El portaviones USS Nimitz de la Armada de los Estados Unidos aguarda paciente frente a las costas cubanas, un titán de acero que acecha a la pequeña isla caribeña convertida en el escenario de un brutal asedio moderno. No son nuevas las ansias colonizadoras de los norteamericanos, pero claro está que la vuelta de la Administración Trump ha traído consigo el recrudecimiento del ya histórico conflicto entre los Estados Unidos y la isla.
En el presente artículo trataré de exponer los elementos necesarios para comprender los pilares de este conflicto y las claves para poder realizar un correcto estudio de coyuntura de la nueva ofensiva del Ejecutivo estadounidense sobre Cuba. Para ello, vertebraré el análisis en tres principales aspectos clave: el desarrollo histórico de la relación bilateral entre ambos países, la génesis y sofisticación del lobby cubano en Miami y, finalmente, la caracterización de la nueva ofensiva yanqui y el papel de Marco Rubio en esta.
I. Evolución histórica de la relación bilateral y fases de dominación estratégica
La relación entre los Estados Unidos y Cuba no constituye una disputa coyuntural nacida de la Guerra Fría, sino que es el resultado de un prolongado proceso de asimetría geopolítica, proximidad territorial y ambición de control hemisférico por parte de Washington. Desde el siglo XIX, la isla caribeña ha ocupado una posición de centralidad absoluta en la formulación de la doctrina de seguridad nacional estadounidense, sirviendo como laboratorio para la proyección imperialista de los Estados Unidos en la cuenca del Caribe.
Desde el siglo XIX, la isla caribeña ha ocupado una posición de centralidad absoluta en la formulación de la doctrina de seguridad nacional estadounidense, sirviendo como laboratorio para la proyección imperialista de los Estados Unidos en la cuenca del Caribe
Cabe subrayar que la centralidad de Cuba en la política exterior estadounidense no ha permanecido invariable ni puede explicarse exclusivamente por su proximidad geográfica. La función atribuida a la isla se ha transformado conforme cambiaban las necesidades materiales del capitalismo estadounidense: primero, la consolidación territorial y la expansión del capitalismo esclavista; después, la proyección exterior del capital industrial y financiero; más tarde, la organización de un espacio hemisférico subordinado; y, finalmente, la contención de una ruptura revolucionaria y la defensa de la primacía estadounidense frente a potencias competidoras.
El objetivo de este artículo no radica en realizar un análisis historiográfico detallado sobre cada uno de los sucesos clave de esta relación, sino en detallar las diferentes fases que nos muestran las diversas formas de dominación que han caracterizado este nexo asimétrico. A continuación, expondré las principales características y hechos históricos que definen cada uno de estos periodos históricos.

Expansión territorial y tutela jurídica unilateral (1848-1934)
Durante la mayor parte del siglo XIX, la política exterior estadounidense hacia Cuba estuvo regida por la doctrina de la “fruta madura” (ripe fruit theory) y del “destino manifiesto”. Esta lógica sostenía que, una vez desvinculada de la Corona española, Cuba caería inevitablemente bajo la gravedad política de los Estados Unidos. Esta premisa motivó sistemáticos esfuerzos financieros para adquirir el territorio por la vía de la compra formal, destacando la oferta de 100 millones de dólares realizada por el presidente James Polk en 1848 y la posterior propuesta de 300 millones de dólares del presidente William McKinley en 1897.
