. Pese a sus diferencias, todos pivotan sobre la agenda europea, en la medida en que se sostienen sobre la posición imperialista de Europa.
Desde la Transición, el Estado español ha sido gobernado por dos partidos, que al mismo tiempo están insertados en los dos bloques principales del equilibrio europeo. En este sentido, el PP y el PSOE son los partidos principales de la burguesía y la clase media del Estado, y operan en sintonía con la oligarquía europea, subordinándose a ella.
En cuanto al Partido Popular, debemos decir que su agrupación europea a sido quien ha ostentado la presidencia de la Comisión Europea en los últimos 20 años. Dicho de otra manera, el Partido Popular es parte de la agrupación política principal de la burguesía europea, encabezada por la CDU alemana.
Así, la posición del Partido Popular gira en torno a dos ejes ya mencionados, siendo ejemplo de ello su propuesta migratoria: reconoce la necesidad de explotación económica de las personas migrantes y reivindica los recortes de derechos y aumento de control, proponiendo el fin del sistema de arraigo, la eliminación de regularizaciones extraordinarias y medidas como un sistema de puntos para la clasificación personas migradas. Su único criterio es la rentabilidad económica. Su posición se encuentra en sintonía con la de Alemania y Europa: el control prevalece sobre los derechos.
El PSOE también sigue la misma estela, promoviendo el uso económico de las personas migradas, pero haciéndolo, además, con muchos más límites y condiciones. El Gobierno de Sánchez y los socialistas europeos defienden y aplican la agenda de la UE; es más, han formado parte de distintas agrupaciones que han dado pasos importantes contra la migración.
Aun así, el PSOE ha hecho ciertos gestos engañosos a nivel de la política estatal, entre otros, la regulación extraordinaria y su voto en contra del último acuerdo dentro del pacto de asilo. En ambos casos, el PSOE ha querido erigirse como referente a favor de la migración ante el giro reaccionario de Europa. Sin embargo, detrás de estos ejemplos no hay ninguna posición antirracista, sino más bien otro tipo de intereses.
En el asunto de la regularización, el PSOE se ha aprovechado de la polarización en el Estado para representar una pantomima abanderada por él, para así fagocitar los partidos pequeños de izquierdas y acumular el apoyo de sus votantes. En realidad, ha guardado la regularización extraordinaria en un cajón, sustituyéndola por una reforma de la Ley de Extranjería, que, además, añade obstáculos a la vía de asilo (en sintonía con el pacto europeo y siendo el Estado español el país que más solicitudes de asilo deniega).
Y el voto contra el pacto no viene de su postura opuesta al pacto; al contrario, lo ha defendido firmemente. La cuestión es que los cambios que se proponían en esta última votación eran perjudiciales concretamente al Estado español. Al fin y al cabo, el voto negativo no ha sido más que un intento de sufrir lo mínimo posible en la aplicación del pacto, una maniobra para regatear las partidas presupuestarias de Europa y recibir su apoyo.
Y tras tanto trilero, juego y disfraz no se esconde ningún carnaval, sino balas. Marlasca utilizó argumentos humanistas para justificar ese voto, pero su ministerio abrió unos meses atrás cárceles para el control de las personas migrantes en Mauritania o una macroCIE en Algeciras. Esto es lo que se esconde tras las políticas del PSOE: la misma tendencia que el PP. El programa de la oligarquía europea, adornado de bonitas palabras.
Esto es lo que se esconde tras las políticas del PSOE: la misma tendencia que el PP. El programa de la oligarquía europea, adornado de bonitas palabras
En conclusión, todos estos partidos del centro sostienen la agenda racista adaptada a los retos actuales de la Europa imperialista. Así, en España, el PP y el PSOE son los mayores representantes del racismo estructural que impone la oligarquía europea. El PNV y Junts también se encuentran en esas mismas coordenadas, como muestran algunas propuestas recientes donde los dos partidos autonomistas han negociado las competencias y las partidas presupuestarias para el uso económico y el control de las personas migrantes.
El nuevo socio del bloque principal: el fascismo (VOX, Aliança Catalana, etc.)
Pero hay otra razón por la que se está poniendo un mayor énfasis en el control: el crecimiento y el impacto del nuevo fascismo, pues es innegable que el fascismo se ha convertido en una parte cada vez más importante del panorama político.
