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La heroica dedicación internacionalista del pueblo cubano

La Revolución cubana entendía que podía saldar su propia deuda con el marxismo revolucionario que la había posibilitado solo construyendo un país, una patria sólida y ejemplar, hogar de la Revolución, siempre dispuesta a comprometerse con las causas del antiimperialismo y la solidaridad internacionalista. Con esa idea se consolidaba la compenetración de patriotismo cubano revolucionario e internacionalismo, que continuaría incluso en los momentos más difíciles del bloqueo económico, comercial y financiero.
La heroica dedicación internacionalista del pueblo cubano
Como dijo Fidel Castro, “sin el internacionalismo la Revolución Cubana ni siquiera existiría. Ser internacionalista es saldar nuestra propia deuda con la humanidad”. Con esas palabras, el famoso revolucionario vinculaba indisolublemente el internacionalismo con la suerte de la Revolución cubana. “El triunfo de una idea en cualquier país es siempre fruto del esfuerzo de muchas generaciones y el concurso de la humanidad entera”

Era el 26 de julio de 1978 en Santiago de Cuba cuando Fidel Castro, en un acto por el 25.º aniversario del Asalto al Cuartel Moncada que dio comienzo a la Revolución cubana, condensaba en su célebre frase el sentimiento internacionalista de Cuba: “Sin el internacionalismo la Revolución Cubana ni siquiera existiría. Ser internacionalista es saldar nuestra propia deuda con la humanidad”. Con esas palabras, el famoso revolucionario vinculaba indisolublemente el internacionalismo con la suerte de la Revolución cubana. “El triunfo de una idea en cualquier país es siempre fruto del esfuerzo de muchas generaciones y el concurso de la humanidad entera”: al esfuerzo y al compromiso político de generaciones y generaciones de revolucionarios se debía la victoria sobre el régimen de Fulgencio Batista, dictadura proxy del imperio yanqui. No solo comunistas y revolucionarios comprometidos habían contribuido con sus ideas y sus acciones dando el ejemplo y abriendo el camino en otros tiempos y lugares del planeta –Fidel cita, entre otros, a Marx, Engels, Lenin, Espartaco, y la Comuna de París–, sino que mujeres y hombres de todo el mundo ayudaron al triunfo de la Revolución cubana; el más famoso es el comandante argentino Ernesto “Che” Guevara, que, con su martirio en la Sierra boliviana, se convirtió en símbolo de la rebelión al imperialismo e inspiración de generaciones de militantes. Deudora con todos ellos y muchos más, pues, la Revolución cubana entendía que podía saldar su propia deuda con el marxismo revolucionario que la había posibilitado solo construyendo un país, una patria sólida y ejemplar, hogar de la Revolución, siempre dispuesta a comprometerse con las causas del antiimperialismo y la solidaridad internacionalista. Con esa idea se consolidaba la compenetración de patriotismo cubano revolucionario e internacionalismo, que continuaría incluso en los momentos más difíciles del bloqueo económico, comercial y financiero.

El histórico internacionalismo cubano

La solidaridad con otros pueblos y el internacionalismo forman parte del sistema de valores y de las tradiciones patrióticas y revolucionarias de la nación cubana ya desde antes de la Revolución de 1959, favorecidas por la misma historia de colonización, esclavitud y migraciones que forjaron las raíces multiétnicas del pueblo cubano. Sin embargo, fue la época de la lucha por la independencia de Cuba del colonialismo español la que otorgó plena consciencia de la necesidad de atar su propia lucha no solo con el compromiso antiimperialista latinoamericano, sino con un proyecto político para la emancipación de la humanidad, deslindando claramente el patriotismo revolucionario cubano del chovinismo imperial a la Marco Rubio: “Patria es humanidad, es aquella porción de la humanidad que vemos más de cerca y en que nos tocó nacer; y ni se ha de permitir que con el engaño del santo nombre se defienda a monarquías inútiles, religiones ventrudas o políticas descaradas y hambronas, ni porque a estos pecados se dé a menudo el nombre de patria, ha de negarse el hombre a cumplir su deber de humanidad, en la porción de ella que tiene más cerca”. Son palabras de José Martí, héroe nacional de Cuba, revolucionario y escritor, muerto en combate en la Guerra de Independencia de Cuba, y uno de los primeros en formular y hacer prender el sentimiento antiimperialista y antiestadounidense en América Latina, justo cuando el halcón yanqui empezaba a proyectar su sombra en el continente.