La tutela estadounidense instaurada después de 1898 correspondía a una nueva fase de acumulación del capital norteamericano. El capitalismo estadounidense había dejado de ser principalmente expansivo hacia el interior para comenzar a proyectarse sobre el exterior
“Fruta onduaren doktrina” izeneko horrek harreman estua du Monroe doktrinarekin; John Quincy estatu idazkariak asmatu zituen biak ala biak 1923an. Lehenaren arabera, Estatu Batuek pazientzia estrategikoa izan behar zuten, uhartea gainbeheran zihoan Espainiatik askatu eta, grabitate geopolitikoak eraginda, Washingtonen kontrolpean erori arte. Bigarrenak defentsa-ezkutu moduan jardungo zuen, argudiatuz Europak kontinente amerikarrean egindako ezein kolonizazio saiakera edo esku hartze politiko Estatu Batuen segurtasunaren aurkako erasotzat eta mehatxu zuzentzat hartuko zela. Hala, AEBk ziurta zezakeen Kuba ez zela eroriko Espainia dekadentea baino indartsuagoa zen Europako potentzia inperial baten eskuetan (nagusiki, Erresuma Batua), eta isilpean itxaron Kuba Espainiako Inperiotik independizatu ondoren bere kontrolpean noiz eroriko (haren hitzetan, “ondu”, fruta bezala). Horixe da garai hartan Estatu Batuek Kubarekiko hartu zituzten posizionamenduen eta ekintzen atzean zegoen arrazionalitate politikoa ulertzeko gakoa. Zentzu horretan ulertu dezakegu zergatik erabaki zuen administrazio iparramerikarrak ondorengo urteetan Kubako Independentzia Gerran esku hartzea.
En 1895 estalló la tercera Guerra de Independencia cubana, y el creciente éxito de las fuerzas rebeldes frente al Ejército español motivó intentos de aproximación diplomática hacia el presidente Ulysses S. Grant, quien rehusó otorgar reconocimiento oficial o apoyo material directo a la insurgencia cubana para evitar conflictos directos con Madrid. Sin embargo, todo cambiaría en 1898, con el autohundimiento del acorazado estadounidense USS Maine en el puerto de la Habana. Los yanquies realizaron dicha acción de falsa bandera para poder conseguir un casus belli, iniciando así su intervención directa en la Guerra de Independencia. Finalmente, tras la firma del Tratado de París en diciembre de 1898, España renunció de forma definitiva a todos los derechos de soberanía sobre Cuba, con lo que se inauguró un período de ocupación militar formal por parte de los Estados Unidos el 1 de enero de 1899. Mediante la enmienda Teller, EE. UU. renunció formalmente a la anexión de Cuba, pero condicionaron la evacuación de sus tropas a la aceptación de la enmienda Platt por parte de la Asamblea Constituyente cubana en 1901.
Este apéndice constitucional definió de forma restrictiva la relación bilateral durante más de tres décadas, otorgando a Washington el derecho legal a intervenir militarmente en territorio cubano para preservar el orden interno y forzando el arrendamiento perpetuo de porciones geográficas clave para el establecimiento de bases navales, entre ellas la base militar de Guantánamo. El carácter tutelar de la enmienda se materializó en intervenciones recurrentes, como la administración militar temporal asumida por el gobernador Charles Edward Magoon entre 1906 y 1909 tras el levantamiento armado contra el presidente de la república José Miguel Gómez.
Es importante destacar que la tutela instaurada después de 1898 correspondía a una nueva fase de acumulación del capital norteamericano. El capitalismo estadounidense había dejado de ser principalmente expansivo hacia el interior para comenzar a proyectarse sobre el exterior. La producción industrial superaba crecientemente la capacidad de absorción del mercado interno, mientras la acumulación de capital exigía nuevos espacios de inversión, abastecimiento y circulación. La intervención política garantizaba las condiciones generales para la rentabilidad de esas inversiones: estabilidad de la propiedad, Gobiernos favorables, control aduanero y capacidad de reprimir conflictos sociales que amenazaran el orden económico.

