Crisis: capitalista y lucha: estudiantil
“La Revolución de los Pingüinos” de los y las estudiantes de Chile

Inicios de la crisis

La crisis de la década de 1970 abrió una nueva fase de privatización y reforma a nivel mundial: las reestructuraciones de los puestos de trabajo, el paro, la disminución de la capacidad de financiación de los Estados y las privatizaciones se hicieron cada vez más habituales. La intensificación de la explotación de la fuerza de trabajo, la disminución en el reparto de los beneficios y la búsqueda de nuevos espacios para la revalorización que se consideran las características del neoliberalismo tuvieron su reflejo en todos los sectores, incluido el sector de la enseñanza.

En el Estado español, las reconversiones industriales de la década de 1980 (Sagunto, Euskalduna, Asturias…) o las reformas de las pensiones y de las condiciones laborales de Felipe González fueron exponentes de la ofensiva contra la clase trabajadora. En esos años se produjo también un destacado florecimiento del movimiento estudiantil que se refleja en las huelgas de estudiantes de los años 1986-1987 contra los recortes en el sector de la educación o en la participación del sector estudiantil en la huelga general de 1988 contra el Plan de Empleo Juvenil. En el Estado francés también se produjeron enormes movilizaciones estudiantiles contra la ley Devaquet, ley que compartía muchos elementos con las reformas del Estado español. Cientos de miles de estudiantes y docentes, así como trabajadores y trabajadoras de otros sectores, tomaron las calles y lograron, así, la revocación de dicha ley.

A partir de la década de 1990 se acelera el ritmo de la reforma educativa. Las características y objetivos de esa reforma pueden ser diferentes según el momento, el país o la rama del sistema educativo, pero sus fundamentos pueden resumirse brevemente en dos ejes: 1) Apertura de nuevos espacios para las empresas privadas en la educación al tiempo que se recortan los medios públicos destinados a ella. 2) Educar a las nuevas generaciones de trabajadores para un contexto de proletarización y puestos de trabajo inestables, para que sean capaces de adaptarse a los distintos aspectos de la ofensiva tanto en lo que se refiere a las competencias mínimas, como al aspecto cultural.

Teniendo en cuenta que la mayor parte de las luchas estudiantiles que se mencionan en este artículo tienen lugar en el ámbito universitario, conviene citar ciertos aspectos de la reforma universitaria para poder contextualizar esas luchas, tales como la progresiva adaptación de los títulos a las necesidades del mercado laboral, la supeditación de la determinación de los proyectos de investigación universitaria a las necesidades de empresas privadas, la hermetización de los órganos universitarios, una mayor fragmentación y especialización en las ciencias sociales, la externalización y precarización de los servicios universitarios…​

De la misma forma en que se suele situar la conversión de la “universidad de la élite” en la “universidad de las masas” del estado de bienestar en la década de 1960, la reforma, que fue intensificándose en la década del 2000 suele definirse como el salto de la ”universidad de las masas” a la “universidad de las empresas”. En este punto, sin embargo, puede ser importante explicar que la influencia de las empresas o del mercado laboral en el sistema educativo no se inicia en la década del 2000, ni mucho menos. A medida que el capitalismo se desarrolla, desde finales del siglo XVIII hasta la actualidad, el sistema educativo se ha ido transformando teniendo siempre como objetivo responder a las necesidades económicas y políticas de la burguesía en cada una de sus fases. Teniendo esto en cuenta, la reforma de las últimas décadas se ha definido también como un cambio del modelo económico-social fordista al modelo Just In Time. De esta manera, se puede afirmar más rotundamente que la participación de las empresas no ha comenzado con la última reforma, sino que ha tomado una forma más agresiva. Tras la Segunda Guerra Mundial, en el centro imperialista, el nuevo escenario se caracterizaba por una gran regulación estatal y un modelo de empleo estable; con la llegada de la época de crisis, se pasó a los modelos de proletarización y puestos de trabajo precarios. Por tanto, la reforma educativa de las últimas décadas se puede definir no como el comienzo de la intervención empresarial en la universidad, sino como la intensificación de esa intervención.