Después del 1 de enero de 1959, el internacionalismo se convirtió a todos los efectos en parte de la educación cubana, siendo elemento y eje de la formación integral de miles y miles de cuadros políticos, militares y técnicos, además de base objetiva del orgullo nacional del pueblo cubano. Al mismo tiempo, la solidaridad internacionalista se convirtió en principio regidor del sistema de política exterior de la República de Cuba. En primer lugar, porque la ayuda estratégica otorgada por el bloque soviético tras la ruptura de las relaciones con los Estados Unidos y la ofensiva imperial permitió la supervivencia y la independencia del Estado cubano surgido con la Revolución, no solo con el COMECON y la inestimable ayuda internacional de especialistas y técnicos, sino también con la aportación fundamental de armas soviéticas, usadas para sellar el rotundo y espectacular fracaso yanqui en la invasión mercenaria en la Bahía de Cochinos, y que fueron posteriormente empuñadas por miles de soldados cubanos dispuestos a sacrificar sus vidas en Angola y Etiopía. En segundo lugar, porque el inagotable compromiso internacionalista cubano, además de ser cuestión ética y acto de justicia, ha vertebrado su modelo de diplomacia y alianzas antiimperialistas y, después de la disgregación del bloque soviético, ha funcionado como medio de consecución de alianzas estratégicas y legitimación internacional, en un mundo dominado por unos EE. UU. empeñados desde hace décadas en asfixiar a Cuba, con el doble objetivo de convertirla en una colonia estadounidense y aniquilarla en tanto que símbolo de resistencia al neocolonialismo e inspiración de los movimientos antiimperialistas y socialistas de todo el mundo.

La heroica lucha de Cuba contra el imperialismo “donde quiera que esté”

Mientras que los imperialistas yanquis practicaban la solidaridad exportando reacción y fascismo e implementaban el neocolonialismo como marco de dominio imperial, la Cuba socialista se disponía a convertirse en uno de los ejemplos más épicos del compromiso antiimperialista y revolucionario de la segunda mitad del siglo XX. Agredida, bloqueada y aislada en el escenario internacional por las presiones imperiales de los EE. UU., Cuba se erigía como capital mundial de los movimientos de liberación nacional y la lucha contra el imperialismo y el colonialismo, esperanza para los pueblos oprimidos de todo el mundo e icono internacional de lucha y resistencia. Para valorar justamente el heroico esfuerzo de esa isla relativamente pequeña, hay que recordar que los momentos cruciales de esta historia fueron aquellos en los cuales dictaduras y contrainsurgencias –financiadas, entrenadas y armadas por los yanquis– reprimían, torturaban, asesinaban, secuestraban y producían desapariciones masivas en todos los rincones del mundo, cuando no se aprovechaban de la invasión directa de los EE. UU., desde Guatemala (1954) a Panamá (1990), pasando por Congo (1961), Brasil (1964), Indonesia (1965), República Dominicana (1965), Vietnam, Laos y Camboya (décadas 1960-1970), Chile (1973), El Salvador (1981), Granada (1983)… y tejían las mallas anticomunistas de la operación Gladio en la vieja Europa. Fue en esos años que las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba) –que eran en la época el segundo mayor ejército del continente americano después del yanqui– participaron en diferentes conflictos antiimperialistas, tanto en intervenciones militares con tropas desplegadas en el terreno, como aportando ayuda diplomática, política, logística y militar, efectuando labores de espionaje e inteligencia, y contribuyendo con ayuda técnica, médica y educativa.

Agredida, bloqueada y aislada en el escenario internacional por las presiones imperiales de los EE. UU., Cuba se erigía como capital mundial de los movimientos de liberación nacional y la lucha contra el imperialismo y el colonialismo, esperanza para los pueblos oprimidos de todo el mundo e icono internacional de lucha y resistencia

Tan pronto como asentó su Revolución, Cuba empezó a alentar la revolución continental, organizando y promoviendo experiencias guerrilleras, y siendo la plataforma logística y operativa de la mayoría de los combatientes de toda América Latina. A Cuba llegaban a entrenar y recibir formación militar desde Bolivia, Guatemala, Nicaragua, Perú, Colombia, Venezuela, Argentina, Uruguay y El Salvador. En 1965, despidiéndose de Fidel Castro, escribía Ernesto Guevara que se marchaba de Cuba para cumplir con “el más sagrado de los deberes: luchar contra el imperialismo donde quiera que esté”. Iría a Congo, luego a Bolivia, de la cual no volvería. Con él o inspirados en su ejemplo, más de 300 000 cubanos cumplieron misiones en otras naciones solo en el terreno militar, y muchos encontraron la muerte cumpliendo con el deber internacionalista.