Hegemonía indirecta, Revolución de 1933 y auge batistiano (1934-1959)
Este período marca la transformación de Cuba tras la caída del Gobierno de Gerardo Machado, un vacío de poder que dio origen a la Revolución de 1933; este movimiento instaló un Gobierno provisional reformista y nacionalista que desafió los intereses de las élites locales. La firma del Tratado de Relaciones de 1934 supuso la derogación formal de la enmienda Platt bajo el amparo de la Política de Buena Vecindad de la Administración de Franklin D. Roosevelt. Sin embargo, la abolición del derecho de intervención militar no mermó el control de los Estados Unidos sobre el país caribeño. De hecho, en esa época se aprobó la Ley del Azúcar de 1948 en el Congreso norteamericano, ley que consolidó la dependencia estructural de Cuba de la cuota azucarera reservada en los mercados estadounidenses, lo que aseguraba el predominio del capital extranjero sobre la producción nacional. La sustitución de la tutela jurídica directa por la hegemonía indirecta respondió también a los costes políticos acumulados por las ocupaciones militares en América Latina. Washington buscó reducir el rechazo regional y estabilizar su influencia mediante tratados, créditos, cuotas comerciales, reconocimiento diplomático y apoyo a aparatos estatales locales capaces de garantizar el orden sin necesidad de una administración colonial visible. Además, la penetración del capital estadounidense y la subordinación comercial de Cuba habían alcanzado una profundidad que hacía menos necesaria la intervención militar permanente.
Washington buscó reducir el rechazo regional y estabilizar su influencia en Cuba mediante tratados, créditos, cuotas comerciales, reconocimiento diplomático y apoyo a aparatos estatales locales capaces de garantizar el orden sin necesidad de una administración colonial visible
Ante este periodo de inestabilidad, los Estados Unidos respaldaron al joven sargento Fulgencio Batista, quien rápidamente emergió como el árbitro político del país, inaugurando una etapa de hegemonía indirecta en la que EE. UU. quitaba y ponía presidentes desde la sombra para garantizar el orden y la influencia de Washington, proceso que culminó en su propio mandato constitucional entre 1940 y 1944. Tras un breve paréntesis de democracia formal marcado por la corrupción de los Gobiernos, el período cierra con el “auge batistiano” definitivo a partir de 1952, cuando Batista interrumpió el hilo constitucional mediante un golpe de Estado, dando paso a una dictadura directa.

Confrontación sistémica de la Guerra Fría y el nacimiento del bloqueo (1959-1991)
El derrocamiento militar de la dictadura de Batista el 1 de enero de 1959 por el Movimiento 26 de Julio condujo al rápido ascenso de Fidel Castro y transformó los equilibrios geopolíticos de la región. Aunque Washington reconoció inicialmente al Gobierno revolucionario provisional el 7 de enero de 1959, la negativa del presidente Dwight D. Eisenhower a reunirse formalmente con Castro durante su visita a Washington en abril de ese año y la subsecuente promulgación de la primera Ley de Reforma Agraria en mayo de 1959 enfriaron dramáticamente las relaciones bilaterales. Junto a esto, la nacionalización sin compensación de refinerías petroleras y compañías de telecomunicaciones de capital estadounidense puso en jaque las bases materiales del control norteamericano de la isla, lo que empujó a la Administración de Eisenhower a suspender la cuota azucarera cubana y a preparar planes de desestabilización encubierta. Tras la ruptura formal de relaciones diplomáticas decretada por Washington el 3 de enero de 1961, el presidente entrante John F. Kennedy autorizó la fallida expedición militar de exiliados cubanos en la Bahía de Cochinos en abril de ese año. El rotundo fracaso del asalto propició el acercamiento definitivo de La Habana a la Unión Soviética, lo que derivó en la instalación clandestina de ojivas nucleares en la isla y en la Crisis de los Misiles de octubre de 1962, que concluyó con un compromiso de no invasión de los Estados Unidos a cambio del retiro de las armas y la retirada de proyectiles norteamericanos desplegados en Turquía.