La reforma educativa de las últimas décadas se puede definir no como el comienzo de la intervención empresarial en la universidad, sino como la intensificación de esa intervención

1999, Bolonia y e​l auge de las luchas estudiantiles

Con la parafernalia discursiva de estar a las puertas del siglo XXI y el impulso de las innovaciones digitales, el proceso de reforma se presentó como un proceso de adaptación a los nuevos tiempos. La Unión Europea declaró el año 1996 “el año Europeo de la educación y de la formación continua”, en 1997 tuvo lugar el pacto de Lisboa y en 1999 la declaración de Bolonia. Pero la reforma no es solo una cuestión europea; un claro exponente de ello es que instituciones como la OCDE y la Unesco han promovido procesos en direcciones similares a nivel mundial.

En el año 1999 se organizaron multitudinarias protestas contra la reunión de la Organización Mundial del Comercio en Seattle, y en 2001 contra la reunión del G8 en Génova. Esas manifestaciones contra los símbolos de las políticas neoliberales internacionales tuvieron una gran repercusión internacional, también entre la juventud. La Declaración de Bolonia también se encuadraba dentro de la agenda de la oligarquía internacional, y entendiéndolo así, el sector estudiantil acometió la tarea de la organización del ciclo de lucha contra esa oligarquía.

En los años 2003 y 2005 se llevaron a cabo movilizaciones estudiantiles en Berlín y en Noruega contra los ministros de Educación reunidos en esas ciudades, ya que la burguesía estaba estableciendo el marco para la reforma de Bolonia denominada “Espacio Europeo de Educación Superior”. A su vez, la oposición contra dicha reforma iba tomando cuerpo. Hay que destacar que en la contestación contra Bolonia pueden distinguirse dos bloques: Por un lado, la Oficina Europea de Información al Estudiante o ESIB (European Student Information Bureau), y, por otro, el Foro Europeo de Estudiantes. Los primeros optaron por participar en la gestión del proceso de Bolonia para poder “aprovechar sus potencialidades” y “pulir” sus aspectos negativos. Los segundos, con una crítica más profunda sobre Bolonia, se situaron en total oposición a la reforma, estableciendo como lema “más que mejorar la universidad, superar esta universidad”.

En 2006, el Foro Europeo de Estudiantes organizó una reunión en la localidad navarra de Bakaiku en la que organizaciones estudiantiles de diferentes países de Europa, entre las que estaba Ikasle Abertzaleak, definieron una serie de reivindicaciones comunes, tales como la paralización inmediata del Plan Bolonia, la apertura del debate sobre el modelo educativo o la necesidad de que la universidad fuera un servicio público al servicio de la solidaridad y pensamiento crítico.

El Foro determinó como su objetivo “articular un discurso común y tener una organización flexible y duradera”, y diversos agentes locales hicieron un esfuerzo en esa misma dirección, aunque hay que mencionar que entre los agentes participantes y/o entre las asambleas afloraron a menudo dificultades para mantener una estrategia clara y coordinada. Otra cuestión a destacar es que la implicación y participación de docentes fue muy limitada, y que el estudiantado fue el principal sujeto educativo de la lucha contra Bolonia.

La lucha principal era detener Bolonia ―y, fuera del espacio europeo, paralizar legislaciones de carácter similar―, pero, junto con la voluntad de paralizar la legislación general, también se dirigieron reivindicaciones contra aspectos concretos de la reforma, siendo estas las más importantes:

Contra el encarecimiento de la enseñanza (denunciando la subida de las tasas y los recortes en las becas, en contra del proceso burocrático de la enseñanza y a favor de la gratuidad de los servicios…). En contra de definir los contenidos educativos en función de la demanda del mercado laboral (en contra de la evaluación basada en competencias, denunciando el incremento de la hiperespecialización y del recorte de contenidos en las ciencias sociales…); en este punto es destacable la importancia que el concepto de “empleabilidad” de la educación toma en las nuevas legislaciones. Se denunciaba la implantación de nuevos grados y títulos cuyo objetivo era formar a una fuerza de trabajo flexible que se amoldara con mayor facilidad a los vaivenes del mercado laboral. Se luchaba contra el hecho de que los órganos de decisión fueran cada vez más herméticos (desde la misma imposición de Bolonia, que se estableció sin las condiciones necesarias para la participación en la decisión, hasta las normas que ampliaban la capacidad decisoria de los órganos ejecutivos de la enseñanza, disminuyendo así todavía más el poder de los claustros y otros mecanismos de participación), y también, en un plano más político, contra los partidos de gobierno que aplicaron esas legislaciones.

