La lucha a favor del euskera en el ámbito educativo
— ARGAZKIA Nahia Miguel

El período de revitalización del euskera empezó a ralentizarse hacia finales del siglo XX y entramos en una época de estancamiento. Además, los últimos estudios prevén un futuro oscuro para el euskera. Aun así, sabemos que siempre existe la oportunidad de revertir las tendencias y las previsiones; el euskera es un claro ejemplo de ello, o mejor dicho, la revitalización lograda por quienes lucharon a favor del euskera es ejemplo de ello. Del mismo modo, la educación ha sido un ámbito decisivo en ese proceso.

PRIMEROS INTENTOS DE INTRODUCCIÓN DEL EUSKERA EN LA EDUCACIÓN

Entre finales del siglo XIX y principios del XX, en Euskal Herria, la clase obrera pudo acceder a la educación entendiéndose, de todas maneras, como un proceso gradual y limitado a la educación obligatoria, es decir, hasta los 12-13 años. Así, miles y miles de hablantes de euskera se escolarizaron masivamente por primera vez. Por un lado, la escolarización masiva de la clase trabajadora trajo nuevas oportunidades, tales como la alfabetización, la adquisición de conocimientos o la consecución de nuevas herramientas para la participación social. Por otro lado, los hablantes de euskera no pudieron completar el proceso de escolarización en su lengua materna, ya que las lenguas minoritarias se veían como obstáculo para la construcción de un sistema educativo uniforme y nacional. En ese contexto, el sistema educativo en tanto que herramienta del Estado moderno cumplió un papel fundamental el proceso de homogeneización lingüística, extendiendo el castellano y el francés en los lugares donde anteriormente solo se hablaba euskera, y profundizando en esa tendencia en los territorios que ya eran bilingües.

A principios del siglo XX, los movimientos educativos que defendían una educación laica, pública y basada en métodos pedagógicos modernos estaban muy en boga. Esas reivindicaciones respondían al desarrollo del sistema capitalista y a las necesidades de los nuevos Estados modernos y, en la misma dirección, a la necesidad de homogeneización lingüística. Siguiendo esa senda, tras las leyes de 1881-1882 de Jules Ferry, el francés se convirtió en el único idioma del sistema educativo en Francia, y se tomaron las demás lenguas como contrarias al desarrollo y a la unidad nacional. En consecuencia, hasta mediados del siglo XX, las estrictas políticas de asimilación lingüística condicionaron el ámbito educativo y se persiguió de manera activa el uso del euskera en Ipar Euskal Herria.

También en el caso del Estado español, las reformas lingüísticas se aplicaron de forma uniforme en todo el territorio, y el castellano se convirtió en el único idioma para la educación. En Hego Euskal Herria, anteriormente, la educación religiosa —la catequesis, por ejemplo— se impartía en euskera, lo que posibilitaba la transmisión del idioma. La educación laica e innovadora, en cambio, impulsaba avances pedagógicos, pero únicamente se ofrecía en castellano, ya que se prohibió y castigó el uso del euskera y se profundizó en el proceso de sustitución del euskera. El aparente choque entre ambas formas educativas causó inquietud en los sectores vascófilos progresistas, puesto que los progresos educativos no tenían por qué significar la imposición del castellano. Por el contrario, desde Eusko Ikaskuntza se reivindicó que el avance pedagógico podría darse de mano del euskera.

En las décadas de los 20 y los 30 empezaron a expandirse iniciativas a favor de la enseñanza únicamente en euskera, sobre todo impulsadas por sectores culturales nacionalistas. Las primeras ikastolas nacieron en esos tiempos, así como los primeros intentos institucionales de insertar el euskera en la educación pública, especialmente en Gipuzkoa y Bizkaia, a través de las escuelas de barrio.

Aun así, la expansión fue bastante limitada cuantitativamente hablando. Durante la Guerra Civil los franquistas cortaron de raíz todas esas iniciativas en cuanto tomaron el control de las tierras vascas. Todas las escuelas quedaron bajo el control del Estado. Se estableció una educación autoritaria, católica-nacional y muy ideologizada, la cual tenía como objetivo principal crear ciudadanos fieles al Régimen. Se estableció el castellano como única lengua de enseñanza, y se prohibió el uso del euskera y de cualquier otro idioma en el ámbito escolar. La represión y las sanciones hacia el alumnado se volvieron sistemáticas. Al mismo tiempo, se eliminaron las experiencias pedagógicas anteriores y se reforzaron tanto la religión como los valores tradicionales.