La nacionalización sin compensación de refinerías petroleras y compañías de telecomunicaciones de capital estadounidense puso en jaque las bases materiales del control norteamericano de la isla, lo que empujó a la Administración de Eisenhower a suspender la cuota azucarera cubana y a preparar planes de desestabilización encubierta
En febrero de 1962, Kennedy endureció las sanciones unilaterales decretando un bloqueo económico total mediante la promulgación de las Regulaciones de Control de Activos Cubanos (CACR, por sus siglas en inglés) bajo la autoridad de la Ley de Comercio con el Enemigo. Durante las siguientes tres décadas, Cuba funcionó como un aliado estratégico del bloque socialista, proveyendo asistencia militar, instructores, refugio político y recursos materiales a movimientos insurgentes antimperialistas de todo el mundo.
En este periodo histórico, Cuba logró romper las cadenas del yugo imperial, pasando así de ser un Estado clientelar a un Estado soberano. Cabe subrayar que la colaboración de la Unión Soviética, fue de vital importancia para poner las bases materiales para que el proceso de transformación social pudiera realizarse. Asimismo, en respuesta a la lucha revolucionaria del pueblo trabajador cubano, los Estados Unidos comenzaron con la aplicación de medidas de asedio económico y político, dando inicio a la estrategia del bloqueo.

La distensión táctica de la Administración Carter y la codificación parlamentaria del bloqueo
Pese a la rigidez general del conflicto, la Administración de Jimmy Carter ensayó un breve e inédito proceso de distensión diplomática. La distensión de Carter no implicó la desaparición de los objetivos estructurales de Washington, sino una discusión sobre los medios más eficaces para alcanzarlos. Determinados sectores del aparato estatal consideraban que la hostilidad absoluta podía aumentar la dependencia cubana hacia la Unión Soviética y dificultar la gestión de problemas concretos como la migración, la pesca y la delimitación marítima. A partir de marzo de 1977, emisarios de Washington y La Habana sostuvieron rondas de conversaciones secretas que fructificaron en el levantamiento temporal de la prohibición de viajes para ciudadanos estadounidenses y en la firma de acuerdos bilaterales sobre límites pesqueros y fronteras marítimas en abril de ese año.
Sin embargo, este acercamiento tuvo una respuesta aguda del exilio cubano asentado en el sur de la Florida, que por entonces ascendía a unas 750,000 personas. Estos sectores, liderados por la burguesía caciquil que dirigía la Cuba previa a la revolución del 59, recurrieron al activismo político-electoral directo y a la violencia terrorista para descarrilar las negociaciones en un contexto en el que los exiliados ya constituían una fuerza electoral relevante que había asegurado la victoria de Carter en el condado de Miami-Dade con el 58% de los sufragios en 1976.
Tras el fin de la Guerra Fría y con la pérdida del soporte económico soviético en Cuba, el Congreso de los Estados Unidos asumió el diseño y control directo del bloqueo. Mediante la aprobación de la Ley de la Democracia Cubana de 1992 (Ley Torricelli) y de la Ley para la Libertad y la Solidaridad Democrática Cubana de 1996 (Ley Helms-Burton), se procedió a la codificación formal de todas las sanciones de carácter ejecutivo en un solo cuerpo legal de alcance federal, impidiendo de forma deliberada que cualquier presidente levantara las restricciones comerciales de forma unilateral sin previa aprobación legislativa y condicionando la restauración de las relaciones a la instauración de un Gobierno de transición que excluyera al Partido Comunista de Cuba.
La distensión diplomática del Gobierno de Carter para con Cuba no implicó la desaparición de los objetivos estructurales de Washington, sino una discusión sobre los medios más eficaces para alcanzarlos
Esta fase histórica supuso la sofisticación del lobby de la burguesía cubana asentada en Miami y la sistematización e institucionalización del bloqueo como principal herramienta para el asedio político y económico de Cuba. Cabe subrayar que la capacidad de influencia del capital cubano es una cuestión de primer nivel para comprender los movimientos de cerco que realizó la Administración americana de esta fase en adelante. Por esta razón, en las próximas líneas trataré de realizar una breve caracterización de la génesis de este lobby, antes de dar paso al análisis de la actual ofensiva norteamericana sobre la isla y la influencia del grupo de presión de Miami en ella.
