Recientemente ha habido varios episodios destacables de huelgas nivel global: la huelga general del 8 de enero en la India movilizó a 250 millones de personas y el 5 de diciembre Francia comenzó la que está siendo la huelga general más larga de su historia reciente, desde mayo del 68. En 2018, los profesores de Estados Unidos comenzaron un movimiento huelguístico de grandes dimensiones, y en 2019 hubo una huelga masiva de General Motors. En México, 70.000 trabajadores se movilizaban en Matamoros, y en los últimos años Amazon se las tuvo que ver con huelgas coordinadas entre obreros polacos, alemanes y del Estado español. En cuanto a Euskal Herria, ha habido una importante huelga del sector del metal vizcaíno, y en unos días habrá una huelga general, la primera desde el ciclo de huelgas generales de principios de la década anterior.
Sin embargo, a pesar de que se nos enciendan los ánimos, las tendencias globales no son uniformes, y hay que tener cuidado con cómo se leen los acontecimientos, ya que no se pueden meter tan fácilmente en un mismo saco. Mi intención es, pues, analizar los movimientos huelguísticos a nivel europeo, sobre todo los más recientes.
CARACTERÍSTICAS Y TIPOS DE HUELGA
Anteriormente, las huelgas generales eran una especie de “acto unificador de un periodo de lucha de clases”, como diría Rosa Luxemburgo1. Se refería a que la conflictividad de años o incluso décadas (huelgas parciales, de ramo, locales…) confluía en enormes huelgas de masas. Por tanto, advertía Rosa, no surgían por decreto, ni se llamaban de un día a otro, sino que estaban precedidas de otros movimientos de clase. A modo de ejemplo las numerosas huelgas de solidaridad2, como la de Potasas en Iruñerria, o la de Etxebarri, a principios de los 70, que desembocaron en huelga general. Otra cuestión que menciona Rosa es que las huelgas de masas (o generales si se quiere) son una escuela de lucha, en tanto que se clarifican los bandos -a lo que contribuye sin duda la represión-, a la vez que se practica la cohesión y organización de amplias masas.
El carácter de las huelgas depende, entre otros factores, del estado del capitalismo en un país dado. A lo largo de la historia ha habido distintos tipos de huelgas (Losovsky categoriza hasta 133): con los primeros sindicatos, durante el capitalismo ascendente, se trataba de levantamientos desesperados, y posteriormente, en la antesala de la 1ª Guerra Mundial, las huelgas iban encaminadas a mejorar las condiciones de vida del proletariado, pero dentro del marco capitalista. Las huelgas donde primaba el carácter económico solían tener por objetivo conseguir unas demandas concretas, acabando con la vuelta al trabajo. Por otro lado, las huelgas políticas podían estar dirigidas a conseguir libertades concretas: el sufragio o el reconocimiento de organizaciones obreras ilegalizadas (el movimiento cartista en Inglaterra en el s.XIX). Solían dirigirse contra el órgano ejecutivo de la clase capitalista: el gobierno, más que a un patrono o un grupo de ellos. Me gustaría destacar también las huelgas generales revolucionarias, políticas y de masas, características del periodo decadente del capitalismo. Planteaban el derrumbamiento del poder burgués, siendo la antesala de la insurrección, como Asturias en 1934.
LA ACTUALIDAD
A día de hoy, en Europa, las huelgas generales se suelen convocar contra un gobierno, por lo general a nivel nacional4, para protestar contra sus propuestas de reformas5. Los sindicatos convocantes se presentan, pues, como importantes para los gobiernos, en tanto que pueden influenciar los resultados electorales. Por eso movilizan el descontento social (cuanto más impopulares sean las medidas más seguimiento habrá), a menudo cerca de las elecciones.
Suelen parecer una gran manifestación de poder de los sindicatos que las convocan. Sin embargo, hay gato encerrado; la representatividad de los sindicatos integrados en el estado en Europa tras la 2ª Guerra Mundial está en declive y necesitan tratar de recuperarla; el aumento de conflictividad global no se ha traducido necesariamente en un aumento de su representatividad, y aunque algunos ven crecer su afiliación, la tendencia está a la baja. Sin embargo, eso es lo que les otorgaba poder de negociación; a menos representatividad, menos poder.
