La muerte de un joven neonazi en Francia ha levantado polémica. El joven, que es un reconocido fascista, murió en una pelea cuando se disponía a destrozar un acto a favor de Palestina y cuando le hicieron frente los antifascistas. Como era de suponer, fascistas y ultraderechistas de toda Europa han reivindicado al hombre como si fuese un héroe, incluso como si fuese una víctima. Mientras tanto, los demócratas que actúan en nombre de la moderación pero están mucho más cerca de la derecha que de la izquierda se han lanzado a criminalizar el antifascismo. Y es que dicho antifascismo se encuentra en estos momentos en una situación de vulnerabilidad, expuesto a las respuestas de los fascistas y a la criminalización del Estado.
Los fascistas se disponían a atacar un acto del partido de Mélenchon. Y la muerte del joven se produjo durante los enfrentamientos que se originaron cuando un grupo de antifascistas lo impidieron. Mélenchon ha preferido, antes que defender a los antifascistas que protegían su acto, alejarse de ellos, dando pie a su criminalización. La socialdemocracia no es de fiar. En estos casos queda claro, además, que los partidos del centro-liberales están mucho más cerca del fascismo que del antifascismo. Si le dedicaran a hacer frente al fascismo la mitad del tiempo que le dedican a la criminalización del antifascismo, estaríamos en otra situación, seguro. Liberalismo y fascismo van de la mano en la defensa del capitalismo, y también en la represión contra el anticapitalismo. También es sabido que el fascismo no ha hecho mas que crecer de la mano de la socialdemocracia y de la derecha liberal.
¿Qué representa el fascismo y qué representa el antifascismo? Para hacerse una idea, los fascistas de Lyon se disponían a hacer frente a un acto a favor de Palestina. En Palestina, en los últimos tres años, cerca de 70.000 personas han sido asesinadas por los sionistas. Por si fuese poco, los fascistas querían evitar, a través de la fuerza, la solidadirad con Palestina. El fascismo es la cara más cruda del capitalismo; contra la clase trabajadora, contra las mujeres, contra los inmigrantes. El antifascismo de calle, en cambio, está formado por grupos que combaten la violencia de dicho fascismo, aún siendo conscientes de que el Estado dejará sin protección a los movimientos anticapitalistas. Frente a la ofensiva fascista, el antifascismo defiende los derechos de la clase trabajadora; los derechos a la organización y a la movilización, entre otros. La violencia fascista es ignorada por los Estados, y más aún: en algunos casos, la apoyan. Por lo tanto, el antifascismo es una herramienta necesaria para la clase trabajadora, si queremos defendernos.
Nos solidarizamos con el antifascismo del Estado francés, así como con el de toda Europa. Porque no es fácil resistir frente a la ofensiva del fascismo allí donde el antifascismo está en minoría. Aunque en Euskal Herria la amenaza del fascismo es cada vez más evidente, nuestra situación no es comparable a la que existe en muchos países europeos. Toda esta valentía es un ejemplo para nosotros. Si algún día ganamos, será gracias a todos los que estuvisteis dispuestos a dar la cara en estos momentos difíciles.