II. Génesis, desarrollo y sofisticación institucional del lobby cubano-americano en Miami
El desarrollo del lobby cubano asentado en Miami consta principalmente de dos fases, divididas por las formas de intervención política. Por un lado, encontraríamos una primera fase caracterizada por el uso de tácticas terroristas y, por otro lado, una segunda de consolidación de un lobby más enfocado en intervenir en la política institucional. Huelga decir que la capacidad de estos sectores para determinar la política estadounidense nunca ha sido autónoma ni ilimitada. Su influencia ha aumentado cuando sus objetivos particulares coincidían con necesidades más amplias del Estado y de determinadas fracciones del capital estadounidense.
Sustrato sociopolítico y transición hacia las vías institucionales
Lobby kubatarraren garapenak nagusiki bi fase ditu, esku hartzeko moduaren arabera bereiziak. Batetik, taktika terroristek ezaugarritutako fase bat dago eta, bestetik, politika instituzionalean interbenitzera bideratuago dagoen egonkortze fase bat
Tras la consolidación del Gobierno de Fidel Castro, los primeros flujos de exiliados de la década de 1960 (compuestos mayoritariamente por sectores acaudalados, empresarios y antiguos funcionarios militares del régimen batistiano) se establecieron de forma mayoritaria en el área metropolitana de Miami, en Florida. Las dificultades iniciales de inserción económica fueron rápidamente solventadas mediante la concesión de líneas preferenciales de crédito financiero por parte del Banco Republicano, dirigido por el banquero de origen cubano Luis Botifoll, lo que facilitó el florecimiento de una sólida red de pequeños y medianos comercios y el surgimiento del fenómeno cultural y de negocios de la Calle Ocho de la Pequeña Habana. Durante los años sesenta y setenta, la oposición del exilio estuvo vertebrada de forma casi exclusiva por la acción armada clandestina, destacando facciones nacionalistas de extrema derecha como el grupo paramilitar Alpha 66, el Movimiento Nacionalista Cubano de Nueva Jersey y la organización terrorista Omega 7, la cual perpetró secuestros, sabotajes a intereses comerciales y atentados en territorio estadounidense. Sin embargo, el progresivo cese del apoyo oficial de las agencias de inteligencia de los Estados Unidos y el amplio repudio social generado por actos terroristas como el estallido de la aeronave que realizaba el vuelo 455 de la Aerolínea Cubana en las costas de Barbados en 1976 obligaron al exilio cubano a ensayar tácticas alternativas dentro de los cauces constitucionales de la política interna norteamericana.

La Fundación Nacional Cubano Americana y el modelo AIPAC
La llegada de Ronald Reagan a la presidencia en 1981 modificó sustancialmente la estrategia organizativa de los cubanoamericanos. Por iniciativa directa de Richard Allen, consejero de Seguridad Nacional de Reagan, los empresarios exiliados Jorge Mas Canosa, Raúl Masvidal y Carlos Salman procedieron a la fundación de la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA) en 1981, bajo la dirección del propio Mas Canosa. La estructura de la FNCA fue deliberadamente modelada a semejanza del influyente grupo de presión proisraelí AIPAC. El FNCA diseñó un sofisticado sistema de división de tareas que separó los recursos destinados al análisis y la investigación académica de las labores de cabildeo político directo ante legisladores de ambos partidos (republicanos y demócratas) y la canalización masiva de contribuciones monetarias a campañas a través de vehículos financieros como el Free Cuba PAC.
La junta directiva de la FNCA se nutrió primordialmente de los líderes más influyentes del sector bancario y de importación y exportación de Miami. La organización consolidó una influencia legislativa bipartidista incuestionable, logrando la aprobación de la Ley de Radiodifusión hacia Cuba de 1983 (que dio origen a las emisiones de Radio Martí en 1985) y de la posterior Ley de Teledifusión hacia Cuba de 1990, creadora de TV Martí, aparato de propaganda anticastrista.
