La elitización de la Universidad. Sobre la represión política (I)

2021eko azaroaren 11a


(Itzulpena)

Los acontecimientos ocurridos durante las últimas semanas en la UPV/EHU han generado cierta agitación. EITB ha convertido las ventanas atravesadas por los tiros de la Facultad de Ciencia y Tecnología de Leioa en el atrezo del programa En Jake, mientras que los sucesos de la facultad de Arquitectura de Ibaeta ha tenido repercusión a nivel estatal.

No habrá sido insignificante el malestar que estos titulares han generado a ciertos directivos de universidades. Dado que, para la Universidad, que es escaparate de la eficacia, del desarrollo y de lo correcto, no es agradable publicar los defectos del producto que vende. En este contexto, una vez más, hemos podido poner sobre la mesa que la Universidad, al igual que otras instituciones burguesas, está obligada a aplicar políticas acordes con las tendencias generales en la sociedad y que esas políticas son consecuencia de la realidad social. Y es que ha sido evidente la irresponsabilidad y la incapacidad demostrada por la universidad de responder a los diferentes acontecimientos de las últimas semanas. Ya que es imposible que la misma institución que genera las condiciones para reproducir las diferentes opresiones proponga soluciones a esas opresiones que ella misma perpetra. Asimismo, no es solo por la falta de capacidad, sino que son la falta de voluntad e interés lo que está detrás de esta intervención.

Aunque los mencionados acontecimientos, que han estado en boca de todos, hayan saciado la escena mediática, no han sido las únicas polémicas que han castigado el ámbito universitario. El debate entre la educación pública y privada, un insulto para una educación pública supuestamente pulcra, ha cobrado relevancia en boca de algunos después de que hayan transcurrido cuatro años desde que el grupo Baskonia-Alavés, el Ayuntamiento de Vitoria, la Diputación Foral de Álava y las universidades catalanas Euses y ENTI presentaran el proyecto de la universidad privada Euneiz. Esta universidad ha sido aprobada por el Gobierno Vasco en el marco del Sistema Universitario.

La izquierda burguesa ha arremetido contra este suceso y, entre otras cuestiones, ha denunciado la repartición inadecuada del dinero público. A su vez, ha querido poner en tela de juicio la legitimidad de dar a una universidad con ánimo de lucro el dinero que se le ha negado a la universidad pública. De ese modo, ha hecho un homenaje abstracto a la universidad pública y la ha justificado. Lo que han retomado es la disputa entre lo público y lo privado, distinguiendo entre lo que son universidades elitistas y lo que no lo son. Sin embargo, no han analizado la lógica de la propia universidad y el rumbo que esta lleva, no han estudiado lo que hay detrás de la elitización. Es más, aunque estén defendiendo la universidad pública, se han vuelto cómplices del proceso de elitización. Dado que están sustentando la elitización de la universidad que tiene cada vez menos de público. De esta manera, se están generando condiciones idóneas para expulsar al proletariado de la educación.

Ante la elitización de la educación y el comportamiento que los partidos institucionales de la clase media frente a ello, Ikasle Abertzaleak ha señalado y expuesto el proceso de elitización que está sucediendo en la universidad. A su vez, ha denunciado tajantemente que la clase trabajadora está siendo expulsada de la Universidad a partir del análisis de los dispositivos y medios clasistas que avalan esa expulsión.

El primero de estos dispositivos sería el aumento de la privatización de la Universidad o de la intervención de empresas privadas en la Universidad. Puesto que, para que la Universidad sea eficaz y fructífera es necesario fomentar la relación con las empresas hasta el punto de que la Universidad se convierta en un laboratorio privado de I+D+i de empresas. Por otro lado, se encontraría la acogida sin obstáculos que ha tenido la financiación privada en nombre de la rentabilidad. De esta manera, se ha incrementado la capacidad de influencia así como las cuotas de participación de la patronal o de las empresas privadas en la universidad. Estos procesos tienen diferentes consecuencias a corto plazo, como por ejemplo vaciar de contenido la universidad o la eliminación gradual de los grados que no son útiles para adaptarse a las dinámicas de producción más actuales y futuras puede ser uno de los indicadores.

Por lo tanto, abundan los mecanismos que permiten el proceso de elitización y que la Universidad, como institución, tanto pública como privada, asume. Es innegable que Euneiz y otras universidades privadas ejercen de mecanismo de segregación. Aun así, la raíz del problema no se sitúa en el debate entre lo público y privado. Y denunciar eso, en sí, tan solo revela los límites del erróneo marco de comprensión. Porque no es más que disfrazar el problema de solución.

Todo lo mencionado, tanto los procesos de elitización, como los papeles justificadores de los varios agentes que actúan para que ese proceso se produzca tal y como debe, ponen algo más de manifiesto: el fenómeno de la represión política que vivimos en el ámbito universitario, que se materializa en diferentes formas.

El exponente más visible de la represión política es la salida policial que toma la universidad ante cualquier conflicto. Lo ocurrido el curso pasado en Ibaeta es ejemplo claro de ello. Puede ser significativo que una institución tan progresista para algunos utilice este tipo de instrumentos. Este fenómeno no es nada nuevo, pero no ha llegado a El Dorado aquel que se haya dado cuenta de la facilidad con la que las instituciones burguesas ejercen la violencia policial contra la organización comunista.

Asimismo, existen expresiones de represión política menos visibles pero con mayor influencia. Dentro de lo que se denomina comunidad educativa, por ejemplo, hay que destacar el papel que desempeñan ciertos sectores postmodernos y nominalmente progresistas en la normalización de los mencionados procesos. Puesto que estos sectores están legitimando ciertos cambios que se están dando dentro de la universidad, la cual está estructurada en base de los intereses de la burguesía: entre otros, la elitización y la expulsión de la clase trabajadora. Asimismo, infantilizan y ridiculizan al alumnado organizado, les niegan espacios para poder ejercer su labor política y obstaculizan la propaganda política. En general, la universidad niega libertades políticas al alumnado así como les dificulta organizarse.

Aun así, la represión política no se limita al uso de la violencia policial o al ataque a las libertades políticas. La represión política consiste en manipular el contenido y crear una verdad aprovechando la posición de poder de la Universidad, limitarse a la enseñanza de competencias que se adapta a las necesidades de las dinámicas de producción o negar su complejidad a cuestiones sociales, políticas o económicas, así como negar la propia lucha de clases.

 Por lo tanto la represión política es una espada de doble filo. Por un lado, permite hacer creer que lo que hay que hacer es la única opción, además de arraigar culturalmente conductas concretas, y, por otro lado, castiga a quienes hacen eso que no se debe hacer. A los comunistas nos toca, pues, combatir toda expresión de esta represión política. Porque eso que hay que hacer no es algo que pueda decidir la voluntad de unos pocos. Puesto que la construcción de un nuevo consenso hay que combatirlo desde hoy. Por ello, debemos seguir creando recursos y medios para la organización del alumnado y del resto de sectores de la clase trabajadora, desplegando libertades políticas y apostando por la organización comunista.


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