Mediante el fascismo, se canaliza la desesperación de una clase media en proceso de proletarización y de ciertas capas de la burguesía, que, ante la decadencia imperialista de Europa y tras el deseo de mantener sus privilegios nacionales, se atrincheran en el nacionalismo y la reacción. Así, una de las funciones principales del nuevo fascismo es espolear y canalizar la deriva reaccionaria, para así acelerar la agenda autoritaria de Europa.
Así, estas corrientes materializan la versión más radical del racismo. Impulsan las medidas más duras, difunden constantes bulos racistas e inducen a movilizaciones callejeras. VOX y sus homólogos europeos y estatales, cada cual en su estilo, intentan difundir una perspectiva supremacista sobre la migración, centrada sobre todo en la islamofobia.
La extrema derecha no es un lobby que opera desde fuera, sino una fuerza completamente integrada en la proyección estratégica de Europa. Tanto es así, que las dos principales agrupaciones europeas que incluyen a partidos de extrema derecha (ERC y Patriots for Europe) son la tercera y cuarta fuerza, y se encuentran en el Gobierno en algunos estados (por ejemplo, en Polonia e Hungría). En el caso de Meloni también se ve claramente que, lejos de ser una rara avis, es una figura importante integrada en la dinámica Europea, más aun gracias a su afinidad con Trump.
Ese es el panorama general; así, el círculo se va cerrando. El PP y el PSOE, como principales partidos, aplican el programa de la oligarquía europea, buscando un equilibrio entre el uso económico de la migración y su control, inclinando la balanza hacia el segundo. La inclinación de la balanza es representada por el fascismo, que no solo es consecuencia de las estrategias o propagandas electoralistas. De la misma manera en que la policialización de la sociedad se traduce en la incorporación de más policías, la generalización de la solución autoritaria lleva a más fascistas al poder.
Los socios secundarios externos al bloque principal (Podemos, Sumar, EH Bildu, ERC, etc.)
Para terminar, tendríamos a los partidos de la izquierda reformista. Según ellos, el asunto del racismo se limita a la cuestión de derechos civiles y discursos racistas; así, como mucho, proponen reformas y señalan discursos racistas. Sin embargo, no cuestionan la base de la opresión racial, es decir, la posición imperialista de Europa, siendo ese el marco que posibilita la aplicación de su programa interclasista. En consecuencia, no tienen ningún programa para superar la división racial del trabajo o la dominación racial, por lo que, al final, el racismo se les cuela de una manera u otra.
En este sentido, se encuentran cada vez más fuera del bloque político dirigente que va cerrándose, pues siendo su marco de aplicación la posición imperialista de la UE y de sus estados, tienen cada vez menor margen de maniobra. Los sueños por un capitalismo inclusivo van mermando, y estos partidos quedan atrapados entre las dos tendencias principales.
Por una parte, ante la agenda autoritaria de los estados y la tendencia reaccionaria de la base social de la clase media, se suman a la corriente general para no quedar fuera de juego, corriendo el peligro de acercarse al sentido común racista y buscar sintonía con la agenda antimigración europea. Un claro ejemplo sería ERC, que se ha apropiado de ciertos eslóganes que justifican la agenda contra la migración (por ejemplo, asociando migración con inseguridad).
Por otra parte, a medida que aumentan las contradicciones, aumenta también la desconfianza hacia la farsa del reformismo de una parte de la base social de estos partidos, en la que se encuentran, entre otras, asociaciones de personas migrantes o trabajadoras del sector social, colectivos que, a fin de cuentas, mantienen un compromiso antirracista consecuente. Así, hemos visto intentos de mantener o atraer a estas masas de votantes mediante máscaras de radicalidad, intentando capitalizar la preocupación sobre el racismo, por ejemplo, por parte de Podemos.