Como consecuencia de la negación de los derechos lingüísticos en los ámbitos formales y de la persecución sistemática y casi total del euskera en Hego Euskal Herria durante el franquismo, nació una nueva conciencia lingüística y política. De ese modo, la exclusión del euskera no se comprendió como una situación natural o inevitable, sino como consecuencia de la opresión política y social. Por consiguiente, se desarrolló una nueva conciencia lingüística y política que reivindicaba el derecho a vivir en euskera en todos los ámbitos de la vida. Se reivindicaba la educación en euskera y, para conseguirla, se entendía como imprescindible la organización independiente.

Como consecuencia de la negación de los derechos lingüísticos en los ámbitos formales y de la persecución sistemática y casi total del euskera en Hego Euskal Herria durante el franquismo, nació una nueva conciencia lingüística y política

En 1944 se creó la primera ikastola clandestina a iniciativa de Elbira Zipitria y un grupo de padres y madres. El objetivo de las ikastolas de la posguerra fue sostener, a toda costa, el euskera y la cultura vasca, en una época de enorme represión y retroceso del euskera. Sin embargo, las condiciones para ello eran duras: las clases se impartían en casas o locales particulares; era muy difícil conseguir material didáctico en euskera; el único sostén eran las redes de apoyo de padres y madres y profesorado; los grupos de estudiantes debían ser menores de 10 personas para evitar el acoso legal; eran habituales las inspecciones de inspectores y policías; y los estudios no estaban homologados, por lo que a partir de cierto momento el alumnado tenía que entrar en el sistema de educación franquista.

A pesar de todo, en la década de los 60, junto con el desarrollismo, fueron cambiando las condiciones sociales y económicas, lo que brindó nuevas oportunidades tanto al euskera como a las ikastolas. Se puede situar en esta época el comienzo del período de revitalización del euskera y el florecimiento de las ikastolas.

REVITALIZACIÓN DEL EUSKERA: ESPACIO EDUCATIVO ESTRATÉGICO PARA LA MODERNIZACIÓN

En la época del desarrollismo, Hego Euskal Herria tuvo un gran desarrollo en el proceso de industrialización. Por un lado, en las zonas anteriormente industrializadas, es decir, en Bizkaia y Gipuzkoa, se profundizó en ese proceso; y, por otro lado, Araba y Nafarroa dieron inicio a su desarrollo industrial. Como resultado de ese desarrollo, surgió la necesidad de mucha mano de obra, lo que dio lugar al rápido crecimiento de los centros urbanos industrializados. Precisamente, a esas ciudades llegaron grandes flujos migratorios desde varios puntos del Estado. Asimismo, las jóvenes generaciones rurales vascas también bajaron a los núcleos urbanos para integrarse en la industria, lo que causó una crisis en la estructura social del caserío que había existido hasta entonces.

La concentración de trabajadores trajo el aumento de conflictos laborales, la reorganización del movimiento obrero y la aparición de nuevas formas de lucha contra el franquismo. Al mismo tiempo, se formó un nuevo nacionalismo vasco, más radical y vinculado con las tesis socialistas. Así, el desarrollismo modernizó la economía vasca y su sociedad, y se acrecentaron los conflictos sociales, culturales y políticos contra el franquismo.

En relación con el proceso de industrialización iniciado en el siglo XIX, el euskera quedó prácticamente atrincherado en un entorno rural en el que no se culminaron completamente los cambios sociales a pesar de que se hicieron varios intentos para modernizar el euskera. En la década de los 60, que la organización social de las áreas rurales entrara en crisis dejó al descubierto la necesidad estructural de modernizar el euskera: si no se integraba en la educación, en el mundo laboral y en la nueva sociedad urbana, el euskera no tendría posibilidad de sobrevivir, puesto que desaparecería junto con la forma de organización rural. Asimismo, el desarrollo del proceso de industrialización en Hego Euskal Herria estableció las condiciones objetivas para la modernización del euskera.

