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Se vienen unas semanas interesantes: movilizaciones por el derecho a la vivienda, elecciones, concentraciones en contra del fascismo… Y entre toda esa vorágine de lucha también nos va a tocar hablar de sanidad. El sindicato médico primero atrasó su huelga indefinida hasta pasar las elecciones, aunque ahora tras dar un volantazo a esa decisión vuelven a llamar concentraciones en algunas comunidades. El resto de sindicatos en la CAV comenzarán una jornada de huelgas desde octubre hasta diciembre.
Ahora, respecto a lo que nos toca y con la que está cayendo con el desmantelamiento sanitario me gustaría aportar ciertas ideas al debate con una huelga sanitaria sobre la mesa. Es evidente que la situación de condiciones laborales que vivimos los sanitarios hoy en día va en detrimento. A la vez que también queda claro que los pacientes están quedando relegados a una sanidad pública cada vez más colapsada (listas de espera, ambulatorios y urgencias a rebosar, desabastecimiento…). En mi opinión, sería un error analizar esta situación y centrarse solo en una parte sin tener en cuenta estos dos factores, ya que aquí la perjudicada es toda la clase trabajadora, desde el personal sanitario hasta los pacientes.
Podemos hablar, como otras veces hemos hecho, de la colaboración público-privada de Osakidetza, de la externalización de servicios a la privada como excusa de medida puntual para hacer frente al colapso o del negocio que se hace de toda esta situación. Pero además de todo esto deberíamos poner sobre la mesa premisas que vayan más allá de poner parches para salvar un navío ya condenado. O aún peor, no deberíamos fomentar las que solo intentan salvar nuestro propio barco teniendo en cuenta intereses particulares.
Para organizarnos frente a esto debemos dejar claro que hoy en día existe un despilfarro irracional de recursos, y que las decisiones que se están tomando se hacen en base a priorizar el negocio con la sanidad. Por lo que me parece imprescindible que empecemos a hablar sobre la socialización de los servicios sanitarios privados a favor de toda la clase trabajadora a corto plazo. Seguido de una planificación sanitaria a largo plazo bajo los intereses de los que más lo necesitan. Para ello, es necesario que entendamos que todos los sanitarios y pacientes debemos remar en la misma dirección, sin perder el norte. La unidad de clase es nuestro vehículo indispensable.