Hace un siglo, Mussolini encarceló a Antonio Gramsci para "impedir que aquel cerebro funcionara". Ahora, 100 años después, el gobierno de Meloni ha hecho desaparecer a Marx y Gramsci del temario de la asignatura de filosofía. Aunque pueda parecer paradójico, no se me ocurre mejor modo para evidenciar el concepto principal que desarrolló el referente marxista italiano, el de hegemonía cultural: la clase dominante, para imponer su poder, se vale no sólo de la coerción, sino también del consenso social, hegemonizando una determinada concepción del mundo que entendemos como "sentido común". Para ello, no duda en omitir, tergiversar o falsear sucesos históricos, sobre todo los que van de la mano del proletariado revolucionario.
No es la única noticia de este tipo que hemos visto últimamente; este mismo otoño, en el estado de Florida de EEUU, han impuesto clases anticomunistas. Quieren presentar el comunismo como una ideología perversa y un proyecto asesino para evitar que las ideas a favor del socialismo se extiendan entre la juventud, ahora que el capitalismo ha entrado en una profunda crisis sin precedentes. Medidas tan explícitas como esta nos llaman la atención y encienden todas las alarmas, por supuesto. Pero no puedo evitar preguntar: aunque nosotros supuestamente no hemos recibido ninguna lección de anticomunismo, ¿cuántas de nosotras hemos trabajado el marxismo correctamente en la escuela? ¿A cuántas nos hablaron de Gramsci?
De forma más o menos evidente, la burguesía aprovecha las instituciones que tiene bajo su control para consolidar su dominación. Y una de las instituciones fundamentales para intervenir en la educación de la clase trabajadora y en la construcción del sentido común es el sistema educativo capitalista. Se habla poco de esto, pero la burguesía se esfuerza constantemente en mutilar las capacidades políticas de la clase trabajadora en el seno de esta institución y dejar al proletariado sin referentes, sin historia, sin rumbo. Junto a ello, nos dan la chapa una y otra vez para naturalizar la organización social capitalista y venderla como benigna y eficaz. También aquí. Por eso mismo, la educación es una rama de lucha más dentro del campo de batalla de la hegemonía, que está en permanente tensión y al que los comunistas no podemos renunciar.
La crisis capitalista está apretando cada vez más al proletariado de todo el mundo y todo parece cambiar rápidamente; todo menos la dominación de la burguesía. Necesitaremos toda herramienta de clase para llevar a cabo nuestro deber histórico; debemos asumir con responsabilidad la formación política de nuestra clase, aprovechando todas las posibilidades que tenemos para ello: tanto el marco de formación formal a la que está expuesta la clase trabajadora durante largos años, como los espacios propios surgidos de la organización independiente de la clase trabajadora: espacios organizativos, la Herri Unibertsitatea, seminarios, sesiones de debate, grupos de lectura, jornadas y un sinfín de ejemplos, que son de vital importancia para la formación política de la clase obrera. Recordemos las palabras de Gramsci:
Instrúyanse, porque tendremos necesidad de toda nuestra inteligencia. Agítense, porque tendremos necesidad de todo nuestro entusiasmo. Organícense, porque tendremos necesidad de toda nuestra fuerza.