Por último, nos encontramos con posiciones intermedias, como la que representa EH Bildu. Este, al mismo tiempo que reproduce ciertos tópicos racistas (como cuando Otegi afirmó que hace falta migración para ocuparse de trabajos secundarios), intenta mantener una apariencia antirracista. Al fin y al cabo, como su proyecto actualizado se basa en competir con el PNV, se apropia de algunos de sus discursos reaccionarios. Asimismo, sus miembros han intentado mostrar una imagen radical del partido para tratar de bloquear la expansión de sectores revolucionarios de izquierdas que están fuera de su control (como el Movimiento Socialista). Toman una postura completamente electoralista ante racismo; es decir, se inclinan hacia un lado o hacia el otro según les convenga. En este sentido, considero que EH Bildu ha tomado una posición bastante tibia respecto al racismo; mientras no haya conflictos de gran dimensión, intentará situarlo en un segundo plano, y cuando la situación estalle, improvisarán.
IDEOLOGÍA Y SENTIDO COMÚN RACISTA
Este contexto tiene su traducción en la ideología y cultura occidentales. No es casualidad que según las últimas encuestas del CIS o el Euskobarómetro haya crecido la preocupación social sobre la migración, lo cual no significa que esta preocupación no haya sido inducida. Las declaraciones de los políticos, el bombardeo mediático, la vorágine reaccionaria de las redes sociales y los movimientos fascistas se han encargado de difundir tópicos, bulos y estereotipos para justificar las medidas contra las personas migradas en este tiempo de actualización y difusión del sentido común racista. Pero no se nos puede olvidar que este proceso no se da meramente en el plano discursivo, sino que se trata de una ideología enraizada en una tendencia estructural.
Las declaraciones de los políticos, el bombardeo mediático, la vorágine reaccionaria de las redes sociales y los movimientos fascistas se han encargado de difundir tópicos, bulos y estereotipos para justificar las medidas contra las personas migradas en este tiempo de actualización y difusión del sentido común racista
A continuación, trataré de analizar algunos tópicos y bulos y confrontarlos desde la perspectiva comunista.
“Vienen a aprovecharse”
Antes de nada, hay que recordar que las causas de la migración yacen en la sociedad capitalista y las potencias imperialistas, es decir, que estos flujos migratorios no existirían si el centro no acumulara riqueza y en las periferias no hubiera pobreza, inestabilidad, guerras o crisis climáticas. Además, solo un pequeño porcentaje de las trabajadoras forzadas a migrar consiguen desplazarse fuera de su continente; por lo tanto, en comparación con la necesidad real, son relativamente pocos quienes se pueden “aprovechar” de Europa.
Las políticas de la UE, precisamente, trabajan para ahondar en ese aspecto, intentando subordinar a los migrantes y las migrantes a criterios económicos para que estas personas no se aprovechen de la economía de Europa, sino que sea la burguesía quien se aproveche de ellas. Y, en realidad, así esta siendo: mientras que las personas migradas suponen un 40% de los nuevos puestos de trabajo del Estado, solo el 11% recibe ayudas sociales (cuando conforman el 18% de la población, incluyendo a quienes tienen la nacionalidad). A esto hay que añadirle que las personas en situación irregular no tienen acceso a gran parte de las ayudas.
Por otra parte, debemos considerar que cuando obtienen una tasa mayor de ayudas es porque estos sectores padecen niveles más altos de pobreza, no por que sean migrantes, por mucho que así lo afirmen los fascistas. Es más, la mayoría de las ayudas que reciben son contributivas, es decir, corresponden al trabajo por el que previamente han cotizado.
Por último, ante quienes dicen que generan un empeoramiento de sueldos y condiciones, no olvidemos que se incorporan a trabajos con un alto nivel de precariedad. No es que la presencia de migrantes haya empeorado dichos sectores, sino al revés: son las pésimas condiciones de estos sectores las que han posibilitado la incorporación de estas personas. Las personas migrantes no vienen a aprovecharse y no empeoran la economía nacional: al contrario, están subordinadas a los criterios de los capitalistas.
Este bulo sirve para canalizar el malestar generado por la proletarización de la clase media y la disminución salarial, situando a las personas migrantes como responsables de la mala situación económica, en vez de poner el foco en los capitalistas y los políticos. Se puede decir que el atrincheramiento nacionalista de los últimos años refuerza este bulo racista, pues recalca que las personas migrantes no pueden beneficiarse de la economía local y deben seguir siendo pobres sin derechos.