Este declive viene de hace un tiempo; primero, dichos sindicatos participaron en lo que podríamos llamar “pactos sociales”, donde colaboraron con los gobiernos para implementar ciertas medidas de austeridad, a cambio de concesiones en las negociaciones (por ejemplo, abaratar el despido a cambio de limitar la temporalidad del trabajo). Pero, tras la recesión de 2008 y la crisis de 2009, la capacidad de movilización de los sindicatos estaba mermada, al igual que su afiliación. Frente a un “adversario” así, la burguesía no tenía por qué contar con ellos para los mencionados “pactos sociales”. Ante ello, se hicieron más frecuentes las huelgas generales (donde prima la movilización en la calle más que el paro de la economía), mientras que bajaba el número de huelgas en los centros de trabajo.
Jane McAlevey explica que, desde 2008, predomina la dimensión simbólica en las huelgas de occidente (por ejemplo, en las huelgas contra la austeridad). Los síntomas se aprecian en la falta de innovación en las tácticas, cada vez más ritualizadas: piquetes que no buscan ser efectivos, fijación desmedida con parar el consumo en detrimento de otras esferas económicas determinantes -como la producción-, manifestaciones-procesión… ya sea por costumbre, o porque la efectividad es secundaria frente a la espectacularidad y que, por tanto, en realidad de igual lo que estemos haciendo mientras parezca que hacemos algo.
De hecho, frecuentemente, dichas tácticas están subordinadas a la política parlamentaria. En otras palabras, una huelga general puede servir para los intereses concretos de un grupo político de cara a sus rivales –o aliados-. Rosa Luxemburgo ya preveía por donde podía ir la dimensión política de algunas huelgas: “la huelga de masas subordinada al parlamentarismo, se convierte en un mero apéndice del parlamento".
NUEVAS TÁCTICAS
La huelga sigue siendo una de las herramientas obreras por excelencia, pero también deberían revisarse las tácticas que se despliegan, más aún cuando la organización del trabajo está sufriendo cambios a escala global: relocalizaciones, maquinización, informatización o recomposición de la clase obrera. La espectacularidad que antes mencionábamos viene de la mano de la renuncia a un aspecto clave, que potencialmente puede darse en una huelga general: el control obrero sobre el territorio. Parar la economía en su totalidad implica afrontarla en sus distintas dimensiones, más allá de la esfera de la producción inmediata: Hay un poder excepcional en su bloqueo o interrupción de la logística, las cadenas de suministros, los flujos de mercancías o los transportes. En definitiva, la ordenación del trabajo actual, en su gran complejidad, y muestra un flanco vulnerable en la circulación mercantil. Así lo demuestran las huelgas de la logística en Italia (Bolonia, 2012,2013) o de los ferroviarios en Francia (Châtillon, 2019).
Otro aspecto a estudiar es el suministro energético. En esta huelga general, los trabajadores franceses han cortado el suministro energético (nuclear, de carburante) o han reeditado algunas prácticas6 de las autoriduzzione italianas de los 70’: bajar el precio de las tarifas de la luz, reconectar a familias pobres a la red eléctrica… A la vez, aprovechan con gran inteligencia el control que pueden ejercer para desconectar comisarías, empresas o intendencias. En ambos casos –logística y energía- se ensaya el control obrero en clave territorial.
CONSIDERACIONES FINALES
- Las huelgas generales más “exitosas”, en el sentido de que logran las reivindicaciones que proponen7, son las que se oponen a unas políticas concretas –o grupo de éstas-, especialmente cuando va a haber elecciones. Por el contrario, si pretenden abarcar mucho, tienden a no conseguir nada (“contra la austeridad”, “contra el neoliberalismo”, como en Grecia). No se trata de limitarse solo a lo inmediatamente posible, sino de ser conscientes de que esos objetivos no se consiguen con movilizaciones masivas de un solo día, como han demostrado los acontecimientos recientes.