En este contexto, la conciencia y la lucha a favor del euskera tejida anteriormente se reorganizó, yendo más allá de la mera resistencia y entendiendo la modernización como condición indispensable para la supervivencia de la lengua. La lucha a favor del euskera se tuvo que adaptar para responder a una sociedad más urbanizada e industrializada, y para ello fue imprescindible garantizar la presencia del euskera en ámbitos como la educación.

La conciencia y la lucha a favor del euskera tejida anteriormente a la década de los 60 se reorganizó, yendo más allá de la mera resistencia y entendiendo la modernización como condición indispensable para la supervivencia de la lengua

Las ikastolas dieron un gran salto cualitativo y cuantitativo a finales de la década de los 60. Aunque continuaron siendo años de dura represión, existía una mayor tolerancia y fue posible construir un proyecto educativo con una estructura más firme y compleja, que tenía como objetivo su difusión y profesionalización. Así, surgieron iniciativas para formar al profesorado, se creó más material educativo, se insertaron nuevas corrientes pedagógicas, fue posible ampliar la franja de edades del alumnado, se consiguieron infraestructuras más adecuadas, etc.

Sin embargo, ese salto no se basaba en el apoyo institucional ni en la financiación pública que comenzó a darse en muy poca medida a partir de 1970, sino en un modelo organizativo independiente basado en el trabajo militante y el compromiso. Se utilizaron infinidad de maneras para conseguir recursos económicos, como por ejemplo festivales, txosnas, sorteos, comidas populares, aportaciones a través de cuotas, teatros o sesiones de bertsos. Además, a través de esas iniciativas culturales que organizaban también se buscaba la normalización del euskera. Esa forma de organización, desarrollada en duras condiciones materiales, no solo levantó ikastolas, sino también una comunidad politizada y comprometida.

Sin embargo, el salto dado por las ikastolas a finales de los 60 no se basaba en el apoyo institucional ni en la financiación pública que comenzó a darse en muy poca medida a partir de 1970, sino en un modelo organizativo independiente basado en el trabajo militante y el compromiso

En Ipar Euskal Herria, la primera ikastola se creó en 1969, en Arrangoitze, efeméride que debemos enmarcar en la expansión del florecimiento de las ikastolas que se estaba dando al otro lado de la frontera. El caso de Iparralde es interesante para entender la necesidad e incapacidad de modernización del idioma: surgieron pequeñas áreas industriales en ciertos puntos de Lapurdi pero, en general, se quedó fuera del polo administrativo e industrial del Estado francés, desarrollando una posición periférica y dependiente del centro. La modernidad vino de la mano del francés y en detrimento del euskera. En ese contexto, si se pusieron en marcha iniciativas a favor del euskera, fue como consecuencia de una onda expansiva que empezó en Hegoalde. Sin menospreciar todo el esfuerzo realizado en Iparralde, ese progreso limitado no es consecuencia de una conciencia lingüística o militancia más pobre, sino el resultado de limitaciones objetivas impuestas por las diferentes condiciones socioeconómicas y políticas estructurales.

De esa forma, en un contexto en el que muchas familias habían renunciado a usar el euskera, se abrió la posibilidad de transmitirlo a las nuevas generaciones. La educación se convirtió en punto importante de aprendizaje y utilización del euskera, no solo como asignatura, sino también como medio de comunicación, y eso ayudó a la normalización del euskera y a formar hablantes competentes. Además, el uso del euskera pasó de estar relegado a la familia, a que toda la población, incluidos los castellanoparlantes, pudiera tener acceso al euskera.

Si lo mencionado fue imprescindible para que el euskera pudiera seguir adelante, fue precisamente porque había sido un paso decisivo para superar el estado de diglosia que existía en aquel entonces; es decir, insertar el euskera en la educación posibilitó que su uso se extendiera más allá del ámbito familiar e informal, y que poco a poco consiguiera estatus social.

En un momento en el que el euskera llevaba décadas sumergido en un proceso de sustitución, justamente cuando la sociedad de Hego Euskal Herria sufría una fuerte represión, se dio un vuelco en la transmisión del euskera y se consiguió una tendencia al ascendente; si eso fue posible, lo fue porque además de haber condiciones objetivas, también se constituyó una concienciación y una lucha a nivel social. El euskera estaba articulado con otras luchas sociales, posicionado a favor de un nuevo mundo y en contra del régimen franquista. Así, se convirtió en un elemento cultural y político de los movimientos que operaban en la oposición al franquismo.