Así proseguía Fidel en el discurso citado antes: “Soldados cubanos marcharon a la hermana República de Argelia en 1963 para apoyarla contra la agresión exterior cuando en los meses subsiguientes a la victoria de su heroica lucha por la independencia trataron de arrancarle un pedazo de su territorio. Soldados cubanos marcharon a Siria en 1973 cuando ese país, a raíz de la última guerra librada contra los agresores sionistas, solicitó nuestra ayuda. Combatientes cubanos lucharon y dieron su vida ayudando a la liberación de Guinea Bissau y Angola contra el colonialismo portugués”. En Argelia, Cuba participó con un batallón de 22 tanques, además de grupos de artillería y morteros, una batería de cañones antitanque y varios centenares de soldados. En los últimos días de la guerra de Yom Kipur, participó en los combates con una brigada de tanques. En los mismos años Cuba contribuyó de diferentes formas en la liberación de Vietnam: fue el primer país en reconocer al Frente Nacional de Liberación de Vietnam del Sur en 1960, y mantuvo una estrecha solidaridad durante la Guerra de Vietnam, asegurando apoyo político y diplomático, y enviando técnicos, instructores y especialistas militares y de inteligencia, médicos e ingenieros, tanto durante el esfuerzo bélico como en los años siguientes.

En 1975 empezaba la operación Carlota, la mayor operación de Cuba en el extranjero, nombrada en homenaje a una esclava que en 1843 encabezó una de las mayores rebeliones de esclavos en Cuba, a significar la hermandad cubana con la África que sacudía el yugo de siglos de colonización, esclavitud y humillación. Cerca de 450 000 cubanos, entre médicos, maestros, ingenieros y soldados, prestaron servicio en Angola hasta el final de la operación en 1991, contribuyendo en la guerra de independencia de Angola del dominio portugués, y la sucesiva agresión de la Sudáfrica supremacista y Zaire, apoyada por la CIA. La consolidación de la independencia de Angola, la independencia de Namibia y el definitivo debilitamiento del régimen de apartheid en Sudáfrica se escribieron también con la sangre de más de 2 600 cubanos caídos en la operación Carlota.

Entre los años 1977 y 1989 tropas cubanas compuestas por más de 12 000 combatientes también lucharon en Etiopía al lado del Derg y el Gobierno socialista de la República Popular de Etiopía, que acababan de derrocar al emperador Hailé Selassié, abolir el feudalismo y emprender una campaña de nacionalizaciones, alfabetización masiva y reforma agraria. En Etiopía también, los cubanos tuvieron que enfrentarse a tropas respaldadas por el imperialismo yanqui y contribuyeron en la expulsión del ejército somalí del Ogadén.

A Cuba llegaban a entrenar y recibir formación militar desde Bolivia, Guatemala, Nicaragua, Perú, Colombia, Venezuela, Argentina, Uruguay y El Salvador. En 1965, despidiéndose de Fidel Castro, escribía Ernesto Guevara que se marchaba de Cuba para cumplir con “el más sagrado de los deberes: luchar contra el imperialismo donde quiera que esté”. Iría a Congo, luego a Bolivia, de la cual no volvería. Con él o inspirados en su ejemplo, más de 300 000 cubanos cumplieron misiones en otras naciones solo en el terreno militar

Prácticamente en los mismos años empezaba a andar la Nicaragua sandinista, inspirada en la Revolución cubana. La isla socialista le había otorgado apoyo durante la época de la guerrilla, y en los años siguientes envió más de 2 500 efectivos militares, especialmente para dirigir los servicios de seguridad e inteligencia del país sandinista. Además, entre 1979 y 1990, Cuba contribuyó activamente en la consecución de algunos de los objetivos marcados por la Revolución, enviando maestros, médicos y personal sanitario.

Siempre en el Caribe y también en 1979, Cuba apoyó la causa de la Revolución granadina encabezada por Maurice Bishop, enviando técnicos y especialistas. En los pocos meses antes de la invasión yanqui que acabaría con la experiencia socialista, la Revolución impulsó con la ayuda cubana una reforma agraria, estableció sanidad y educación gratuitas, y empezó una campaña de alfabetización masiva. Los EE. UU. no podían ignorar la amenaza de una revolución liderada por un pueblo negro y angloparlante a tan pocos kilómetros de sus costas, donde el racismo y la pobreza estructural siguen marcando el destino de millones de personas racializadas. Cuando finalmente invadieron la pequeña isla en 1983, los cubanos presentes –militares y civiles que habían acudido para construir la Granada revolucionaria y socialista– participaron en los combates.

