IKUSPUNTUA / Represión
Redada contra el antifascismo en Iruñea

Una redada, lo sabemos perfectamente en Euskal Herria, es un ataque represivo planificado y consciente con el fin de destruir un movimiento. 28 detenciones realizadas ocho meses después no son para hacer pagar indemnizaciones ni la responsabilidad civil; están hechas para castigar, intimidar, desarticular a la militancia.


Sin embargo, este golpe no lo han planificado los mecenas de ultraderecha de Quiles, sino el PSOE. Tanto desde el gobierno de Navarra como desde el ministerio del interior de Marlaska, no permitirán semejante antifascismo contundente. Para reivindicar el voto útil antifascista o para que las propias juventudes del PSN celebren la victoria contra Quiles están ahí, claro, dispuestos al antifascismo estético. Pero enfrentarse directamente a un agitador fascista promocionado y financiado por la ultraderecha está fuera del campo de la ley, de estos pseudodemócratas. Es demasiado peligroso; al fin y al cabo, si legitiman eso, ¿dónde estaría el límite de la radicalización?


Esta pose pone en serios aprietos a todo aquel que siga el modelo de "antifascismo" del PSOE. Para que los falangistas no paseen por Gasteiz, ¿cuál es una opción más segura: la movilización del 12 de octubre o la esperanza de que los jueces se lo prohibieran y los policías hicieran cumplir dicha prohibición? Se afligen de la conocida esterilidad de la segunda, pero necesitan detener y castigar a la primera para ser fieles a la legalidad.


Alto y claro: estas las respuestas antifascistas como las de Iruñea o Gasteiz no sólo mantienen alejados físicamente a los fascistas, sino que los expulsan ideológicamente. ¿Por qué el fascismo es minoritario en Hego Euskal Herria? ¿Por qué el PNV teme aliarse con la ultraderecha? Porque Ynestrillas tuvo que irse cuando vino; porque al fascismo aquí se le ha golpeado sin piedad.


En cambio, más allá de denunciar las detenciones, vacilar en legitimar este antifascismo nos deja sin armas frente a los partidos, medios, asociaciones, abogados, agitadores, etc. forrados de dinero del fascismo. Así, si no nos decidimos a defender el compromiso político de estos jóvenes antifascistas que han sido secuestrados en la escuela y el trabajo, solo queda el camino Gabriel Rufián: pasar de la noche a la mañana del antifascismo estético más teatrero a comprar el discurso de la ola reaccionaria.