Todo el trabajo realizado en el ámbito de la educación y lo conseguido por ello, debe entenderse en el mismo sentido. Las ikastolas de la época franquista no se limitaban a transmitir el contenido didáctico en euskera y a impulsar el euskera en las aulas; estudiar en euskera, de por sí, implicaba poner en duda el orden impuesto. En consecuencia, las ikastolas estaban muy politizadas, y por ello, su alumnado no era un sujeto pasivo. Se educó al estudiantado como agente político consciente y orientado a la proyección y construcción de un nuevo modelo de sociedad. En resumen, el alumnado fue un sujeto político integrado en las luchas sociales desde muy joven.

Las ikastolas de la época franquista no se limitaban a transmitir el contenido didáctico en euskera y a impulsar el euskera en las aulas; estudiar en euskera, de por sí, implicaba poner en duda el orden impuesto

La educación, en muchos casos, se concibe como ámbito clave de intervención para alcanzar el objetivo de mejorar y normalizar la situación de las lenguas minorizadas, lo que lleva a la conclusión de que lo que se puede hacer en favor de esas lenguas es aplicar políticas lingüísticas eficaces. Las políticas lingüísticas fueron necesarias para expandir el euskera a ámbitos formales. Aun así, el papel que tuvo la educación en la revitalización del euskera no se limitó únicamente a impulsar el euskera en las escuelas y a garantizar los derechos lingüísticos. Trascendió a las dinámicas sociales, puesto que eran generaciones preparadas para incidir en esas dinámicas y defender sus intereses.

NORMALIZACIÓN E INSTITUCIONALIZACIÓN

En el panorama político abierto con la muerte de Franco en 1975, las instituciones iniciaron un proceso de oficialización del euskera empujados por la presión social. Además, junto con la transferencia de las competencias educativas a las comunidades autónomas, se abrió la posibilidad de integrar el euskera en la educación pública. Pero, al fin y al cabo, la reivindicación que venía de lejos era de un sistema educativo en euskera y, aunque con sus limitaciones, las ikastolas materializaban esa reivindicación. Por eso, fue necesario integrar de alguna forma esa red de escuelas creada por organización independiente en el sistema educativo oficial.

El proceso de institucionalización del euskera fue distinto en la CAV y en la Comunidad Foral de Navarra. En la Comunidad Autónoma Vasca, tras la aprobación el Estatuto de Gernika de 1979, el euskera se convirtió en lengua oficial junto con el castellano en todo el territorio. En educación, se establecieron los modelos lingüísticos A, B y D, y a lo largo de la década de los 80 predominó el modelo en euskera. Por otra parte, las ikastolas recibieron la declaración de “escuelas públicas no estatales” y tomaron parte en el desarrollo de la red pública.

En el caso de Nafarroa, la Ley de Zonificación Lingüística de 1986 dividió Nafarroa en tres territorios: el euskaldun, el mixto y el no-euskaldun. Esa ley condicionó la presencia y el amparo del euskera según el lugar, y el desarrollo fuera de la zona euskaldun se limitó de manera especial. Cabe destacar que en la zona euskalduna vivía solamente un 10% de la población navarra. En consecuencia, las iniciativas surgidas por el movimiento popular continuaron siendo la única opción que permitía a la mayoría de la población estudiar en euskera.

Gracias al proceso de institucionalización, el euskera consiguió estabilidad jurídica y financiación pública en el ámbito educativo, lo cual facilitó que sectores cada vez más amplios de la población pudieran acercarse al idioma. Por ese lado, la institucionalización fue una condición necesaria para universalizar el euskera como lengua de enseñanza y para fortalecer la educación en un ámbito formal.

A pesar de todo, ese proceso tuvo momentos de tensión; de hecho, como se ha mencionado, el modelo educativo en euskera anteriormente existente —el proyecto de las ikastolas— se basaba en la autonomía política y la organización independiente, e insertar el euskera en el sistema público conllevaba someterse en el ámbito jurídico, curricular y administrativo. Aunque la institucionalización del euskera garantizó la supervivencia material y la expansión cuantitativa de la educación en euskera, también ocasionó cierta despolitización y la delegación de la responsabilidad de la normalización lingüística en las políticas públicas.