Auge contemporáneo del US-Cuba Democracy PAC
La estructura de la FNCA fue deliberadamente modelada a semejanza del influyente grupo de presión proisraelí AIPAC
El fallecimiento de Jorge Mas Canosa en noviembre de 1997 y el fin de la hegemonía unificada de la FNCA abrieron paso a una dispersión de las fuerzas políticas del exilio cubano. En mayo de 2003, con el objetivo de revitalizar las políticas de aislamiento absoluto frente a las posturas conciliadoras que ganaban terreno en el ala moderada de la comunidad, se constituyó legalmente el US-Cuba Democracy PAC. Cofundado por el empresario automotriz Gus Machado y el abogado Mauricio Claver-Carone, este comité se consolidó como el mayor lobby con forma de comité de acción política (Public Affairs Committee, PAC) extranjero independiente en términos de captación y entrega de fondos en el espectro político estadounidense, excluyendo a los lobbies proisraelís. El US-Cuba Democracy PAC perfeccionó la técnica de la captura de políticas a nivel parlamentario federal. Dirigió prioritariamente sus recursos económicos a representantes y senadores demócratas y republicanos de estados del interior del país, alejados de las dinámicas migratorias de Miami, pero con voto decisivo en comités con competencias sobre aranceles, agricultura y comercio exterior. A través de contribuciones, el PAC incidió de manera directa sobre el registro de votación de al menos 18 congresistas federales que pasaron de posturas comerciales favorables a la apertura agraria a votar de forma sistemática en favor de la rigidez del bloqueo comercial.

III. La nueva ofensiva de la Administración Trump (2025-2026): el lobby de Florida en el poder
La llegada de Trump al despacho oval en enero del 2025 supuso el recrudecimiento de la ofensiva estadounidense contra la isla caribeña en consonancia con la nueva estrategia de seguridad nacional. Motivados por la crisis histórica que padece el bloque imperialista occidental, las políticas dirigidas a la subordinación de América Latina se han agravado bajo la nueva doctrina Donroe, actualización de la histórica doctrina Monroe. Cabe subrayar la centralidad que está tomando el lobby cubano, personificado en Marco Rubio, en la configuración de la política exterior del Gobierno republicano.
El rol dual de Marco Rubio como director de la diplomacia hemisférica
La elección unánime del exsenador de origen cubano Marco Rubio como el 72º secretario de Estado de los Estados Unidos el 20 de enero de 2025 alteró sustancialmente la naturaleza de la política exterior estadounidense hacia la cuenca del Caribe y América del Sur. Tras ser designado simultáneamente como asesor de Seguridad Nacional en mayo de 2025 por el presidente Trump, Rubio acumuló una concentración de influencia institucional sin precedentes en la historia contemporánea de la diplomacia de los Estados Unidos. Rubio ha sabido reconfigurar el lenguaje tradicional del lobby exiliado para dotarlo de una lógica compatible con la doctrina nacionalista de seguridad nacional de Donald Trump. Lejos de limitar sus argumentos a consideraciones ideológicas, justifica la asfixia total del Gobierno de La Habana asociándolo a amenazas reales e inmediatas para la estabilidad interna de los Estados Unidos. La narrativa presenta a Cuba como parte de la “troika de la tiranía”, acusándola de facilitar la presencia militar y de inteligencia de China, alojar bases de vigilancia electrónica rusas y dar cobijo a células de Hezbolá e Irán.
Motivados por la crisis histórica que padece el bloque imperialista occidental, las políticas dirigidas a la subordinación de América Latina se han agravado bajo la nueva doctrina Donroe, actualización de la histórica doctrina Monroe
La ofensiva contemporánea se inauguró formalmente el 31 de enero de 2025, cuando Rubio anunció oficialmente ante el Congreso Federal la cancelación definitiva de las directrices sobre la isla emitidas por la saliente Administración de Joe Biden.