- La huelga debería funcionar bajo la premisa de la unidad obrera8. Para ello la huelga ha de construirse desde la solidaridad, superando las divisiones. De poco sirve que hagan la huelga los que ya están organizados si no participan las capas más vulnerables del proletariado. Los sectores con mejor posición para la lucha deberían cubrir las espaldas a los que peor están, -despido más fácil, sin papeles…- y desarrollar juntos una estructura con capacidad de mantenerse durante el tiempo (para lo que serían muy útil recuperar las cajas de resistencia).
- En ese sentido, también será necesario articular al sujeto del proletariado más allá de lo inmediatamente laboral y la empresa (pensionistas, estudiantes, parados, amas de casa…), pero sin renunciar a ello, ya que son esenciales para paralizar la economía –y tal vez aprender a tomar su control, en clave territorial-. Asimismo, las nuevas tácticas no deben ser excusa para escaquearse del trabajo de organización de masas. Me gustaría aclarar también que la unidad obrera (aspecto cualitativo) no es lo mismo que una simple suma de reivindicaciones (aspecto cuantitativo) que no se articulan entre sí.
- La huelga general tiene un halo de radicalidad que a veces dificulta su comprensión o directamente oculta su degeneración. El carácter de ritual activista que ha adoptado recientemente nos desvía de la cuestión de su efectividad: manifestarse, generar masa crítica, buscar influir mediáticamente, sirven de poco si sustituyen la articulación de un poder real, que se despliegue sobre el territorio. Para ello debemos comprender al enemigo en su dimensión completa, y confrontarlo en las distintas esferas de producción, distribución o suministro energético, superando la obsesión con la esfera del consumo.
- Bien puede ocurrir que no se busque el éxito inmediato. En definitiva, una cosa es lo que se pone sobre la mesa, y otra cosa son los intereses reales: afrontar la crisis de la representatividad (tendencial), ampliar la base social de los sindicatos y establecer su liderazgo político y hegemonía, dentro de la competencia que hay entre ellos. En otras palabras, tratar de reeditar el pacto social del que se están viendo excluidos a raíz de la crisis de representatividad, mientras sirven de complemento de la política parlamentaria, a la que se subordinan y que es donde se pone el acento realmente.
RECOMENDACIONES
- Acerca del carácter de la huelga y su genealogía:
- Losovsky - “escritos sindicales” y “de la huelga a la toma de poder”
- Rosa Luxemburgo - “Huelga de masas, partido y sindicato”
- Sobre estrategia y huelga:
- John Steuben - “Strike Strategy”
- William Foster - “Strike Strategy”
- Acerca de las huelgas generales en occidente en la actualidad:
- Marianne Garneau - “You say you want a general strike”
- Acerca de la huelga general en Francia:
- Sobre mercancías, transporte, capital y lucha de clases:
- El Salariado - "Mercancías, transporte, capital y lucha de clases"
[1] “Huelga de masas, partido y sindicato”
[2] Actualmente, las huelgas de solidaridad están prohibidas por la legislación laboral del estado español.
[3] Espontáneas, organizadas, ofensivas, defensivas, de solidaridad, intermitentes, locales, de distrito, industriales (es decir de ramo), generales, internacionales, económicas y políticas.
[4] Hay excepciones como la huelga general simultánea en varios países en 2012.
[5] En ese sentido resulta confuso que las pensiones sean el caballo de batalla de la huelga del 30E, a la vez que se apoya indirectamente al gobierno de Sánchez - “el mejor de los gobiernos posibles”-. El mismo que está estudiando cómo poner las pensiones en manos de fondos privados, siguiendo la línea de Bruselas.
[6] http://www.izquierdadiario.es/Trabajadores-de-la-electricidad-de-Francia-iluminan-hogares-pobres-esta-Navidad
[7] También es preciso diferenciar que se consigan reivindicaciones menores o mayores, siendo la concesión de las últimas bastante menos frecuente.
[8] Se trata de “organizar a los que no están organizados” como diría William Foster.