Aunque la institucionalización del euskera garantizó la supervivencia material y la expansión cuantitativa de la educación en euskera, también ocasionó cierta despolitización y la delegación de la responsabilidad de la normalización lingüística en las políticas públicas

Además, no se puede hablar en términos absolutos sobre ese proceso de institucionalización, ya que en Ipar Euskal Herria el euskera sigue sin ser lengua oficial y, en Nafarroa, tiene un estatus jurídico diferente según la zonificación lingüística. Por consiguiente, las oportunidades de estudiar en euskera en la educación pública no son homogéneas y existen diferencias según el territorio.

LA UNIVERSIDAD VASCA

Asimismo, aunque hasta ahora se haya puesto el foco en la educación obligatoria, es imprescindible tener en cuenta el ámbito universitario, ya que en las últimas décadas el acceso a la educación superior se ha expandido considerablemente y ha tomado cada vez mayor importancia en el proceso educativo.

En las primeras décadas del siglo XX surgieron proyectos para la creación de la universidad vasca; entre otros, fue una de las líneas de trabajo de Eusko Ikaskuntza. Teniendo en cuenta que en esa época la clase obrera no tenía acceso a estudios superiores y que la posibilidad de cursar estudios universitarios estaba limitada a un sector muy reducido de la sociedad, los principales impulsores de ese proyecto fueron las élites culturales y la burguesía vasca.

El proyecto universitario planteado por Eusko Ikaskuntza tenía como objetivo principal preparar a la élite intelectual y técnica, para así dirigir la modernización social. La universidad se comprendía como herramienta de construcción nacional: para sistematizar el conocimiento científico, dar prestigio académico a la cultura vasca y para crear cuadros cualificados que ejercieran en la Administración, la economía y la cultura. Por consiguiente, el proyecto cumplió una función estratégica y simbólica para que la burguesía y la élite vasca reforzaran su liderazgo social y político y, al mismo tiempo, para introducir Euskal Herria en los circuitos de conocimiento modernos de Europa.

En el marco de ese proyecto, el euskera cumplió la función principal de identidad y legitimación cultural: se buscaba dotar a la lengua de estatus académico y científico, sobre todo en ámbitos de investigación como Filología e Historia y, en consecuencia, el euskera se convirtió en objeto principal de estudio e investigación. Aun así, se preveía impartir la mayor parte de la enseñanza en castellano. Así, a pesar de que el euskera fuera uno de los ejes fundamentales de la legitimidad ideológica y cultural del proyecto universitario, no se concebía como lengua principal del ámbito educativo. El desarrollo del proyecto se detuvo completamente con la instauración del régimen franquista.

En las décadas de los 60 y los 70, la expansión del sistema universitario y el acceso progresivo de la clase trabajadora a ella cambió la composición social de la educación superior, con lo que el anterior modelo elitista universitario entró en crisis. La universidad dejó de ser un lugar para preparar solamente a las élites, y se convirtió en un espacio para la lucha social y política. El alumnado de clase obrera reivindicaba un nuevo modelo universitario adecuado a sus intereses, teniendo como objetivo la universalización del conocimiento, la igualdad de acceso y la transformación social. En ese contexto, el movimiento estudiantil se convirtió en un importante agente de cambio social a nivel de sociedad en el caso del Estado español, fue un agente fundamental contra del régimen franquista.

Partiendo de ese contexto general, la reivindicación por una universidad vasca tuvo un gran cambio de dirección. Por un lado, entendiendo la universidad como institución, se siguió proclamando la necesidad de una institución propia, puesto que Euskal Herria estaba dividida en cuatro distritos universitarios: Araba y Gipuzkoa estaban bajo el distrito de Valladolid; Nafarroa, bajo la de Zaragoza; las tres provincias de Ipar Euskal Herria, bajo el distrito de Burdeos, y la Universidad de Leioa tenía una autonomía especial. En consecuencia a esta organización, Euskal Herria no tenía ninguna política universitaria ni educativa unificada, y los diseños de los programas universitarios y las decisiones importantes se imponían desde el exterior.