Asfixia de GAESA y sanciones secundarias bajo la Orden Ejecutiva 14404
El diseño de la campaña de presión fue concebido por Mauricio Claver-Carone (director de Asuntos del Hemisferio Occidental en el Consejo de Seguridad Nacional) bajo la premisa táctica del “efecto dominó inverso”: el colapso de las redes financieras cubanas precipitaría la caída de los Gobiernos aliados de Caracas y Managua, sustentados por los servicios militares de inteligencia de La Habana. El objetivo central es el Grupo de Administración Empresarial, S.A. (GAESA), conglomerado militar que controla el turismo (Gaviota, S.A.), telecomunicaciones, redes minoristas (CIMEX) y el Banco Financiero Internacional (BFI). El cerco estratégico se intensificó con dos decretos presidenciales en 2026:
El efecto de las sanciones fue fulminante para el turismo internacional, la principal fuente de divisas de la economía cubana, que representó el 50% del PIB y hasta el 80% del sector servicios en el ejercicio precedente. Importantes consorcios turísticos multinacionales con fuerte presencia en los Estados Unidos, tales como la corporación canadiense Blue Diamond Resorts y la cadena hotelera española Iberostar, cancelaron de manera discreta e imprevista sus acuerdos de arrendamiento y de gestión de marca con las propiedades de la firma militar Gaviota, S.A. en mayo de 2026 para eludir represalias financieras de Washington. El impacto de las penalidades también forzó a la minera multinacional canadiense Sherritt International a firmar un acuerdo no vinculante en mayo de 2026 para la transferencia de su participación del 55% en la empresa conjunta Moa Nickel, S.A. (MNSA) a la sociedad de inversiones Gillon Capital, debido a las advertencias y presiones recibidas de las agencias de control financiero estadounidenses.
Ofensivas complementarias: desestabilización legal y cancelación de misiones médicas
A nivel estrictamente judicial, la ofensiva contra la soberanía comercial de la isla se libra en las cortes federales estadounidenses mediante la reactivación del título III de la Ley Helms-Burton. El caso testigo que define los límites de esta disputa es la demanda multimillonaria interpuesta por la corporación petrolera Exxon Mobil contra la corporación estatal Unión Cuba Petróleo por la expropiación de refinerías en 1959. La inminente resolución de este litigio en la Corte Suprema de los Estados Unidos amenaza con habilitar demandas civiles masivas y el embargo de cualquier cuenta o activo de origen cubano en el exterior.
Asimismo, se está llevando adelante un ataque contra las misiones medicas cubanas. Washington coordina presiones diplomáticas sobre varios países catalogando estas brigadas como trata de personas y trabajo forzoso. Esto ha llevado al retiro gradual de médicos cubanos en Guatemala, Honduras, Bahamas, Antigua y Barbuda, y Granada, así como a la cancelación de contratos en la región de Calabria (Italia), privando a La Habana de vitales ingresos en divisas.

Conclusiones
La actual ofensiva norteamericana sobre Cuba es resultado de la conjunción histórica de dos elementos: la necesidad de Estados Unidos de asegurarse un dominio total del hemisferio occidental ante la pérdida de su primacía imperial y la posibilidad del capital cubano exiliado de retomar el control político de la isla. Esto es, el proyecto de las élites cubanas de recuperar el poder de Cuba ha adquirido una vigencia histórica mayor en el actual momento en el cual la oligarquía norteamericana necesita asegurar su control sobre América Latina para poder enfrentarse a las nuevas potencias internacionales ante el fin de su primacía global. Es en este momento histórico en el que el lobby de Miami más influencia ha podido acaparar, puesto que se alinea a la perfección con las necesidades del capital estadounidense.