El Plan Bolonia impuso varias legislaciones en diferentes países, y en ellos se organizaron importantes protestas para denunciarlas: en 2005, contra la reforma de Moratti y Zecchino-Berlinguer en Italia; en 2005, en Dinamarca, denunciando la reforma que prohibía los exámenes colectivos; en 2006, en contra del consejero de Educación en Francia; en 2006, para reivindicar la suspensión de la Ley de Privatización de la Universidad en Grecia … Al mismo tiempo, cabe destacar que el enojo y las protestas que produjo la reforma educativa no surgían únicamente del ámbito educativo, y que tampoco se agotaban solamente en ese sector. Dado que las crisis y reformas afectan a todo el movimiento obrero, las luchas estudiantiles se han ido articulando con reivindicaciones y luchas políticas más generales.

Dado que las crisis y reformas afectan a todo el movimiento obrero, las luchas estudiantiles se han ido articulando con reivindicaciones y luchas políticas más generales

Grecia, en concreto, refleja el punto anterior de una manera tan clara como cruel. En el curso 2006-2007 en Grecia se mantuvieron más de 400 facultades en encierro y lograron derogar la reforma legislativa que autorizaba la creación de universidades privadas. Esa victoria fue un ejemplo y una fuente de motivación para las luchas estudiantiles de otros países. Se suele situar como sujeto principal de esas luchas a la “generación de los 700 euros”. Esa denominación hace referencia a la juventud que vive con el salario mínimo regulado, una generación que, al igual que en Grecia, está aumentando en otros muchos países. Ese sujeto joven y el recrudecimiento de la crisis y del autoritarismo crearon las condiciones para las históricas movilizaciones conocidas como la “rebelión griega” de 2008. En ese contexto de años de luchas estudiantiles y obreras generalizadas, el asesinato del joven Alexandros Grigoropoulos de la mano de la Policía encendió la chispa para la rebelión.

Como se ha mencionado anteriormente, la ofensiva burguesa y la reforma educativa tienen un carácter internacional, y también fuera de Europa se han producido luchas estudiantiles muy importantes. La lucha estudiantil en la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) se considera un símbolo del inicio del ciclo de luchas estudiantiles que arranca en 1999. El alumnado universitario se organizó en contra del encarecimiento de las cuotas universitarias, por medio de procesos de ocupación de las instalaciones universitarias y de huelgas que se prolongaron durante nueve meses. De la misma forma en que la lucha de México se considera un primer símbolo de este ciclo, se considera también icónica de este ciclo “la Revolución de los Pingüinos” de los y las estudiantes de Chile.

Chile fue uno de los primeros países en sufrir la agenda neoliberal mundial bajo la dictadura de Pinochet, y aún terminada la dictadura, a través de leyes como la LOCE (Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza), el país se ha situado entre los que tienen la enseñanza pública más cara de Latinoamérica. En el año 2006, las imágenes de unas inundaciones provocadas por las malas condiciones de las instalaciones de un centro escolar tuvieron una gran difusión, y empujados por años y años de indignación, siguiendo el ejemplo de las luchas estudiantiles internacionales, surgieron las movilizaciones estudiantiles más multitudinarias de la historia de Chile. Fueron los alumnos y las alumnas de Secundaria quienes se movilizaron principalmente, y reivindicaron, entre otras cosas, la gratuidad de la enseñanza y la mejora de la calidad. A pesar de que gracias a esas primeras movilizaciones lograron anular la LOCE (Ley Orgánica de Calidad de la Educación), el movimiento estudiantil retomó las movilizaciones en el año 2011 para denunciar que la nueva Ley General de Educación solo suponía cambios superficiales.

Aunque en los siguientes años continuó habiendo luchas estudiantiles de características similares (en 2010 contra la subida de las tasas de enseñanza en el Reino Unido, en 2011 contra la ley que multiplicaba la creación de universidades privadas en Colombia, en 2012 denunciando la subida del coste de las matrículas en Canadá…), en lo que se refiere al ámbito europeo, con la implantación y estabilización del Plan Bolonia, se produce un debilitamiento o una transformación de las luchas en contra de dicho plan. Es importante subrayar que más que el agotamiento total de las luchas, lo que se produce es un cambio en sus formas. Y es que la reforma estructural, razón principal de las movilizaciones, continúa vigente, y la crisis de 2008 hace más visibles todavía las profundas raíces del problema. Así, irán surgiendo nuevas luchas estudiantiles, como por ejemplo, en el Estado español, contra la LOMCE (Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa) o contra el decreto “3+2”.