El bulo que dice que las personas migrantes vienen países del centro imperialista a aprovecharse sirve para canalizar el malestar generado por la proletarización de la clase media y la disminución salarial, situando a las personas migrantes como responsables de la mala situación económica, en vez de poner el foco en los capitalistas y los políticos
Desde la óptica del proletariado internacional, identificamos la bajada de los salarios dentro de la ofensiva económica de la burguesía, al igual que el empeoramiento de servicios o prestaciones; es decir, son las políticas de austeridad y el aumento de precios causado por la inflación las causantes de esta situación. Siendo esto así, es necesario impulsar la unión de la clase trabajadora (local y migrada) para organizar luchas efectivas contra esta ofensiva. Las posiciones reaccionarias de la clase media traen consigo una posición antiinmigracion que, en consecuencia, mantiene a la clase trabajadora fragmentadas y en complicidad con la burguesía. Llenar las filas de la reacción o prender la chispa del comunismo: ahí está la clave.
“Generan delincuencia e inseguridad”
Para alimentar el fantasma de la inseguridad, hay una frase que se repite en muchas entrevistas de televisión o publicaciones de Internet: “Me vais a perdonar, pero siempre son los mismos”. Me parece un buen ejemplo del sentido común que se está creando. Yo lo traduzco así: “Me vais a perdonar (que sea racista), pero todos los delincuentes son migrantes”. No afirman que todos los migrantes sean delincuentes, pero sí que todos los delincuentes son seguramente migrantes.
Esto es completamente falso, y así lo confirman los datos (las personas “autóctonas” cometen al rededor del 70% de los delitos). Por otra parte, sabemos que en la base de la delincuencia se encuentran la pobreza, las desigualdades sociales y la exclusión, y no el origen o la cultura de las personas migrantes. Este es, al menos, el carácter de la mayoría de los delitos que se señalan este tipo de discursos: entre otros, los robos o las ocupaciones son delitos estrechamente relacionados con las necesidades económicas. Al contrario, no se habla de la misma manera de la burguesía, los políticos y sus aliados, a pesar de ser ellos quienes cometen los mayores crímenes contra la clase trabajadora.
Sabemos que en la base de la delincuencia se encuentran la pobreza, las desigualdades sociales y la exclusión, y no el origen o la cultura de las personas migrantes
Por ello, señalamos que en los casos en los que las personas migradas tienen una tasa mayor de delitos, las razones principales tras esos delitos se encuentran en la exclusión y la pobreza, pues aunque las personas migradas tienen una mayor tasa laboral, también tienen mayores tasas de pobreza y desempleo. Debido a la división racial del trabajo, se encuentran en puestos con peores condiciones, en trabajos informales y con grandes tasas de temporalidad; por ende, tienen mayor probabilidad de terminar en situación de pobreza.
Por otra parte, hay que recalcar el carácter racista del aparato represivo del Estado. Los reglamentos específicos (los CIE, las leyes de expulsión, etc.) y las tasas de pobreza alimentan su persecución. Para las fuerzas policiales, las personas migradas se convierten en delincuentes potenciales, y hay estudios que demuestran que proceden a la identificación según su perfil racial. Aparte de esto, hay un evidente acoso específico hacia las personas migradas en los aparatos judiciales, lo cual se ve reflejado, por ejemplo, en los altos porcentajes de migrantes encarcelados en régimen preventivo, a pesar de su baja tasa de reincidencia.
Aun así, los árboles no nos pueden ocultar el bosque. La mayoría de quienes cometen delitos no son personas migradas; es más, en muchos casos, estos sectores tienden a evitar actos delictivos por su situación irregular. Además, según los datos y en contra de lo que dicen los fascistas, la tasa de delitos se encuentra en sus mínimos históricos; en resumidas cuentas, en una época en la que el número de personas migradas es más alto que nunca, la delincuencia convencional se encuentra en cifras más bajas que nunca, a pesar de que hayan aumentado algunos tipos de delitos.
Este discurso, al fin y al cabo, es un medio para justificar la represión y el control sobre las personas migradas: están controladas o encarceladas porque son potencialmente delincuentes. Además, el discurso de la inseguridad justifica las medidas contra la totalidad de la clase trabajadora, entre otros, la intensificación del control social y la policiarización de las calles.