“Compartir lo que tenemos, no lo que nos sobra”: la ayuda médica de la Cuba bloqueada a otros pueblos

1991 registró el final de la URSS y la disgregación del socialismo en Europa. Cuba perdía así el 85% de su comercio exterior –que incluía el aprovisionamiento del material bélico empleado en las campañas de las décadas anteriores y que había hecho de las FAR el segundo ejército del continente– y se recrudecía el bloqueo estadounidense a la isla. Comenzaba el Periodo Especial. Ni en esa época de escasez y depresión económica dejó Cuba de ejercer la solidaridad internacionalista entre pueblos, bajo el lema “compartir lo que tenemos, no lo que nos sobra”. Es más, con los EE. UU. convencidos de haber puesto el punto y final al comunismo y empeñados en desprestigiar y demonizar el legado del marxismo y de las luchas de descolonización que alentó –Revolución cubana incluida–, para Cuba el internacionalismo y la diplomacia basada en el compromiso con las causas humanitarias en todo el mundo se convirtieron en una práctica necesaria, un medio fundamental para legitimar internacionalmente la República de Cuba, en una lucha cultural que pretendía desactivar los esfuerzos yanquis de acabar con la Revolución.

No era nuevo para Cuba el envío de ayudas en situaciones de emergencias como terremotos, huracanes, inundaciones, epidemias y erupciones volcánicas. Desde las primeras ayudas a la Argelia independiente, brigadas médicas, hospitales de campaña, medicamentos y equipos sanitarios, vacunas… llegaron a los rincones de todo el mundo, incluidos países del llamado primer mundo. En total, más de 600 000 misiones médicas cubanas han trabajado en 165 países

No era nuevo para Cuba el envío de ayudas en situaciones de emergencias como terremotos, huracanes, inundaciones, epidemias y erupciones volcánicas. Desde las primeras ayudas a la Argelia independiente, brigadas médicas, hospitales de campaña, medicamentos y equipos sanitarios, vacunas… llegaron a los rincones de todo el mundo, incluidos países del llamado primer mundo. En total, más de 600 000 misiones médicas cubanas han trabajado en 165 países. En 2005 se constituyó el Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastres y Graves Epidemias (Contingente Henry Reeve), cuyas brigadas fueron desplegadas en sus primeros 11 años de actividad en Guatemala, Pakistán, Bolivia, Indonesia, Perú, Belice, México, China, El Salvador, Haití, Chile, Sierra Leona, Liberia, Guinea, Nepal, Dominica, República Árabe Saharaui Democrática, Fiji y Ecuador. En los años del COVID, Cuba produjo cinco candidatos vacunales, de los cuales dos fueron aprobados para uso de emergencia en Vietnam, San Vicente y las Granadinas, México, Nicaragua, Venezuela, Irán, y Bielorrusia. En 2020, mientras Europa y Occidente miraban asombrados procesiones de carros armados llenos de ataúdes en el Norte de Italia, el Contingente Henry Reeve desplegaba más de 3 700 profesionales cubanos en 38 países, entre los cuales destacaban la misma Italia y Andorra.

Después de la Revolución de 1959, más de 3 000 médicos –instigados por los yanquis– sabotearon Cuba abandonando la isla, donde se quedaron tan solo 16 profesores en la Escuela de Medicina. Eso no impidió a la isla convertirse en vanguardia médica, sobre todo en lo que concierne a la investigación y formación sanitaria para jóvenes procedentes de todo el mundo. En los primeros años de la Revolución ofrecieron becas a caribeños, vietnamitas y posteriormente a jóvenes africanos, para que se formaran en Cuba y regresaran luego a sus países de origen para ayudar en su desarrollo. En 1999 se creó la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM), en la cual se han graduado más de 10 000 profesionales de 73 países, sobre todo americanos, africanos y asiáticos.

Este artículo no puede acabar sin mencionar a Palestina, piedra de toque del falso compromiso de Occidente con los derechos humanos. Cuba contribuyó en la formación de estudiantes y personal sanitario palestino, mediante becas universitarias, asistencia médica y cooperación técnica, además de apoyo diplomático a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). Ya en 1973 en Argelia, en el contexto de la cuarta conferencia de los Países No Alineados, Fidel anunció la ruptura de relaciones diplomáticas con Israel y el reconocimiento de la OLP, convirtiéndose en el primer país del continente americano en hacerlo. Igualmente, tras la retirada española del Sáhara Occidental y la proclamación de la RASD (República Árabe Saharaui Democrática), en apoyo al derecho de autodeterminación del pueblo saharaui, Cuba reconoció la legitimidad del Frente Polisario, y brindó y sigue brindando becas de formación universitaria (especialmente en Medicina), además de envío de médicos, maestros y personal técnico.

A la hora de mandar a imprenta estas palabras, en el peor momento del bloqueo y con los yanquis en pie de guerra, no sabemos qué depara el futuro para la República de Cuba, ni si la solidaridad internacional será capaz de estar a la altura y saldar la deuda con el esfuerzo y el compromiso internacionalista de la isla socialista. Lo que sabemos, sin embargo, es que generaciones y generaciones de cubanos escribieron con la sangre y el sudor algunas de las páginas más heroicas de la segunda mitad del siglo XX y del comienzo del XXI, contribuyendo a la emancipación, la salida de siglos de humillación y el desarrollo de países en todo el mundo.