Es importante subrayar que más que el agotamiento total de las luchas contra el Plan Bolonia, lo que se produce es un cambio en sus formas. Y es que la reforma estructural, razón principal de las movilizaciones, continúa vigente, y la crisis de 2008 hace más visibles todavía las profundas raíces del problema

Profundización de la ofensiva y auge del autoritarismo

La cara amable de las décadas del estado de bienestar se va derrumbando, y la burguesía se ve obligada a aplicar mano dura contra quienes cuestionan su proyecto. De esa forma, el hecho de disciplinar aún más al estudiantado de clase obrera se convierte en una tarea importante, aunque ello exija implantar políticas que se alejen del rostro amable de la democracia burguesa, hasta el punto de aplicar, si es necesario, el marco de la extrema derecha. Ese marco se puede observar en varios aspectos: medidas económicas aún más duras para el proletariado, lucha ideológica, endurecimiento de la legislación represiva… Vayan como ejemplo las siguientes luchas estudiantiles:

En Italia se implantó la ley Alternanza scuola-laboro en 2015, por medio de la cual se obliga al alumnado a realizar prácticas no remuneradas, para que desde la adolescencia se “orienten” en el mercado laboral. En los últimos años han surgido fuertes protestas estudiantiles contra esa ley, protestas que se vieron intensificadas después de que el joven Lorenzo Parelli perdiera la vida en un accidente laboral durante sus prácticas scuola-laboro. La Policía arremetió contra la juventud que se manifestó en la calle para denunciar la muerte de Parelli y el funcionamiento del sistema scuola-laboro, dejando heridos graves.

En cuanto a la lucha ideológica, en Brasil, Bolsonaro ha venido realizando numerosas afirmaciones reivindicando la necesidad de eliminar el “marxismo cultural” y la “ideología de género” de las aulas (a semejanza de Meloni en Italia), y tras declarar las universidades “nidos de izquierdistas”, ha mostrado sus intenciones de orientar la financiación de las carreras de Sociología y Filosofía hacia “carreras más productivas”. En este contexto y tras la congelación de varias financiaciones destinadas a las universidades públicas, se han organizado importantes movilizaciones estudiantiles en Brasil. Al mismo tiempo, debemos destacar que el Gobierno de Michel Temer, anterior a Bolsonaro, allanó el terreno para esas ideas, eliminando la obligatoriedad de la Filosofía, la Sociología, el Arte y la Educación Física para reforzar las asignaturas requeridas por el mercado laboral. En ese contexto de recortes en la economía y de ofensiva ideológica, el movimiento estudiantil inició la ocupación de escuelas y universidades. Durante estas ocupaciones se organizaron charlas, clases y talleres por parte del estudiantado, con modelos y contenidos inviables dentro del sistema educativo capitalista.

En el contexto del auge del autoritarismo, no podemos dejar de mencionar los últimos acontecimientos de Grecia y Estados Unidos. En Grecia, desde el año 2020 el Gobierno ha desplegado 1030 policías especiales denominados “escuadrones de protección de la universidad” para aumentar el control en el ámbito universitario. Los cargos universitarios tendrán que facilitar “de todas las formas posibles” la labor de ese cuerpo policial, con el objetivo explícito de bloquear la organización política del movimiento estudiantil.

En Estados Unidos, en el contexto del genocidio de Palestina, se han realizado grandes movilizaciones estudiantiles para denunciar la relación y complicidad de Estados Unidos con Israel. Actuando contra esas movilizaciones estudiantiles, el Gobierno detuvo en pocos días a más de 900 estudiantes y, tomando como pretexto el “antisemitismo”, se está produciendo un endurecimiento de la legislación para hacer posible la expulsión de aquellos estudiantes que participan en las movilizaciones de sus residencias universitarias o, directamente, de sus carreras.

En este sentido, no parece que la ofensiva del capitalismo vaya a traer tiempos mejores ni para la clase trabajadora en general, ni para los y las estudiantes de la clase trabajadora. En este contexto en el que se multiplican los tambores de la guerra imperialista, el Gobierno de Alemania ha establecido un nueva legislación para el servicio militar obligatorio, contra lo que se ha movilizado el estudiantado alemán, realizando paros en la enseñanza que han extendido a 90 pueblos y ciudades.