Sobre la conciencia y la universalidad

2020ko ekainaren 28a


El artículo de esta vez es una presentación, una suerte de borrador esquemático que trata de la modalidad de ser de los espacios de control proletario, así como del concepto de «universalidad», noción, esta última, caudal, no solo para la clarificación de la cuestión de la edificación del espacio comunista, sino para el entendimiento de la raíz de la alienación política que todavía a tantos desvía.

Dicho sea como punto primero: la propiedad y el control sobre ella no se limitan a cualidades abstractas tales como lo público, lo privado lo común. El concepto de «propiedad» da noticia de un acto de «apropiación experiencial». Todo lugar presupone materialidad, y todo asentamiento presupone de alguien que es vida y es concreción. Los espacios de control proletario no denotan meras nomenclaturas. Los espacios de control proletario son aquellos espacios generados y enraizados a partir de las necesidades del ser humano. «Necesidad» es aquí el concepto de importancia. A su respecto, dígase que «necesidad» denota todo aquello que, sea conscientemente, sea inconscientemente, es inyectable dentro de un horizonte comunista. Esto es así porque una sociedad comunista es una sociedad estructurada en relación a las necesidades del ser que la compone; porque si una sociedad comunista es necesaria, lo será en tanto en cuanto es capaz de saciar las necesidades del ser que la compone; porque si los espacios de control proletario serán en potencia espacios comunistas, lo serán si éstas adquieren una función necesaria en la satisfacción de las necesidades de los seres que habitan en su seno.

Una vez aclarado esto, permítaseme que pase a la dilucidación del esquema referido con anterioridad:

I.                   El espacio de control proletario denota una categoría general que significa toda aquella experiencia que rompa con el dominio burgués sobre el espacio.

II.                Dicha experiencia bien puede ser política o pre-política. A la experiencia pre-política, aquí se le llamará «ética». Cuando se refiere a control ético, conviene detenerse en el famoso binomio conceptual hegeliano, según el cual, la realidad está compuesta por un «para sí» y un «en sí». El «para sí» refiere a la percepción subjetiva de la realidad fenoménica. El «en sí» refiere a la realidad como facticidad objetiva. Dilucidada la cuestión, esgrímase la segunda tesis: los espacios de control burgués son espacios generados tanto «en sí» como «para sí».

III.             La ensimismidad y la parasimismidad envuelven fenómenos diversos. Cuando el necesitado carente de conciencia política okupa un espacio, lo hace porque «en sí» lo necesita. Dicha ocupación no requiere de ninguna conciencia para sí. Dicha ocupación no ha sido consecuencia de una subjetivación política del sí mismo. El necesitado no okupa porque se es militante, comunista o activista. No se trata de una okupación política. Sin embargo, diremos que se trata de un espacio de control proletario, en tanto en cuanto el acto de okupación ha sido dirigida por necesidad. Tercera tesis: los espacios de control proletario no tienen por qué referir a representaciones proletarias. En cambio, todos los espacios estructurados a partir de la experiencia proletaria sí que serán considerados como espacios de control proletario.

IV.             Cuarta tesis: la okupación, en su forma abstracta, no tiene por qué denotar un acto proletario. Los espacios okupados, en su abstracción, no son espacios de control proletario. La okupación agrupa fenómenos diversos. La okupación, cuya esencia no difiere de la común «ocupación», bien puede denotar una permanencia militar-burguesa de un Estado en territorio ajeno. Lo que determina la proletarización de la okupación es la modalidad de mando que impera en dicho acto. Los burgueses pueden okupar, ocupar, tanto como los neonazis. En cambio, en ningún caso se dirá que puedan componer espacios de control proletario. Esto es así por dos factores: i) bien porque, como dicho, dichas okupaciones (o mismamente ocupaciones: ocupaciones militares) carecen de una base que aquí se ha caracterizado como «ética de la necesidad», y bien ii) porque van en contra del principio de la universalidad.

Apéndice sobre el principio elemental de la propiedad socialista, apéndice sobre la universalidad:

V.                La universalidad es el principio elemental del comunismo porque ejerce de conditio sine qua non de la unión práctica del género humano y de su forma de-vida; porque supone la base general de la emancipación de la clase proletaria, y de toda vida adversa a la explotación del hombre por el hombre. A pesar de que la política burguesa, así como el sistema de valores de ella proveniente, predique la universalidad, la realidad es que ella solo genera división en el seno del género humano.

VI.             Explica Umberto Cerroni que la política burguesa es aquella fundamentada en una contradicción esencial: la de autoproclamarse representante del género humano, la de expresarse como tal, cuando en realidad es ella misma la causa de su división. Dicha división es harta conocida para nosotros: la de los apoderados y los despoderados, la de la burguesía y el proletariado. La política burguesa es aquella empecinada en esconder tal contradicción, aquella que continúa con la santa homilía de la falsa universalidad.

VII.          En tanto en cuanto la política esté edificada sobre el principado burgués, no podremos referirnos a la política en términos de universalidad. Declaremos lo siguiente: la política burguesa es una instancia universal generadora de división, ámbito de la universalización esencialmente anti-universal. La política burguesa refleja la impotencia de universalizar la humanidad.

VIII.       La política burguesa es la forma de alienación más elevada de nuestro tiempo, ya que predica la unión abstracta del género humano cuando se empeña en mantenerlo dividido.

Así:

IX.             La universalidad es el principio fundamental del modo de propiedad socialista, y engloba tres características:

i.            La superación de toda opresión. Si el principio fundamental de la forma de propiedad socialista es la universalidad, en su seno no pueden suceder conductas opresoras. Seamos más claros: la función social del espacio no podrá ser discriminadora. Por ejemplo: un puticlub nunca podrá constituirse como espacio de control proletario, pues entendemos que en ella se denigra a la mujer, convirtiéndola, necesariamente, en objeto de consumo machista.

ii.            Igualdad real. Se refiere a la habilitación y el acceso a los espacios socialmente necesarios para reproducirse, según las necesidades concretas y en igual condición.

iii.            El proletariado (en tanto hipóstasis de la humanidad) ha de tener el control directo sobre el espacio. La universalidad conlleva la socialización de los medios de vida y de producción. Supone entrar en contradicción con la división de clases inherente al capital. Esto, se debe dar, obligatoriamente mediante una forma organizativa que no caiga en la división burocrática del poder.