La actual ofensiva norteamericana sobre Cuba es resultado de la conjunción histórica de dos elementos: la necesidad de Estados Unidos de asegurarse un dominio total del hemisferio occidental ante la pérdida de su primacía imperial y la posibilidad del capital cubano exiliado de retomar el control político de la isla
El fin de la hegemonía del bloque atlantista, resultado y reflejo de la actual fase de agotamiento o derrumbe del modo de producción capitalista, tiene como consecuencia la necesidad del Ejecutivo estadounidense de establecer un control sobre el gran continente americano para asegurar su perímetro de seguridad más cercano antes de centrarse en el eje Asia-Pacífico en el que le espera su gran competidor, China. Bajo este marco de análisis podemos entender la operación en Venezuela, la posible interferencia en las elecciones de Perú y Colombia, la cuestión de Groenlandia o el propio asedio a Cuba. Desde esta perspectiva general debemos comprender las siguientes conclusiones más concretas.
Para comenzar, el afán de dominio sobre Cuba no es una cuestión que comience en la actualidad ni en la época de la Guerra Fría. Desde el siglo XIX, con el inicio de la doctrina de la “fruta madura”, Monroe y el “destino manifiesto”, los Estados Unidos han proyectado su poder imperial hacia la pequeña isla caribeña. Como consecuencia de los cambios en el panorama geopolítico mundial y regional y de las necesidades de acumulación del capital estadounidense, los mecanismos de control imperial sobre Cuba han ido transformándose según las características de cada fase que hemos estudiado en el presente artículo (control político directo, hegemonía indirecta y bloqueo).
En la actualidad, esta evolución ha derivado en la codificación de la guerra económica como una auténtica política de Estado. Si bien el bloqueo se institucionalizó como respuesta al triunfo de la Revolución cubana, el colapso de la URSS sirvió de coyuntura para que el Congreso norteamericano secuestrara esta política mediante las leyes Torricelli y Helms-Burton, convirtiendo las sanciones ejecutivas en leyes federales extraterritoriales inamovibles para forzar un cambio de régimen.
Esta rígida estructura legislativa ha sido posible gracias a la captura institucional ejercida por las élites del exilio. Tras la sofisticación del lobby cubanoamericano en Miami, estos grupos de presión lograron subordinar las decisiones parlamentarias federales de EE. UU. a sus intereses locales mediante el financiamiento estratégico de campañas electorales. Dicha influencia ha alcanzado su punto culminante con la llegada de figuras clave del lobby, como Marco Rubio, al núcleo del poder estadounidense en 2025 en calidad de secretario de Estado y asesor de Seguridad Nacional. Este hito consolida la instrumentalización ideológica de la seguridad nacional y visibiliza una reconfiguración explícita del lenguaje: la asfixia contra Cuba ya no se justifica únicamente por razones ideológicas, sino presentando a la isla como una amenaza militar inmediata ligada a potencias extranjeras como China, Rusia e Irán.
En el plano material, esta narrativa sirve de cobertura para el ensañamiento directo contra la base económica del Estado cubano. Bajo la doctrina del “efecto dominó inverso” impulsada por Claver-Carone, la ofensiva de 2026 ataca frontalmente las arterias financieras del país (GAESA) a través de sanciones secundarias y bloqueos navales, ahuyentando deliberadamente la inversión extranjera, el turismo y los suministros energéticos para provocar la quiebra económica del Estado. Paralelamente, la agresión se proyecta hacia la solidaridad internacional mediante una estrategia de aislamiento total, en la que la diplomacia estadounidense ejerce asfixia financiera y presiones políticas directas sobre terceros países para desmantelar las brigadas médicas cubanas y privar a la isla de sus ingresos críticos en divisas.
Sin embargo, esta campaña de asfixia multidimensional revela sus propias contradicciones internas al generar un inevitable bumerán migratorio. Al estrangular la energía, el turismo y los recursos financieros, EE. UU. provoca condiciones de inhabitabilidad interna en Cuba que desencadenan una crisis migratoria sin precedentes. Esta oleada termina saturando la propia frontera sur estadounidense, evidenciando en última instancia que las políticas imperiales destinadas a desestabilizar a La Habana terminan saboteando directamente la seguridad interna norteamericana.
Para terminar, los próximos meses serán vitales para el futuro de la isla, veremos si el asedio se convierte en incursión militar para derrocar al Gobierno de Cuba.