Sin embargo, las reivindicaciones sobre la universidad no se limitaron a reclamar una institución propia, ya que los cambios que se habían producido en la composición del alumnado crearon nuevas necesidades, y se empezaron a tejer los movimientos a favor de los intereses del alumnado de clase obrera. En el caso concreto de Euskal Herria, la cuestión de la lengua se convirtió en un eje importante. Entre el movimiento estudiantil y los sectores críticos se manifestaba cada vez más claramente que la universidad no podía responder a la realidad social y cultural de Euskal Herria sin la presencia central del euskera.

Por consiguiente, la universidad vasca que se reivindicaba no era simplemente una institución propia, sino una universidad que funcionara en euskera, estableciendo el euskera como idioma de enseñanza, de investigación y de producción de conocimiento. En ese sentido, en 1973 se creó la Universidad Vasca de Verano (UEU – Udako Euskal Unibertsitatea). Así mismo, desde el movimiento estudiantil no se reivindicaba cualquier tipo de universidad en euskera, ya que la lucha por el euskera era el eje articulador de un proyecto más amplio de construcción de un modelo universitario organizado en defensa de los intereses del alumnado. En ese contexto, a partir de 1973 el movimiento estudiantil comenzó a crear grupos de euskera de estudiantes.

Desde el movimiento estudiantil no se reivindicaba cualquier tipo de universidad en euskera, ya que la lucha por el euskera era el eje articulador de un proyecto más amplio de construcción de un modelo universitario organizado en defensa de los intereses del alumnado

El hecho de que en 1980 se creara la Universidad del País Vasco en la CAV —es decir, una institución vasca propia— no trajo de facto la normalización del euskera, a pesar de que para entonces el euskera fuera idioma oficial y se hubiera iniciado su proceso de institucionalización en la educación obligatoria. Los primeros estudios que se establecieron en euskera fueron los Estudios Vascos y los grados del ámbito educativo, ya que además de existir un alto nivel de politización y movilización, existía también una clara necesidad social, ya que la educación obligatoria pública necesitaba profesores euskaldunes para completar el proceso de normalización del euskera. En los demás casos, es decir, en los que el euskera no tenía algún tipo de rentabilidad, fue el alumnado quien durante las décadas de los 80 y 90 presionó a la UPV/EHU y materializó las luchas para normalizar el euskera de facultad en facultad.

Por un lado, los grupos de euskera respondieron al vacío estructural que tenía el sistema universitario respecto al euskera. El alumnado se empezó a organizar por su cuenta para poder trabajar el contenido en euskera, traducir al euskera los apuntes, reflexionar sobre los criterios lingüísticos, etc. Del mismo modo, se desarrolló la actividad relacionada con la producción de conocimiento. Así, los objetivos principales fueron la creación de terminología técnica y la formación del futuro profesorado y personal investigador que supiera euskera. Además, se buscó convertir la universidad en un espacio para la reflexión sobre la cultura vasca y la realidad social, creando para ello diversas conferencias, festivales o foros de debate.

Paralelamente, a través de la organización y mecanismos de presión —recogida de firmas, encierros, manifestaciones, huelgas, pintadas—, el alumnado continuó presionando a la UPV/EHU para reclamar la enseñanza en euskera. Es de destacar el ciclo de lucha que comenzó el otoño de 1994 en la facultad de Bellas Artes. El alumnado matriculado en Bellas Artes en euskera pidió cinco profesores euskaldunes, para poder cursar realmente el grado en euskera. Para ello, comenzaron una huelga indefinida y alrededor de 200 estudiantes ocuparon la facultad. Mientras duró la huelga —cerca de tres meses—, llegaron a organizar asambleas de 700 alumnos y el 3 de noviembre 200 estudiantes trataron de ocupar el museo de Bellas Artes. Con ayuda de algunos trabajadores, lanzaron una pancarta desde el tejado y realizaron una sentada. Esa acción fue duramente reprimida por la Ertzaintza y siete personas fueron detenidas. En consecuencia, Ikasle Abertzaleak convocó movilizaciones en las cuatro capitales de Hego Euskal Herria, y miles de estudiantes tomaron las calles. De esa forma, la lucha se expandió a otras facultades y campus y, en octubre de 1995, la UPV/EHU tuvo que contratar a 85 profesores euskaldunes, incluyendo a cinco de Bellas Artes.