“Pertenecen a una cultura reaccionaria”
Ante esta falacia, el elemento que hay que subrayar es que hoy en día todas las expresiones culturales o étnicas están subordinadas a la lógica capitalista, y que, por lo tanto, se adecúan a las necesidades de los capitalistas y clases medias. Siendo esto así, no tiene sentido realizar un ensalzamiento abstracto de una cultura nacional o decir que algunas son más reaccionarias que otras en esencia. Desde una perspectiva comunista, debemos adoptar una posición política ante las expresiones culturales, confrontando los elementos capitalistas y reaccionarios de cada expresión cultural y manteniendo características no reaccionarias. En este sentido, por encima de las diferencias culturales, los comunistas y las comunistas apostamos por la unidad de clase.
Centrándonos en el contenido de este bulo, se dice que la población musulmana es más reaccionaria. Sin embargo, las actitudes que se les reprochan no son propias de la cultura musulmana. Es más, para demostrar este supuesto carácter reaccionario, se utilizan declaraciones de corrientes fundamentalistas. No obstante, los musulmanes y las musulmanas de clase trabajadora no buscan reforzar el fundamentalismo; al contrario, este está siendo utilizado como una herramienta para su opresión. Además, en cierta medida, estas corrientes han sido impulsadas por el imperialismo occidental, como claramente se puede ver en el ejemplo de Afganistán.
A pesar de que la reacción, a nivel mundial, también tiene su representación en países musulmanes, no es un elemento exclusivo de estos. Es más, son los reaccionarios y fascistas de Occidente quienes constantemente atribuyen actitudes machistas a las poblaciones musulmanas, cuando son ellos mismos quienes impulsan a más no poder la versión europea de la reacción (machista y misógina), o quienes, mientras utilizan las agresiones sexuales cometidas por migrantes para expandir su racismo, callan ante las altas tasas de agresores entre las fuerzas policiales. Como ya he mencionado antes, los comunistas y las comunistas combatimos toda actitud reaccionaria, venga de donde venga.
A pesar de que la reacción, a nivel mundial, también tiene su representación en países musulmanes, no es un elemento exclusivo de estos. Es más, son los reaccionarios y fascistas de Occidente quienes constantemente atribuyen actitudes machistas a las poblaciones musulmanas, cuando son ellos mismos quienes impulsan a más no poder la versión europea de la reacción
Este bulo supone un paso más en el disciplinamiento de las personas migradas, y, sobre todo, de los trabajadores musulmanes, pues, mediante este mecanismo, además de criterios económicos también se establecen criterios culturales (explícitamente racistas) para justificar su exclusión.
Por último, entendemos que las culturas nacionales no son homogéneas en sí; es decir, son producto de la relación entre diferentes culturas. Así, la unión de trabajadores de diferentes orígenes debería ser un medio para respetar y alimentar la diversidad cultural, también en el caso de culturas minorizadas como la nuestra. Al fin y al cabo, los principios comunistas son la única alternativa para ello, pues la lógica capitalista siempre utilizará diferencias culturales para crear enemistades entre la clase obrera.
Del racismo al supremacismo
El sentido común racista actual toma forma con estos bulos, que son los componentes principales de esta ideología. Como consecuencia, se dice que hay que mantener en la pobreza a quienes vienen a aprovecharse; como son delincuentes, hay que mantenerlos reprimidos, y como forman parte de una cultura reaccionaria, lejos. El mensaje que se esconde tras este aparente sentido común es claro: que se mantengan en un nivel inferior, o que se vuelvan a sus países. Pero en un lado u otro de la frontera les aguarda el mismo destino: la pobreza, los peores trabajos, la cárcel o la muerte.
En lo que se refiere al supremacismo, me gustaría aclarar que, cuanto más se expanda el sentido común racista, más eco van a tener las opiniones supremacistas. Hasta ahora, las personas migradas pueden ser respetadas siempre que se mantengan como sujetos subordinados (si son migrantes “buenos”); sin embargo, las posiciones supremacistas las identifican directamente como enemigos y distorsionan la realidad con un odio irracional: son, según ellos, sectores de la clase trabajadora que, más que subordinada, debe ser directamente destruida. En consecuencia, se alientan ataques contra las personas migradas desde estas posiciones.
