La situación de Cuba es muy grave. Los apagones y la escasez de combustible se han convertido en una realidad habitual y están dañando todos los ámbitos de la vida cotidiana: el transporte, el acceso a los alimentos y al agua, la sanidad, la educación, etc. Todo ello es consecuencia de las políticas aislacionistas y criminales que EEUU ha llevado a cabo contra Cuba desde la revolución. En los últimos años, Trump ha intensificado el bloqueo, y desde que el pasado 3 de enero entraran por la fuerza en Venezuela y secuestraran al presidente Nicolas Maduro y a Cilia Flores, además de asesinar a 32 soldados cubanos, la amenaza de una intervención militar se ha visto renovada.
El bloqueo estadounidense ha impedido a Cuba participar en el comercio mundial con normalidad y en igualdad de condiciones con el resto de países, y ha condicionado por completo el desarrollo del proyecto socialista. Hasta la disolución de la Unión Soviética, sin embargo, el impacto del bloqueo se veía minado considerablemente gracias al apoyo del bloque socialista y también, al menos en parte, a las alianzas estratégicas con la Venezuela de Hugo Chávez. Hoy en día, Cuba está más aislada que nunca. Por un lado, por la situación internacional del comunismo, pero, sobre todo, porque le han endurecido el bloqueo: el gobierno de Trump incluyó a Cuba en la lista de países que apoyan el terrorismo y comenzó a utilizar las multas, las restricciones y la presión contra todos los países del mundo con los que Cuba mantenía relaciones. Esta medida y la ofensiva imperialista sobre Venezuela provocaron la casi nula llegada de combustible a la isla.
A pesar de estas condiciones, históricamente Cuba ha alcanzado altas tasas de bienestar: no solo lograron erradicar la pobreza extrema y el analfabetismo, sino que además es un referente de desarrollo científico, tecnológico y cultural a nivel mundial. Qué decir de la sanidad. Hoy por hoy, y en la situación más cruel de la historia del bloqueo, mantiene muchos indicadores de bienestar en mejores niveles que EEUU, como la tasa de alfabetización y la mortalidad infantil, y la esperanza de vida de los ciudadanos es casi idéntica en ambos países. A pesar de ello, es obvio que las condiciones de vida de los cubanos se han ido deteriorando a medida que la URSS caía y se endurecía el bloqueo de EEUU.
Volviendo al tema del terrorismo, es un gigantesco ejercicio de cinismo que la potencia imperialista que ha extendido el terror, la guerra y la opresión por todo el mundo acuse de apoyar el terrorismo a un país que es referente de libertad, dignidad y solidaridad. No hay más que ver, si no, en qué lado se encontraba cada uno de ellos en los procesos de descolonización de los años 60 y 70. Para acabar con el apartheid de Sudáfrica, por ejemplo, fue imprescindible la intervención militar de Cuba, a favor de los procesos de independencia de África; mientras que EEUU, junto con el Reino Unido, apoyó el apartheid hasta el último momento. Mandela dijo que Cuba fue de los únicos países que ayudó a África sin esperar algo a cambio.
La del internacionalismo consecuente puede ser una de las lecciones más importantes que nos ha dejado la Revolución cubana. Basándose en el lema del Che de sufrir y sentir las injusticias como propias en cualquier parte del mundo, sus brigadas médicas y guerrilleros llegaron a todos los rincones de América del Sur y África, dando un ejemplo perfecto de internacionalismo. Y así lo entendía también gran parte del proletariado mundial, solo hay que ver la bienvenida que tuvo Castro en aquel barrio afroamericano de New York en 1960.
Ahora, cuando Cuba lo necesita, nos toca al resto llevar a la práctica esa lección internacionalista, al menos en la medida de nuestras posibilidades. Por eso los comunistas denunciamos el bloqueo criminal que está sufriendo Cuba, y lo haremos también si sigue intensificándose o si se produce alguna intervención militar e imperialista, como hicimos en el caso de Venezuela e Irán. Pero, además, es necesario hacer también lo que esté en nuestras manos para romper el bloqueo y, en ese sentido, debemos tejer redes de solidaridad. Dejemos ver a los cubanos que no están solos, y a las autoridades norteamericanas que estamos en contra de su injusto y genocida orden mundial.
La burguesía yankee nunca ha perdonado a los comunistas que aquella pequeña isla caribeña se convirtiera en un referente internacional de lucha, humanidad y desarrollo; hubieran preferido que hubiera seguido siendo un gigantesco resort para ellos, condenando a los cubanos a la miseria y la explotación. El propio Marco Rubio parece tener una especie de obsesión personal por derrocar el gobierno, condenando a millones de personas a la pobreza y el hambre si es necesario para lograrlo. Pero, más allá de eso, esta nueva ofensiva contra Cuba tiene su lugar en la actualizada doctrina imperialista de los EEUU, relacionada con la decadencia del bloque imperialista hegemónico y la obstaculización del desarrollo de nuevas potencias.
De hecho, lo que estamos viendo en los últimos meses es que EEUU quiere apropiarse y asegurar su control sobre todo lo que considera su área de influencia. Quiere someter todo el continente americano, el Caribe y alrededores al orden mundial de Washington, asegurándose las materias primas e impidiendo cualquier desenvolvimiento que China o Rusia puedan tener en el continente. Venezuela es un buen ejemplo de ello, pues el secuestro del presidente le ha permitido saquear el país, y en la misma lógica se sitúan las amenazas a Groenlandia o Colombia. La mano que tiende la administración de Trump a Cuba no es más que un cruel chantaje. Quiere que destruyan instituciones de participación y gobernanza construidos durante décadas, así como el acceso universal a la sanidad, educación y demás. Junto con el retroceso en desarrollo social y cultural, exige que unos pocos puedan hacer negocios millonarios gracias a ello. De no aceptar, la alternativa es la guerra, al igual que en Venezuela o Irán.
Parece que el gobierno cubano tiene poco margen de negociación si no se somete y cambia su sistema político, y que el único idioma que habla el águila del imperialismo es el de la fuerza, ahora más que nunca.
Sigamos organizando la solidaridad con Cuba, en palabras y hechos, y sigamos denunciando el terror que ejerce el imperialismo en todas sus formas. Es imperativo construir una referencia internacional para los trabajadores, en forma de organizaciones de masas y partido comunista primero, y estados socialistas después. Son necesarios agentes políticos que trabajen en defensa de los intereses del proletariado y según pautas universalistas. Ello comienza por hacer nuestras las lecciones internacionalistas que Cuba ha dado. De lo contrario, la clase trabajadora está condenada a quedar subsumida bajo los intereses de la burguesía de uno u otro país, en este mundo donde la guerra imperialista se expande.