En 1986 se creó la Universidad Pública de Navarra. La UPNA, al menos formalmente, puede entenderse como institución propia del territorio vasco con capacidad decisoria. Además, también allí se organizó el movimiento estudiantil por el euskera y se pusieron en marcha diversas luchas. Aun así, no se consiguieron resultados similares a los de la UPV/EHU; de hecho, la propia creación de la universidad se llevó a cabo en un marco político y jurídico restrictivo —la Ley de Zonificación Lingüística es de ese mismo año—.

Los campus de Angelu y Baiona forman parte de la Universidad de Pau y de los Países del Adour y, al estar bajo la Academia de Burdeos, las decisiones académicas y lingüísticas se toman fuera de Ipar Euskal Herria. Además, como la extensión de la universidad va más allá del territorio de Ipar Euskal Herria, para cursar la mayoría de grados el alumnado se ve obligado a irse fuera. Por lo tanto, es imposible activar luchas a favor del euskera en estos grados. Por otro lado, entre los grados que se pueden cursar en Iparralde, el de Estudios Vascos es el único que se puede hacer en euskera —con grupos muy pequeños y optativas en francés y, si no, únicamente se ofrecen algunas asignaturas optativas sueltas—.

En resumen, el caso de Iparralde muestra las dificultades que plantea para activar y ejecutar eficazmente las luchas el no poder organizarse a una escala equivalente a las instituciones a las que hay que presionar. En cambio, el caso de la UPNA pone de manifiesto que el hecho de ser una institución propia, en sí mismo, no es suficiente para garantizar el derecho a estudiar en euskera.

Por último, el caso de la UPV/EHU, a pesar de que haya condiciones formales para la institucionalización del euskera, nos muestra que el sistema educativo capitalista está condicionado por criterios de eficiencia y la rentabilidad. Siguiendo esa lógica, garantizar el proceso de aprendizaje en euskera —aunque todavía con carencias— no ha sido una concesión hecha previamente por la universidad, sino una conquista de la organización, la presión y la lucha del alumnado.

EL EUSKERA HOY EN DÍA: PERIODO DE RALENTIZACIÓN

Si saltamos a la situación actual de la educación, está claro que todavía no es posible desarrollar el proceso educativo completamente en euskera, ni siquiera en la CAV. Muchas luchas que aún son necesarias en el ámbito educativo pueden enmarcarse en la dirección de la consecución de ese objetivo: poder cursar en euskera las asignaturas optativas de la UPV/EHU; traducir el material académico al euskera; ofrecer en euskera los grados de la UPNA; integrar el euskera en la educación pública en la zona mixta y no-euskaldun de Nafarroa y reconocer la oficialidad del idioma; en el caso de Ipar Euskal Herria, reconocer la oficialidad del euskera, integrar el euskera en la educación pública y formar una universidad propia, ofreciendo grados y garantizando la opción de cursarlos en euskera.

Además, en el contexto en el que el sistema educativo se está adaptando a las nuevas necesidades del capital, se deben tener en cuenta otros campos conflictivos, esto es, la Formación Profesional y los másteres, ya que tienen cada vez mayor peso en el proceso educativo y las posibilidades de cursarlos en euskera son muy reducidas. De todas formas, ¿sería suficiente para superar la situación que actualmente vive el euskera, en lo que al ámbito educativo se refiere, garantizar el derecho a completar el proceso educativo en euskera en su totalidad?

Esa pregunta no se puede responder de manera abstracta, sin tener en cuenta las condiciones políticas y las relaciones sociales en las que se consigue el acceso a ese derecho. En ese sentido, garantizar formalmente la oportunidad de estudiar en euskera no asegura implícitamente la transmisión del euskera y su uso social, el caso de Irlanda es ejemplo de ello.

En el ámbito educativo, podemos ver cómo cada vez es más común el tratamiento del euskera como contenido curricular y no tanto como lengua de comunicación o de relación social

Precisamente, en el ámbito educativo, podemos ver cómo cada vez es más común el tratamiento del euskera como contenido curricular y no tanto como lengua de comunicación o de relación social. En ese contexto, se está extendiendo la comprensión del euskera como capital lingüístico con valor académico y profesional. Bajo ese marco, su valor no se basa en el uso social, sino en las titulaciones o certificaciones formales que se reconocen en el proceso educativo y en el mercado de trabajo. En consecuencia, la enseñanza de este idioma está tomando cada vez un carácter más instrumental y eso es un claro indicador de la despolitización del euskera.