Por eso me parece importante prestar atención al tema: las ideas supremacistas no son simples ideas, sino que tienen implicaciones prácticas. Son ideas que impulsan a los sectores de la sociedad civil a tener una actitud más activa, abriendo el camino al escuadrismo y a los pogromos. Es más, poco a poco, también van poniendo en el punto de mira quienes defienden a los obreros racializados (entre otros, a militantes antifascistas y comunistas). Por lo tanto, supone una radicalización de las posiciones racistas y una férrea defensa de la fragmentación de la clase obrera y la jerarquía social del capitalismo.
PROPUESTA REVOLUCIONARIA
Ante este panorama, me gustaría compartir ciertas reflexiones sobre cómo materializar la alternativa comunista también en el ámbito de la opresión racial y el asunto del racismo.
Con lo mencionado, el fin del racismo solo llegará con la articulación de una estrategia revolucionaria hacia la destrucción del capitalismo y su estrategia imperialista. En la medida en que las propuestas interclasistas se sostienen sobre la posición imperialista de Europa, estas propuestas necesitan de su vigencia, y, así, de la perpetuación de la opresión racial. De poco sirven las declaraciones radicales de la izquierda reformista, menos aún en este momento en el que el margen de la realización de las reformas se ha reducido enormemente a causa de la decadencia imperialista. Solo el proletariado revolucionario dispone de la potencia política y el programa histórico para la superación de esa sociedad y sus opresiones. En este sentido, la independencia política es la única vía para superar la opresión racial.
Por ello, es imprescindible la articulación de una organización revolucionaria que sea independiente de los estados y los partidos, es decir, la construcción del partido comunista, así como la hegemonización del comunismo entre el proletariado. El partido comunista actúa inevitablemente desde una perspectiva internacional, siendo la unión de los trabajadores y las trabajadoras del mundo un principio para su actividad. Por lo tanto, es necesario expandir la organización independiente de trabajadores y trabajadoras en todas las capas del proletariado, sea cual sea su origen o cultura, al tiempo que se deja de lado el nacionalismo representado por las clases medias, y actuar en sentido internacionalista.
Si la unión revolucionaria es imprescindible para la superación de la opresión racial, la articulación contra la opresión racial también es imprescindible para la consecución de esta unión. Es decir, debemos confrontar todas las ramas que profundizan en la fragmentación de la clase trabajadora, aunque la capacidad concreta para ello esté condicionada por las fuerzas de cada momento. Así, creo que, por un lado, debemos denunciar y confrontar las políticas imperialistas del Estado, así como defender las luchas de las trabajadoras de la periferia. Un buen ejemplo sería la lucha de los últimos años a favor de Palestina. Por otro lado, deberíamos luchar contra la división racial del trabajo y la falta de derechos que sufren los trabajadores racializados, es decir, articular la autodefensa socialista a favor de los derechos y las condiciones de vida de la clase trabajadora en su conjunto, y entre ellos las de las personas migradas. Por último, debemos hacer una labor ideológica contra los discursos racistas (vengan de donde vengan), y fortalecer la lucha contra sus manifestaciones más extremas, es decir, el fascismo.
Como reafirmación del potencial emancipador del programa comunista, me gustaría terminar el artículo con estas palabras del militante afroamericano Harry Haywood: “Ya en una sexta parte del mundo, en la Unión Soviética, los trabajadores y campesinos han establecido su propio gobierno. Han liberado a todas las nacionalidades oprimidas que gemían bajo el azote capitalista de los zares. Hoy, en la Unión Soviética, 132 pueblos a los que se les había enseñado a odiar o desconfiar los unos de los otros están cooperando en plena igualdad social y política por la construcción de una sociedad socialista. Allí, los trabajadores han destruido la mentira capitalista del ‘odio racial’ y la ‘inferioridad racial’. Cualquier trabajador que muestre cualquier vestigio de este veneno capitalista es expulsado de las fábricas, como dos ingenieros estadounidenses han aprendido hace poco. Los trabajadores soviéticos nos han mostrado a los trabajadores estadounidenses, negros y blancos, un glorioso ejemplo y la verdadera vía.”
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